A continuación os mostramos algunas imágenes de los tatuajes faciales presentes en las figurillas de arcilla (llamadas dogu) y relieves cerámicos del pueblo Jomon. Tradicionalmente, se ha relacionado genética y lingüísticamente a los Ainu como descendientes primarios de las poblaciones Jomon del norte de Japón (aspecto que tratamos en publicaciones anteriores). Aunque, gracias a los datos arqueológicos, se ha visto que, partiendo del sustrato Jomon, la cultura Ainu se desarrolló a través de una amplia red de interacciones con otras sociedades vecinas.
El tatuaje más representado consta de una simple línea doble que traza una curva o línea recta desde el ojo a través de la mejilla hasta el costado de la cara. Los ojos, párpados y labios de algunos dogu también muestran escarificaciones o pinchazos de agujas, otorgándoles los característicos ojos saltones y gruesos labios típicos de estas figurillas.
Pero, ¿cuál es el motivo de estos tatuajes? Los pescadores locales creen que los tatuajes se hacen para protegerse de los depredadores como el tiburón, práctica que pudo haberse transmitido desde época Jomon. Algunos de estos tatuajes, como las dobles líneas que recorren la mejilla, aparecen en figurillas de arcilla del 3300 a.C. hasta el final del período Jomon (en torno al 100 a.C.), por lo que se mantuvieron durante más de tres milenios. Se ha planteado que podrían corresponder a ritos de iniciación o rasgos culturales destinados a ser identificadores sociales.
Lo que está claro es que los tatuajes faciales, muy presentes en la sociedad Ainu, ya eran presentes y gozaban de una importancia cultural y social milenios antes, hecho que nos habla de una tradición cultural realmente antigua e importante, motivo por el cual se mantuvo (con sus lógicos cambios y variaciones regionales) hasta bien entrado el siglo XX.
Fuentes consultadas e imágenes extraídas de: