papa
Diego Varela Corral
25 de Noviembre de 2024
Fue una noticia que sacudió al mundo: la madrugada del 21 de abril, lunes de Pascua, el Vaticano anunció el fallecimiento del Papa Francisco, 266° líder de la Iglesia Católica. A pesar de haber luchado por meses con un problema pulmonar, su aparente recuperación y lo repentino del aviso tomó al mundo por sorpresa.
Pronto, sin embargo, dos cuestiones invadieron el espacio mediático: la primera, estudiando el legado del Sumo Pontífice; la segunda, la especulación por quién podría ser el próximo en ocupar la Santa Sede y el rumbo que tomará la Iglesia.
Esta vez me gustaría enfocarme en la primera cuestión, y una vez terminado el Cónclave y conociendo el nombre del próximo Papa empezaré a explorar la segunda.
Lo primero que debe quedar claro es que el Papa Francisco fue, antes que nada, un Papa de primeros: el primer Papa latinoamericano, el primero en elegir el nombre de Francisco (por San Francisco de Asís), el primero en visitar varios países asiáticos y en el Oriente Medio y el primero en priorizar cuestiones como el cambio climático y una incansable lucha por la paz en su agenda.
Sin embargo, también es cierto que el Papa fue uno muy disruptivo – y esto no es algo inherentemente malo. Una ‘Iglesia para todos’ fue la principal misión del Papa, que buscó atraer a jóvenes, marginados, pobres e incluso acercarse a otras religiones (principalmente a las Iglesias ortodoxas y protestantes); el Papa también fue una voz incansable por la paz, abogando por los derechos humanos en conflictos desde Sudán hasta Ucrania, pasando por Myanmar y con especial atención en Gaza con un especial énfasis en la ‘fraternidad perdida’ de la humanidad y la dignidad de cada persona, temas que tocó en su escrito Fratelli Tutti.
El Papa también introdujo el concepto de la ‘deuda ecológica’ en su encíclica Laudato Si; en esta, sugirió que los países desarrollados han consumido una parte desproporcionada del ‘derecho a contaminar’ mundial, pero son los países pobres los que pagan el precio del cambio climático. El Papa sugirió la compensación orientada al desarrollo de energías renovables en países en vías de desarrollo y la implementación de pasos reales para reducir el impacto del cambio climático.
Y son muchas más las cosas por las que Jorge Mario Bergoglio será recordado, y si tratara de cubrirlas todas terminaría escribiendo un libro. Es cierto que, entre todo lo bueno, el Papa también tomó decisiones controversiales, alienó a los campos más conservadores dentro de la Iglesia y los medios de comunicación dieron la vuelta y retorcieron muchas de sus palabras, cambiando percepciones acerca del Obispo de Roma de formas buenas y malas.
Ahora que se aproxima el Cónclave, los invito a abstenerse en la medida de lo posible de ‘tomar bandos’ o convertir la elección del próximo Papa en un evento político – aunque este sí tenga ramificaciones geopolíticas muy importantes. Para los que sean Católicos, como yo, recen por los Cardenales que se reúnen en Roma y que a partir del 7 de mayo votarán para elegir al próximo sucesor de San Pedro. Ahora sólo podemos esperar y rezar para que el próximo Papa no sea el que merecemos, sino el que necesitamos.