Construyendo un Ecosistema


En algún lugar de los lejanos confines del cosmos, se inició un proyecto en una escala inaudita por una antigua entidad de habilidad mayor a la de cualquier cosa que la humanidad pudiera comprender. Un experimento evolutivo a gran escala, en una medida nunca antes vista, permitiría observar los procesos de la evolución en un cerrado sistema artificial de inicio a fin. Una estéril luna rocosa orbitando un gigantesco planeta gaseoso de un sistema solar lejano fue usada como base, rendida habitable a través de la formación de una atmósfera equivalente a la de la Tierra y estabilizada en una órbita ligeramente inclinada para replicar fielmente las estaciones y el ciclo día/noche conocido. Usada como una plantilla en la cual observar el proceso, esta luna fue entonces sembrada con cosas vivientes, como un vivero bioactivo inmenso, y así dejada aislada para desarrollarse, crecer y evolucionar. El sujeto principal del atentamente controlado experimento debía ser un animal pequeño y adaptable, aunque con restricciones únicas a su biología que le proveerían límites e impedimentos a las formas en las que podría evolucionar. Un representante de un grupo animal común, pero cuyo potencial total seguramente nunca podría ser alcanzado en su entorno nativo, entre las muchas otras especies competidoras que formaban los complejos ecosistemas de la Tierra.


El centro de atención del mundo de Serina sería el pájaro canario, una especie de pinzón doméstico, y así una alusión a los pinzones de las Islas Galápagos que fueron fundamentales en la formación de la teoría de la evolución. Aquí los pájaros no tendrían ningún competidor inicial, así que a medida que se adaptaban para explotar todo posible nicho disponible para ellos, su evolución podría llevarlos por caminos, de lo contrario, poco probables. Para sobrevivir, sin embargo, estas aves introducidas requerirían un modesto número de compañeros en la red de vida. Las plantas serían necesarias para mantener la atmósfera y el ciclo del carbono, pero para conservar el ecosistema inicial simplista la vegetación adecuada a la dieta del canario introducido conformaría la mayoría de las especies colonas, junto a unas pocas plantas terrestres menos comestibles como el bambú, introducidas para otorgar cobertura y hábitat. Como aves que primordialmente se alimentan de semillas y que también participan de una justa cantidad de verduras y algunos insectos, una amplia variedad de céspedes y plantas portadoras de semillas eran vitales para la fundación del temprano ecosistema canario.


Una segunda necesidad en la creación de un ecosistema a partir de lo más básico, aunque menos importante inmediatamente para las aves mismas, eran los descomponedores. La materia vegetal muerta, excremento y los cuerpos de canarios fallecidos se acumularían y sus nutrientes permanecerían encerrados fuera del entorno sin una muestra sana de microfauna para descomponerlos. Esencialmente, para desempeñar labores de limpieza, invertebrados detritívoros como las lombrices de tierra, isópodos, colémbolos y ácaros, además de carroñeros como hormigas, grillos y escarabajos fueron imprescindibles para establecer un ecosistema saludable. Mantener sanas las aguas fluyentes del nuevo mundo también requirió una cifra de sus propias introducciones; fundada por variada alga y elodea - ambas también de paso comestibles para los canarios - los pequeños crustáceos, caracoles y gusanos también encontraron un hogar. Un pequeño número de peces fueron incluidos adicionalmente y servirían como un punto de interés complementario con el tiempo. Aquellos introducidos a las vías fluviales de Serina eran todos peces vivíparos de aletas radiadas de los géneros Xiphophorus y Poecilia - habituales en el comercio de mascotas bajo sus nombres comunes de platies, colas de espada, guppies y mollys. Estos peces estabilizarían los entornos acuáticos fuera del alcance de los canarios, alimentándose de algas y controlando las poblaciones invertebradas. Y aunque el enfoque del proyecto se centraría en los pájaros canarios, especialmente al inicio, estos colonos secundarios también desempeñarían sus propias partes importantes en la historia.


Empezando con plantas y algas más primitivas, durante muchos millones de años la estéril luna fue gradualmente equipada con organismos cada vez más avanzados, construyendo sobre sus fundaciones más tempranas como uno podría construir un rascacielos imponente, creando un sistema progresivamente más complejo. Siguiendo a la flora vinieron las criaturas terrestres microscópicas - los nematodos, los gusanos, los detritívoros vitales - y entonces los invertebrados - las lombrices de tierra, los grillos, los camarones y los caracoles. Mientras la complejidad se incrementaba con cada clase de criatura, también lo hacían las cifras de las formas introducidas. Miles de plantas, cientos de insectos, pero solo siete especies de vertebrados, de estas solo una terrestre. Sin embargo, fue esta única criatura, la última introducción al mundo, la que quizás más lo impactaría. Nada sería nunca lo mismo siguiendo el lanzamiento de los canarios sobre los interminables prados verdes de su nuevo reino que les esperaban.


Cuando todo fue establecido y los últimos componentes estaban en su lugar, el experimento debía ser dejado en paz para continuar por si solo sin más influencia... pero los responsables de este siempre estarían vigilando su progreso.