Historia del dulce de oreja de mico
El dulce de oreja de mico es una de esas tradiciones dulces que han pasado de generación en generación en Tabasco y en varias partes del sureste de México. Su curioso nombre viene de la forma que toma al prepararse: una masa delgada y enroscada que, al freírse, se parece a una pequeña oreja, como la de un mico o chango.
Este dulce nació en los hogares campesinos, donde las familias aprovechaban ingredientes sencillos como harina, huevo, azúcar y manteca. Con ellos elaboraban una masa que luego freían hasta quedar crujiente y dorada. Era común hacerlo en fiestas, ferias o como merienda para los niños después de la escuela.
Con el tiempo, el dulce de oreja de mico se volvió símbolo de lo casero y lo tradicional. Hoy todavía se vende en los mercados y ferias de Tabasco, conservando su sabor a infancia, su textura crujiente y ese toque de azúcar que lo hace tan especial.
Así, este dulce sencillo nos recuerda que las mejores tradiciones nacen del ingenio y el cariño con que nuestras abuelas cocinaban.
1 kilo de papayitas silvestres (pequeñas, maduras)
½ kilo de azúcar o piloncillo rallada
1 taza de agua
1 ramita de canela (opcional)
El jugo de ½ limón (para dar sabor y ayudar a conservar)
1 pizca de sal (opcional, para resaltar el sabor)
Preparar las papayitas:
Lava las papayitas y, si lo deseas, sumérgelas en agua con un poco de cal durante unos minutos para ablandarlas; luego enjuágalas bien.
Hervir con azúcar:
Coloca las papayitas en una olla con el agua, azúcar o piloncillo y la ramita de canela. Cocina a fuego medio, moviendo de vez en cuando.
Cocinar hasta espesar:
Deja hervir hasta que las papayitas estén suaves y el almíbar espese, aproximadamente 30–40 minutos.
Agregar limón y enfriar:
Añade el jugo de limón, mezcla y retira del fuego. Deja enfriar antes de servir o almacenar en frascos de vidrio.