Construcción del Personaje
Primer Contacto: Acrobata Frustrado + Caminar sobre cuerda
Segundo Contacto: Scort + Haciendo Ejercicio (DEFINITIVO)
Tercer Contacto: Scort + Arreglando su cabello
Final: Personaje con narcisimo y mucha anhedonia.
Nombre: Mateo
Edad: 29 años
Lugar actual: Nueva York
Profesión: Escort, stripper y modelo LBGTQ+ internacional.
Estado civil: Unión Libre
Origen: Colombiano.
Biografia
Me despierto tarde, casi siempre sobre las diez. No me gusta madrugar. No me sale. Antes de levantarme, me quedo un rato con el móvil. Reviso mensajes, redes, alguna notificación de clientes… pero más que todo es costumbre. A veces subo algo a mis redes: una foto, un video corto, una frase. No tanto por mostrar, sino porque me gusta ver la reacción. No lo admito, pero me gusta. Voy al baño y me meto a la ducha. El agua está fría. No me gusta, nunca me gustó, pero sé que es buena para la piel, así que me acostumbré a esa incomodidad. A veces tiemblo los primeros segundos, luego respiro hondo y dejo que el cuerpo se calme. Es como recordarme que sigo vivo.
Después me visto. Casi siempre con ropa de gimnasio, aunque no tenga entrenamiento ese día. Me gusta cómo se ve, cómo me mira la gente. Y no necesito verlos para saberlo. Siento cuando me están mirando, aunque estén detrás. Mi mirada es mi arma, por eso no la regalo mucho. Mientras me arreglo, pongo música. Siempre las mismas canciones. Las repito una y otra vez. Me relajan. No me gusta el ruido, me pone tenso. Prefiero el silencio antes que escuchar algo que no elegí. En la cocina me espera el batido verde y unas frutas. Mi sugar me los deja listos antes de irse al hospital. No me gusta mucho el sabor, pero me lo tomo igual. Sé que es por un resultado. Casi todo lo que hago últimamente es por eso: por mantenerme, por verme bien, por no perder el control.
Después salgo al supermercado. No porque falte algo, sino porque me gusta mirar. Ver si se me antoja algo. A veces me cruzo con gente conocida, a veces no. Me gusta que me vean con mi ropa de gym. Casi siempre compro un pan y un jugo. En el camino de vuelta los dejo a una familia con unos niños que viven a unas cinco cuadras. Nadie lo sabe. No me gusta que la gente me vea hacerlo. A veces les llevo libros o cosas pequeñas. Los padres no los tratan bien, y cuando veo eso me entra un algo fuerte, como una punzada en el pecho, pero no digo nada. Les entrego las cosas solo a los niños. Ellos sí entienden el silencio.
Después vuelvo a casa, me arreglo para salir. Me gusta verme bien, impecable. Trabajo cuando quiero, yo soy mi propio jefe. A veces tengo uno o dos clientes al día. Depende. Algunos jóvenes, una hora y ya. Otros mayores, que solo quieren hablar o sentir compañía. No me molesta. Hay días en los que prefiero el silencio. Me gusta caminar con audífonos, sin mirar mucho a nadie. También me gusta ver series o documentales. Me relajan. Me hacen pensar.
Por la noche vuelvo, me ducho, me pongo crema, me cepillo los dientes. A veces miro el espejo antes de dormir. No sé si buscando algo o comprobando que sigo siendo yo. Mi sugar suele llegar cuando ya estoy en la cama. A veces me hago el dormido para no tener que hacer nada. Otras veces me cuenta de su día y lo escucho. No hablamos mucho. Él sabe lo que hago, no le gusta, pero tampoco se va. Casi nadie sabe que existe. No sale en mis redes. Antes de dormir, reviso otra vez el móvil. Me quedo con la pantalla en la cara, pensando sin querer. Duermo poco. Pero eso ya no me sorprende.
Los fines de semana sí salgo. Me gusta viajar, conocer lugares nuevos, perderme un poco.No voy a cualquier fiesta. Solo a las que valen la pena. Me gusta la sensación de estar en un sitio donde todo vibra.
Episodio
Hace unas semanas estuve en Mallorca.
Quería conocer, despejarme un poco. El lugar era bonito, mucho sol, mucha gente, música, ruido… demasiado ruido, quizás. El segundo día fui a una fiesta. No era la primera vez que iba a algo así, pero esa tenía algo distinto, no sé, todo parecía más… ligero.
Entre risas y tragos, alguien me ofreció una pastilla. Nunca había probado una. La miré un momento. Era pequeña, blanca, sin nada especial. Pensé: una no va a matarme. Y me la tomé.
No pasó mucho tiempo antes de que todo se empezara a sentir raro. La música se volvió más lenta, las luces más cálidas. Sentía el cuerpo más liviano, pero la cabeza como si flotara aparte.
Punctum:
Y ahí, por un instante muy corto, lo vi. A mi hijo. No fue una imagen borrosa ni un recuerdo. Fue él. De pie, mirándome. Directo. Como si siempre hubiera estado esperándome. No dijo nada, ni sonrió. Solo me miró. No sé cuánto duró, segundos quizá. Pero fue tan claro que todavía puedo recordar su mirada. Después todo siguió: la música, la gente, el ruido… pero algo se quedó quieto. Desde ese momento, siento que hay más silencio en mi vida. No el silencio del vacío, sino otro, más profundo. Como si, por primera vez, algo dentro se hubiera apagado… o quizá encendido. No lo sé. No he vuelto a probar nada desde entonces. Ni creo que lo haga. No porque me haya asustado, sino porque no quiero borrar lo que sentí. Esa mirada fue más real que todo lo que tengo.
En la escena se observa cómo Mateo se prepara para salir. Está meticulosamente aplicándose su crema corporal y facial frente al espejo (el ritual de control para "verse bien"). Luego, mientras se viste con ropa de diseño, agarra el móvil. Su perfil de redes sociales está abierto, esperando el contenido diario de performance para mantener su imagen. La rabia que sentía antes por tener que "actuar" ahora es una sensación de profundo asco. Es una situación que detesta porque le recuerda que es un producto, y ya no se permite no ser real, a pesar de que el mundo solo le paga por su fachada.
Las frases que pronunciará mi personaje (V.O. o en voz baja) son:
Yo soy la mercancía perfecta. Fuerte, silencioso, sin fisuras.
(Mientras mira el móvil) :Qué pereza. Hoy no hay que subir nada. Da igual. Hoy no subo nada.
Mateo entra en la casa-taller de Samantha. Había contactado con ella porque buscaba un retrato grande e imponente de sí mismo, y no quería a un artista famoso. Las obras de Samantha le habían gustado.
Mateo entra fumando, lo que inmediatamente provoca la primera fricción:
Samantha le indica que no puede entrar fumando, lo que a Mateo le indigna un poco, pero tolera.
Mateo nota que Samantha es algo extraña y obsesiva con la limpieza.
Mateo se sienta y deja su chaqueta o bolso en cualquier lugar.
Ella le advierte que no puede dejarlo ahí porque le desordena "todo". Esto empieza a molestar a Mateo, pero lo tolera ya que ya está allí.
Samantha le explica que le hará unas preguntas para inspirarse en la pintura.
SAMANTA: Bueno, Mateo, te cuento un poco de cómo trabajo. Te haré algunas preguntas para conocerte mejor. Suelo hacer esto para inspirarme en el cuadro que pinto. ¿Te parece bien?
(Comienzan con las preguntas)
SAMANTA: ¿Cuál es tu color favorito?
MATEO: Emmm, el gris.
SAMANTA: ¿Cuántos años tienes?
MATEO: 29.
SAMANTA: ¿Qué te gusta hacer en tus días libres? MATEO: Me gusta salir, ver documentales... no sé.
SAMANTA: ¿Sales mucho?
MATEO: Lo normal, como todos.
SAMANTA: ¿Te gusta el arte?
MATEO: Sí, me gusta bailar.
SAMANTA: ¿Tienes hijos?
MATEO: Sí... Tenía uno.
SAMANTA: ¿Sales mucho?
(Mateo comienza a agitarse, y le pide agua.)
SAMANTA: (Se levanta y va por un vaso de agua.)
(Después de esa conversación, Mateo se pone muy tenso. Siente que Samantha lo está "descubriendo", que está llegando a un pasado que él considera inexistente y muerto. Mateo se levanta y se va a fumar por el estrés. En ese momento, ve que Samantha está dibujando un ojo. Mateo, al ver el dibujo, se siente literalmente desnudo. No sabe si el ojo es el suyo, el de su hijo, o el de su yo de niño; se siente sin salida. Desesperado, intenta cambiar el dibujo que ella ha hecho para que no lo "vea" y lo arruina. Se detiene, sin querer estropearlo del todo, porque lo percibe como "lo más puro que ha visto en su vida". Cuando Samanta entra, Mateo está asustado, apenado, en shock y sin saber qué hacer. Samantha comienza a gritarle y a insultarlo.)
SAMANTA: (Gritándole) ¡Estás loco! ¡No sabes cuánto tiempo me toma dejar esto ordenado! Eres un imbécil. Si no eres capaz de mantener distancia entre tu trabajo sucio y las personas decentes, entonces ¡fuera de mi taller! La pintura no te cambia, te delata. ¿Sabes qué? Este lugar representa tu vida. ¡Fuera de aquí, no vengas a traerlo!
(Mateo agarra la pintura y comienza a pintarse la cara.)
MATEO: ¡Ese ojo no es tuyo! ¡No puedes pintarlo! Esa mirada es mía... es de alguien que ya no está. ¿Ves? Esta es mi mirada. No la tuya, ni siquiera la de Dios.
Desenlace
Mateo solo está pidiendo ayuda. Su discurso dice mil cosas, pero lo único que se percibe es un niño indefenso, obligado a crecer y "venderse" en un mundo corrupto. Él solo quiere que alguien lo ayude porque se siente débil y vulnerable, como cuando pierdes a tus padres en un centro comercial. Se va de la casa para escapar de esa revelación.
PRESIÓN, DESEO, ACTITUD, CAMBIO
Presión:Quiere volver a ver algo de su hijo que perdió, volver a encontrarse con su hijo (a través de la imagen, el silencio, o la "performance" perfecta).
Deseo: Ser libre; dejar de sentir y cargar todo este peso; quiere la felicidad real; quiere aceptar lo que es.
Expectativas:Lucir bien, ser malo, ser misterioso, ser un cliché del mundo gay. Cree que "siempre puedo" mantener la fachada.
QUÉ QUIERE TU PERSONAJE: Quiere aceptar lo que es.
Punto de vista: Vengativo, con el pensamiento de "aquí vamos de nuevo" o "a sobrevivir otro día más". Siente y cree que todos le quieren hacer daño.
Actitud:Depresiva, anhedonia (incapacidad de sentir placer), una sensación de "just let this go through" (simplemente dejar que pase).
Cambio:Ver la mirada de su hijo y la voluntad de terminar de crear toda su imagen: "si creo esta imagen podría aceptar lo que realmente soy" (Convertir la performance en un propósito de vida para encajar su realidad).
Playlist de mi personaje :
https://open.spotify.com/playlist/7ecSOBDZeUx7qu7Wjvhdg3?si=4QFKmudUThO2zeKeUK-OEg&pi=9sbQhokXQdaiX
Es curioso, ¿no? Siempre me dijeron: “Todos tenemos problemas.” Y tenían razón. Pero se equivocaron en algo fundamental. Creían que un problema era algo desordenado. Que olía a crisis, a súplica. A mí, ese ruido, esa ineficiencia… siempre me ha dado pereza.
¿Saben cuál es mi problema? Yo soy un espectador perfecto. Mientras ustedes estaban ocupados en el drama de su propia vida, en esa performance ruidosa, yo observaba. Observaba los pequeños impulsos. El instante exacto en que decidían que el costo de la empatía era demasiado alto. Pisotear un insecto era gratis.
La deuda no es invisible. Se paga en detalles. En el reflejo que ven cuando cierran los ojos. Ustedes dijeron que eran personas buenas, llenas de amor. Yo también lo fui. Y por eso sé exactamente cómo operan. Sé dónde guardan sus miedos.
Y ahí... justo en ese vacío que siempre evitan. En la punta de ese recuerdo que no se borra. Donde la lógica de sus buenas intenciones ya no funciona...
Ahí voy a estar yo.
No tienen que temerme a mí. Tienen que temer al control que no poseen. A la mirada que ya no pueden dejar. Yo no necesito gritar, ni siquiera necesito tocarles. Yo soy la mercancía perfecta que vendieron. Silencioso. Sin fisuras.
Teman al abismo que les voy a obligar a mirar.
Porque hoy no es el día. Quizás mañana. Pero yo ya estoy dentro. Y yo, a diferencia de ustedes, no olvido.