Nunca sabré si soñaba cuando mi amigo se murió durmiendo.
El acta de defunción no registró ese dato
ni la crueldad de la luz
en su rostro absolutamente objetivo.
Los hechos son la única materia universal que compartimos:
un corazón que late y otro que está inmóvil
y el significado clínico
de las manos crispadas sobre el pecho.
Lo demás es un susurro, casi un mito
que incluye los deseos personales,
los ensueños privados, las músicas secretas.