Autora: Lucía Bonifacio
Cuando lo encontré, no supe qué hacer. No sabía si quedarme quieta o salir corriendo, porque aquel ser era tan alto como un árbol. Seguramente medía más de dos metros, parecía un hombre delgado, muy delgado. Llevaba traje y corbata y sus brazos eran más largos de lo normal, porque las manos le llegaban a las rodillas. Pero lo que más me llamó la atención era que no tenía cara, y que su piel era tan blanca como la nieve. No parecía que fuera a hacerme nada, y eso me inquietaba y extrañaba a la vez, ya que había oído historias acerca de una criatura altísima que se llevaba a toda persona que se metiera en su bosque, y que ya no se sabía de dicha persona. Saqué la cámara para hacerle una foto y enseñársela a mis amigos, pero no pude. Había interferencias. Era él el que me provocaba las interferencias. Decidí salir corriendo, ya que aquel ser empezó a moverse hacia mí. Era por las notas que llevaba encima. Ahora sí que tenía miedo. No sabía si se movería rápidamente o no, así que miré hacia atrás. No estaba. Me tranquilicé un poco, pero no demasiado.
El silencio de aquel bosque era extraño, sólo podía oír los latidos de mi corazón. Latía con tanta fuerza que pensaba que aquel hombre podría oírlos. Después de estar dando vueltas encontré una casita. Pensé que podría servirme de refugio hasta que pudiera darle esquinazo a ese hombre, así que decidí entrar. No había nadie. Me puse a explorar la casa para ver si encontraba algo interesante o algo que pudiera servirme de gran ayuda. Después me puse a mirar las notas que tenía para ver si me podían dar pistas de cómo salir de aquí.
Antes de que empezara a perseguirme logré encontrar 3 notas, pero creo recordar que había 8. En las notas ponía: “Ayúdame,” “Déjame en paz” y “No le mires o te pillará”, respectivamente. Esta última me puso de los nervios. Sólo podía significar una cosa: que tarde o temprano aquel ser me encontraría y le pondría fin a mi vida si me atrevía a mirarle.
Intenté quitarme esas ideas de la cabeza, pero me vinieron otras. Alguien dijo que ese hombre no te mataba, sino que te obligaba a ser su esclavo; otro dijo que empezó a matar gente porque le asesinaron con un tenedor por ser un marginado; y otro contestó diciendo que no, que te agarraba de los pies, te ponía del revés y te partía en dos delante de un espejo. Pero todos coincidían en que era una especie de hombre delgadísimo y muy alto.
Pasaron las horas y me empezaba a sentirme cansada, así que busqué una cama cómoda y me tumbé. Me dormí enseguida. Parecía haberme olvidado de que me estaban persiguiendo. No sé cuánto tiempo estuve durmiendo, pero cuando desperté empecé a escuchar voces y a tener frío.
Levanté la vista y mis peores temores se confirmaron: iba a morir. Aquel hombre estaba allí junto con otros tres chicos, probablemente eran esclavos suyos. Iban encapuchados y llevaban máscaras, excepto uno, que sólo tenía la boca tapada. No sé de qué estarían hablando, pero mientras aquellos chavales estaban mirándome desde lejos, él empezó a acercarse hacia mí. Le devolví las notas, pero no se fue. ¿Qué quería de mí? Me miró y me dijo: - “Tengo planes para ti, Kate”.
-”¿Planes? ¿Qué planes?”. - le pregunté.
-”Te convertirás en mi esclava, como ellos, pero no te preocupes, no te haré daño. Además, no he podido evitar fijarme en que corres rápido. Ah, y una cosa más, me temo que no podrás volver con tus seres queridos una vez seas mi esclava”.
Me quedé callada. No sabía qué decirle, pues estaba asustada y a punto de llorar, porque no podía volver a ver a mi familia y a mis amigos por mucho que quisiera.
Decidí irme con él, no me quedaba otro remedio. Me dibujó un círculo con una X por encima y me dio una máscara para que nadie me reconociera. Mi vida cambió para siempre desde aquella noche.
Ahora se me conoce como Kate la Perseguidora, porque acecho y persigo a la gente hasta que se cansa después de tanto correr.
Y entonces es cuando mi maestro acabó con ellos. Hace tantos años que pasó todo aquello que ya me olvidé de dónde vengo, y también de mi vida pasada. Así que pensadlo dos veces antes de meteros en su bosque, porque si él, Slenderman, os encuentra, acabará con vosotros sin dudarlo. O no...