Según el demógrafo Mark McCrindle, desde el 1 de enero de 2025 todo niño que nazca es parte de la Generación Beta. McCrindle supone que este cambio generacional surge de un contexto mundial: los niños nacidos en la actualidad nacen en la época de la inteligencia artificial, en un mundo post-covid y sus consecuencias para el sistema global. Para mi, este año también ha sido un momento de cambio generacional: el 1 de enero volví a comenzar el Monster Hunter original de la PS2, partida en la que conseguiría pasármelo tras el intento del año pasado.
Bromas aparte, 2025 ha sido un año especial en mi vida. Es por ello que me gustaría hacer una retrospectiva de estos 365 días, que tanto me han dado. Para dar un poco de contexto, quiero hacer un Trigger Warning de Monster Hunter. Si no te gusta la saga vas a ver esa frase un par de veces en este comentario. Mi enero, y más parte del año, se ha englobado bajo un paraguas de de la saga Monster Hunter. En este primer mes terminé el MH original y le di un segundo intento a Monster Hunter DOS, secuela que sólo salió en Japón y con mala fama por su utilización de sistemas jugables muy duros, que tienen más sentido en un Animal Crossing que en un Monster Hunter. Me encantan esos añadidos, aunque puedan ser conflictivos con la experiencia. Habiéndolo abandonado un 31 de enero escribía “Demasiada gestión de inventario para todo. Los monstruos son geniales y la aldea también pero cada pequeña misión es una vida.”. Cuánto me equivocaba. Que bien está equivocarse.
Un pequeño juego se coló en las rendijas del comienzo de este año entre tanta cacería, Arco. Empezado en la víspera (?) del año pasado, el juego desarrollado por Franek, Max Cahill, Bibiki y Fáyerse hizo un hueco en mi corazón. Si no habéis escuchado la música, hacedlo, aunque sea sin la maravillosa experiencia del juego. No tenía ni idea de que vería a su compositor tocar en directo en unos meses, lo cual ha hecho que revalorice la obra no sólo como una experiencia artística fantástica, sino un pedazo de mi historia que no olvidaré jamás.
Segundo mes. Febrero. Continúan los cambios. Nunca me han gustado los conciertos en directo. Soy muy sensible a los ruidos altos y, por ello, nunca había acabado de encantarme meterme en una sala donde las reverberaciones me dejaran un pitido continuo en el oído el resto de la noche. Hice un esfuerzo por Paula, mi pareja, mi sol y mis estrellas, y con unos loop (esta palabra inglesa aparecerá unas veces más este año), unos cascos pequeños que eliminan ciertos ruidos, fuimos este mes a VVV [Trippin you]+From y a Somos la Herencia+Sal del Coche. Desde entonces, ha nacido en mí un verdadero enamoramiento por las actuaciones en público, tan multitudinarias, un amor que creía que no tendría jamás, una experiencia que no viviría. No sabía hasta dónde llegaría con ello este año.
En videojuegos, febrero significó seguir con el Monster Hunter Tri en mi saga por recorrer Monster Hunter. Cortito en comparación a los anteriores debido a la rebaja en dificultad del título, amé en el mundo submarino que tantos habían odiado. También me encontré en el camino con Dragon Ruins y su idea de un dungeon crawler tradicional con un arte exquisito. A mediados de mes me encontré con otro de mis juegos del año y de la vida, de ahora para siempre, Citizen Sleeper, que tantas alegrías me ha dado con sus sistemas tan bien pensados, con sus personajes icónicos y sus finales esperanzadores. Si no has jugado Citizen Sleeper no esperes.
Por último, una pequeña delicia, una delicatessen cocinada con cariño y de manera un poco rara: Artic Eggs. Por favor, jugad a uno de los mejores juegos lanzados el año pasado. El 28 de febrero empezó mi viaje con Monster Hunter Wilds, y marcaría todo mi mes de marzo.
Marzo fue un mes muy importante para mí por dos temas: Volver a un nuevo juego principal de Monster Hunter tras MH: World (si, seguimos con los Monster Hunter, el que avisa no es traidor); y el SmackDown del 14 de marzo que sucedió en Barcelona, un evento de wrestling desarrollado por la WWE y que venía a España por primera vez televisado. Por el cumpleaños de un amigo muy cercano le regalamos, hace un tiempo, entradas para un show que iba a realizar una empresa mexicana en Madrid (Triple A). Por expectativa de ventas superior a las que consiguieron vender, cancelaron el show, y poco antes habían anunciado que WWE vendría a Barcelona. No nos lo pensamos, y pasamos el dinero de un regalo a otro. Nuestro amigo es muy fan de la lucha libre, y en especial de John Cena, el cual no estuvo aunque fuera su gira de retiro del cuadrilátero. Quién pudiera haberlo visto.
Ese fin de semana fue especialmente importante para mí también. Empecé a interesarme por el wrestling en 2023 debido a un vídeo de Super Eyepatch Wolf, en el cual hablaba del teatro físico que suponía la lucha libre y qué tipo de historias contaba. Entre esos saltos, giros y golpes había algo que contar. No lo entendí bien hasta el SmackDown de Barcelona, donde vimos luchar a la estrella vallecana, Axiom, contra un titán de la industria como es Gunther. Fue un combate de David contra Goliath, en el cual el rugir del público, los ánimos, los abucheos, los golpes, las posibilidades, me entraron por los ojos empañados de la emoción. Carlos, gran amigo, dijo tras el combate algo como: “Si me dicen ahora mismo de dar un golpe de estado me arranco la camisa”, y creo que no había podido explicar esta emoción conjunta de una mejor manera. Pocas veces me he convertido tanto en masa como en ese momento, y que ganas de serlo de nuevo.
Luchas falsas aparte, Barcelona como ciudad fue una sorpresa que no esperaba. No había estado antes, y mucha gente cercana tiene una conexión con esta ciudad tan cercana que se les olvida lo especial de los lugares. No esperaba un lugar tan bonito, tan lleno de amor por si mismo. Quizá un barcelonés de la cabeza a los pies no lo entienda, pero habiendo vivido una vida entera sobre la explanada de la plaza de sol en Madrid y sus alrededores, en aquel escenario de "A todas las palomas de Madrid les faltan dedos", Barcelona me pareció una ciudad que se quería mucho a si misma. Aquí no sueles ver qué la gente quiera a Madrid, solo ideas que tenemos sobre ella, nunca el conjunto.
Por último, antes y después de Barcelona siguió Monster Hunter Wilds. No comentaré mucho de este juego, pues tengo ideas este año, pero que intento más bueno de hacer algo distinto (resalto la palabra intento).
No puedo decir mucho de abril en términos videojueguiles. En esa época entré en periodo de exámenes de oposiciones (tuve 3 el mismo mes), por lo que jugué todo. Paradójicamente, todo lo que empecé ese mes, el MH: Rise y el remaster del Oblivion, fueron abandonados. Quizá este mes de santas semanas está más definido por lo que hice fuera de este gremio. Todo lo que agradezco a este mes se lo debo a Paula: el paseo por el botánico, el fenomenal concierto de Twenty One Pilots, el teatro de danza española sobre la poesía de Lorca… también al cine y a las series, destacando el fin de mi viaje por Twin Peaks, en un final que me dejó más frío que el resto de la serie, pero que llevaré conmigo hasta el resto de mis días.
Cuando veo el cómputo global del año, siento que abril debió ser así de duro, de seco, para poder hacer balanza con lo que fue mayo de 2025. Veréis, llevo creando, escribiendo y hablando sobre cultura desde hace una década. Junto con Carlos -siempre- me presenté en la primera Indie Dev Day que se realizó en Madrid hace años, en muchísimas Madrid Games Week (hay una entrevista que me hicieron en 2014 absolutamente ridícula frente a una pared del videojuego Evolve con una pintada de una polla enorme) y, este mes, viajaba por primera vez a Málaga para presenciar aquel lugar donde viven las estrellas de lo independiente hispano: la Guadalindie.
Decir que la Guadalindie me ha cambiado la vida tiene más sentido del que os imagináis. No esperaba mucho del evento más allá de lo que son los eventos en sí. El del año pasado, con charlas como la de Marta Trivi, me llevó a obsesionarme con ir el año siguiente, pues sentía que allí era donde se podía ver la sangre, la carne y los huesos de lo que hace a este artefacto cultural especial. Allí, pude disfrutar de la charla de los creadores de Mouthwashing, la experiencia vital de Paula "Fingerspit", la locura de Keita Takahashi y, por supuesto, el Podcast Reload. Sinceramente, siempre he sentido cierta envidia de los desarrolladores de juegos, de todos. Me falta voluntad para entenderme con los motores y, también, una vida con menos giros de guion y ciertos eventos dramáticos. Estuve a punto de estudiar desarrollo de videojuegos pero en Madrid, en su momento, significaba venir de una familia adinerada, de la cual no vengo. Es por ello que en este tipo de eventos siempre me encuentro en una situación de absoluta admiración. No hay nada más parecido a la magia que poder crear algo, sacarlo de nuestra cabeza y plasmarlo en algún sitio. Es increíble.
Y, como sitio en el que se juntan tantas personas con esa habilidad mágica, a veces pueden pasar cosas que no esperabas que pasasen. Veréis, desde hace un tiempo había abandonado toda pretensión de seguir escribiendo o de crear lo que fuera. El capitalismo te agarra, y aprieta, y constriñe. A cada año que pasa siento la fría mano de necesitar hacer todo el dinero posible, de tener unos ahorros, de dejar de pensar en el qué podría hacer y pensar en el que hago. Si eres una persona creativa sabes cómo es un mundo en el que no creas nada, algo vacío, como si tuvieras una mano en la boca, que no te permite hablar ni respirar.
Quiero agradecer a una persona en concreto por aquello que me ha dado alas desde hace tantos meses atrás. Veréis, el cambio no se dio sólo por ir a la feria. Como todo friki bisexual de pelo largo y gafas, soy un seguidor acérrimo de la revista Loop, una obra de arte por entregas con las mejores manos del habla hispana en el marco de la prensa del videojuego. En la Guadalindie hubo un stand de la propia revista, en la que las personas que participan en su realización estaban ahí, vendiendo el último número.
Recuerdo que fui demasiado cobarde en ese momento para decir nada. En una mezcla entre vergüenza (¿y yo quien soy para que necesiten mi agradecimiento?) y un sentido de respeto estúpido me fui sin decir nada. Me había quedado sin la oportunidad de hablar con gente cuyo arte aprecio muchísimo, pero gracias a Juan T. Salas aquello no fue un para siempre. Veréis, vengo siguiendo la actividad de Anaitgames y del podcast Reload desde el instituto. Para mí, todas las personas que han pasado por esa página, por ese podcast, son gente que han conformado, en gran parte, mi forma de pensar en este medio tan precioso. Y Juan T(itan). Salas es uno de ellos, más nuevo que muchos otros, pero con una energía personal inconfundible.
Quizá no entendemos cómo repercuten nuestras acciones en nuestro entorno hasta que alguien no nos explican sus consecuencias. Juan, si lees esto, te cuento: durante la Guadalindie la bolsa de cartón en la que llevaba la fantástica Loop onírico se empezó a resquebrajar. Ni yo ni Carlos (os lo dije, siempre juntos) nos dimos cuenta pero, deambulando por el recinto, pensando en qué probábamos en ese tutti frutti del desarrollo ibero, alguien nos habló desde atrás. Esa persona era Juan T(rote) Salas, que venía corriendo con una bolsa extra, para que no se me cayeran las cosas.
Quizá parezca una tontería, pero en ese momento nos quedamos de piedra. Pudimos hablar con Juan y decirle que era una absoluta alegría conocerle, que nos encantaba lo que hacía, y que vaya locura de viaje era tener de jefes a dos T(itanes) de la industria, a lo que nos comentó con mucha sinceridad, pues el había sido tan lector, tan seguidor de Anait como nosotros. Para quien no lo conozca, Juan es una de las personas más cercanas de este medio. Todo el mundo, en sus propios medios, hablan casi en tono mesiánico del candor de su persona. Se quedan cortos.
Parecerá poco, pero una conversación tan ligera, tan amable, con alguien en una posición tan importante como ser parte de la cabeza de la prensa independiente de videojuegos en España es una cosa de tamaña importancia para mi, y Juan estaba ahí, relajado, amable. Le dije que me quedaba con ganas de hablar con Clara Doña, que no la había visto, y me dijo que después me la presentaría. Ese momento no llegó, pero tras irme de la Guadalindie, me habló Clara por Bluesky, suponiendo yo que Juan le había hablado de la situación. Así es Juan (y así es Clara, que también ha sido más cercana de lo que nadie pediría jamás en estos últimos meses), una persona con esa enorme presencia que, en vez de crear un muro que separa a unos de otros, a las personas de las leyendas, te empuja hacia arriba, te pone a su nivel, y te hace creer que todo es posible. Gracias a él volví a tomar la pluma y a empezar a escribir de nuevo. Gracias a ello volví a enamorarme de los videojuegos desde otro lado más, de aquellos que los miran y los crean y los tocan y los modifican. Gracias a ello entre en un club de juego online llamado Foco Ludens y, desde ahí, conocí a otra gente maravillosa con la que crearía Espacio Intermedio en noviembre y con lo que empezamos otro gran proyecto de juegos en Madrid. Pocas veces me he sentido tan distinto yendo y viniendo de un sitio. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. Gracias, Juan.
Tras mayo, junio. En tierra de nadie me quedé desde la mitad de este mes que marca la mitad del año: Me iba de la Biblioteca Nacional, donde acababa una beca de un año que había hecho de aquel lugar una casa para mí. Además, y siguiendo con el tema de la vivienda, empecé a hablar con Paula sobre irnos a vivir juntos, una independencia que, con 27 años, llegaba más tarde de lo que nos hubiera gustado. Además, por si fuera poco, había decidido cambiar mis estudios: de opositar para bibliotecas, pasé a museos, solo por ver lo que me gustaba su temario. A día de hoy todavía me pregunto si fue buena idea, el año que viene lo sabremos. A todo esto volví a escribir. Reformé esta página y empecé a hacer textos más cortos, que me dieran rodada, entrenamiento del cerebro para ganar músculo. A día de hoy todavía me siento flacucho, pero nada que unos fucking burpees cerebrales no solucionen.
Hablando de juegos, mientras que en mayo jugué dos bestias como Despelote y Many Nights a Whisper, dos obras fantásticas que juegan muy bien con qué puede ser un juego (con sus sistemas, sus historias, sus tácticas…), este mes jugué a unos cuantos más variados en mi sentir hacia ellos: To a T, Sin Chan: Mi verano con el profesor, 256 Cosas, Threshold y Expedition 33. Quizá os sorprenda, pero el que menos me gustó fue el Sin Chan, seguido por el Expedition 33. El juego de nuestros vecinos por el norte, aunque fenomenal en el sistema jugable, me pareció que la historia intentaba algo sin llegar a ello en ningún momento, en especial con el paso de trama 1 a trama 2 (no diré más por spoilers). Además, la música me pareció plana y poca, un poco como le pasó a Metaphor Re:Fantazio, que destacaba en una canción y se repetía como el pan de ajo. Para mí se queda en tierra de nadie, un sólido 7 de la industria con todo lo bueno y todo lo malo.
En julio, con las vacaciones, me tomé unos meses satánicos (se dice así?) fantásticos. De veraneo volvimos a Asturias otro año más, lugar donde todavía me imagino que en algún futuro podré vivir, viendo el mar desde la costa de Gijón, ciudad que me enamora cada vez que vuelvo. Además, pude ver a parte de mi familia que vive en el norte, con la cual podemos abrazarnos poco por la distancia.
En este julio pasaron dos cosas muy unidas: Gracias a un vídeo de Quinns Quest me enamoré de un nuevo juego de rol de mesa, Mythic Bastionland, y empecé a pasarme de nuevo el Elden Ring para llegar al dlc, que no había conseguido empezar hasta entonces. Se parecen más de lo que parece: En la primera obra representas a un caballero en un mundo mítico, fantástico, en el cual debes de proteger ciudades, pueblos y gentes de una serie de mitos peligrosos sacados de los mejores cuentos, las historias más antiguas y, a veces, de los miedos más profundos. Mythic Bastionland, desde sus primeras páginas, pregona que una de sus mayores influencias es el Elden Ring. Mi julio fue de caballeros, de fantasía, como lo es el norte para mi cabeza y para mi corazón.
Un último comentario del viaje: A la vuelta pasamos por León y, en la catedral, escuchamos a Misae hablar sobre arte. Fue precioso.
Agosto
Por ahora: 23 juegos jugados, 12 películas, 19 libros, 3 viajes (revisar el número de viajes), 2 bodas. Como véis, no he hablado de todo lo que me ha sucedido. Preguntadme con una cervecita, que para eso está el misterio.
En 8 meses ha pasado mucho y, en este mes en concreto, juego al Boku No Natsuyasumi 2 un día del juego cada día real y, para contrastarlo, juego también al Terra Nil y al Tekken 8, tres juegos muy distintos que me dan variedad al mes de encerrarse en casa por el calor. Entran fresquitos. Este mes, además, juego un poco al Jet Set Radio para la primera sesión de foco ludens en la que me presento. Aunque entré nervioso, la calidez y la cercanía de los administradores del club y de los demás participantes (entre los que se encontraba Ari, que esta desarrollando City of DOLOROSA y que debéis añadir a vuestra lista de deseados de Steam desde este enlace) ha hecho que este pedacito de internet se sienta como un espacio mío, también. Desde entonces no he faltado a una sesión.
¿Os acordáis de ir a ver un show semanal de WWE en marzo, SmackDown? En julio fue mi cumpleaños y mis amigos, siendo los mejores, nos regalaron una entrada para Paula y para mi para Forbidden Door, un show de la empresa rival, All Elite Wrestling, que hacía en cooperación con CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre, mexicana), STARDOM y NJPW (New Japan Pro Wrestling). Me lo regalaron porque, sin esperarlo yo, habíamos hecho coincidir un viaje a Londres con el show, y nos encontrábamos cerca del recinto. El viaje a Londres fue inolvidable, pudiendo ver por fin el British Museum, dar paseos por los grandes parques y, el último día, eso. Todavía no me creo cómo pueden quererme tanto, gracias a todes.
Por fin entramos en el último tercio del año. En septiembre otro concierto, Biig Piig, en Madrid; montaña con Carlos un día de lluvia e hice algo que no creería que me atrevería nunca: probé una clase de luchitas falsas en la escuela madrileña White Wolf Wrestling. Fui con miedo, pero aprendí muchísimo, y me divertí como nunca. Salí queriendo meterme los entrenamientos en vena, hacer de eso mi nueva vida, pero por desgracia la vida, el trabajo, los estudios y las distancias se pusieron en el medio. Ojalá encuentre el tiempo en 2026 para iniciarme de nuevo, nada me gustaría más. Aquí una prueba. La bola que choca soy yo. No, no pondré el vídeo de ello.
¡Ah! ¡Los juegicos! Este mes empecé Chrono Trigger, un clásico que jugué en la versión de DS y que me ha maravillado. Es un juego que merece el reconocimiento de “el pasado futuro”, pues es el edificio soviético del videojuego. También jugué Grotto, obra hispana maravillosa que, prejuiciosamente, esperé que me gustara menos. Además, empecé para jugar a la par que Paula al Fields of Mistria, un juego de granjas que copia la idea tradicional y le añade un toque de Sailor Moon muy chulo. No es fenomenal, por ahora, pero tiene ideas que ojalá le copiaran todos. Por lo último, la calentada, Kingdom Hearts 1, empezado el 30 de septiembre, un juego que no tocaba desde hace demasiado tiempo y del cual, desde la perspectiva del desarrollo de videojuegos, he aprendido mucho. Ahora lo veo como un juego que es mejor en la mayoría de sus elementos que el KH2. No le tengo miedo a los haters.
Ay, octubre. Este mes fue el último en el que pude chupar del bote de mamá Estado y estudiar sin hacer otra cosa más. Quién pudiera seguir así. Quizá fue simbólico que, durante este mes, jugase lo que se consideraría un viaje por la nostalgia si se me conoce un poco: Kingdom Hearts 1 y 2. No entré colmado por buscar el pasado en el presente, sino tratando de ver en ellos algo nuevo, otra perspectiva en algo que me ha encandilado toda mi vida. Ojalá poder tener la fuerza, si, la fuerza, para poder volver así a todo lo que hemos querido, con una mirada de cariño pero entendiendo que, desde el momento que lo dejaste, sois dos cosas distintas. No fui el mismo que por primera vez abrió ese juego hace casi 20 años. No soy el mismo que el mes pasado. Por último, este mes jugué al Consume Me para el club de juegos y me volvió loco (me lo pasé en dos días), uno de los juegos del año. Si queréis saber más leed a Clara Doña en Anait, veréis qué personal puede ser la mejor autobiografía de los videojuegos. Además, jugué al Deltarune y sus dos nuevos capítulos con Paula. El 31 fuimos a un concierto, de nuevo, de Somos la Herencia, que son los mejores. Os dejo una canción por aquí.
También en estas fechas vino mi hermana, aquella que es parte de la familia del norte de la que hablaba en julio. Por cosas de la vida hace años que no la veo transitar por Madrid, y esta vez venía acompañada de un +1, una visita bastante especial. Nunca he sido una persona de niños, siempre he sentido que no nos comprendemos, que no nos entendemos. Quizá fue la edad también: llevo siendo tío desde los 12 años, y este pequeñín es mi sexto sobrino. Por desgracia, es la primera vez que siento que conecto con uno de ellos a este nivel, tan joven. Ojalá la vida hubiera permitido que pudiera tener esta conexión con los demás cuando me tocaba, pero no ha podido ser. Por ahora me quedaré con los pocos momentos que pude compartir con ellos antes de que volvieran a la tierra de los cántabros, y me quedara sin poder felicitar con un abrazo a mi hermana su cumpleaños, las navidades, año nuevo... La lejanía puede ser muy difícil. Me quedo para siempre con la cara del pequeñín, ahora de 4 años y con hambre de curiosidad, su paso por la comida china vegetariana que probó por primera vez, su primera visita a un gran museo, con ver esta ciudad y sus calles y sus parques con ojos nuevos. Al final, lo nuevo es lo único que nos quedará, aquello que dejamos a los que vengan después. Vaya referencia al Expedition 33, no os la esperábais, eh?
Este mes de noviembre empecé un nuevo trabajo. Aunque gracias a mis ahorros podría mantenerme un tiempo más en el limbo laboral, cualquier ahorro cuando te vas a independizar viene bien. De noviembre en adelante es todo un batiburrillo abstracto en mi cabeza. Alguien que no recuerdo dijo en la sesión de foco ludens de octubre; “si no hay club de juego presencial en Madrid, habrá que hacerlo no?” y Carlos, el maldito Carlos, hizo lo que hace siempre: coge el pequeño fuego de una idea que ronda mi cabeza y lo sopla, le añade todo el aire que puede, y me arden las ideas. El motor de mi iniciativa es el ánimo de las personas a las que quiero. Si a ellos les gusta cómo ha quedado, yo estoy satisfecho. Espero que todos lo estéis con Espacio Intermedio.
Además de trabajar 20 horas semanales, he estudiado oposiciones, jugado, leído, visto a Paula, a mis amigos, he ido a un concierto de Turnstile, y he montado con gente maravillosa -Enrique, los dos grandes Jorges, uno de arriba - Palencia - y otro de abajo - Canarias -, Marina, Paula y Carlos- Espacio Intermedio, que en cosa de un mes y una semana pasó de ser una pregunta a una sesión con 17 personas sobre la experiencia de vivir en Madrid. Gracias también a la Biblioteca Iván de Vargas, que no sólo han facilitado el espacio sino que han sido una parte activa desde el absoluto inicio, siendo nuestro improvisador que siempre decía “si, y…”. Esto acaba de empezar, y no deja de crecer, y de crecer y de crecer. Nuestro pequeño fuego, ahora una hoguera.
En juegos: Dragon Ruins II, más largo que el primero por desgracia, sin necesidad; Pokemon ZA, que me ha sorprendido para lo que esperaba de una saga muerta creativamente para mí como es Pokemon; y Bloodborne, que tristemente he abandonado tras varios intentos dados a un sistema que no acaba de enamorarme. Es irónico: este año he conseguido pasarme el jefe final del dlc de Elden Ring, que es un parto, pero no pude con un jefe normal de Bloodborne. A veces la vida es así, escalas una montaña pero te puede una piedra.
Ya está, estamos aquí. El último mes. Diciembre. Como he comentado, tengo poco que decir de este mes por ser mi vida una carrera continua. Destaca la primera sesión de Espacio Intermedio, que fue un rotundo éxito, y que llevaré para siempre en el corazón.
En diciembre he estudiado menos que en todo el año. La vida ha podido conmigo, y todo lo que no es una obligación laboral me está resultando un infierno. El trabajo es de pocas horas, pero como una buena empresa aprovechan cada minuto que estoy allí para exprimirme como centavo, así que acabo extenuado. Además, la organización y administración del club, de sus redes sociales y de mi vida social han podido un poco conmigo. No ha sido por adicción al éxito, sino por ser lógico: como con todo, una base sólida para el club de juego ahora llevará a mucha rodada en el futuro. Si queremos, esto podría seguir así hasta junio ya como funciona hasta ahora. Pero yo no me conformo con el hasta ahora, qué le hago.
Como buen inconformista, como persona que no se rinde jamás, en algún momento tenía que pasar. Y ese momento fue este. Como la rueda eterna de los budistas, mi vida dió una vuelta y, el 11 de diciembre, un día antes de la primera sesión del club, he vuelto al primer juego que abandoné este año, Monster Hunter DOS. Seré muchas cosas, but I’m not a quitter, por lo que he decidido darle otra oportunidad. En un primer intento me enfadó el sistema de estaciones, que no te permite hacer una serie de misiones (ir al volcán o al desierto en verano o ir a la montaña en invierno), pero quiero entender el sistema y dejarle hacer, obligarme a jugar más despacio. El juego puso su mitad, pero decidí que la mía era otra, que iba a intentar jugar como me ha enseñado una saga con más de dos décadas en su haber. Pero ya no voy a hacer lo mismo. Es hora de dar otra oportunidad, de entenderse. Además, he empezado, junto a Paula, Discopup. Qué juego tan gracioso, tan bonito y con ideas tan interesantes. Sólo os diré una cosa sobre él: "Que es mejor, ¿ver gas o ver gotas?"
Voy a dar otra oportunidad este año que viene, también, al desarrollo de videojuegos. Porque dar otra oportunidad a las cosas es de valientes, de cabezones y de obsesos. Y yo soy un obseso por este mundo, por esta gente, por estas conversaciones y con esta vida. Soy un obseso por vivir y por compartir lo vivido. En esta vida si no eres un romántico no eres nada. Como dice Carlos más o menos una vez al día: “Quien tenga miedo a vivir que no nazca!”.
Os creeríais que ese era el fin del texto eh? Si por algo se me conoce, es porque no suelto el micrófono si se me da bola. ESTE es el fin del texto. A la vez, es casi el fin del año.
Quiero dar las gracias a todos los que habéis estado a mi lado, los que lleváis toda una vida y los que lleváis un poco menos. Quiero dar las gracias, de nuevo, a Juan y a Clara, por hacernos a todos un poco más y un poco mejores, a todos con los que he formado Espacio Intermedio, a foco ludens y las personas que lo forman por ser tanto una casa como una plataforma, y a mi familia elegida por ser, eso, familia.
Y por último (me dejo lo mejor para el final, como un buen postre), quiero darle las gracias a Paula, el amor de mi vida, y sin quien no sería ni la mitad de la mitad de lo que soy. Todos los momentos que he contado por aquí los he vivido con ella, o los he compartido con ella. Pocos días de este año no la he visto, y todos ellos he hablado con ella, por necesidad, como quien bebe agua cuando tiene sed (y siempre tengo sed). Ojalá todo el mundo pudiera conocerte la mitad de lo que te conozco, porque se enamorarían de ti como Stendhal de Florencia, se reirían como me río yo, que hace que desaparezca toda mi ansiedad en un segundo (siento romper tu aura de chica misteriosa). En un mes y medio (cuento los días, las horas y los segundos hasta ello) pintaremos una casa, la amueblaremos y dormiremos juntos, si el amor puede, hasta el resto de nuestros días. Te quiero.
Os dejo unas cuantas fotos de la persona más bella de este planeta:
Una obra de arte y un cuadro del Thyssen.
Paula's Crossing y la cara que pone cuando duerme en la vida real.
Paula sirviendo coño en Málaga. Estuvo, pero no en la Guadalindie.
Boda de mi prima.
Boda de su hermana. Repetimos outfit, si, pasaron dos semanas y nadie se conocía, nos lo merecemos.
Ella y yo en Asturias.
Paula no disfrutaba tanto como yo de Forbidden Door.
Foto dinámica de nosotros dos. Ese día no teníamos un plan loco ni nada, pero no nos hace falta.
Utilizo a Paula como unidad de medida cuando vemos muebles para la casa.