Correa, Gilda
Prof. en ´Literatura Europea y Norteamericana´ y ´Gramática´ de PLL en el I.F.D. Nº 9 .
El presente trabajo tiene por objetivo reflexionar acerca de cómo la literatura problematiza y representa la violencia que ha marcado a nuestra región patagónica. Se han seleccionado obras de autores del Alto Valle (Neuquén, Centenario, Cinco Saltos, Cipolletti, Barda del Medio, Campo Grande y San Patricio del Chañar) que narran la violencia de género, un flagelo persistente en la actualidad. Por eso se consideran distintos procedimientos estéticos, donde la escritura se ve atravesada por la realidad, la memoria y, sobre todo, la imaginación.
Esta propuesta se presenta como una invitación a pensar algunos hechos violentos “narrados desde la patagonia”, desde la literatura, entendida como un espacio que, aunque pueda parecer ingenuo, posibilita a través del lenguaje y la imaginación la representación del dolor y el sufrimiento que conduce hacia un pensamiento crítico sobre la posibilidad de transformación social. La imaginación, en este sentido, se enlaza con la esperanza. Como advierte Carlos Fuentes: “Pensemos en una sociedad sin literatura, sin lenguaje, sin imaginación: es una sociedad perdida”.
Algunos representantes de literatura patagónica actual han vuelto sus ojos hacia la representación de la violencia de género en nuestra región. Escritores del Alto Valle como Etherline Mikëska y Humberto Bas, se han encargado de representar esta realidad con calidad estética, por ejemplo en la siguiente cita “Me persiguen, desnudan, penetran / hacen de mí el cielo oculto el navío tenebroso”. en estas construcciones se puede evidenciar una clara denuncia social contra lo la violación y los violadores especificamente. Además, poseen símbolos que invitan a sus lectores a introducirse en ese mundo de imágenes y símbolos que manifiesta el dolor expresado en sus escritos.
En los textos de estes -y otros- autores se advierte un trabajo en el que confluyen imaginación y realidad, que ofrecen al lector una mirada distinta de la que se revela en los medios de comunicación y en las redes sociales.
En un acto de palabra, la autora Etherline Mikeska, cuya trayectoria literaria y cultural la precede, publica en 2016 su breviario Pupilas Voraces, presentado y prologado por el escritor Dante Medina. En el prólogo, titulado “De inocencia y pájaros” propone que “se necesita mucha magia para escribir una poesía tan limpia, que convoca a los pájaros y habla de la fangosidad.” Etherline como toda una maga puede emprender la tarea de despojar de la retórica el verso y dejar que en él se pose la retórica de la esperanza.
A la vez, sobre su poesía, el escritor expresa:
Mucha magia hace falta para engendrar una poesía de este calibre, mucha ayuda de los dioses para artillería, y mucho y muy grande ser humano, para que este dolor no nos devaste la inocencia, no rompa las alas, y caigamos por tierra como ángeles derrotados” (Mikeska 2016, p.8)
A lo largo del poemario recrea la cruda realidad como un torrente de oscuros silencios, que, en palabras de Dante Medina, es “apenas una defensa simbólica”. En este sentido, Pupilas Voraces resulta una denuncia contra la violación y los violadores con la “lengua voraz del instinto”. Leemos:
“los harapos, las hojas ceñidas a su cuerpo caen desarmadas”
“el flagelo ocurre y nadie los detiene ”.
“Me persiguen, desnudan, penetran / hacen de mí el cielo oculto el navío tenebroso”.
Entre las practicas sociales complejas, atravesadas por las desigualdades y la violencia, se revela la prostitución, que en su poética, a Mikeska no se le escapa y la representa de este modo:
“mirada ingenua, silueta exuberante, en la puerta cobran por sus servicios”.
La desaparición y el dolor también forman parte del campo semántico creado por la autora. Manifiesta:
“ella salió de casa… el celular caído tomó la foto de su hermosa sonrisa”
“Nada importa breve vida azorada has latido / Ya nada queda amalgamando los huesos de carbón la piel”.
Además, la muerte, el femicidio, el silencio y la complicidad, operan de manera corriente:
“Los brazos rotos, la garganta trunca, la mirada reprimida”
“Ya nada es igual, el dolor rebalsa. La pancarta acusa”
“un cruel encubrimiento”
Se manifiestan el miedo y la esperanza como fuerzas opuestas que cuelgan del mismo hilo en esta realidad construida y a la vez representada:
“Busca sin sosiego, el abrazo tibio, más humano”
“No quiere perder la esperanza/ una vez más su hijo le ha sonreído”
Sin embargo, no todo en Pupilas Voraces es violencia. Encontramos, también, una marcada presencia de la sexualidad, la sexualidad femenina, que de alguna manera es un contrapunto u oposición con respecto a la manifestación de la violencia. Aparece la idea del goce:
“Al nuevo origen del mundo, el que sólo renacerá después de la Caída, del sacrificio de la pureza”
“Ya no hay mariposa / En las piernas abiertas”
y luego:
“Debajo de mi falda / Nacía el mundo”
“de lo que hubo de primigenio y puro, del mordisco al aura, emergerá, escapando a las pupilas voraces, el grito de alarma que anunciará el fin de la oscuridad”
En esta misma línea, los poemas demuestran que la verdadera valentía no siempre es un estallido, a veces es un murmullo que se convierte en un grito:
“Abrió sus ojos al destierro / y muy a tiempo, abrió la puerta de sus encierro”.
Así, la mujer que una vez fue definida por los golpes que recibía, se redefinió por el espacio que decidió cruzar. Comienzan a aparecer distintos elementos, como, el reclamo de justicia al proponer:
“Un destello distinto, dibujado en la pared ha sumado otro nombre”.
También se descubre la sonoridad y el ritmo con versos de exquisita retórica, que al final se convierten en un epitafio valiente al declarar:
“juzgo y condeno a quienes cierran los ojos”
Como un refugio de la fiera herida, la voz poética condena:
“Que mi grito abierto ancle hasta los huesos, encienda llamaradas, despierte los silencios”
“No queda tiempo”.
La fiera de su última arenga militar profiere:
“Voz de voces esperan que nosotras no claudiquemos, no olvidemos”.
Pupilas Voraces es, sin dudas, un poemario que invita a recorrer a través de sus estampas una realidad marcada por el dolor, el abuso y los femicidios. Pero, al mismo tiempo, ofrece una voz que respeta cada emoción, que se hace eco de la justicia y que sostiene, como un acto de memoria, la esperanza.
Por otro lado, escritores como Humberto Bas, en una entrevista para la revista digital Ruleta China, en marzo de 2013, expresa lo siguiente:
“En la actualidad la cuestión narrativa, que tiene otros tiempos, otra forma de manejar espacios o la historia; y la cuestión poética, que tiene otra manera de tratar el estado del lenguaje. Hay un momento donde uno cuenta y un momento donde uno se vuelve lírico. Hay una simbiosis y eso es lo importante.”
Su primer cuento, que da nombre a su primer libro, relata la historia de una mujer y la relación con su marido. De alguna manera sufre no solo la violencia física sino también el desamor, y desde ahí realiza un diálogo interno con su madre, quien también forma parte de esa violencia a la que es sometida.
Por otro lado, el escritor expresa: “Es una tragedia, más que un cuento es una especie de vómito que es muy difícil de comentar porque no importa tanto la anécdota sino el trabajo del lenguaje, el impacto que pueda generar la construcción del relato”. Esta obra fue llevada al teatro por Grisel Nicolau hace más de 5 años y sigue dando vueltas por ahí; lo expresa el autor, en una entrevista para la revista digital mencionada anteriormente.
Roland Barthes (2008) plantea que el texto de goce está por fuera del consumo, por lo que no se deja digerir por estar fuera de la cultura, porque la invitación es masticar y no devorar.
A propósito de este cuento, recuperó la siguiente expresión “no importa tanto la anécdota sino el relato que lo articula, que lo pone en lenguaje” porque La Culeada es un texto cuerpo que se abre para mostrar las entrañas, pero al mismo tiempo es amoroso en tanto relato que reclama desde el desamor, y también moroso en tanto obliga al goce de la lectura. En palabras del autor decía: “texto impertinente”, pero también, texto que evidencia una puesta en fragilidad del personaje en tanto delicadeza del lenguaje para mostrar el horror; y, en ese sentido el texto es político, porque el atajo del soliloquio en tanto técnica elegida por Humberto permite a Kilina –conciencia significante- descular las mitologías que como un artificio modelaron su cuerpo y su voz.
Es del campo social –que es histórico, tensionado por luchas por los sentidos- de donde se extraen las palabras, la sintaxis, la lengua (y esto no sólo en relación a la voz de Kilina, sino también la voz de Humberto).
Dice Terry Egleton (1998) que las obras del presente que se interesan menos por los finales felices como resolución son más realistas que la mayoría de las obras pretendidamente realistas. En el cuento de Humberto Bas no hay final feliz, no hay justicia poética ̶ o sí ̶ ; allí la ley está suspendida para instalar y fundar una nueva legalidad del cuerpo y la voz a través del horror porque, como dice Bataille (2009), el cuerpo encarna la bestia nombrada ya que al aceptar el cuerpo de los otros acabamos aceptando nuestros cuerpos.
Para finalizar, recupero la voz poética que grita en los versos de Etherline Mikëska y el cuerpo desgarrado que Humberto Bas convierte en relato, la literatura patagónica se levanta como un espacio de memoria y resistencia. En ambos casos late la certeza de que el dolor, al ser nombrado, deja de ser un silencio aislado para convertirse en un ruido compartido.
La violencia de género, con su caudal de ausencias, muertes y desamores, encuentra en estos textos un espejo que no devuelve consuelo sino lucidez: allí donde la palabra desnuda el horror, también abre la grieta por donde asoma la esperanza. Porque lo literario no es mera transcripción de lo real, sino invención de un lenguaje capaz de darle sentido, de trastocar la mirada, de señalar la posibilidad de otro mundo.
Mikëska, con su “poesía limpia” que convoca a los pájaros en medio del fango, y Bas, con su “texto cuerpo” que obliga a masticar la crudeza, nos recuerdan que la literatura no rescata, pero incomoda; no resuelve, pero ilumina; no salva, pero mantiene viva la pregunta.
Así, en este cruce de voces, la escritura se vuelve un acto político y poético: una invitación a no olvidar, a mirar de frente lo insoportable y a seguir imaginando —contra la oscuridad y contra el miedo— la posibilidad de justicia y de memoria.
BIBLIOGRAFÍA
Corpus literario:
Bas Humberto, La culeada y otros cuentos. 2008. Proyecto Puentes. Áreas de Letras de Cultura y Educación. Colección Leo Nqn.
Mikeska, E (2016) Pupilas Voraces.
Referencias bibliográficas
Bataille, George. 2009. El erotismo [Trad. A. Vicens y M. P. Sarazin]. Tusquets. (selección sugerida: “Introducción”, “Capítulo V. La transgresión”); 15-30, 67-74.
Barthes, Roland. 2008. El placer del texto. Siglo XXI Editores
Eagleton, Terry. 1998. Una introducción a la teoría literaria.[ Trad. de José Esteban Calderón]. Fondo de Cultura Económica. (selección sugerida: “¿Qué es la literatura ?”) Fondo de Cultura Económica.
Sordello, Carla
Profesora de las asignaturas ‘Estudios Literarios I’ del PLL y ‘AEDE: Lengua’ del PEP en el I.F.D. N°9.
*Reelaboración de la monografía “Del cetro disciplinador a la lengua disciplinada: Una lectura del discurso de Tersites en Ilíada II (vv. 211-277)” presentada como trabajo final del Seminario de Licenciatura en Letras “Representaciónes de la peste en la épica y la tragedia”. Universidad Nacional del Comahue.
La poesía homérica tiene como finalidad presentar las hazañas de los héroes, hombres cuyo comportamiento, valor y audacia son particulares y superiores. La acción de los héroes es individual, y apela siempre a la areté (Virtud, excelencia), porque estos poemas representan el kósmos (Universo, mundo, orden, armonía) ordenado y serio de los áristoi “(Los mejores”. Hace referencia a la clase aristocrática de la Antigüedad).
Sin embargo, en el Canto II de la Ilíada, Homero introduce un personaje que no se enmarca dentro de estos valores: Tersites. Aunque su paso por el poema es fugaz –solo unos cuantos versos–, la atención se enfoca en él y, por medio de su discurso, defiende el regreso a casa. Su presencia no ha pasado desapercibida y ha dejado marcas en la tradición literaria y cultural posterior.
Si los héroes son retratados como los hombres más bellos, valientes y fuertes, Tersites es considerado un “anti-héroe”, puesto que representa todo lo opuesto: en él confluyen defectos físicos y actitudinales que lo alejan del ideal heroico. Es feo, deforme, calvo y habla con palabras desordenadas, además de enfrentar la autoridad.
Tersites es lo opuesto de cualquier héroe y basiléus (Rey, monarca). No tiene linaje ni patronímico, tampoco epítetos. No se sabe de qué pueblo viene ni resulta merecedor de respeto. Su fealdad hiperbólica lo posiciona en los límites de la humanidad, casi rozando la animalidad. Por este motivo, no puede ser considerado un noble, sino que es de “origen bajo”, “el único soldado común nombrado en la Ilíada” (Leaf, 1900–1902, vol. I, p. 64).
Para Sergio Amor (s. f.), la cojera de Tersites es clave para comprender su discurso y su papel dentro del poema homérico, pues para los griegos este defecto era motivo de burla (“En el imaginario griego, la discapacidad es concebida como una metáfora del castigo, causada por la violación del orden divino y moral. Hay que considerar que esta condición es construida a partir de lo que se concebía como un cuerpo apto y sano, es decir, sin defectos ni fallas, que cubría las necesidades que le asigna la sociedad” Obrist, 2024: 5). Tal es el caso del dios Hefesto, que cojea de una pierna y es el más desfavorecido en la descripción de su apariencia. No obstante, la cojera no siempre conlleva una connotación negativa, sino que resulta ambivalente. En este sentido, la cojera de Tersites anticipa que no hay nada corriente en este personaje que se aparta de la norma. Pronunciarse en la asamblea constituye un acto de audacia: enfrentarse a un jefe, exhortar a sus compañeros a regresar a las naves y abandonar al basiléus supone atentar contra el entramado social, y eso es inadmisible. Por ello debe ser violentado y castigado con el cetro de Agamenón, símbolo de la palabra y del poder como herramienta de violencia represiva y censura.
La intervención de Tersites es una muestra de que, en una sociedad atravesada por cambios políticos y la transición hacia el Estado, los miembros del demos (Ciudad, pueblo. Parte de la ciudadanía) podían exponer su disconformidad para hacer valer sus intereses, aun cuando termina vapuleado. Para Frank Furedi (2013), Homero considera que las habilidades discursivas y retóricas de Tersites resultan una amenaza para la autoridad y el liderazgo griego, porque se vuelve portavoz del pueblo y manifiesta sin tapujos la pesada carga que implica la guerra para los soldados de a pie.
En su arenga propone regresar a las naves y abandonar al basiléus (al rey Agamenón) a su suerte. El orden es restaurado por la intervención de Odiseo, que, tomando el cetro de Agamenón, utiliza la fuerza para recuperar la autoridad y conseguir la obediencia de las tropas.
Tersites no se dirige a los nobles, sino a sus compañeros de tropa. Critica duramente las acciones de Agamenón, lo acusa de ambicioso y de gobernar en su propio interés, a pesar de que el esfuerzo mayor lo llevan los soldados. Al hacer esto, acerca la figura de Agamenón a la de los dorofagoi (“Devoradores de dones”: denominados así porque se dejaban sobornar al impartir una justicia “torcida”, y porque por su actuación judicial percibían una compensación económica que sale del demos. (Valdés Guía, 2012). En este sentido, la Ilíada puede leerse como una “estructura narrativa capaz de resonar en diferentes momentos históricos” (Malta, 2014), que habilita una crítica a la concentración del poder.
El discurso de Tersites desafía el orden social de los jefes que se benefician del trabajo del pueblo y acaparan la capacidad de decisión. Para Valdés Guía (2012) detrás de la gloria y del protagonismo individual del héroe se esconde la realidad*. El “foco” del poeta no es inocente, puesto que el reconocimiento del papel del demos en la lucha no es representado. Además, señala que la marginación del demos es ideológica, social, jurídica, económica y política, y se sostiene mediante relaciones de dependencia y coerción. Tersites intenta poner en tensión esta marginación al hablar del desigual reparto del botín y de las prestaciones que sostienen la riqueza de los jefes. (*André Malta (2022) plantea que “la ideología homérica es aristocrática […], pero también es tensionada por una organización política interna multifacética” que no refleja ningún sistema o época en particular y que por eso es útil como un “espacio de reflexión para diferentes situaciones y como objeto de apropiación de distintos discursos ideológicos” (6).
A pesar de que pone en palabras la frustración colectiva, no logra convencer a sus compañeros. Su discurso no triunfa y el plan de Agamenón se consolida. Las tropas refuerzan la confianza y la autoridad de los gobernantes. Como señala Furedi (2013), los soldados resentían el comportamiento egoísta de Agamenón en la distribución del botín, pero aun así aprueban la sanción ejemplar.
Para concluir, se puede decir que la épica se muestra desde y para la clase dominante y cumple un papel en la justificación del dominio, disminuyendo el potencial social, político y militar del demos (Valdés Guía, 2012). Sin embargo, la intervención de Tersites habilita una lectura que lo ubica en un lugar singular: es el guerrero más audaz de la epopeya, porque toma la palabra como arma para discutir la autoridad del basileus.
La importancia del pasaje no recae en la veracidad del discurso de Tersites, sino en el marco grotesco en que es configurado. Sus defectos físicos representan deformidades sociales que la comunidad busca eliminar para preservar un orden disciplinado (Proença, 2020). La violencia ejercida sobre Tersites reafirma el discurso de poder y silencia cualquier forma de controversia.
Que un personaje relativamente menor haya seguido despertando la imaginación crítica da cuenta de la vigencia de los problemas que encarna (Furedi, 2013). En la actualidad, la figura de Tersites es retomada por los críticos que ven en él el germen de la libertad de expresión y un correlato del discurso disidente y subalterno en un sistema político opresor, así como en la censura cada vez más explícita, directa, evidente y sistemática.
Referencias bibliográficas:
Amor, S. (s. f.). Tersites. Entre la isegoría y la tiranía. Universidad de Buenos Aires.
Furedi, F. (2013). Authority: A Sociological History. Cambridge University Press.
Leaf, W. (1900–1902). The Iliad (Vol. I). Macmillan.
Malta, A. (2014). ¿As Musas contra Tersites? Ideologia no Canto II da Ilíada. Cuadernos de Literatura, Universidad Nacional del Nordeste.
Proença, P. S. de. (2020). Retórica e exclusão na Ilíada: Tersites em foco. Cadernos de Letras da UFF, 31(61), 176–199.
Valdés Guía, M. (2012). Dependencia y marginación en Homero y en Hesíodo. En F. Reduzzi Merola (Ed.), Dipendenza ed emarginazione nel mondo antico e moderno (pp. 191–206).
Segado, Leandro
Prof. de ´Instituciones Educativas´ y ´Enfoque Sociocultural de la Educación´ de PEP en el I.F.D. Nº 9.
Una de las reflexiones que surgen alrededor de las instituciones educativas es acerca de su rol en la sociedad. A esta inquietud se la puede encarar desde diversos enfoques. En este escrito se ensayará una descripción de las dos teorías que dan cuenta del rol de la escuela como reproductora de la estructura social y como espacio de resistencia.
La reproducción social es objeto de estudio de distintas corrientes de las ciencias sociales. Una de las preguntas que las guía podría ser la siguiente: “¿Por qué las sociedades se mantienen en tanto estructuras sociales y no hay revoluciones, teniendo en cuenta las grandes y graves desigualdades sociales existentes?”.
La etapa actual del capitalismo en la que vivimos es profundamente deshumanizante. Parafraseando al geógrafo David Harvey (2003), asistimos a una patrón de acumulación por desposesión o por despojo, del agua, la tierra, de nuestro tiempo, que inevitablemente va acompañado de distintos tipos de violencia. Los bienes comunes: agua, minerales, petróleo, etc son extraídos por empresas nacionales e internacionales con el visto bueno de los Estados (nacionales, provinciales). A su vez, los bosques nativos son exterminados para ampliar las fronteras agrícolas. Los avances tecnológicos, el avance de las fuerzas productivas, no generaron una reducción de la jornada laboral. Cada año trabajamos más, en peores condiciones, y, sin embargo, nuestro poder adquisitivo disminuye. La organización Oxfam -confederación de organizaciones internacionales que estudian y plantean soluciones para combatir la desigualdad- en su informe de 2023, expresa que “El 1 % más rico de la población posee el 45,6 % de la riqueza mundial, mientras que la mitad más pobre tan solo tiene el 0,75 %” (Martin-Brehm et. al, 2023, p.19). Esto es, una desigualdad creciente y tremendamente injusta. Entonces, vuelve la pregunta inicial “¿Por qué la estructura social se mantiene, con tanta desigualdad?”. Aquí es donde ingresa el concepto de la reproducción social, que se puede definir como el mecanismo que tiene la sociedad o estructura social para, justamente, reproducirse. ¿Qué se reproduce? La estructura social, su Base Material, como más adelante veremos que plantea Althusser (1988). Se reproduce la desigualdad y la condición esencial del capitalismo: la división entre trabajadores y patrones, empresarios, capitalistas, es decir, la división en clases sociales.
Sin embargo, la desigualdad no es solo entre clases sociales, ya que en la Base Material encontramos una división sexual del trabajo, imprescindible para la reproducción, que se manifiesta entre hombres y mujeres y otras diversidades sexuales y de género. En el libro “Calibán y la bruja” (2016) de Silvia Federici, la autora estadounidense analiza una serie de expropiaciones sociales que se dieron durante la transición del feudalismo al capitalismo. Una de ellas, es la privatización de las relaciones sociales, a partir de la institucionalización de la familia. En ésta, la mujer, será la encargada de la reproducción de la fuerza de trabajo. En palabras de la autora, “la familia surgió también en el período de acumulación originaria como la institución más importante para la apropiación y el ocultamiento del trabajo de las mujeres” (Federici, 2016, p. 174). La reproducción de la fuerza de trabajo (la del marido, la de ella, y la de sus hijos) requiere una serie de trabajos domésticos, como ser, cocinar, limpiar, cuidar y la misma reproducción como tal, es decir, procrear. Ocurre que este trabajo doméstico está privado de salario, es decir, es un trabajo esclavo, a cargo de las mujeres. Por eso “el pedido de salario doméstico desnaturaliza la esclavitud femenina” (Federici, 2016, 407). Gracias a las luchas de las mujeres y diversidades sexuales, en Argentina, por ejemplo, fue posible establecer un reconocimiento de años de aportes por tareas de cuidado a esas mujeres.
Para reproducir la Base Material, la formación social, se nutre de distintos “Aparatos Ideológicos del Estado” (AIE) que a partir de ciertas instituciones como la escuela, la familia, los medios de comunicación y la iglesia, permiten esa reproducción (Althusser, 1988). En el seno de la familia, el representante del Estado o Iglesia, en esta transición de modos de producción, o “micro estado / iglesia” (Federici, 2016, p. 174) será el hombre. Este esquema teórico parte de la interpretación de Althusser sobre los escritos de Carlos Marx. De forma gráfica elabora la “metáfora del edificio”. Éste sería la estructura social, compuesto por la Base Material y la superestructura.
En la Base Material encontramos las relaciones de producción y las fuerzas productivas. Las primeras son las relaciones de poder entre clases; y las fuerzas productivas son el grado de desarrollo técnico/tecnológico.
En la Superestructura encontramos los Aparatos Ideológicos del Estado que permiten que la Base Material, es decir las relaciones de producción y las fuerzas productivas sigan reproduciéndose. Entonces, la Superestructura reproduce a la Base Material, a la vez que la Base Material ejerce su influencia e inclusive determina en última instancia a la Superestructura. Por si fuera poco, el Estado posee el monopolio legítimo de la coerción física. Por lo que, la clase dominante posee varias “herramientas” o modos de generar la reproducción de la estructura social.
El rol de la Escuela en todo esto, para Althusser y los/as adherentes a la Teoría Reproducción
Según la explicación que hemos dado, la escuela, junto a otras instituciones, constituye un mecanismo de reproducción social. Al respecto Althusser (1988, pp. 2) expresa:
En la escuela se aprenden las "reglas" del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está "destinado" a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a "hablar bien el idioma", a "redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber "dar órdenes", es decir (solución ideal), "saber dirigirse" a los obreros, etcétera.
Frente a esta definición, la figura gráfica adjuntada puede facilitar la comprensión.
El pensamiento de Althusser (1988) llevó a la identificación de la “teoría de la reproducción”. En ésta, el cambio social ocurrirá extra muros, por fuera de la institución escolar, a través de un partido político que conduzca la revolución social. Ya que los cambios que pudieran generarse dentro de la escuela, siempre tendrán un carácter condicional, pero nunca determinante, como sí lo tienen la Base del “edificio”.
Teoría de la Resistencia
Los/as adherentes a esta corriente de pensamiento no niegan el carácter reproductivo que posee la escuela, entre otras instituciones del Estado. Sino que lo que dicen es que a pesar de esa característica, es posible generar cambios dentro de la educación. En algún punto, se podría decir que es una teoría menos pesimista. En esta línea, se destacan Mc Laren y Giroux. Se podría inscribir a Freire en esta misma (Hirsch y Río, 2015). Las críticas que surgen desde esta Teoría hacia la de la Reproducción se basan en el carácter estructuralista y “total”, es decir, la pregunta que se formula es qué lugar le deja al agente/sujeto/individuo, agreguemos, trabajador/a de la educación. Porque pareciera que según la primera teoría, hay muy poco lugar o ninguno para generar algún cambio. Ese cambio solo se logrará a partir de un partido revolucionario de la clase trabajadora, por fuera de las instituciones educativas. En esta teoría, se le da importancia a la disputa ideológica del sentido común, y esa “pedagogía crítica” se puede (y debe) dar en las aulas. En este punto radica la importancia de la educación como actividad pedagógica y política.
Breve conclusión
El hecho de conocer la existencia de las teorías de la reproducción y de la resistencia, nos permite identificar cuáles son las relaciones existentes entre la escuela y el sistema de dominación político- social- económico- cultural capitalista. Conocer esta relación, nos aleja de una mirada ingenua de la escuela, en la cual se la concibe como un lugar en donde “la política” no tiene lugar. Pero observamos que sí tiene un lugar, y muy importante, nada más ni nada menos que el de ser un engranaje fundamental para la reproducción social. Por lo tanto, al ser conscientes de esta situación, como docentes actuales o futuros, asumimos un compromiso ético y político dentro del aula: o reproducimos o resistimos y creamos otro mundo, menos injusto socialmente, en armonía con la naturaleza y con todos los seres vivos, sin discriminación, ni racismo, ni etnocentrismo, sin violencias y sin opresiones de ningún tipo.
Bibliografía
Althusser, Louis (1988) . Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Freud y Lacan, Nueva Visión, Buenos Aires, 1988. Recuperado digitalmente de https://educacion.ctera.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/clase-1-archivo-9-Althusser.pdf
Colectivo Situaciones (2016) “Entrevista a Silvia Federici. Por una reinvención de las prácticas comunitarias” en Federici, Silvia (2016), El calibán y la bruja, Ediciones Tinta Limón. Disponible gratuitamente en: https://tintalimon.com.ar/public/tmqlg295o2cyb1xhv80n657f7xdt/pdf_978-987-3687-07-5.pdf
Federici, Silvia (2016), El calibán y la bruja, Ediciones Tinta Limón. Disponible gratuitamente en: https://tintalimon.com.ar/public/tmqlg295o2cyb1xhv80n657f7xdt/pdf_978-987-3687-07-5.pdf
Harvey, David (2003). Cap IV “La acumulación por desposesión” en “El nuevo imperialismo”, Ed. Akal, España.
Hirsch, Dana; Rio, Victoria (2915) Teorías de la reproducción y teorías de la resistencia: una revisión del debate pedagógico desde la perspectiva materialista Foro de Educación, vol. 13, núm. 18,, pp. 69-91. Disponible en: https://doi.org/10.14516/fde.669
Martin-Brehm Christensen, C., Hallum, C., Maitland, A., Parrinello, Q., & Putaturo, C. (2023). La ley del más rico: Gravar la riqueza extrema para acabar con la desigualdad. Oxfam Internacional. Disponible online en: https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621477/bp-survival-of-the-richest-160123-es.pdf
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