23 de mayo de 2022
La segunda reforma constitucional de la segunda mitad del sexenio de AMLO trata sobre los cambios al funcionamiento del sistema electoral mexicano. Actualmente, el INE y sus 11 consejeros electorales, junto con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, son los núcleos de las elecciones en México. Son estos organismos que desempeñan el papel de juez entre las distintas fuerzas políticas y actualmente son cruciales para que la contienda electoral en México sea confiable, libre y justa.
El objetivo nominal de la 4T con esta reforma es reducir costos para administrar y desempeñar las funciones electorales y políticas, así como alterar considerablemente la estructura institucional del INE y el TEPJF. Como los he presentado, no representan un regreso a la democracia en México ni la posibilidad de abusos de poder de parte del gobierno, sin embargo, hay que leer la letra chiquita, en particular algunos puntos cruciales.
Alterar significativamente un sistema efectivo, que cualquier observador electoral nacional o internacional puede afirmar, es solo invitar el caos. El INE ha sido reconocido a nivel mundial como una de las mejores instituciones electorales que existen. A pesar de sus costos económicos, es un sistema que fue diseñado para tomar en cuenta todas las idiosincrasias de México (y sus múltiples, diversas e innumerables trampas que cometen los agentes políticos). El sentido común nos dice: si funciona (y funciona bien), no lo arregles.
La reforma promueve cambiar el número de consejeros electorales, que estos sean elegidos por voto directo, remover tribunales electorales locales y cambiar las reglas de difusión y propaganda pública. Los cambios propuestos no contribuyen a un instituto electoral fortalecido, sino a inhabilitarlo en sus funciones más básicas, la primera de ellas siendo la tarea de cumplir como un árbitro imparcial.
Entre los otros cambios electorales, está la eliminación de diputados y senadores plurinominales, lo cual es… detrimental.
La razón principal es que los coloquialmente conocidos “pluris” con crucial para que un partido político no se lleve una mayoría en el congreso más grande relativo al número de votos que recibió, así como ayudar a los partidos políticos más pequeños a recibir más representación a pesar de no ganar los curules directamente.
El tema está en que si quieren reducir el número de diputados y senadores, lo cual estoy totalmente de acuerdo, se haga parejo entre curules de mayoría relativa (elegidos directamente) y plurinominales: manteniendo la proporcionalidad de 60/40 entre elección directa y “pluris”, respectivamente. Reducir los diputados a 300 totales y senadores a 96, preservando las proporciones, es de las mejores maneras de reducir gastos innecesarios en gente que no vale la pena.
Por último, algo a tener en cuenta es que difícilmente la reforma será ley, ya que la oposición tiene pocos incentivos para pasarla. Incluso el PAN ya presentó su contrapropuesta que tiene los mismos objetivos, pero sin alterar significativamente el INE o los otros organismos electorales.
No se han dado a conocer los detalles o el funcionamiento a ciencia cierta de cada de las propuestas, por lo que todavía falta esperar al desarrollo de la historia. Lo importante a considerar en este próximo debate electoral es que no es el primero, y ojalá no sea el último. El INE y el sistema electoral mexicano actual llegó a ser tan reconocido y excepcional en su funcionamiento gracias a muchos cambios electorales en cada uno de los sexenios desde 1976.
Este sexenio no será diferente en tener el debate público, lo importante es que los resultados del discurso público fortalezcan una democracia inclusiva y justa para todos los mexicanos, y que no funcione como una herramienta más para aquellos en el poder.