Los médicos se han ido cerrando la puerta
y mi última oportunidad ha partido con ellos.
Desde este momento todo es asunto mío.
Se han llevado las medicinas y la radio portátil,
el mundo retira sus puntos de referencia
y aquí termino solo: cuatro paredes y una cama de sanatorio.
Lo admito. Siempre tuve conciencia de condenado,
ráfagas de terror al despertarme vivo,
y si este final nació conmigo
incrustado como una decepción en la pared del cerebro
¿por qué confié en la esperanza
o en la música de Mozart entrevista
como una eternidad triunfante que no podía excluirme?
Debí saberlo, ahora que mi única certeza es la química
y no la vida perdurable
ahora que la enfermera llega trayendo la última aguja
para borrarme suavemente y darle las gracias por todo.