26 de agosto del 2022
Cuando Jesús Corona tomó la palabra en el vestidor, después de estar prácticamente callado durante las primeras ocho jornadas, se encontró a un grupo de jugadores completamente acabados. Nadie, ni el aficionado más optimista del América o el fanático más pesimista del Cruz Azul, se podía imaginar lo que sucedería el pasado sábado 20 de agosto. Corona, junto a toda la nación celeste, solo pudo observar desde la banda horrorizado con lo que estaba sucediendo en la cancha del Azteca. Al término de los 90 minutos, el América había humillado al Cruz Azul con la goleada más grande en la historia del club cementero. 7-0. Nadie se imaginó que algo así pudiera suceder. Corona ya no se pudo quedar al margen y tomó la palabra.
Según ESPN, el vestidor estaba completamente callado y nadie se atrevía a decir una sola palabra. Corona entró y pidió que todos los miembros del equipo que no fueran jugadores se salieran del vestidor. Los 22 miembros del primer equipo se quedaron paralizados tras las palabras de Corona. No se sabe todo lo que dijo el capitán del Cruz Azul, pero si sabemos la manera en la que concluyó. Después del regaño, miró a sus compañeros y les preguntó: “¿Saben cómo suena una derrota como esta?” A lo que el vestidor completo contestó con un silencio de ultratumba. “El silencio. Así suena una derrota como esta” contestó el capitán de la Máquina.
Hacer un análisis de un partido como este resulta muy difícil. Es complicado porque es como querer analizar una cáscara entre amigos en el recreo. ¿Cómo puedes analizar el caos? Precisamente eso fue el Cruz Azul, un completo caos en la cancha. El ahora exdirector del Cruz Azul, Diego Aguirre, salió con un esquema completamente nuevo con jugadores que estaban fuera de posición y con jugadores que ya no deberían de estar en el 11 titular del Cruz Azul.
Encontrar culpables de este desastre es complicado. Los primeros que vienen a la mente son los directivos. Pero ¿acaso es su culpa que los jugadores se dieran completamente por vencidos? Es evidente que la planeación de este torneo se hizo de la peor manera posible. Jaime Ordiales, el ahora presidente de selecciones nacionales masculinas, cerró posiblemente uno de los peores mercados de transferencia en la historia del club. No tuvo la habilidad de concretar un solo refuerzo a tiempo y los refuerzos que sí llegaron fueron a destiempo y de calidad dudosa. El actual presidente del club y de la Cooperativa Cruz Azul, Víctor Velázquez, pensó que armar un equipo de fútbol era cosa de niños. O por lo menos eso parecía por como hablaba sobre los posibles refuerzos del Cruz Azul cuando todavía se encontraban en pretemporada. Es claro que la directiva está llena de personas que no deberían estar ahí porque no saben lo que están haciendo. Aún así, estos directivos no estuvieron en la cancha durante el partido. Una vez que suena el silbato y empieza a rodar la pelota es completa responsabilidad de los 11 jugadores que defienden el escudo de luchar hasta el final sin importar las situaciones extra cancha. Cuando el árbitro inició el juego y los fanáticos hicieron sonar el Azteca en el comienzo del partido, los jugadores del Cruz Azul se quedaron inmóviles, completamente congelados.
Hace un poco más de año rompían su racha más larga sin un título. Hoy en día, es el penúltimo lugar de la tabla general. La caída en picada de este equipo se ha llevado consigo el prestigio del club y los corazones de los aficionados. Cuando hacen falta palabras por un evento traumático las personas entramos en un estado de shock, donde se nos hace imposible murmurar una sola palabra. Un silencio total que anuncia consigo un estado de ánimo indescriptible. Un dolor y una tristeza que se apodera completamente del aficionado. Este silencio fúnebre representa el sentir de casi 12 millones de aficionados celestes. En shock, derrotados y callados. El silencio, el sonido de la derrota.