Una bola agarrada es una bola que se eleva más de lo razonable por no soltarla a tiempo. También se la llama bola colgada o enganchada y las consecuencias no suelen ser buenas, al menos en nuestra modalidad de bolos, no solo por el lanzamiento concreto en sí, sino porque, psicológicamente, puede afectar al jugador en las tiradas sucesivas, generándole una inseguridad que, no pocas veces, es aprovechada por los rivales. Además de ser una bola que en la mayoría de las ocasiones no tira los bolos que desea el jugador, se puede romper al caer desde tanta altura.
En mi pueblo, la bolera está rodeada de frondosos nogales y cuando a alguien se le cuelga la bola es fácil escuchar:
— ¡¿Qué te ha pasado?!
— ¡Nada! ¡Que se me ha agarrado la bola!
— ¿Qué ibas…? ¿A por nueces o qué?
Óscar Ruiz, diciembre de 2019.