Diego Varela
16 de septiembre de 2022
En los últimos meses, las noticias han estado llenas de noticias de fenómenos extremos alrededor del mundo. Incendios anormalmente grandes en Portugal, España y Francia. Sequías en América y Europa han desaparecido ríos y lagos enteros, provocando escasez de agua. En Pakistán, la temporada de lluvias más grande en décadas inundó la tercera parte del territorio pakistaní y ha matado a más de 1,200 personas.
El cambio climático es una fuerza innegable, y el impacto que ha tenido la humanidad es irreversible en varios aspectos, pero es cada vez más preocupante la frecuencia y la fuerza de los desastres climáticos, que aumentan año con año. Peor aún, se espera que en al menos uno de los próximos 5 años la temperatura mundial supere la marca de 1.5 C° sobre niveles preindustriales según la Organización Mundial Meteorológica (OMM, 2022).
Este aumento de temperatura sin precedentes, provocado por la emisión de los famosos gases de invernadero, son los causantes de patrones climáticos y fenómenos más extremos y menos predecibles, y a este ritmo, el clima pronto volverá ciertas áreas del mundo inhabitables, ya sea por la falta de lluvias o por el exceso de éstas, la subida del nivel del mar, o el aumento de catástrofes naturales. Las áreas secas se volverán demasiado secas, y las áreas húmedas se volverán demasiado húmedas.
Los peligros del cambio climático van desde incendios más fuertes y comunes, inundaciones sin precedentes, tornados y huracanes más poderosos, la subida del nivel del mar, e incluso un aumento en la actividad tectónica del planeta por la falta de glaciares, que desencadenará terremotos y erupciones volcánicas. Aquí aprovecho para recomendar un maravilloso documental hablando del tema, llamado “2 grados más: El punto de no retorno”, que habla de las consecuencias de superar esta marca de 2 C° sobre niveles preindustriales.
Y la cosa es que estamos presenciando estos eventos ahora mismo.
Francia y España vieron los incendios más poderosos en décadas, con España observando 45 incendios mayores esta temporada, que destruyeron 250,000 hectáreas al momento de redactar esta nota, y Francia luchó contra el incendio forestal más grande en décadas cerca de Burdeos. Este único incendio destruyó más de 7,000 hectáreas de bosque, y tomó a más de 1,000 bomberos trabajando incansablemente para contenerlo. Las olas de calor también mataron a miles de personas en Portugal, España y el sur de Francia.
En nuestro propio país, Monterrey presenció una sequía grave que azotó a todo el norte del país, y el 26% de los municipios a nivel nacional reportaron sequía y falta de agua. Sin embargo, con los cambios cada vez menos predecibles del clima, ahora Monterrey está sufriendo de inundaciones que, aunque no han resultado letales, han provocado la suspensión de actividades en toda la ciudad.
No podemos decir lo mismo de Pakistán, que se enfrenta a “un monzón con esteroides”, como lo llamó António Guterres, de la ONU. Más de 1,300 personas han muerto, al menos 33 millones se han visto directamente afectadas, la tercera parte del territorio pakistaní fue inundado, 287,000 viviendas fueron destruidas totalmente, y 662,000 parcialmente, cientos de miles desplazados, y 2 millones de acres de tierra de cultivo, que incluían gran parte de las cosechas de algodón, una de las principales exportaciones del país, fueron destruidos. La ONU aprobó un plan de respuesta valuado en $160 millones de dólares, pero que solo cubrirá las necesidades de 5.2 millones de personas según la ONU. (ONU, 2022)
Estas y otras catástrofes nos evidencian la necesidad que tenemos de no sólo corregir el rumbo, sino de activamente tratar de enmendar nuestros errores como especie. Aún tenemos oportunidad de solucionar el cambio climático, con tecnologías emergentes como la captura de carbono probando ser efectivas a largo plazo. Pero esto no será suficiente. Resolver el cambio climático es imposible sin la colaboración de los mayores gobiernos del mundo, necesitamos tiempo e inversión para nuevas tecnologías limpias, y debemos transicionar lejos de tecnologías que contaminan. Esto es, claramente, más fácil dicho que hecho, y hay muchos problemas para los que aún no tenemos solución.
Pero esta vez, sólo tenemos una oportunidad, y lo que está en juego es no sólo la comodidad de nuestra especie, sino su futuro entero.