GRUPO 1
José Alfaro - Darío Chila - Nicolás Pastene
Columna de Opinión
José Alfaro - Darío Chila - Nicolás Pastene
Columna de Opinión
La Promesa Inconclusa de la Formación Ciudadana
¿Basta con solo firmar una ley?
Ya han pasado casi diez años de la promulgación de la Ley 20.911, y la Formación Ciudadana continúa siendo una de las principales apuestas del sistema educativo chileno para intentar fortalecer la convivencia democrática, el pensamiento crítico y la participación de las comunidades escolares. A través de los Planes de Formación Ciudadana (PFC), se buscó que las escuelas dejaran atrás una comprensión limitada de la educación cívica, centrada principalmente en el conocimiento de instituciones y normas, para avanzar hacia una formación capaz de preparar a las nuevas generaciones para vivir en democracia. Sin embargo, tras escuchar las exposiciones de Cristián Cox y Rodrigo Mayorga en el conversatorio Formación Ciudadana en Chile (2016-2036): balance y proyecciones de una agenda en construcción demostraron que este sigue siendo un desafío abierto y urgente. A nuestro juicio, el principal problema no radica en la ausencia de normativas o lineamientos ministeriales, sino en que todavía no existen mecanismos efectivos que permitan la participación real de toda la comunidad educativa en la construcción de los Planes de Formación Ciudadana, alejándose de cumplir plenamente los principios que buscan promover.
Cristian Cox
Rodrigo Mayorga
En los documentos que el MINEDUC otorga como herramientas para trabajar los Planes de Formación Ciudadana no incluyen mecanismos que incentiven la participación de la comunidad escolar más allá de una dimensión "consultiva".
Uno de los aspectos más interesantes planteados durante el conversatorio fue la diferencia entre la tradicional educación cívica versus Formación Ciudadana. Mientras la primera se enfoca principalmente en enseñar el funcionamiento del Estado, las leyes y las instituciones políticas, la segunda busca desarrollar capacidades para convivir con otros, participar en la vida colectiva y actuar de manera responsable dentro de una sociedad democrática. En esta línea, Cristián Cox señaló con acierto que la ciudadanía no se limita al conocimiento de normas, sino que también implica aprender a deliberar, negociar y construir acuerdos. Sin embargo, resulta preocupante que estas prácticas aparezcan escasamente desarrolladas dentro del currículum escolar. Este “currículum nulo”, como fue denominado durante la exposición, deja fuera aprendizajes fundamentales para la vida democrática. A ello se suman fenómenos como la digitalización de la experiencia, la crisis de autoridad y la llamada “evaporación de los adultos”, que han debilitado la histórica alianza entre familias y escuelas. Por su parte, Rodrigo Mayorga mostró que, aunque los PFC existen formalmente en los establecimientos, muchas veces presentan una apropiación débil por parte de las comunidades educativas y terminan siendo percibidos como un requisito administrativo más que como una herramienta de transformación escolar.
Sin embargo, creemos que el problema no termina en el diagnóstico presentado por los expertos. Más bien, comienza allí. Si la participación es uno de los pilares fundamentales de la Formación Ciudadana, resulta necesario preguntarnos cómo se está promoviendo realmente dentro de las escuelas. Con frecuencia se invita a estudiantes, docentes y familias a participar, pero pocas veces se especifica de qué manera esa participación puede influir efectivamente en las decisiones institucionales o en la construcción de los ordenamientos de la comunidad escolar. En la práctica la comunidad educativa, y sobre todo los estudiantes, continúan siendo espectadores de procesos que supuestamente buscan formarlos como ciudadanos activos. Esto se ve además potenciado por la perdida de la alianza entre la escuela y la famlia, lo cuál sin duda hace más complejo que estos espacios de participación y construcción colectiva se desarrollen con toda la comunidad educativa.
"Comunicad escolar de La Serena: reunión para construir acuerdos que fortalezcan la convivencia y el bienestar digital." La construcción de acuerdos compromete de mejor forma a la comunidad educativa al cumplimiento de ellos.
Como futuros docentes, observamos además una contradicción difícil de ignorar. Se espera que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico, capacidad de diálogo y compromiso democrático, mientras gran parte de la experiencia escolar sigue estando marcada por la presión de las calificaciones, la acumulación de tareas y estructuras jerárquicas que dejan poco espacio para la deliberación. No cuestionamos la necesidad de la autoridad pedagógica; por el contrario, reconocemos que la escuela requiere adultos capaces de orientar los procesos educativos. Sin embargo, creemos que la autoridad no debe confundirse con exclusión. El docente puede ser un conductor del aprendizaje sin impedir que los estudiantes se conviertan en protagonistas de la construcción de su comunidad escolar. Si queremos formar ciudadanos democráticos, debemos ofrecer experiencias democráticas concretas.
Por ello, el principal desafío de los Planes de Formación Ciudadana hacia el horizonte 2036 no parece ser la elaboración de nuevos documentos ni la producción de más orientaciones ministeriales. Lo que necesitamos son mecanismos permanentes, claros y vinculantes que permitan la participación efectiva de estudiantes, familias, docentes y comunidades en el diseño, implementación y evaluación de estos planes. Sólo así los PFC podrán convertirse en verdaderas herramientas de formación democrática y no en simples exigencias administrativas.
La discusión planteada por Cox y Mayorga nos deja una advertencia que no podemos ignorar. Si las escuelas continúan enseñando democracia sin practicarla, corremos el riesgo de formar generaciones capaces de definir conceptos ciudadanos, pero incapaces de ejercerlos. En cambio, si logramos transformar la participación en una experiencia cotidiana y significativa, la escuela podrá convertirse en uno de los pocos espacios donde la democracia no sólo se estudia, sino que también se vive. Y es precisamente ahí donde se juega el futuro de nuestra convivencia democrática.
La democracia llegó al currículo, pero todavía no logra instalarse plenamente en las salas de clases.