“Octubre, un crimen” es una de mis novelas policiales más leídas. Siempre me preguntan por qué ese título, y cuando respondo me queda la sensación de que esperaban algo más elaborado o más interesante, no sé. Lo que digo es que yo quería escribir una novela con un crimen, una casa, una carta y un vestido. Y con el mes de octubre, que es cuando florecen los paraísos; amo su perfume, que habita en mi memoria desde los días más lejanos de mi infancia. Así empieza el primer capítulo: “Fueron las flores del paraíso las que me hicieron pensar en el vestido. Las flores, su perfume, la noche, mi bronca. Soy adicta al perfume de las flores del paraíso. No lo puedo evitar, no quiero evitarlo; me quedo horas a la noche, asomada a la ventana de mi cuarto, oliendo el aire cargado y dulzón de los paraísos de mi vereda; vivo en un segundo piso y tengo las copas rebosantes de flores casi a la altura de mi nariz. Lástima que florezcan una sola vez al año: en octubre, nada más.”