1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, … la sucesión de Fibonacci, una sucesión de números que ha superado la frontera de las matemáticas, de la ciencia, para colarse en el mundo de las artes.
Esta archiconocida sucesión numérica fue introducida por el matemático italiano Leonardo de Pisa (1170-1241) - a quien se le conocía como Fibonacci, esto es, hijo de Bonaccio- en su libro “Liber Abaci” (1202, El libro del Ábaco), como solución a uno de los problemas de ingenio que se planteaban en el mismo.
Fibonacci se planteó el siguiente problema:
“Consideremos una familia de conejos con la característica de que tardan un mes en ser fértiles. Cuando han alcanzado la fertilidad, cada pareja se aparea teniendo al mes siguiente (cada hembra) una pareja de crías (un macho y una hembra) que de nuevo tardarán en ser fértiles un mes y entonces se aparearán. ¿Cuántas parejas de conejos habría al cabo de un tiempo dado, por ejemplo, un año?”
No es difícil darse cuenta que la sucesión de parejas de conejos, suponiendo que estos no se mueran, que hay cada mes es la siguiente:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89,…
que tiene la propiedad de que cada número de la sucesión, Fn, es igual a la suma de los dos números anteriores,
Fn = Fn – 1 + Fn – 2, para n = 1, 2, 3, …
Esta serie presenta una interesante propiedad que la hace digna de aprecio artístico. Si consideramos la sucesión de términos que se forman al dividir un término de la sucesión de Fibonacci por el término anterior, es decir,
{Fn / Fn – 1}
ocurre que esta sucesión es convergente y su límite es precisamente el número áureo. De hecho, su relación con este número la ha convertido en la serie numérica más representada en el Arte.
El artista italiano Mario Merz pertenece al movimiento llamado Arte Povera. A partir de 1966, abandona la pintura y ensaya con materiales como el plástico, neones, botellas,... para crear sus obras. Con neones escribe los primeros términos de la sucesión de Fibonacci en varios lugares y edificios públicos, como se puede ver a continuación.
El vuelo de los números
1998
Cúpula de la Mola de Turín
En ocasiones emplea formas como las espirales, con los números de la sucesión de Fibonacci, una forma que crece desde un punto central y se proyecta al infinito. Esta progresión espiral junto a la característica recurrente de la sucesión de Fibonacci, una ley de formación que se genera a sí misma a partir de los términos anteriores igual que lo hacen los hombres, los animales,... permite a Merz expresar la idea de crecimiento y expansión desde los núcleos de energía a la periferia en muchas de sus obras.
Senza titolo
2003
Stazione Vanvitelli (Napoli)
Fibonacci tables
Untitled (A Real Sum is a Sum of People)
1972
Sin título
1993
En 2010, Jim Denevan y su equipo crearon una obra de arte a gran escala sobre la superficie helada del lago Baikal (Siberia). Una curva de Fibonacci sirvió de guía para construir una espiral de círculos, de radios cada vez mayores, hasta alcanzar varios kilómetros de diámetro.
Superficie helada del lago Baikal
Siberia
2010
El artista Harold Edwards en la obra «23220» descompone los elementos de la misma relacionándolos con los números de la sucesión de Fibonacci. Por ejemplo, esta obra mide 13 x 21 pulgadas, pero tiene también obras en las que utiliza 13 colores y la obra se divide en 13 zonas, otras donde utiliza triángulos –de 3 lados- o estrellas pentagonales –de 5 puntas-, etc.
Fibonacci 42
23220
En Fibonacci 42, Cagney King incluye en el lienzo hasta el término 25 de la sucesión de Fibonacci (75025).
Rafael Araujo es un arquitecto e ilustrador venezolano fascinado por la sección áurea. Según él mismo reconoce, utiliza el número de oro como una herramienta que le ayuda en su búsqueda continua del ideal de perfección. En muchas de sus ilustraciones la espiral de Durero es fundamental como elemento estructurador de la composición.
Fibonacci ´ s
Tres espirales de Fibonacci
Icosaedro
Dodecaedro
En sus representaciones de conchas se perciben secuencias armónicas del número de oro.
La concha de oro
La artista Jylian Gustlin experimenta también con la serie de Fibonacci incorporando círculos en los patrones de la serie.
Fibonacci 190
Fibonacci 116
El artista Suman Vaze dedica esta obra (imagen inferior izquierda) al matemático francés Eduard Lucas (1842-1891). Este matemático estudió en profundidad la sucesión de Fibonacci, y fue el que la bautizó con este nombre. Creó también la sucesión 1,3,4,7,11,18… que lleva su nombre y que tiene un patrón de crecimiento similar a la de Fibonacci. Lucas es conocido además por haber inventado el juego Torres de Hanoi y haber sido el último matemático en encontrar un primo de Mersenne sin recurrir a las computadoras.
Lucas
2019
Fibonacci
2011
"La música es el placer que experimenta la mente humana al contar sin darse cuenta de que está contando."
G. L. Leibniz
La sucesión de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21,…) está íntimamente ligada a la razón áurea, ya que la razón de dos términos consecutivos de la sucesión tiende a este número.
Un ejemplo de la utilización de la serie se da en la quinta sinfonía de Beethoven. No se sabe si el uso de la serie es intencionado, o lo utiliza de manera intuitiva, tal vez el compositor la utiliza sin saber, sólo porque se oyen bien. Beethoven la emplea no sólo en el tema, sino además en la forma en que incluye este tema en el transcurso de la obra, separado por un número de compases que pertenecen a la serie.
Béla Bartók, a principios del siglo XX, creó su escala de Fibonacci numerando cada nota cromática con un número y obteniendo:
Esta escala la usó en su obra “Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta”.
Análisis gráfico de la Fuga de la “Música para Cuerdas, Percusión y Celesta” de Béla Bartok, 1908
El compositor colorista y matemático Joseph Schillinger desarrolló, a principios del siglo XX, un sistema de composición musical en donde notas sucesivas de la melodía seguían intervalos de Fibonacci. Para Schillinger, estos saltos de Fibonacci trasmitían el mismo sentido de armonía que las proporciones filotáxicas (disposición de hojas y flores) en botánica.