HNO. JOSÉ JESÚS MUÑOZ ZEPEDA
(H. Bernardino Felipe)
* 9 Nov 1907 + 14 Ene 2004
El tiempo permite valorar a las personas y se les puede apreciar en su justo medio; así descubrimos en el Hermano José Jesús que su singular preocupación y estilo pedagógicos le llevaron a procurar el crecimiento de los docentes y de los educandos, dejando en ellos la honda huella de su gran personalidad como educador.
Su figura se agiganta en cada uno de quienes recibieron su acción formadora e invita a realizar nuestra misión en clave de fidelidad y entrega. Sus virtudes de constancia, rectitud en el obrar, paciencia, así como su forma de actuar congruente con sus principios, le permitieron dejar una estela de realizaciones y transformaciones en la conciencia, tanto de maestros como de alumnos.
La familia Muñoz Zepeda, era una familia michoacana, originaria de la Piedad Cabadas, formada por los señores Felipe Muñoz Navarro y la señora Felisa Zepeda Adame, quienes formaron un cristiano hogar en el cual florecerán dos vocaciones para los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los Hermanos José Jesús y Jesús José y una de sus hermanas fue religiosa. Nació José Jesús el 9 de noviembre de 1907. Sus primeros años los pasó en su tranquila ciudad natal, jugando y estudiando como todo muchacho de su edad.
En ese tiempo el Hermano Reclutador visitaba muchas poblaciones del Estado de Michoacán, donde familias generosas permitían a sus hijos el seguir el camino del Señor. El Hermano Noel de Jesús pasó varias veces por la Piedad, visitó al Señor Cura y preguntó por familias cristianas donde pudiera florecer la vocación religiosa y. este buen sacerdote recomendó a la Familia Muñoz Zepeda.
Las casas de formación habían regresado de Cuba en 1916. José ingresó al Noviciado Menor de San Borja el 23 de enero de 1921 y en ese año llegaron nuevos jóvenes al Noviciado Menor, entre ellos: José Aniceto Villalba, Ricardo Valenzuela (Roque), Ángel Campuzano, Agustín Castro, José Manuel Villalba, Jesús Gálvez, José Vicente Camacho (Bautista Roberto), Rafael Garcés, Salvador Campos González, entre otros, y algunos más que no perseveraron. La dirección del Noviciado Menor la llevaban los Hermanos Agathange Henri y Noel de Jesús. Sus clases, perfectamente bien organizadas, con ciertos aprendizajes especiales que llevaban los Novicios menores, era que lograran saber dibujar y, sobre todo, tocar un instrumento; José Jesús aprendió a tocar el contrabajo y sus compañeros le llamaban por el sobrenombre de “Tololoche”[1].
Noviciado:
1923. en México, el fervor religioso se hizo patente y los obispos mexicanos tuvieron la iniciativa de convocar al Primer Congreso Eucarístico Nacional, que se celebró en 1924. En ese ambiente de un gran fervor religioso fue cuando un buen grupo de Novicios menores pasaron al Noviciado de San Borja el 4 de abril de 1923 para iniciar su Postulantado, que culminó con la Toma de Hábito el 1° de julio de 1923 y ese día José Jesús recibió el nombre de Hermano Bernardino Felipe.
Durante su noviciado se juntaron tres grupos, ya que en ese año y medio, vivido en el Noviciado, hubo tres tomas de Hábito y terminaron su noviciado juntos, el 23 de diciembre de 1924 y ese día se consagraron al Señor por medio de los votos religiosos.
Pasaron al escolasticado en la misma casa, teniendo entre los maestros al Hermano Cesáreo Boillot, como director y al Hermano Dosas Lucien, como maestro y el segundo año sucedió al Hermano Boillot, ambos directores influyeron mucho en los jóvenes Hermanos, el primero como gran pedagogo, de gran amabilidad y don de gentes y, el segundo, con su forma directa y ordenada de ser.
Termina el Escolasticado de San Borja el 23 de diciembre de 1926 y es enviado al Colegio San Borja como profesor; dos meses después es enviado al Zacatito, en Mixcoac, igualmente, como profesor de los primeros grado|s, pero esto no era más que una preparación para un nuevo destino que le esperaba, el gran Colegio de La Salle del Vedado, en La Habana Cuba, a donde llega el 5 de agosto de 1926. Su estancia en la Perla de las Antillas fue corta, pues solo fueron dos años, ya que el clima tropical afectó seriamente su salud y lo tuvieron que regresar de nuevo a la altiplanicie mexicana, con climas más apropiados para él. A los Hermanos mexicanos que iban a esa hermosa isla les afectó la tuberculosis pero, gracias a la atención de los superiores solo hubo dos defunciones por esa causa, de los hermanos mexicanos Salvador Campos y José de Jesús Torres Quintero.
Cuba dependía mucho de los Hermanos mexicanos y, como la situación política en México era difícil, por haberse iniciado la guerra Cristera, el Hermano provincial de aquel tiempo, acuñó una frase que fue memorable, y se las decía a los Hermano jóvenes recien profesos: “A Cuba o a su casa”. El Hermano José Jesús fue obediente y tomó el barco como algunos de sus compañeros para Cubita la Bella, como decía algunos Hermanos.
Sus estudios:
En esos años era para los Hermanos muy difícil estudiar en el país, pues las leyes no se los permitían, si lo hacían, tenían que ser estudios realizados en la UNM[2]. Ante esta dificultad, los Superiores tuvieron contactos en el Estado de Hidalgo y con ello lograron que el Instituto Científico y Literario del Estado de Hidalgo revalidara los estudios que los Hermanos realizaban, tanto en el escolasticado como en comunidad. Es así que el Hermano José Jesús concluyó su Normal Básica el 6 de febrero de 1933 y recibió su título.
Más tarde haría estudios en la Normal Superior Benavente, obteniendo el título de Maestro de Normal y Técnico en Educación, terminando la carrera el 22 de febrero de 1963.
Él tenía la costumbre de asistir a cuanto curso y conferencia se le presentaba y aprovechaba para grabar a los conferencistas y, después, con toda calma volvía a escucharlos y tomar apuntes, haciendo síntesis de los conocimientos expuestos para luego aplicarlos en la vida diaria. Además, era un lector sediento de nuevos conocimientos, preguntaba y demostraba interés por títulos nuevos o corrientes pedagógicas, aunque era cauto en seguirlas y no se entusiasmaba fácilmente.
El formador:
El Noviciado Menor de Tacubaya lo recibe el 6 de julio de 1928 y llegó a esta casa en plan de recuperar su salud, y solo fue un corto periodo en la Comunidad, sin ninguna labor pedagógica; esta situación duró solo tres meses, pues en el mes de noviembre fue nombrado profesor y prefecto de disciplina de los Novicios Menores, puesto que desempeñó durante nueve años, hasta que en 1937, al ser nombrado Hermano Director del Noviciado Menor, cargo que desempeñó de mayo a diciembre de ese año.
Durante su estancia en el Noviciado Menor, después de un retiro de 30 días en la finca de Los Amores, el 7 de diciembre de 1932 pronunció su profesión perpetua, consagrándose por entero a la Santísimas Trinidad, con la decisión de no dar vuelta atrás; con gran devoción y entrega
[1][1] Tololoche le llamaba el Hermano Roque Valenzuela su compañero en la formación
[2] Universidad Nacional de México ya que se convierte en UNAM hasta 1929
PRIMERA ESTANCIA DEL HERMANO JOSÉ JESÚS MUÑOZ EN EL NOVICIADO MENOR. DIRECTOR ERA EL HERMANO JOSÉ VALENZUELA. Sentados: Larrauri, Federico Narro, José Jesús Muñoz, Narse Etienne, José Valenzuela, Amand Michael, Javier Velázquez , X
Su estancia en el Noviciado Menor corresponde a los años de la Educación Socialista, donde había que vivir a salto de mata y disimular todo aquello que denotara fuera una casa religiosa. Su manera ordenada y su disciplina, ayudaron, sin duda, para que todo marchara bien en esta época de tanta inseguridad y amenazas por parte de las autoridades educativas
y del gobierno.
FESTEJO DE LOS 50 AÑOS DEL NOVICIADO MENOR. LOS ANTIGUOS HH DIRECTORES: DE DERECHA A IZQUIERDA, SEGUNDA FILA: JOSÉ VALENZUELA, JOSÉ JESÚS MUÑOZ, CÉSAR RANGEL, SENTADOS: BERNARDO GROUSSET VTR, ANTONIO MARÍA , ASISTENTE, VÍCTOR BERTRAND, EX DIRECTOR Y LUIS LOZANO, VTR
Nuevo horizonte:
En un reportaje de un exalumno en el que vierte sus recuerdos, dice lo siguiente: “Para entonces un grupo de Lasallistas tenían en el D.F. una primaria clandestina, donde funcionaba también una secundaria, disfrazada de academia de comercio, misma que era dirigida por 2 connotados Lasallistas, los hermanos Jean Fromental Cayroche y nuestro inolvidable maestro de Matemáticas Jean Paul Ayel Fayet, conocido por todos como mesié Pol -Monsieur Paul-. Al tiempo, la escuela cambió de nombre a Nicolás Bravo, siendo su director otro conocido de todos, el Hermano Carlos Thierry, a quien apoyaban los Hermanos José Jesús Muñoz Zepeda, Alfredo Sánchez Navarrete, Alfonso Langle García, Luis Domínguez Valderrama y José Sánchez Espinosa”[1]. Esas eran las circunstancias que precedieron al nuevo renacer de la obra de la Salle en la Capital.
En 1938 tiene una encomienda especial, que fue la de llevar el orden, la disciplina y los estudios en La Salle de Serapio Rendón, en la Ciudad de México, su título era Director Técnico; fue el año que antecedió a la fundación del Colegio Cristóbal Colón, ya cuando las autoridades educativas comenzaron a aceptar las escuelas particulares.
En enero de 1939 vuelve al noviciado menor de Tacubaya un corto tiempo como profesor, ya que la obediencia lo envió al norte de México.
La Laguna:
Enero de 1940. Las fértiles tierras laguneras lo reciben en el recién fundado Instituto Francés de la Laguna, en Gómez Palacio, Dgo, “El Hermano Bernardino Felipe, que debe hacer la función de Inspector, encontrándose enfermo dejó el puesto vacío”[2]; su trabajo fue aparentemente sencillo, el de ecónomo, aunque la finalidad primera fue buscar que recuperara su salud. Su estancia en las tierras del Nilo mexicano fue corta, aunque años después realizará una gran labor en este colegio.
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Colegio Benavente, de Puebla:
Llega en febrero de 1941, primero como ecónomo de la comunidad y del Internado, ya que se encontraba delicado de salud y, pronto, aún con problemas de salud, se le encargó el puesto de Inspector general del Colegio Benavente, puesto que desempeñó con gran éxito y de una forma notable durante 18 años.
[1] El Siglo de Torreón 1 febrero 2004.
[2] Histórico del Francés de la Laguna 1940 Suplemant a l´historique
Era para él un deber el pasar todos los días, a las 2 y media de la tarde y revisar que ya estuvieran calificadas las tareas de los alumnos del día anterior, que fueron recogidas durante la mañana. Y, por la tarde, veía que se dejaran las tareas, tareas que tenían que estar previstas y autorizadas por el Inspector desde la víspera.
La entrega de los Boletines de calificaciones era una ceremonia solemne a la que asistían el Hermano Director y el Hermano Inspector, él nombraba al alumno y el Hermano Director entregaba el boletín, al finalizar se entregaban los minutos obtenidos por aplicación y disciplina durante la semana.
“El Hermano Muñoz era un hombre respetable y de respeto, con una autoridad natural. Su escuela era una escuela de respeto, de estudio, de trabajo y muy cristiana. Los alumnos eran felices en ese ambiente de silencio, de paz y cordialidad. Nada de gritos, pero sí indicaciones discretas y precisas. Oraciones bien hechas, revisiones de cuadernos, exámenes de catecismo, hechos con regularidad.
Tenía una gran autoridad, tanto con los maestros como con los alumnos. El Colegio Benavente era una institución disciplinada gracias a la constancia de su exigencia. Fue él quien formó a los maestros del colegio Benavente al estilo lasallista, al grado que en 1970, los viejos maestros que había formado del Hermano Muñoz hacían que se conservara el estilo Lasallista.
“Me admiraba, contaba un hermano joven de esa época, que no ponía un pie en la capilla por la mañana, se levantaba tarde por su enfermedad, pero en su labor de Inspector nunca fallaba
Aparentemente muy serio, pero supo cultivar amistades muy profundas con los padres de familia y algunos personajes de la época; con don Rafael Ávila Camacho, muy a menudo se le veía conversar paseándose en los pasillos del Colegio Benavente.
Con su médico de cabecera, el Dr. Moreno, cultivó una gran amistad, al grado que mientras vivió el doctor, la visita a Puebla era para el Hermano Muñoz una visita obligada, además de que fue un doctor que supo remediar sus males, la amistad ayudó a mejorar la salud del Hermano”[1].
Fue invitado por el Señor Arzobispo, como maestro del Seminario Palafoxiano, con la finalidad de que enseñara didáctica, la forma de llevar una catequesis y de realizar una homilía; no solamente daba la clase a los seminaristas, sino también a los formadores. Sus clases era muy apreciadas y deseadas. Además, fungía como Inspector del Seminario,
donde revisaba la consecución de los programas, veía el adelanto de los seminaristas y revisaba la preparación de clase de los maestros.
El Hermano Muñoz, la “Bruja” como algunos irrespetuosos le llamaban y, que a él no le hacía mella, uno de los Hermanos jóvenes que llegó al Benavente, como maestro de Sexto de Primaria, lo recuerda: “Era la seriedad andando y, con los alumnos, muy serio, en mi clase, recuerda el Hermano Velazco, tenía un alumno interno de origen yaqui: Víctor Arvizu, que era muy descuidado en su persona y, una vez iba comiendo una paleta helada y, como se estaba derritiendo, tenía la mano llena de agua y, si poner atención a eso, saludó al Hermano Muñoz de mano y el Hermano dijo; mira cómo me dejaste la mano, el niño ve su mano y vio que estaba su llena de color verde y creyó que el Hermano era quien se la había manchado, ya que él calificaba los cuadernos con tinta verde; muy tranquilamente el niño le responde: vea cómo me la dejó usted, la respuesta fue una sonrisa del Hermano Inspector”[2]. Otro Hermano relató que, al tocar el timbre, el Hermano Inspector tomaba el micrófono y, la única palabra que decía era ¡adelante! y todos los alumnos, en perfecto silencio avanzaban a clase.
[1] Hermano Manuel Arróyave.
[2] Anécdota del H. Manuel Velazco Arzac.
La formación de maestros cristianos bien preparados dio como origen la fundación de la Normal Superior Benavente, proceso que se inició a principio de 1954 y que culminó con la aprobación de esta obra tan importante, por Acuerdo del Secretario de Educación Pública, José Ángel Ceniceros, según consta en el Acuerdo 03 del 15 de marzo de 1956.
Quien se abocó a la realización de esta obra fue el Hermano José Muñoz, quien, gracias a sus relaciones con las autoridades de la Secretaria de Educación Pública, en la ciudad de México, logra la incorporación de la Normal Superior Benavente. Como primer director fue Hermano Manuel Vega Fontanges y, entre los colaboradores se encontraba el Hermano Bernardo Zepeda Sahagún”[1].
El apoyo decidido para la fundación de este centro de formación docente, a nivel de maestros de educación media superior, se debe al apoyo decidido, sin duda, del Hermano Emilio Reversat Maurin, director general del Colegio Benavente y del Inspector del mismo, Hermano José Jesús Muñoz Zepeda.
El año de 1959 el Hermano José Jesús recibe una nueva encomienda, la dirección de la Escuela Benavente, conocida como Analco, por el barrio antiguo en que funcionó, fue una escuela gratuita en un esfuerzo que se hizo por acercar la educación cristiana a personas de menos recursos, su estancia fue apenas de meses, ya que pronto sería destinado a San Juan de los Lagos Jalisco.
San Juan de Los Lagos Jalisco.
Al Hermano José Jesús le tocó el cambio de comunidad en el mismo momento en que se realizaba la división del Distrito de México y deja su querida Puebla y el Colegio Benavente para integrarse a una obra de reciente creación, pues el Colegio Miguel de Bolonia, de San Juan de los Lagos, Jal. apenas estaba viviendo su tercer año de vida. Fue el 2 de enero de 1960 cuando se integró a este colegio, como Inspector de Primaria Y Secundaria. En octubre de 1960 toma el timón del Colegio como Director de la Comunidad.
[1] Escuela Normal Superior Benavente libro de la Mtra. Josefa Muñoz
Una de las preocupaciones mayores y a las que dedicó mucho esfuerzo y talento fue la formación de los maestros; en las escuelas donde estuvo, siempre fue una tarea que emprendió; en San Juan de los Lagos muchos de los maestros del colegio, en ese tiempo, él los impulsó para que estudiaran y se graduaran, lo mismo hizo en San Nicolás de los Garza y en todas las obras en que estuvo como “Inspector” o como director técnico.
Dos de las maestras formadas por el Hermano José Jesús Muñoz y que entregaron su vida al Colegio Bolonia, nos presentan el siguiente relato sobre su estancia en esta obra:
Estuvo aquí en San Juan de los Lagos en 2 ocasiones: la primera, como Director (1960-1964) y, la 2a también, por otros 4 años (1971-1975). La prolongada experiencia como Coordinador en las grandes Instituciones: poblana, lagunera y capitalina fue puesta al servicio de la niñez del «Colegio Bolonia»; ¡cuántos progresos no aparecieron en estas etapas cruciales!
Fue un Hno. que, además de convivir con los niños fue un gran formador de maestros. Se dedicó a darnos clases a los profesores, porque en ese tiempo nadie estaba capacitado y, sobre todo, a los que no nos dejaban salir fuera a estudiar; él nos daba clases todos los sábados y en las vacaciones de julio y agosto.
Después de la reflexión entraba a los salones y les dictaba 5 ejercicios de cálculo mental a los alumnos de cada salón. Además, revisaba los cuadernos de cada alumno; era muy meticuloso en todos los trabajos, líneas, encabezados, faltas de ortografía, letra, contenido, etc. Luego daba minutos a los grupos que obtenían el 1 0 20 y 3er. lugar, pues parece que eso servía de estímulo, tanto a los niños como a los profesores y, a
cual más le echábamos ganas para sacar esos lugares. Recuerdo que él empezó a tener una pequeña biblioteca, con libros muy interesantes, tanto espirituales como formativos para los padres de familia, profesores y jóvenes, algunos nos los regalaba y otros nos los prestaba.
Organizó el novenario de las posadas, que consistían en el rezo del rosario y letanías, con el misterio viviente. Después seguían juegos organizados y la cena, en el salón que iba tocando. A esto acudían la mayoría de las familias de la ciudad.
Siempre se preocupó porque hubiera un ambiente familiar y él lo propiciaba organizando convivencias, retiros y paseos. Nos hacía 3 paseos en el año, el último era al Festival Cervantino de Guanajuato.
Estaba muy pendiente a todo lo que hacíamos; sin previo aviso nos pedía el registro de notas, para ver si estábamos al día, porque no quería notas «a ojo de buen cubero».
En cuanto a las tareas de los niños nos decía: «al dejar las tareas, piensen en ustedes, porque son los que la van a revisar».
Para él sus profesores eran los primeros y nos decía: ¡No me defrauden!» ya que siempre nos apoyaba, pero cuando era necesario nos escapábamos de una reprimenda, acompañada de consejos para actuar con más prudencia, cuando se nos presentara otra ocasión similar.
Era tal su empeño en la superación de sus profesores, que la profesora Ma. Luisa Valadez y, una servidora, no olvidaremos nunca el especial esmero que tuvo con nosotras, porque, después de que se fue de San Juan, tuvo el cuidado de inscribirnos, acompañarnos y apoyarnos en diferentes cursos que organizaba la Federación de Escuelas Particulares, en diferentes lugares, como son Monterrey, Saltillo, Guadalajara, México y algunos otros, como el de Educación Personalizada.
Anécdotas hay muchas, que serían imposible contar todas.
Siempre lo recordaremos con cariño y esperamos que esté gozando de la gloria de Dios y recibiendo el premio merecido a su labor realizada como Hno. Lasallista, en los diferentes lugares a los que lo destinaron.[1]
El Hermano Bernardo Grousset escribió: “Su prolongada experiencia como coordinador en las grandes instituciones poblana, lagunera y capitalina, fue puesta al servicio de la niñez del “Miguel de Bolonia”. ¡Cuántos progresos no aparecieron en estas etapas cruciales! Dirigió en dos ocasiones la obra de San Juan y con una pericia sin igual”[2]
[1] Maestras Titi y María Luisa Valdez.
[2] La Salle en México III página 1947 1980 142
En comunidad fue muy regular y siempre estaba presente en los diversos paseos, así como en las vacaciones comunitarias, que eran a lugares sencillos.
Segundo Noviciado:
El Hermano José Jesús, que ya estaba casi en el umbral de la década de los 60 años de vida y no había recibido la gracia y la oportunidad de asistir al Segundo Noviciado, que constituye un momento de importancia en la vida y formación de cualquier Hermano y, más, cuando tienen que desempeñar puestos de mando. Al Hermano, quizá por sus enfermedades no lo habían enviado, sino hasta que terminó su directorado en San Juan de Los Lagos fue destinado al Segundo Noviciado de Dos Caminos, en Caracas, Venezuela, que comenzó en diciembre de 1964, bajo la sabia dirección del Hermano Fernando Anzorena.
Colegio Guadiana
Durango, Dgo., Regresando del Segundo Noviciado de Caracas, en mayo de 1965, fue nombrado Inspector de Primaria y Secundaria del Colegio Guadiana, Colegio en el que solo estuvo unos cuantos meses, pues nuevas responsabilidades le esperaban ahora en Monterrey.
Director en San Nicolás de los Garza
Los Colegios La Salle, de San Nicolás de los Garza, eran una hermosa escuela, novedad en el Distrito de México, ya que era para los hijos de los obreros de la Cervecería Cuauhtémoc y, era sostenida por esa empresa.
El primer Hermano Directfor fue el Hermano
José Sánchez S.(1957- 1965), quien supo imprimir el espíritu lasallista y el orden académico. En junio de 1957 fue cambiado y llegó a remplazarlo el Hermano José Jesús Muñoz (1965-1970)
los Hermanos de esta escuela formaban parte de la Comunidad del Instituto Regiomontano, viajando todos dos veces por día para atender la escuela; así que el Hermano Muñoz pidió permiso en 1968 de fundar una nueva comunidad en la Colonia Cuauhtémoc, comunidad que funcionó solo dos cursos escolares, ya que en 1970 el nuevo Hermano Director regresó a vivir en el Regiomontano.
Como Director fue muy apreciado, ya que era muy servicial y observador. Se preocupó por preparar y ayudar a los maestros que veía que lo necesitaban. Siempre exigente en el trabajo. “Los sábados íbamos para aprender el uso de las libretas y su forma de corrección o para mejorar y/o aprender el análisis gramatical, que teníamos que practicar con los alumnos, desde cuarto año en adelante. Sus llamadas de atención eran más un consejo y siempre tenía la respuesta adecuada a cada pregunta que se le formulaba.
Entregábamos calificaciones cada 15 días y nos pedía que acomodáramos los boletines del más sobresaliente al más bajo en calificación… Esto permitía, en la siguiente quincena, ver qué alumnos habían mejorado de lugar o, bien, habían hecho un esfuerzo en tener mejor lugar. Hacíamos uso de vales para motivar a los alumnos y en la entrega de calificaciones él daba Excelencias”[1].
Con la finalidad de preparar más a sus personal los envió a la Ciudad de México, a la Universidad La Salle, a un Congreso de Educación, en el cual se comenzó con el concepto de Comunidad Educativa, donde se reunía a Maestros, Hermanos, Padres de Familia y personal de la escuela; a este congreso asistieron los Hermanos de la comunidad y varios maestros y maestras del Centro Educativo, que pronto pusieron en acción los principios ahí adquiridos, esto fue a finales de diciembre de 1969 y principio del mes de enero de 1970.
Algunas anécdotas de ese tiempo:
La maestra Tere Regalado recuerda muy bien lo siguiente: “Cuando entregué una lista de calificaciones y un número estaba fuera de lugar me pidió que la volviera a hacer. Cuando la entregué me dijo: “Quiero que no olvide que todo lo que usted manda fuera del Colegio, ya sea boletas de calificaciones, recados, etc… debe hacerlo bien, pues son su carta de presentación ante los padres de familia o las autoridades”.
Una segunda anécdota es el siguiente: “Una vez que revisaba la programación semanal me escribió, con pluma roja… la próxima vez que compre una pluma que sea una que escriba los acentos”[2].
Era fino, pero usaba un cierto sarcasmo o jugaba con las palabras para que sus llamadas de atención fueran más una llamada de atención amable que un regaño.
Fue muy buen director, muy humano, atento a las necesidades de los maestros y servicial con ellos, creía en la superación de su personal y facilitaba cuanto curso de renovación les ayudara. A una joven maestra le facilitó por aprovechar la oportunidad de participar en Jornadas de vida Cristiana y luego la ánimo y apoyó para que se involucrara en ese movimiento como auxiliar.
Como una maestra vivía hasta el municipio de Mina, cuando había la fiesta navideña u otra celebración que era por la noche se acomedía a llevarla a su casa para que ella pudiera participar en el festejo.
La Comunidad de Hermanos de San Nicolás se fundó en dos casas que la empresa facilitó; por espacios estaban muy bien, solo fueron tres Hermanos, pero las limitaciones de no tener cocina ni comedor y tener que acudir a las Religiosas Misioneras Clarisas, además de que las personas de la colonia se entrometían mucho en los asuntos propios de la comunidad y el cambio de turnos escolares a “Horario corrido”, ayudó a que los Hermanos volvieran a la Comunidad del Regiomontano y se clausurara esta novel comunidad.
El Hermano Muñoz insistió ante la Sociedad Cuauhtémoc y Famosa que ya se había ofrecido en 1962 a los Hermanos, pero que los Superiores en ese momento no lo creyeron conveniente. Se le aconseja que se abriera el primero de secundaria en uno de los sectores de la Primaria, pero pronto se desistió de ello[3].
Su experiencia pedagógica, su gran autoridad y profundo sentido del deber, creó un espíritu de superación en todos los niveles de los Colegios La Salle de San Nicolás.
Terminada su labor en San Nicolás de los Garza regresó nuevamente a San Juan de los Lagos, pero su trabajo de coordinador será sobre todo en la Primaria de Abajo, que atendían las religiosas.
Gómez Palacio Durango.
Octubre de 1972.
Instituto Francés de La Laguna, en Gómez Palacio, Dgo, lo recibe como Director Técnico de la primaria.
El Hermano José trabajó con dos Hermanos Directores generales del Instituto Francés de la Laguna, y con ambos, esta institución sufrió cambios y bajas en alumnado, primero por incremento de colegiaturas y con el segundo, la paulatina supresión del Internado y, al final de su último año como coordinador de la Primaria, el Hermano Director General dejó la Congregación en el mes de diciembre de 1977.
En 1977, fue invitado por el Hermano Visitador, José Cervantes, a participar en el “Celito”, que fue el mismo curso del CEL, pero ahora organizado por el Hermano Víctor Bertrand, para los Hermanos más jóvenes que no habían asistido a ese curso y le llamó “Instituto de Espiritualidad”. Previendo que algunos de los jóvenes renegarían de no tener vacaciones y estar en Agua Viva, pidieron a varios Hermanos de experiencia que fueran como “Hermanos Modelo”, nombre que les dio don Víctor, para apaciguar ánimos… el Hermano José con su tranquilidad y su deseo de aprender asistió y participó activamente, gravaba todas las conferencias para después repasarlas; fue un buen ejemplo para todos los jóvenes de esa época.
Según la evaluación y los abundantes testimonios personales, la experiencia fue consideraron como un éxito, tanto por el ambiente, por los temas y, sobre todo por los exponentes: H. Ezequiel Nieto, Psicología de la vida religiosa, Camilo Maccise, teología de la Vida religiosa, H. José Cervantes, Sociología de la VR. El Hno. Miguel Campos tomó la semana dedicada al fundador. La excelente coordinación del Hermano Víctor Bertrand aseguró el éxito.
Su estancia en la región Lagunera, concluyó a mediados de junio de 1978, tanto en esa comunidad como en el puesto de coordinador, y nuevos horizontes se abrieron, horizontes luminosos que, poco a poco irían perdiendo su claridad, porque al fin de la estancia de su nueva comunidad llegaría a la luz que no tiene fin y al centro del horizonte que es el Señor Jesús.
Colegio Ignacio Zaragoza:
Llega a Saltillo, Coah. el 25 de junio de 1978, como ayudante de Coordinador en Primaria. Su trabajo ahora es de obedecer y de seguir directivas, aunque sus sucesivos jefes inmediatos siempre lo respetaron y atendieron a las indicaciones emanadas de su persona, porque era la experiencia probada que hablaba.
La coordinación de la Primaria se había confiado a profesores seglares, solamente un poco de tiempo la llevó el Hermano Antonio Pulido y la labor del Hermano José fue de ayuda a la coordinación, apoyando en la corrección de cuadernos, en la revisión de las programaciones de los maestros y en la aplicación de pequeñas pruebas. Su trabajo era callado, él entregaba los resultados a los coordinadores para que los distribuyeran y les dieran algún reconocimiento a los mejores trabajos.
[1] Maestra María del Pilar Paredes. y maestra Dolores Álvarez
[2] Maestra María Elena Villarreal
[3] La Salle en México III pág 171 Bernardo Grousset
Corrían por las mejillas y me dijo, “esto se acabó”,
“Cuando fui cambiado a Saltillo, en el año de 1996, como director del Colegio Ignacio Zaragoza, me encontré con la siguiente comunidad: como coordinador de la Primaria el H. Antonio Pulido Pulido (+) y, el H. José Jesús Muñoz aún tenía una oficina en la primaria y hacía algunos trabajos de supervisión, muy al estilo de los antiguos “inspectores” de sección.
El H. Antonio Pulido tenía la presencia del H. José Muñoz en la primaria y le ayudaba a revisar cuadernos, que lo hacía como los HH. antes lo hacían, y les colocaba un sello donde iban las calificaciones de cada alumno. Era una valiosa colaboración, pues se llevaban los cuadernos al estilo lasallista, por ejemplo, el encabezado, las líneas con regla, a dos colores, etc… Los maestros valoraban la colaboración, pues lo sentían como un apoyo a su labor docente y los padres de familia veían el avance y la supervisión.
Por cuestión de la edad del H. Muñoz, su presencia se fue haciendo cada día más esporádica y empezaron las quejas, pues los cuadernos duraban varios días en la oficina del H. Muñoz y no se podía avanzar en esa materia, que con frecuencia eran los de matemáticas o español. El H. Pulido habló con él y, como respuesta solo hubo un ‘espérenme’, los voy a revisar… Tuve que intervenir para permitir que se metieran a su oficina y los sacaran, con la promesa de que luego de usarlos volverían al escritorio del H. Muñoz, pero su presencia en la primaria terminó por ser nula. Los cuadernos ya no fueron requeridos ni revisados…
Nuestro colegio iba creciendo y necesitábamos la oficina abandonada del H. Muñoz y un buen día me armé de valor y se la pedí, se puso muy serio y me respondió que solo a mí me la entregaría y, que por favor, lo llevara en carro hasta la puerta de su oficina; eso hice y cuando llegamos me fue abriendo cajón por cajón, puerta por puerta de armarios y explicándome lo que ahí había: como cuadernos, libretas, forros, plumas, etc… Luego me entregó las llaves y en ese momento veo en su cara dos enormes gotas de lágrimas que corrían por las mejillas y me dijo, “esto se acabó”, y, sin decir nada más, me pidió que lo regresara a la casa. Para mí fue algo que me llenó de emoción, pues me tocó presenciar cómo cerraba, no muy fácilmente, un libro tan importante de su vida un maestro-educador y formador de muchos maestros.
Gracias a Dios siguió bien de salud, pues aún sobrevivió varios años más, pero sin hacerse presente en su querida primaria del Colegio Ignacio Zaragoza, pero viviendo esto con serenidad”[1].
Algunas veces se le invitaba a dar alguna plática. Un Hermano relata que, siendo el coordinador de la Primaria del Instituto Regiomontano, lo invitó dos años, a las reuniones de preparación del nuevo curso escolar, se le invitó con gran agrado de los maestros, ya que sus charlas y sus talleres eran de gran aplicación con los alumnos; daba detalles hasta de cómo entregar un cuaderno al alumno o, bien, recibirlo y, cuando el maestro no lo hacía como él lo había indicado, fácilmente el cuaderno iba a terminar en el piso, con pena por parte del maestro, que entendía bien el mensaje[2].
Su paso se fue haciendo lento, su mente, siempre lúcida, como si dijera que el envejecer era una opción personal que no le convencía y que buscaba retardar con lecturas y participando en la escuela, hasta que realmente su pierna enferma no lo dejaba desplazarse libremente.
Aún así, asistió a reuniones de Padres de Familia, donde el Hermano Director lo presentaba a él y al Hermano Bruno, asistía con gusto a las inauguraciones deportivas y otros acontecimientos del Colegio Zaragoza, a los que era invitado y que lo llevaban; su corazón y su mente siguieron vibrando con todo evento educativo, de cualquier índole que fuera.
En su oficina se quedaron los cuadernos por revisar, los proyectos de pequeños exámenes y, sobre todo, en su corazón y en su mente quedó su amor al trabajo y su deseo de servir y ser útil. Un día, simplemente no pudo ir más al Colegio, no dijo nada, solo permaneció en casa, como siempre que era asueto, leyendo, rezando y escuchando algunos casetes con cursos a los que había asistido… en momentos el libro se le fue de las manos y tuvo necesidad de que se lo recogieran… su actividad escolar había acabado, fue como una mañana que se vuelve oscura y llega así hasta la noche, esperando la claridad de la salud y del trabajo que cura y abre nuevas ilusiones y aspiraciones… pero esa claridad quedó en penumbra, no se quejó por el dolor, por las limitaciones, las vivió con alegría y, cuando se le preguntaba por su pierna enferma decía: “ çà roule” ella marcha… ordenado en su alimentación y dócil a las órdenes de sus cuidadores…
Preparó, sin prisas, el día en que el Señor lo llamaría a su lado, sabía que llegaría y, como toda su vida había estado dedicada a Él, no le tomó por sorpresa… sus fuerzas, debilitadas por los años, su hablar se volvió lento y su sonrisa se fue apagando, hasta que el 13 de enero de 2004
Fue velado en la capilla de la Comunidad y al día siguiente trasladado a la Catedral de Saltillo para sus honras fúnebres y la celebración Eucarística por su eterno descanso. Lo acompañaron en esos momentos los padres de familia del Colegio, numerosos exalumnos y alumnos.
Mensaje pronunciado en la Catedral de Saltillo, Coah, en su funeral.
14 de enero del 2004.
“Hermano José Jesús Muñoz, Hermano Muñoz, “Muñocito”, como solíamos llamarle…
Yo siempre le hablaba de ‘usted’, pues me inspiraba siempre mucho respeto… hoy te hablo de tú, con respeto y con cariño.
Ayer a la 1:30 de la tarde nos tocó acompañarte en los momentos en los que tu alma –no sin trabajos- (como la mariposa que se despoja de su envoltura), volaba libre y serena hasta la Casa del Padre, donde ahora te encuentras.
Mientras estábamos cerca de ti, el Hermano Director, el Hno. Toño y los Hermanos Joel, Carlos, el Doctor, la Srita. enfermera y yo, -casi sin saber qué hacer ni qué decir- y anhelando que te volviera el color, que respiraras normalmente, que tu corazón palpitara a su ritmo… En esos momentos, precisamente, me venía instintivamente a la mente un canto que tú conoces muy bien: “Honneur a toi, glorieux de Lasalle… Apotre des enfants…”
Canto de victoria y de triunfo, donde aparece y brilla lo que la gracia de Dios, a través del carisma de San Juan Bautista De La Salle, es capaz de hacer: transformar la debilidad humana hasta crear titanes de la fe y de la santidad, a la cual todos estamos llamados… Así te veía yo en esos instantes, pero aparecieron también muchos otros Hermanos que pasaron y vivieron aquí… Boillot, Lyonnet, Grousset, Francisco Alva, Alfonso Rodríguez…
Nos queda la satisfacción de no haber desaprovechado ninguna ocasión –siempre que tú podías- de participar con nosotros en fiestas y celebraciones, en la Comunidad y en al Colegio… ¿Te acuerdas que este año en la junta general de Padres de Familia estuviste tú y Brunito en el foro del Gimnasio? ¿Recuerdas que el Hermano Director nos presentó a los seis Hermanos de la Comunidad Religiosa ante toda la Comunidad Educativa en pleno?
Te distinguiste siempre, al igual que nuestro Padre y Fundador, como eminente formador de Maestros, no solo de los Hermanos, sino de tantos y tantos Maestros y Maestras a quienes atinadamente supiste contagiar con pasión, nuestra mística y los secretos de nuestro estilo educativo. Fuiste como lo dice el mismo canto: “Vinqueur de l’ignorance à l’âme si fatale…”
Así te conocí yo, cuando iniciaba mi ministerio educativo en el Benavente. ¡Tú eras ya entonces apóstol en la Escuela Normal Superior, a donde acudían y, siguen acudiendo miles de Maestros seglares de todo el país!
¡Cómo nos ha reconfortado la presencia de tantas personas que te quieren y nos quieren mucho y han venido a acompañarnos! Su sola presencia nos hace sentir que compartimos la misma fe, la misma esperanza, de llegar a ver –como tú ahora- el rostro de Dios.
En tu nombre agradecemos a todos los Maestros y Maestras, Padres de Familia, Exalumnos y Exalumnas, Alumnos y alumnas…
Cómo debes recordar con cariño y gratitud a todos los Médicos que te atendieron hasta el último minuto… a las Sritas. enfermeras, Lorena, Martha, Zita y Silvia.
Estoy seguro que también te dio mucho gusto ver en estos días, con nosotros, a los jóvenes Hermanos escolásticos, Joel y Carlos… ¡pues así pudiste volar más ligero! al saber que ya han brotado las nuevas hojas de la vid, que está aquí el relevo, para que la llama que dejaste encendida, siga más viva…
Al reposar tu cuerpo en la tierra generosa de Saltillo, sabemos que, como buena semilla, se transformará en un cuerpo glorificado, que siga dando en el cielo abundantes frutos de vida y santidad entre nosotros. No será, de ninguna manera, tu “última morada”, sino la puerta de entrada al Paraíso.
¡En esta Eucaristía, por Cristo, daremos gracias al Padre, por el don que en ti hizo a la Iglesia, por tu admirable fidelidad a través de tus casi 91 años de vida!
Tu gran lección será: saber que también hoy, para nosotros, cada momento de nuestra vida tiene un peso de eternidad, en la medida que por la fe, somos capaces de descubrir al Señor en la trama y en el corazón de nuestras vidas[3].
Testimonios:
El Hermano Visitador, Salvador Valle, dedicó la editorial del mes de febrero de 2004 como homenaje al Hermano Muñoz.
“UN LIDERAZGO ES LA INTEGRIDAD CON FORMA DE SINCERIDAD Y FIDELIDAD”
Un líder debe ser íntegro en todas las áreas de su vida, para que sus seguidores puedan confiar y valorar su liderazgo. En nuestra Patria, ver las noticias durante el año, basta para que podamos darnos cuenta sobre la caída de los personajes públicos. Caída de ministerios y celebridades reconocidas, que desaparecen porque en algún momento de sus vidas dejaron de ser íntegros y fracasaron.
Las circunstancias en México nos han enseñado a desconfiar de las personas en posiciones de autoridad, a no comprometernos en ninguna causa que no estemos completamente seguros que sea transparente y válida. Todo individuo en posición de liderazgo debe comprender que, por naturaleza, todos le desconfían. Y es que la persona del líder, con su palabra y su conducta, debe convencer más allá de toda posible duda, de que su persona está por encima de toda duda o falsedad.
La sinceridad y la honestidad son virtudes fundamentales que todos exigimos de nuestros líderes. Sin ellas no hay liderazgo posible. Demandamos honestidad en los demás, por lo tanto, debemos actuar primero por el mensaje que proclamamos: Si la integridad es fundamental para todo liderazgo, cualquiera que sea su ámbito de influencia, tanto más lo es cuando hablamos del servicio de Dios.
Quiero, con las palabras Integridad y Liderazgo, rendir un homenaje al Hermano José Jesús, educador de educadores. Su figura fue proverbial en los dos Distritos de México. Su imagen de gran pedagogo, formador de maestros y de Hermanos, en la más sólida tradición pedagógica lasallista, será el recuerdo y la propuesta de que de generación a generación trascienda. Su capacidad de exponer y ejemplificar los sutiles detalles que hacen del proceso educativo un fino arte, se vieron replicados en muchas maestras, maestros y Hermanos, quienes han logrado con ese estilo una formación integral de los educandos y educadores; su labor educativa perdura, pues muchos nos nutrimos de esa sabiduría e intuición pedagógica que le han dado a nuestras instituciones un marco formativo, basado en los más pequeños detalles, que no solamente desarrollan automatismos y habilidades, sino que forman un carácter y una personalidad, atenta a aquellos pequeños detalles que hacen de la vida un éxito. Muchas son sus casualidades y anécdotas que, como religioso y educador podemos evocar de él, pero sobre todo, podemos evocar al hombre recto, sincero, trabajador incansable, exigente y preocupado por la formación permanente, expresado todo esto en una vida sencilla, trascendente y llena de resultados.
Vencedor estoico de sus enfermedades; desde joven fue probado por la enfermedad, nunca demandó compasión, ni las aprovechó para el incumplimiento de sus deberes. Dios le concedió larga vida; por muchos años fue nuestro decano nacional, por eso su muerte no es un quebranto y su partida de entre nosotros, ni destrucción; él está en la paz y su esperanza llena de inmortalidad; por una breve pena recibirá grandes beneficios, pues “Dios lo sometió a prueba y lo encontró digno de sí”[4].
[1] Hermano Gerardo Martínez Luna en ese tiempo Hermano Director del Zaragoza.
[2] Aportación del Coordinador de la Primaria del Instituto Regiomontano
[3] Palabras pronunciadas por el Hno. Pedro Vela, en la Eucaristía, en nombre de los Hermanos de la Comunidad de Saltillo, La Salle en México Norte Marzo 2004.
[4] Sabiduría 3,1.4-5
[5] Hermano Salvador Valle Vtr. en la Salle en México Norte febrero 2004
NOVICIADO MENOR DE TACUBAYA, sentados: J Oviedo H. Adilbert Jean, Antonio María, José Valenzuela Gérard Vacher, Jesús Muñoz, Margarito Sandoval. Entre los HH Vacher y Muñoz, atrás, está el Hermano Víctor Bertrand y atrás Pedro Córdoba.
EN ESTA FOTO APARECEN LOS HH ESCOLÁSTICOS.
Pido al Señor Jesús nos conceda ver seguir en el Distrito, Hermanos y educadores que, reinterpretando las tradiciones educativas lasallistas, sean capaces de responder exitosamente a las demandas y necesidades de la educación hoy, como continuadores de la misión del “Sr. Muñoz”: Educando a educadores, ejerciendo un liderazgo de integridad, que tanto hace falta en nuestra Patria”[5].
Testimonio del Hermano Pedro Córdoba, “Fre Victor”, exalumno del Hermano Muñoz y compañero de comunidad hasta el fin de sus días:
Creo, sin temor a equivocarme, que los que vivimos con el H. José Jesús durante muchos años, pudimos apreciar la labor que llevó a cabo como Inspector de varias de nuestras Instituciones. Desde mi punto de vista, su preocupación y esmero presentaban dos características: el progreso académico y la delicada atención al mejoramiento de los maestros.
Nuestro Señor me concedió la gracia de conocerlo y tratarlo durante varios años, en los lejanos años del Noviciado Menor de Tacubaya y, luego en muchas oportunidades esporádicas, hasta que volvimos a convivir en Saltillo.
Encargado, como le llamábamos, de la disciplina del Aspirantado, se mostraba digno, pero exigente al mismo tiempo, sin ser autoritario. Vigilaba los patios, con el silbato en la mano, listo para usarlo en caso necesario para llamar la atención a algún infractor de la disciplina o de algún haragán que se rehusaba participar en los juegos.
Siempre fue muy exigente, sin ser rudo, en la exigencia de la disciplina. No menos exigente era para motivar a los muchachos al esfuerzo y a la superación personal.
Presidiendo, como Subdirector, la lectura espiritual y la oración de la tarde de los Novicios Menores, nos fue enseñando con mucho tacto, el Método de Oración de nuestro Fundador.
Era sumamente metódico en las explicaciones de clase. Posiblemente no llegó a ser un matemático de gran altura pero, creo que el método que nos enseñaba para resolver problemas nos sirvió a varios de nosotros, al tener que enseñar Matemáticas o Física. Igualmente, aprovechaba sus clases de Literatura para enseñarnos a hacer cuadros sinópticos. Todos sus escritos se caracterizaban por una caligrafía muy cuidada.
Durante las vacaciones organizaba horarios de recreación, de lectura libre y de talleres. Algunos aprendieron a tocar violín o piano en las vacaciones. Para el taller de encuadernación solicitaba la ayuda de algún Hermano experto en la materia. Personalmente dirigía el taller de instalaciones eléctricas, practicadas sobre un tablero, lo que nos sirvió posteriormente, al tener que hacer las instalaciones de la casa de Tlalpan. Lo mismo puede decirse de sus instrucciones para soldar y para tarrajear tubos.
Admirable fue siempre la manera de sobrellevar los sufrimientos físicos, motivados tanto por sus múltiples operaciones, como por el accidente automovilístico que sufrió en una ocasión. ¡Arriba los parchados! Solía decir.
A pesar de su aparente frialdad era muy atento a las necesidades de las personas. Basta para ello recordar un detalle: estando el Hermano en Gómez Palacio, tuvo la delicadeza de llevar al tren que pasaba por la estación de esa población, una buena cantidad de tamales para los Escolásticos que de Las Vegas regresaban a México…”[1]
[1]Hermano ¨Fre Victor´ Pedro Córdoba Concha en la Salle en México Norte Febrero de 2004
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas