Esta canción es la que suelo cantar por las mañanas al llegar a clase.
Es una canción muy alegre que siempre me recuerda a una ex compañera del CEIP Valdepalitos a la que recuerdo con muchísimo cariño.
Esta canción la solemos cantar los días que hace sol. No puedo evitar la sonrisa al imaginarme la carita de dos niñas de mi clase a las que les encanta. ¡Gracias siempre por hacerme sonreír!
Esta canción me recuerda a mi hija Luz. Llegó a mí como una sorpresa en Spotify y cuando hace poco la encontré en YouTube, me hizo mucha ilusión.
Es una canción divertida que a veces canto cuando llego a las otras clases en las que doy Psicomotricidad este curso.
Esta es una de las canciones que solemos cantar desde que empezó el otoño.
Hemos hecho también, en relación a esta canción, un mural entre todos los niños y niñas de la clase.
Me encanta cuando, a veces, cuando están pintando o poniéndose el abrigo, les oigo canturrear esta canción. Es una delicia escucharles y ser testigo de cómo están tan conectados con la alegría.
Cuando canto esta canción siempre me acuerdo de mi ex compi y amiga Cris. Ella y yo trabajamos juntas en 2009, en uno de mis primeros años como maestra licenciada, en una escuelita alternativa que había por la zona del Bernabeu.
En esta escuela, Kindergarten la Salle, tuve el placer de conocer una metodología muy distinta a la tradicional. De allí me llevé cantidad de recursos que sigo implementando y el sueño de contribuir al cambio de la escuela tradicional.
En esta escuela, las profes trabajábamos sin libros 100%, por centros de interés que solían durar de 2 a 3 semanas, ambientando las aulas e implicando a las familias para motivar a los peques con cada tema y realizando puntualmente alguna ficha hecha por nosotras mismas.
Trabajábamos por rincones que los niños elegían libremente para jugar cada día, con la premisa de respetar el número de niños máximo de ese espacio y el compromiso de pasar al menos semanalmente por el rincón de lectoescritura y lógica-matemática donde se les hacía alguna propuesta de trabajo un poco más dirigida: series con ositos o las familias de Little People, algún mural para trabajar la grafomotricidad, alguna ficha donde escribieran alguna palabra y dibujaran o colorearan algo elegido por ellos...
Jamás vi tanto material didáctico en un centro, todo organizado por áreas: lógica-matemática, juego simbólico, lenguaje, motricidad, material para hacer talleres...
Cada vez que empezábamos un centro de interés, ambientábamos las clases teniendo por ejemplo un rincón de arena y agua donde hicimos cemento o un rincón de la peluquería donde había todo tipo de botes, secadores, cepillos, espejos etc. cuando trabajamos las profesiones.
Tenían también su propio método de lectoescritura. Trabajaban con letra de imprenta, lo que ayudaba mucho a los niños, ya que la letra ligada que tradicionalmente se sigue usando en muchos coles (por suerte, no en el centro donde estoy actualmente) genera mucha frustración en los peques que tienen dificultades de trazo.
Cada fonema asociado a las letras, tenía una canción, un cuento y un gesto que ayudaba mucho a los niños a interiorizarlo. El aprendizaje de la lectoescritura, por tanto, era un disfrute y un proceso totalmente motivador y respetuoso con los niños, algo que siento que en muchos coles no se respeta, al querer "correr antes de andar".
En esta escuelita también teníamos muchos animales: pájaros, tortugas, un hurón, un perro y jerbos, unos ratoncitos del desierto que sólo toman fruta. Los niños y niñas se encargaban de cuidarlos: darles de comer, cambiarles el agua, etc.
También teníamos plantas que ellos mismos cuidaban.
Ambas actividades me parecen un recurso fantástico para desarrollar en los niños la inteligencia naturista y las actitudes de respeto y cuidado por los seres vivos.
Los fines de semana, cada niño se llevaba uno a casa (el perro y el hurón no porque eran del Director y su mujer).
En el patio siempre había instalaciones creadas por el Director junto con los niños, que luego eran utilizadas para jugar.
En verano se ponían piscinas hinchables donde los peques podían bañarse y experimentar con el agua. ¡Todo un disfrute!
Los niños de 5 años tenían una parte del aula que era un taller donde tenían tornillos, madera, herramientas... Algo que jamás he vuelto a ver en una escuela, salvo en las escuelas Waldorf que conozco de oídas.
Pero sin duda, lo mejor del cole eran mis compañeras. Mi mejor amiga, Isa, estaba allí. No sabéis lo bonito que era cada mañana llegar, abrazarla, hablar o comer con ella, salir del cole e ir a tomar algo con ella y las demás...
Al ser una escuela 3-6 años privada, las condiciones laborales no eran las mejores y en un momento dado echaron a todas las profes a la calle sin previo aviso. Suerte que yo había salido de allí antes de que aquello ocurriera. Cuando me despidieron, recuerdo perfectamente que la compañera de música, Augus, me dijo: "tú ahora no lo ves pero te están haciendo un favor".
Ciertamente fue así, pues a pesar de la sorpresa, del disgusto y de todas mis lágrimas, me sirvió como impulso para presentarme a la oposición de Orientadora en 2010: otra experiencia para compartir en otro momento.... Aún así, guardo un recuerdo precioso de esa escuela donde sin duda crecí mucho a nivel personal y profesional.