En este apartado os voy a hablar de un proyecto nuevo que me ha robado el corazón. Éste es uno de los que tenemos en el centro educativo donde trabajo actualmente. Sólo el nombre ya me resonaba, pues yo misma me he definido de un tiempo a esta parte como "una mamá aprendiendo a ser". De hecho es el nombre que elegí para mi cuenta de Instagram que abrí durante mi segundo embarazo.
Cuando elegí ese nombre, me venía la pregunta: ¿Aprendiendo a ser qué?
Aprendiendo a ser lo que quiera. Aprendiendo y desaprendiendo lo que creí que era o podía ser.
Una mamá, una maestra, un niño, no es lo que dicen de él: no es bueno ni malo, no es listo ni tonto. Todas estas y muchas más son palabras vacías, pues la inmensidad de lo que somos es inabarcable y puede llevar toda una vida (o varias, ¡por qué no!) recordar y conocer quién eres realmente.
En noviembre de 2020 tenía una bebé de apenas 2 meses y me estaba planteando hacer una formación de Coaching Educativo. Un sueño. Un paso más cerca hacia esa profesional que quiero ser.
Conocí a Valeria Aragón en pleno confinamiento y sus palabras me llegaron directas al corazón, despertando aún más mi nivel de conciencia. Su manera de entender la infancia y las emociones está totalmente alineada conmigo. Por eso y mucho más, ¡gracias Valeria!
Su escuela de coaching, Eleva, me propuso hacer la formación a mi ritmo, pues entendían perfectamente mi situación personal. Yo me lancé, ¡cómo no! Inconsciente como estaba de mis limitaciones con una bebé tan pequeña y una energía volátil estando en pleno postparto.
A pesar de haberme esforzado no sólo económicamente, sino también en tiempo y energía, aún no he logrado terminar toda la formación, ¡pero lo haré! (O no, ¡quién sabe!)
En el verano de 2021, en un directo que hice en Instagram con Valeria y otras dos personas que habíamos hecho el curso, le comentaba a ella que necesité tomarme un tiempo para digerir tanta información, ya que la estructura del curso es intensa.
Ser mamá por segunda vez, con una bebé tan chiquitina y otra pequeñita que todavía me necesita mucho, no es muy "compatible" con estar varias sesiones semanales de 4 a 10 de la noche delante de un ordenador. Sin embargo, esa formación (aunque incompleta) me marcó. Cambió mi mirada un poco más y me removió por completo, obligándome a revisar mi propia crianza, mi lenguaje, la manera en la que estamos educando a nuestras hijas mi marido y yo...
Esta observación constante de mí misma y de mi entorno es algo que me lleva acompañando toda la vida. ¡Qué valiosa herramienta es en este sentido la Comunicación No Violenta y los pasitos que voy dando en Inteligencia Emocional!
Como digo, tuve que darme un tiempo para asimilar tanta información (como buena Persona Altamente Sensible). Pero por encima de eso, he tenido que tomar conciencia de mis propias creencias y valores. Aún lo hago cuando me encuentro delante de alumnos/as , de mis propias hijas o incluso de compañeros de profesión.
Mis alumnos en la escuela son mis grandes maestros también cuando "se portan mal" (o lo que habitualmente los adultos llamamos como "portarse mal", que no es otra cosa que comportarse como pueden y saben en cada momento). Me hacen cuestionarme TODO: desde mi metodología hasta qué energía sutil estoy yo desprendiendo, mi capacidad para contener sus emociones y acompañar las suyas, qué es importante, qué no, qué es prioritario y para qué estoy en este mundo y en la escuela pública hoy por hoy.
Volviendo a mi presente, actualmente soy tutora de Infantil bilingüe. Trabajo en un colegio donde he sentido muchísimo amor desde el primer momento en el que entré, embarazada de mi segunda hija. Cuento con gran diversidad entre mi alumnado: procedencia, nivel de desarrollo, ritmos de aprendizaje, personalidades... Esa diversidad es una gran riqueza, una oportunidad constante para aprender a escuchar, aprender a ser, aprender a crecer y conectar.
Clásicamente se ha tendido a hacer una modificación de conducta exhaustiva. Premio, castigo, registro de conducta, economía de fichas... Todo técnicas que a día de hoy sabemos que aunque pueden ser efectivas (al menos a corto plazo), a largo plazo no son constructivas y crean grandes bloqueos y heridas emocionales.
¿Por qué digo que no es constructivo un castigo o un premio?
Porque esos castigos y premios salen del adulto. Son arbitrarios y suelen nacer de la incapacidad del adulto para acompañar las emociones incómodas de los niños. Es el adulto el que tiene la necesidad de "cortar" esa conducta inapropiada, desajustada o desalineada con sus propias necesidades.
Vaya por delante que hay conductas que no son admisibles y necesitan de un límite o norma de convivencia para buscar la armonía dentro de un hogar o de un aula. Pero la emoción y lo que les decimos a los niños es importante. Debe ser vista, transitada, desde la serenidad y el no-juicio.
Somos nosotros, los maestros, los padres, los primeros que tenemos que convertirnos en esos observadores, en esos "buceadores" de nuestro interior para darnos cuenta qué estamos sintiendo y pensando sobre la situación que quizá consideramos "fuera de control".
Si algo nos enseñó la pandemia (y mis hijas, en especial la pequeña) es que prácticamente TODO se escapa a nuestro control. El embarazo dura lo que dura. La FPP suele ser "fecha improbable de parto". El propio parto es un misterio que se escapa a toda planificación y control. Nadie sabe cómo va a ser, si va a doler, cuánto va a durar, etc.
Vivimos en general con la falsa creencia de que controlamos lo que nos pasa. Vivimos observando y juzgando el exterior: lo que los niños hacen, lo que otros padres hacen, lo que los maestros hacen, lo que los políticos hacen... Sin darnos cuenta de que sin esa mirada compasiva, sin amor, no somos nada.
¿Acaso nosotros nos sentimos esa misma rabia, esa misma tristeza, esa misma frustración que tanto nos molesta en los niños? ¡Cada día!
La conducta del niño es "la punta del iceberg" y bajo ella están esas emociones, que son grandes mensajeras. Esas sensaciones corporales: el corazón latiendo fuerte, el corazón que duele cuando estás triste, el calor que enciende tus manos o tu estómago, los ojos que arden y se llenan de lágrimas, la sequedad en la boca que provoca el miedo... ¡Tantas cosas!
Tendemos a ignorar esas señales sutiles que manda el cuerpo que, sin duda, son reflejo de algo mucho más profundo. Una necesidad (o un llamado del alma, por qué no decirlo) que quizá no está cubierta.
Vivimos la mayoría de nosotros en "piloto automático". En el hacer. Queriendo ser constantemente productivos, sin permitirnos descansar, sin permitirnos conectar con otros (y con nosotros mismos).
Lejos de querer ser pesimista, sólo puedo dar las gracias por todas las herramientas que ya tengo. Algunas de ellas ya las he nombrado anteriormente:
Comunicación No violenta.
Disciplina Positiva.
Coaching educativo.
Técnicas como el reencuadre o la tortuga.
Meditación.
Escritura terapéutica.
Música y Arte.
Respecto a esta técnica, el programa de Educar para Ser, tiene una adaptación para niños llamada "Aprender a enfriarse".
Para los pequeños de 4 años, contamos con el cuento de Flama Aprende a Enfriarse.
Por otra parte, en coherencia con todo esto, siempre he dicho que los niños aprenden muy poco de lo que les decimos y TODO de lo que somos y de nuestro ejemplo.
Los seres humanos somos seres sociales y no podríamos aprender sin la ayuda de otras personas. Muchas veces admiramos en otros lo que creemos que nosotros no tenemos, sin darnos cuenta de que "esos tesoros" están ahí, escondidos, como pequeñas bombillas que están por encenderse.
Los conflictos, lejos de ser algo a evitar, son una oportunidad fantástica para crecer, para aprender, para desarrollar nuestro cerebro, nuestra identidad, nuestro SER. Una oportunidad para conectar o reconectar después de sentir dolor o desencuentro.
Os dejo una píldora del programa: Aprendemos a Enfriarnos, donde Ildefonso nos explica un poquito más en qué consiste.
Aquí os dejo también la web del proyecto:
En este apartado os comparto una muestra del desarrollo del programa según he ido avanzando con él.
Como habréis podido observar, Educar para Ser es un conjunto de recursos que nos ayudan a trabajar la autorregulación y las habilidades no cognitivas para la Vida: gestión emocional, empatía, compasión...
Contamos con unos personajes con los que los niños fácilmente pueden identificarse.
De cara a los profes, contamos con material para el desarrollo de las sesiones, si bien, personalmente, procuro ir más allá y desarrollar mi propia creatividad, adaptándome a las circunstancias y utilizando los recursos más allá de dichas sesiones, a lo largo del día en diferentes momentos: tras una sesión de Psicomotricidad, al volver del patio, si surge un conflicto en el aula, en el desarrollo de tutorías con los papás de mis alumnos, etc.
El programa empieza en 4 años con la estructura que comento a continuación.
En esta sesión presentamos a los personajes:
Flama es un niño león.
Nequi es una jirafa muy tímida, a la que no le gusta mucho hablar ni abrazar.
Moni es una monita que se mueve mucho. A veces se pone nerviosa y puede hacer daño sin querer.
Lulo es el niño búho. Siempre atento, con sus ojos muy abiertos. Le gusta mucho aprender.
Vera es la maestra tortuga.
Hay una canción muy bonita que cantamos siempre que vamos a comenzar una sesión. A los peques de mi clase les encanta. Os dejo el enlace a una web de otra profe donde podéis encontrar la letra y el vídeo de la canción:
Proyecto "Educar para ser": la canción de Flama
Utilizamos las ilustraciones de los personajes y de las huellas para hacer un juego y despertar la curiosidad de los peques.
También leímos la carta de Flama, donde el niño león nos contó que él y sus amigos habían venido a jugar con nosotros a lo largo del curso.
Por otra parte, cuando en clase trabajamos conciencia fonológica y sonidos iniciales, mis alumnos suelen siempre recordar al león como animal que empieza por /l/ y mono como animal que empieza por /m/.
Sincrónicamente, desde antes de comenzar con el programa, cuando les cuento algo importante o quiero recuperar su atención, suelo decir:
"Ojos de búho. Orejas de elefante."
Después de 2 meses trabajando el programa ellos siempre contestan: ¡como Lulo! ¡Que es un búho!
Aprendemos la canción de Flama.
En la segunda sesión, aprendimos la canción de Flama con pictogramas y gestos.
También recordamos a los personajes y buscamos sonidos de animales para trabajar la discriminación auditiva y la motivación de los alumnos.
Conociendo a Flama y sus amigos.
En esta sesión introducimos la dinámica del "Ayudante de Flama".
A pesar de que se propone que el Ayudante se elija al azar, yo cambié un poco la dinámica y fue el encargo del día, que además estaba sentado, escuchando y tranquilo como en la ilustración que les iba a presentar y tenéis junto a estas líneas.
Le hizo muchísima ilusión tener su medalla de ayudante ¡y no se la quitó en todo el día!
Las reglas de comportamiento las hemos dejado puestas en la asamblea y me sirven muchas veces a lo largo del día cuando vamos a contar qué hicimos el día anterior, va a comenzar un cuento, etc. Asimismo, las recordamos cada vez que vamos a tener una nueva sesión de Educar para Ser, igual que la canción de Flama.
Cuento "Flama aprende a enfriarse".
Este cuento es una preciosidad y además está totalmente alineado con situaciones que se nos dan en el aula a diario. En él Moni pisa sin querer la cola de Flama. Lógicamente, Flama se enfada mucho, porque le ha hecho daño su amiga, y la maestra Vera le enseña cómo calmarse para expresar con palabras qué ha sentido.
Este cuento lo he dejado en la Biblioteca de aula para que los niños lo puedan ver tantas veces como quieran.
Además, lo he contado después de una sesión de Psicomotricidad donde se había dado algún conflicto muy similar a los que aparecen en esta historia social.
Con anterioridad a esta sesión, yo ya les había enseñado la técnica a los peques, pues es muy común que cuando se sienten frustrados, quieren un juguete (o no quieren compartir lo que tienen), cuando en el patio quieren montar en el tobogán o el balancín surjan situaciones que requieran "parar y respirar" para luego verbalizar qué ha pasado, pedir perdón o reparar el daño que hayan podido causar.
Me parece fundamental en este punto acompañar a los niños desde la calma, siendo su referente para llegar a autorregularse, según vayan madurando. Evitando al máximo, como dije anteriormente, los castigos, los gritos o los juicios que van directos al autoestima de los niños.
Cuando surge un conflicto, siempre pregunto a los peques:
¿Qué ha pasado?
A continuación, cuando a lo mejor un niño me lo cuenta, le invito a decirle al otro amigo cómo se ha sentido, lo que no le ha gustado, que haga una petición en un tono amable cuando se haya calmado...
Por ejemplo, pongamos que un niño me viene a avisar que otro amigo le ha pegado durante el recreo.
Pregunto qué ha pasado.
Valido la emoción: "Lo entiendo cariño. Eso no te ha gustado nada. Debes estar muy enfadado/muy molesto."
Pregunto: "¿Le has dicho a él que no te gusta eso? ¿Le has pedido que no te gusta que te haga eso?"
Le recuerdo: "Se lo puedes decir. ¿Quieres que te acompañe?"
Vamos a hablar con el otro nene (o nena) y le invito a decírselo:
"Estoy muy enfadado. No me gusta que me pegues. No lo hagas más."
A esta dinámica he añadido, a partir del cuento, un par de frases:
Me paro.
Manos en el corazón.
Respiro. Cuento 1, 2, 3, 4 (porque tengo 4 años).
Ahora cuéntame. ¿Qué ha pasado?