LVDF: ¿Cómo ha sido su camino profesional y cómo llega a este caso emblemático?
D.EB: Soy abogada desde hace ya 18 años y desde el primer día hago ejercicio liberal de la profesión, fue muy difícil establecerme en esta carrera, porque vengo de una familia que no tiene nada que ver con la abogacía, ellos se dedican a la construcción. En las mañanas me ocupo de tareas empresariales y por las tardes trabajo en mi estudio.
Me he dedicado toda la vida a la parte civil, hice mucho daños y perjuicios y participé de numerosos juicios, pero siempre mi corazón ha estado en el derecho de familia, con los derechos humanitarios, pendiente de cómo ayudar al otro, en dar una mano al desprovisto.
Hace varios años atrás tuve un fallo también inédito en condenar al Estado para que otorgara alimentos a una mamá que no tenía pensión del séptimo hijo y bueno me dediqué a estudiar el caso y logré esos resultados. Siempre elijo, es lo que más me atrae, el derecho de familia ayudar al otro, siempre tratando de dar respuestas a los desvalidos. Por eso elegí ser miembro y parte del Instituto Interdisciplinario de Derecho de Familia Niñez y Adolescencia del Foro de Abogados.
LVDF: Cuéntenos la historia. ¿Quiénes son los protagonistas?
D.EB: Todo empieza en 2012 cuando una amiga mía de muchos años, Vanina se enferma y le dan el diagnóstico de insuficiencia renal crónica, ya en 2013 acompañándola en este proceso como amiga, desde lo emocional y humano, me pidió que le haga un testamento, en la búsqueda de un riñón no encontraba dentro de sus posibilidades en familiares sanos la compatibilidad, su papá había tenido cáncer, la tía que era compatible se le detecta cáncer. Yo estaba estudiando el caso en esos tiempos y lo único que veía es que quedaba excluido del sistema, no teníamos una ley que nos ayudara ni el Código Civil y Comercial nos acompañaba, recién en el año 2015 cuando surge el Nuevo Código me centro en el ARTICULO 17: Derechos sobre el cuerpo humano. Los derechos sobre el cuerpo humano o sus partes no tienen un valor comercial, sino afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social y sólo pueden ser disponibles por su titular siempre que se respete alguno de esos valores y según lo dispongan las leyes especiales.
Este artículo me dio una luz en cuanto a cómo podíamos seguir con la búsqueda del donante, en coincidencia aparece Adriana una amiga de Vanina que expresó su voluntad a donar un riñón, en un acto de solidaridad de amor y trascendencia. En esta instancia cuando ellas me exponen esta situación, con todos los recaudos del caso, me aseguro que no haya un interés económico, siempre hay desconfianzas al respecto y además tratando de que la causa no genere ninguna duda descartamos uno a uno todos los aspectos que podían ir en contra de este proceso, para obtener buenos resultados y llegar a buen fin.
A partir de ahí empecé a estudiar los fundamentos de este artículo, que se convirtió en mi piedra filosofal, estudié el pensamiento de los juristas al respecto observando si los derechos eran sobre la persona o sobre el cuerpo, la ley de trasplante, estudié otros casos emblemáticos como el del periodista Jorge Lanata y la cantante Sandra Mihanovich además de otro caso donde un padrino le donó un órgano a su ahijado. Después de todo este trabajo logramos este primer fallo en el año 2016 y aunque no tuvo mayor trascendencia y no se llegó a materializar porque a la paciente le fue asignado por lista un órgano de un donante cadavérico, sentó precedentes para todo el país y fue consultado como jurisprudencia por distintas provincias para casos similares.
En el caso que logró la sentencia favorable este año, el protagonista es Germán, 34 años y una vida truncada por la enfermedad y su amiga de toda la vida que lo había acompañado en todo el sufrimiento y que tenía la voluntad de donarle un riñón.
También nos apoyamos en el fallo del año 2016 y viví el mismo proceso de asegurarme que no hubiera intenciones comerciales, haciendo averiguaciones conociendo más a cada una de estas personas, porque siempre está la reticencia en estos casos ya que la que firma es mía y me expone si resulto engañada en mi buena voluntad, además recibiendo la presión de los médicos que necesitaban que el proceso fuera rápido, ya que los tiempos suyos no son los de la justicia. Y así empezamos a transitar el proceso que logramos con fallo favorable y que resolvió el Juez Héctor Rollán.
LVDF: ¿Qué hechos positivos y negativos destaca a lo largo del proceso? Desde su mirada de mujer, desde la inclusión, desde el correcto tratamiento al ser un caso de salud.
D.EB: Me sorprendió la evolución con que me recibió el Poder Judicial, fue una economía procesal totalmente distinta a la anterior, que fue muy difícil y me sentí en completa soledad, fue muy grato comprobar que los peritos estaban totalmente informado de lo que era un trasplante, el juez fue totalmente empático con la situación, él ya sabía que había un antecedente porque lo había utilizado en otra causa anteriormente y que era una causa mía, se tuvieron muy en cuenta los tiempos, con la audiencia que fue muy rápida, ya se sabe que el que va a recibir el órgano está en muy mal estado de salud y no lo pueden por horas en una audiencia y después con la sentencia.
El día 20 de julio de 2020 me comunican que estaba listo, pero por una amenaza de bomba en tribunales, me notifican recién el día 21 de julio que el fallo salió favorable.
En este caso en especial la mezcla de sentimientos fue muy emocionante, llamar y decirle a quién espera para salvar su vida que el juez autorizó el trasplante es de una alegría que no se puede explicar. El trasplante se realizó recientemente y hasta el momento va todo muy bien.
LVDF: Hay un antes y un después en este caso, su desempeño logró un cambio en esta sociedad, ¿cuál fue este gran aporte?
D.EB: Hay un gran cambio en estos 4 últimos años desde aquel fallo de 2016, de conciencia sobre los trasplantes, creo que la ley de Justina, y su muerte por falta de donantes cadavéricos compatibles, mostró otra perspectiva a la sociedad que transita por estas enfermedades que necesitan de un trasplante para sobrevivir. Está bien que hay casos y personas que quedan excluidas por no poder acceder como dice la ley a un donante cadavérico, es la manera que encuentra la ley al tratar de evitar el comercio, pero es muy bueno también que la misma ley busque la salida a estos casos y salve vidas.
El cambio de conciencia y de mentalidad de los actores principales tanto de la justicia como de salud, el cambio social que todo esto ha provocado y por último el que estos fallos sean noticias que les interese difundir a los medios de comunicación, que generen contantemente información sobre las largas listas de espera, la vida que lleva un paciente en este caso, con sus riñones que no funcionan y tienen que dializarse todos los días y durante horas, perdiendo sus posibilidades de vivir normalmente por el desgaste de su cuerpo y funciones. Y como resultado de toda esta información sobre la problemática, que pueda llegar como buena noticia a quienes están enfermos, contando estos casos como una posibilidad de tener una mejor calidad de vida o sobrevivir y colateralmente tocan el corazón de personas que se sensibilizan para donar un órgano a pesar de no tener lazos sanguíneos, cuando en sus círculos íntimos alguien padece esta situación.
LVDF: Para concluir ¿qué mensaje, desde su experiencia vivida, puede dar a sus colegas?
D.EB: Hacia mis colegas sólo tengo palabras de agradecimiento, me he sentido muy acompañada ya que en el primer fallo fue muy duro el camino y el proceso, y en esta oportunidad me alentaron para que esto se de a conocer y alcance la difusión que llegue a quienes les pueda resultar útil para sus vidas.
La primera persona que me instó a que diera a conocer públicamente el fallo fue la Directora del Instituto la Dra. María Laura Altamira. El trabajo que hacemos desde el Instituto de Familia con mis colegas me sorprende cada vez más, somos muy solidarias entre nosotras y nos apoyamos mutuamente.
Cuando uno ve lo que se refleja socialmente y en los medios es que dimensiona la labor diaria que realizamos, ver mi fallo en “Microjuris” y recibir llamados de otras provincias por casos similares me hizo caer en la cuenta de la importancia y en el aporte a la comunidad que se generó de lo vivido en estos dos procesos que al fin de cuentas pueden son herramientas fundamentales para salvar vidas.