Hoy en día, muchos jóvenes defienden con orgullo sus orígenes pasiegos. Sin embargo, durante siglos y hasta tiempos relativamente recientes, los pasiegos cargaron con la condición de «pueblo maldito», menospreciado por sus vecinos a uno y otro lado de las montañas.
Un elocuente ejemplo podemos observar en las pinturas de los siglos XVIII y XIX de la cueva-ermita de San Tirso y San Bernabé, en Ojo Guareña; en donde personas de La Parte, Entrambosríos, Cueva, Hornillalatorre, Espinosa de los Monteros, Cornejo... se salvan sistemáticamente de sus desventuras, tras invocar a San Tirso y San Bernabé, mientras que solo la pasiega sufre la desgracia final.
Así reza la inscripción pintada en el interior de la cueva:
Una pasiega que vino a este santuario con un cuévano de ollas, cayó de esta peña, invocó a los santos por las ollas, no rompiéndose las ollas y quedando muerta la pasiega.
Sin embargo, los tiempos han cambiado y la percepción, afortunadamente, es bien distinta.
A partir de mediados del siglo XX, con la emigración masiva a las ciudades, muchos pasiegos dejaron su vida trashumante, de muda, en las cabañas de los Cuatro Ríos Pasiegos y se asentaron en estos pequeños pueblos del norte de las Merindades, tras ser casi abandonados por sus seculares moradores.
Como ejemplo cercano, puedo citar mi propio pueblo, Quintanilla del Rebollar, donde las primeras familias pasiegas se establecieron hacia los años cincuenta y donde, aún hoy, la actividad ganadera se mantiene gracias a ellas.
Así que más allá de ese halo romántico con que, a veces, se contempla su modo de vida desde la distancia, me parece excelente y necesario que haya una generación que reivindique con orgullo sus orígenes. Y ahora que se está proponiendo una candidatura a Reserva de la Biosfera de los Valles Pasiegos, conviene no olvidar que pasiegos hay a uno y otro lado de la montaña, en Cantabria y en Burgos, porque fue la incesante subida pastoril a las branizas la que forjó este austero y duro vivir creando un paisaje que nos asombra, salpicado de recias e impresionantes cabañas.
Óscar Ruiz, octubre de 2018.