A Jorge Debravo lo conocí en mi infancia gracias a mi hermana mayor, Tetey, que de noche me leía. Eran los años 80. El primer libro que me leyó fue "El Principito", y poco después un poema: “Soy hombre, he nacido, tengo piel y esperanza...” Recuerdo haber sentido una extraña certeza, de que aquellas palabras tenían un valor especial, una gran intensidad -algo sagrado y humano-. “Se llamaba Jorge Debravo, de Turrialba, murió joven, en un accidente -me dijo más tarde mi hermana”.
A finales de 2016 me mudé de la capital al "campo”. Como muchos vecinos del Rosario de Naranjo, a menudo usaba el camino de lastre que conduce hacia Palmares, y que atraviesa el caserío "La Cocaleca". En la humilde plaza de futbol hay unos vestidores decorados con un grafiti -en homenaje a Jorge Debravo-. Pocos meses después de estar pasando por ahí, me decidí a iniciar el proyecto.
Kike Molina -director-