26 de agosto del 2022
En los últimos años el fútbol pasó de ser un deporte a ser un lugar donde dinero, fama y corrupción se encuentran regularmente. Clubes como el Paris Saint Germain crearon una historia y un equipo gracias a los cheques de sus directores. Sin embargo, esta no es la verdadera cara del deporte. En Saint-Ouen-sur-Seine, pequeña comuna francesa a las afueras de París, se encuentra el Red Star Football Club. Es, sin ninguna ironía, uno de los clubes más importantes y verdaderos del fútbol francés, aunque hoy juega en la tercera división. ¿Su particularidad? Su historia, sus valores, sus seguidores y sus luchas.
El 21 de febrero de 1897 Jules Rimet, creador del Mundial, fundó el Red Star con la idea de hacerlo un club con valores humanistas y cristianos. Sin embargo, su mudanza en 1907 al suburbio de Saint-Ouen hizo que el club se impregnara de una identidad obrera. El Red Star se volvió un gran nombre del fútbol francés e integró la primera liga profesional francesa. Durante el periodo de entreguerras ganó cuatro veces la Copa de Francia. La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto mayor sobre el club y sobre su identidad. Entre muchas historias, la que hoy resuena más es la de Rino Della Negra. Hijo de inmigrantes italianos que huyeron de la Italia fascista de Mussolini, creció en un entorno obrero y antifascista, jugando fútbol durante su tiempo libre. Poco después del inicio de la guerra, se convirtió en un jugador del Red Star. Lo que no sabían sus compañeros es que al mismo tiempo entró en los rangos de la resistencia francesa, participando en más de una docena de acciones contra los alemanes, hasta 1944, cuando fue capturado y asesinado por los nazis. Hoy, es un ejemplo para sus seguidores, que se dicen antifascistas y antirracistas. Su recuerdo se transmite a los jóvenes seguidores y sirve de modelo para luchar contra las ideas racistas de la extrema derecha francesa.
Estos acontecimientos hicieron que después de la guerra el Red Star dejara de lado su tendencia apolítica para acercarse más a ideologías como el comunismo, predominante en los suburbios obreros franceses. De hecho, el club apoyó de manera directa las revueltas de 1968. Durante este mismo tiempo, en las tribunas del mítico Stade Bauer (estadio nombrado como un doctor comunista fusilado por los Nazis) se reunieron personalidades de la izquierda francesa, tal como Georges Marchais (secretario general del Partido Comunista francés de 1972 a 1994). Aún con esta relación próxima del Partido Comunista Francés, el club nunca se consideró como propiedad de un partido político, pero sí fiel representante de las demandas de las minorías.
Los años 80 y 90 no fueron buenos para el Red Star. El fenómeno de desindustrialización afectó a la población obrera de la ciudad y el fin de la Guerra Fría golpeó la identidad comunista del club. Sin embargo, su identidad no desapareció. Si bien se distanció del comunismo, hoy sigue siendo un club de izquierda. Sus seguidores siguen siendo partidarios del antifascismo y antirracismo. Durante los partidos se pueden observar pancartas denunciando las violencias cometidas por la policía, un ejemplo de cómo el club y sus ideales no cambian. Si bien no es un club que venda sueños como su vecino, su historia, que lo une a su ciudad y a sus habitantes, es especial. Frente a un fútbol que se monetiza cada día y la recién compra del club por un fondo de inversión estadounidense, es deber de sus seguidores luchar por sus valores y no olvidar que el fútbol es, y debe volver a ser, una vía para la resistencia y la rebelión.
Artículo publicado originalmente en http://blog.elsupuesto.com/