Declaración de intenciones
A mis alumnos no les enseño qué deporte practicar, ni a qué equipo animar. No les pido que repliquen mis simpatías políticas, o compartan un sistema de valores. El tiempo que la universidad me confía con ellos es un bien escaso, y debo honrarlo: está para transmitirles el conocimiento científico de la asignatura que imparto.
Cada clase no es un mitin, ni la tarima un púlpito. Yo no soy el centro de una sabiduría universal. Soy, más bien, un canal para circulan pre transmitir preguntas, métodos, evidencias y argumentos. Un instrumento para facilitar su aprendizaje y su capacidad de pensar por cuenta propia con honestidad intelectual. Que ganen autonomía y libertad de pensamiento dentro del marco científico de la materia es el objetivo final de mi tiempo con ellos—y que, desde ahí, puedan llegar a sus propias convicciones, coincidan o no con las de otros.