Hno. Bruno Stanislas (Franz Joseph GELLRICH FISHBACH).
Nació en Tréveris, Alemania.
22 de julio de 1921.
Llamado por el Padre
25 de enero de 2010, Saltillo, Coah.
A los 89 años.
La tierra que le vio nacer:
Franz Joseph Gellrich Fischbach nace en la ciudad de Tréveris, una ciudad fundada por los Romanos, conocida también como “la segunda Roma” por los abundantes vestigios romanos que quedan aún. La romanización y la cristianización de Tréveris fueron muy profundas. En Tréveris sobrevivió el latín como lengua mayoritaria, durante toda la alta Edad Media y esa situación se mantuvo hasta la capitulación alemana, después de la Primera Guerra Mundial.
La región de Renania fue desmilitarizada y Francia creó la República de Renania, como un estado títere, tratando de crear un sentimiento anti-prusiano en la población, sin éxito, aunque la religión católica identificaba a la población no prosperó el movimiento separatista.
Este era el panorama en que se encontraba la región de Tréveris, de donde era originario nuestro Hermano.
Trier (Tréveris) es una hermosa ciudad situada en la rivera del cristalino río Mosela en la parte noroccidental de Alemania, donde nació el Hermano Bruno el 22 de julio de 1921. Sus padres fueron el músico Fritz Gellrich y la señora Antoniette Fischbach, su hogar fue bendecido por Dios por varios hijos entre ellos Franz Joseph, un niño amable y alegre, gentil con una inteligencia brillante, que más tarde llegaría a ser el Hermano Bruno.
Su padre fue un músico notable, de quien seguramente heredó habilidades musicales, de las que tenemos constancia ya que a él se debe la música del Himno del colegio Fray Miguel de Bolonia.
Franz Joseph muy joven, ingresó con los Hermanos de las Escuelas Cristianas al Noviciado Menor de Hall, en Bélgica; era el año de 1934. El joven Franz pronto expresó su deseo de ser misionero, por lo que todos sus estudios para llegar a ser Hermano Lasallista los realizó en las casas de formación establecidas con esta finalidad; la más cercana para él que era en Hall ya que tenía la ventaja de un idioma bastante parecido al alemán, el flamenco; en el Noviciado, al tomar el Hábito de Hermano, el 26 de enero de 1938 adoptó el nombre de Hermano Bruno Estanislao; era costumbre cambiar de nombre para todos los religiosos en esa época, anterior al Concilio Vaticano II, con ello se quería significar un cambio radical de vida, consagrándose no a intereses materiales, sino los espirituales, dentro del carisma de una Congregación, los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Terminado el noviciado, emite sus primeros votos, el dos de febrero de 1939, pocos meses antes de la II Guerra Mundial, ingresando al Escolasticado para iniciar sus estudios para poder enseñar; al retornar de nuevo a Alemania, ya como Hermano de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, de San Juan Bautista de la Salle, a los pocos meses comienza a sentirse el ambiente de guerra que se gestaba y que daría inicio en agosto de 1939, ante esto, dice nuestro personaje, la sola perspectiva de saberme en medio de una confrontación entre los países europeos le llenó de terror.
El Hermano Bruno, relató al reportero Luis Roberto González Godina, en una entrevista que le hizo al Hermano al cumplir 32 años de trabajo en San Juan, sobre su salida de Alemania, recordó lo siguiente: “La mayoría de los jóvenes eran invitados a alistarse de inmediato en lo que fue el ejército más poderoso del mundo, que solo un invierno infernal fue capaz de vencer, cuando se aprestaban a dar el golpe final a los rusos”.
Él decidió expatriarse para seguir su vocación y comenzó a buscar la forma de obtener el permiso de salir de Alemania. Relata: “Cuán grande fue mi sorpresa, agrega, cuando luego de tocar muchas puertas en busca de la autorización para viajar a América, fue mi propio padre quien trató el asunto directamente con Adolfo Hitler y consiguió, sin problema alguno, que me diera su anuencia para ello. Ya sé que te parece extraño, le dice al reportero, pero te voy a explicar por qué; es que mi padre era chelista excepcional, si no el mejor sí uno de los mejores de la época y, como a Hitler le gustaba mucho la música de chelo, mi padre era su músico favorito, esa es la razón por la que el Número uno nazi autorizó mi salida, y también porque supo que era la orden de Pio XII.”
Apenas se iniciaba la Segunda Guerra Mundial cuando, por azares del destino fui a parar a Cuba, cuando Batista estaba en el poder en esa isla del caribe[1].
[1] Entrevista realizada por el reportero Luis Roberto González Godina al Hermano Bruno en San Juan
En Cuba
Terminados sus estudios fue destinado como misionero a Cuba. Procedía, el Hermano Bruno de Bélgica. donde había hecho su noviciado en Hall. Junto con él llegó otro Hermano alemán, compañero de noviciado: el Hermano Dioclés Stanislas. La estancia en Cuba de estos dos Hermanos alemanes obedece, ciertamente, a su consagración como misioneros, pero también al hecho de que, no participaran en la Segunda Guerra Mundial, la cual se inició cuando era joven escolástico, en 1939, y tenía 18 años, en plena edad militar. Los Superiores buscaron un lugar donde no fuera reclamado. Él mismo, consciente de esta circunstancia, renunció a su nacionalidad alemana, adquiriendo la cubana.
Su apostolado en las aulas lo realizó en las siguientes obras Lasallistas cubanas: 1941, Colegio La Salle de Marianao, Profesor ; Colegio La Salle de Sancti Spíritus, solamente el curso de 1947 fue profesor de esta escuela, pasando luego al gran Colegio De La Salle, el Vedado, como Profesor, el curso 1948–1949; de ahí pasa a ser formador, durante tres años, en el Noviciado Menor de Guatao, luego estuvo en el Colegio la Salle, llamado El Palatino; esta obra era gratuita, para gente pobre, que fundó y mantuvo siempre Don Pedro Sánchez Abréu; el edifico fue costeado por él, tenía amplios terrenos deportivos, que sirvieron a los habitantes de la barriada. Pronto nacieron movimientos de Acción Católica, formados por grupos del barrio, en los cuales el Hermano Bruno trabajó como animador y catequista… como profesor durante siete años, la estancia más grande del Hermano en una obra en tierras cubanas.
Su última comunidad en Cuba fue como maestro en las Casas de Formación, tanto como profesor del Escolasticado como del Noviciado Menor y también ayudaba en la llamada Escuela Gratuita Anexa, que era atendida por los Hermanos mayores, ya semijubilados, en la Sagrada Familia, de Santa María del Rosario.
La nacionalización de los Colegios por parte del régimen castrista, le tocó al Hermano Bruno, siendo profesor en Santa María del Rosario. Se llenó de miedo ante la presencia de los milicianos. Una familia amiga le dio asilo y, a los pocos días regresó al Colegio, para concentrarse después en el Vedado. El 25 de mayo de 1961 le tocó al Hermano Bruno vivir la salida de Cuba. En el aeropuerto José Martí, de la Habana, 109 viajeros se congregaron desde las diez de la mañana, los Hermanos pasaron prácticamente todo el día en la sala de espera, mientras que funcionarios del gobierno revisaban las maletas y sacaban de ellas los que les vino en gana: medicinas, sábanas, ropa personal etc .
A las 5 de la tarde, el Hermano Bruno con los demás Hermanos abordaron el avión que les condujo, en menos de una hora, a Miami.
Este hecho constituyó una prueba muy difícil y penosa, pues el Hermano Bruno, como los demás Hermanos, sufrieron persecución, humillaciones, encarcelamiento, malos tratos y amenazas de muerte, simplemente por el hecho de ser religiosos.
La estancia del Hermano Bruno en la Perla de las Antillas fue de 21 años, desde el año de 1940 en que llegó, a 1961, en que fue expulsado.
Su nueva patria:
En la repartición de los Hermanos a diferentes países, al Hermano Bruno le tocó ir en intercambio con los Hermanos americanos y destinado a Bluefield[1]; no se sabe cómo la Providencia lo hizo llegar a México[2]
Dios le tenía preparado otro destino: nuestra patria. Al salir de Cuba, tras peripecias penosas y humillantes, escondiéndose, fue destinado a nuestra ciudad de San Juan de los Lagos, Jal. como profesor del Colegio Miguel de Bolonia.
[1] Itinerario de los Hermanos de La Salle en el Distrito de Antillas
[2] Ibid.
La estancia del Hermano Bruno en San Juan de los Lagos, en el Colegio Miguel de Bolonia, fue de septiembre de 1961 a agosto de 1965, regresando posteriormente en 1971, para una larga estancia que se prolongó hasta 1999, en que el Hermano Visitador, viendo que su salud se deterioraba y que ya se la pasaba todo el día en la calle, decidió, junto con la comunidad, trasladarlo a Saltillo, Coah. para que recibiera una atención, ya de hermano mayor, con ciertas limitaciones.
En un recorte de periódico se relata su historia y sus deseos en la siguiente forma: “Luego de permanecer 21 años en Cuba, a donde viajó para evadir los estragos de la II Guerra Mundial, que causo grandes daños en toda Europa, en especial en su país natal, Alemania, el Hermano Bruno, como le llaman de cariño todos los sanjuanenses, llegó a estas tierras en 1961, luego de salir huyendo del sistema comunista…
Llegó a San Juan de los Lagos, para no irse jamás a otro país, solo muerto, como él dice, ya que San Juan, Jalisco y México son su patria y su vida, y sí no, ahí están los 32 años que ha dedicado por completo a forjar hombres en esta tierra”[1].
Pronto captó la atención de todos, no sólo por sus características de extranjero, sino por su sabiduría y bondad, con la que se ganó la simpatía y el cariño de sus alumnos, sus compañeros profesores, padres de familia y, en general, de las personas con quienes se relacionaba. “El Hermano Bruno es uno de los maestros de más prestigio y admiración que ha habido en San Juan de los Lagos; generaciones enteras lo recuerdan con cariño y se lo encuentran en cualquier lugar de la población, se pasan las horas platicando con él porque, ¡vaya si tiene conversación! español– alemán; alemán-español, matemáticas, física, con alguna dificultad en el lenguaje, pero siempre se da a entender y mantiene cualquier charla, sin faltar nunca una alusión a Nuestra Señora de San Juan”. Logros del Hermano Bruno, de los cuales se sentía feliz.
El último de diciembre de 1963, viniendo de vacaciones, de Purificación Jal., los Hermanos tuvieron un serio accidente automovilístico, en el que encontraron la muerte dos Hermanos y, el Hermano Director, Bernardo Zepeda y el Hermano Bruno, quedaron muy heridos y en condiciones graves. Gracias a Dios y a las oraciones de muchas personas, el Hermano Bruno se recuperó casi del todo, estando casi el mes en Guadalajara, al principio inconsciente, pero poco a poco fue adquiriendo su habitual forma de ser.
[1] ENTREVISTA REALIZADA POR EL PERIODISTA Luis Roberto Godínez
Las dificultades para controlar a los alumnos fue una constante en la vida del Hermano Bruno, como lo relatan algunos Hermanos, pues recién llegado a San Juan, el buen Hermano, muy inocente,no conocía la picardía mexicana. Los alumnos no salían pronto de clase y, un día, alguien le dijo que les dijera: “le cae al que no salga pronto” y, todos, de inmediato salieron… llegó a la Comunidad muy feliz diciendo a los Hermanos que había encontrado una fórmula maravillosa para que los alumnos obedecieran… dichosa inocencia…
La visión que él tenía de la realidad de sus clases era diferente a la que los demás percibían, como él mismo lo expresó: “No se crea que soy tan tranquilo, le aseguro que muchos de los alumnos que han pasado por mis aulas han de decir que soy un tal por cual, y que soy un canijo, pero esto por la disciplina a la que los someto porque, alumno que tengo, alumno que sale bien preparado, por lo menos en las materias que a mí me tocan y en las que, a través del tiempo me he hecho especialista: inglés, química, física y matemáticas, y son las que más rechaza cualquier estudiante, las más difíciles, según ellos, pero conmigo aprenden o aprenden.”
Siempre le costó la disciplina. Los muchachos eran tremendos y él era científico de mente lógica y los alumnos aprovechaban de él. Poco a poco fue dejando clases en la secundaria y se dedicó a dar clases en el Seminario, siendo muy apreciado por los futuros sacerdotes, no tanto por la facilidad de entender la explicación sino por la gran devoción a María Santísima que les infundió.
El Hermano Bruno era un sabio: construyó una trasmisora de radio y sus alumnos aprendieron a hacer radios; por medio de la trasmisión que emitía, les dejaba las tareas y les obligaba a que hicieran tal o cual trabajo, dándoles también luces sobre la construcción de sus radios. Un día se presentó un agente de Secretaria de Gobernación para averiguar cuál era el motivo de la trasmisión; él demostró que era un instrumento de enseñanza y que no era por contravenir las leyes del país. Otro de sus inventos eran aparatos para producir energía, o bien, la utilización del rayo láser, como trasmisor de electricidad. Fue el organizador de un excelente laboratorio de Física–Química, en el cual había muchos aparatos por él construidos o conseguidos. Era su lugar de recreación, juntamente con la música que interpretaba.
“Tuve la suerte de viajar a un país tan maravilloso, como resultó ser México, a donde llegué en 1961, y de donde no saldré más, sólo cuando vaya de vacaciones”[1].
En 1987 el Hermano Superior General, John Johnston y el Hermano Martín Corral, Consejero, visitaron San Juan de los Lagos. La recepción fue grandiosa, como la de un Presidente de la República. Al Hermano Superior lo hicieron caminar por la calle principal, en medio de los cientos de personas haciéndole valla, los papelitos multicolores que caían de los techos, en fin, el pueblo se volcó a recibirlos. Entre ellos estaba el Hermano Bruno, feliz, aparte de que podía hablarle en inglés y, veía el cariño de la gente, su gente, por el superior.
“Casi nadie en San Juan lo conoce por su nombre”
“Preguntar por Franz Joseph Gellrich, quién sabe a dónde lo irán a mandar, lo más probable es que lo manden a una granja que se encuentra a un kilómetro de la ciudad que se llama la “Chin,..” pero si se pregunta por el Hermano Bruno, cualquier hijo de vecino le va a decir dónde encontrarlo.
Químico, físico, matemático, por convicción y, maestro de inglés, por necesidad de los jóvenes.
El Hermano Bruno, maestro de inglés, como ya se señaló, es uno de los maestros que más prestigio y admiración han obtenido en San Juan. Generaciones enteras lo recuerdan con cariño y si lo encuentran en cualquier lugar de la población, se pasan horas platicando con él, pues nunca le hace falta tema de conversación.
[1] Hermano Bruno.
Entre los mayores logros de su carrera educativa, ha sido la instalación de un laboratorio de física con todo lo necesario para llevar las prácticas. En ese lugar se encuentran otras cosas por él creadas, entre ellas un generador de energía que es capaz de producir electricidad para el plantel, si llegara a ser necesario.
Uno de los Hermanos fue invitado por el Hermano Bruno a su laboratorio y le dijo que en cinco minutos iban a funcionar varios aparatos, realizados por él. El Hermano le preguntó ¿qué? ¿cómo? Le dijo que, por la señal de radio, de una ciudad europea, pues tenía un radio de onda corta y, efectivamente, transcurridos los cinco minutos todos los aparatos comenzaron a funcionar. Era todo un científico[1]. Lo que más le satisfacía eran sus clases de inglés, que impartía, porque ayudaba a los jóvenes a comunicarse.
A sus 72 años, el Hermano Bruno sigue mostrando una gran fortaleza de espíritu, que siempre ha caracterizado a los de su nacionalidad.”[1]
Según la gente de San Juan de los Lagos, el Hermano Bruno, desde su llegada a la población, por lo menos han egresado cada año 45 alumnos y, todos como navajas de afeitar, en las materias que él imparte, pero como aquí no hay dónde seguir estudios, todos los valores se van perdiendo y solo unos cuantos, los que tienen posibilidades, se van a continuar los estudios en otras partes y, además de maestro regañón, como dice que es, a sus casi 73 años de edad (los cumple el 22 de julio) el Hermano Bruno sigue impartiendo catecismo en los ranchos del municipio…
[1] Entrevista periodística de Luis Roberto Godínez
[1] Hermano Alberto Flores Cantú
Uno de los centros de catecismo:
Mata Gorda es una ranchería situada en los límites del municipio de San Juan de los Lagos, donde los Hermanos José Valenzuela, el Hermano Bruno y otros Hermanos, al llegar de Cuba, siguieron las mismas tradiciones de dar catecismo en las rancherías, sábado tras sábado.
Por las tardes era tomar un camión de los Rojos de los Altos, para llegar a esas rancherías, siendo Mata Gorda el centro de sus apostolados. Este esfuerzo evangelizador de los Hermanos fue reconocido en el 2012 al cumplir el pequeño templo del lugar, 50 años de su edificación. Para el Hermano Bruno este apostolado de la catequesis fue una de sus ilusiones por las cuales trabajó arduamente. A la muerte del Hermano Bernardino José Valenzuela, el Hermano Francisco Hernández lo remplazó en la catequesis a los campesinos.
El Hermano Bruno era un religioso sumamente piadoso, tenía una particular devoción a María Santísima, sobre todo en su advocación de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, advocación que conoció a su llegada a México. Un Hermano cuenta que mandaba imprimir estampitas de Nuestra Señora y, en sus diarios recorridos por la ciudad las iba repartiendo.
Se enamoró de la historia de esta devoción y la tradujo al inglés, para que las personas de lengua inglesa que visitaran la Basílica pudieran conocerla. Una muestra de su espíritu religioso fue el día en que de un periódico le hicieron una entrevista: Primero sus oraciones y luego la entrevista. El Hermano Bruno, de entrada, al recibirnos en la casa de los Hermanos, por la calle Zaragoza y, junto al colegio, nos dice: “con que me llames Hermano Bruno está bien, porque pronunciar mi nombre te lleva toda la tarde, así es que Hermano Bruno y ya, para los amigos”, cosa que al instante se le agradeció.[1] Nos hizo esperarlo unos momentos, porque nos dijo que iba a terminar sus oraciones, que acostumbra hacer después de tomar sus alimentos y que no tardaría y, en efecto, en cuestión de quince minutos ya había regresado y listo para la entrevista, que se prolongó…
[1] Inicio de la entrevista del periodista Luis Roberto Gondínez
Como buen científico era descuidado de su persona, muy seguido su limpieza no era óptima. Un Hermano nos cuenta que, “dos de sus sobrinos lo visitaron y estuvieron con él; un día el buen Hermano se puso un traje nuevo que tenía y apareció todo radiante y muy bien arreglado, la sobrina, que hablaba español, dijo: el Hermano es igual que mi papá, sólo en algunas ocasiones se visten bien y del todo limpio.
El mismo Hermano relata que, para el Hermano Bruno, las llaves eran un problema pues siempre se le perdían; alguien le dijo que se las fijara a su cinturón, cosa que así hizo y, ya no las perdía, pero sí, le rompían las presillas al pantalón, ya que olvidaba sacarlas de la chapa, o bien, las traía colgando durante todo el día.”[1]
Hombre muy bueno, algo osco en la comunidad, como que llegaba cansado de sus recorridos, en donde había sido todo amabilidad, siempre fiel a sus ejercicios espirituales, era hombre de oración y abierto a la gracia de Dios a través de su servicio al prójimo.
Era un Hermano que aprendió música y tocaba bien el órgano, además de tener buena voz, así que uno de sus apostolados era ir a tocar en las Eucaristías, tanto en la Basílica, donde tenía puerta abierta para subir al coro y hacer vibrar el gran órgano. De igual manera acudía a la Parroquia del centro, para realizar el mismo servicio. Poco a poco fue perdiendo su voz, pero su habilidad para tocar no la perdió.
Cuando se inscribió a la Normal Superior Nueva Galicia, como alumno, para tener documentos mexicanos, se encontró con la dificultad de que carecía de nacionalidad, entonces, ni tardo ni perezoso, escribió nada menos que al canciller Conrad Adenahuer, pidiéndole la nacionalidad. Le explicó su historia y el deseo que tenía de servir a través de la educación. La carta fue acompañada de varias estampas de Nuestra Señora de San Juan y, en la misma carta le contaba la historia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora. El canciller era un católico comprometido, y personalmente le contestó al Hermano Bruno, y poco tiempo después fue llamado a la Ciudad de México para devolverle su nacionalidad.
La nostalgia por la tierra siempre se mantiene y, cuando ha habido la oportunidad, desde que estoy en México, he podido viajar a Alemania por lo menos en cinco ocasiones y reencontrarme con mis familiares. [2]
En la Normal Superior Nueva Galicia estudió la licenciatura en Matemáticas, no porque no supiera, sino por la necesidad de un título mexicano y, así poder servir mejor; fue un alumno brillante, muy apreciado por sus maestros y compañeros. Una vez titulado le ofrecieron la catedra de Álgebra Superior, que desempeñó por varios años. Ciertamente, sus clases eran muy bien preparadas y se veía que tenía muchos conocimientos, pero no era lo suficientemente claro y conciso en su enseñanza, ya que entremezclaba procesos y procedimientos al resolver un problema.
[1] Recuerdos del Hermano Alberto Flores Cantú.
[2] Hermano Bruno en la entrevista periodística
En esta fotografía se muestra al Hermano Bruno, como el hombre inquieto por la ciencia, siempre estaba haciendo problemas y proponiendo diversas soluciones. Papel y lápiz en mano.
Era un científico, las cosas comunes le pasaban desapercibidas. Cuando el Hermano Bruno se encontraba con el Hermano Víctor Córdoba, se ponían problemas o se compartían soluciones; un problema del que siempre hablaba era el del ‘Círculo de nueve puntos’.
Un aspecto importante de destacar es que fue por buen tiempo maestro del Seminario Conciliar de San Juan; impartía Física y Matemáticas y, aunque eran apreciadas sus clases, quizá lo que más aprendieron esos jóvenes seminarista fue el amor a María que le Hermano predicaba con sus palabras y sus obras.
La gente veía con admiración cómo el Hermano iba al Seminario en su bicicleta, ya que es una cuesta empinada y larga la que tenía que recorrer y la carretera estrecha era peligrosa.
El Hermano Bruno visto por un exalumno
Testimonio de un exalumno del Hermano que habla con el corazón sobre su maestro y amigo:
Mi nombre es Guillermo de Alba Martín. Me encontré con el Hermano Bruno en el Colegio, desde que estaba en Primaria y, ahí comenzó mi amistad y admiración.
Me tocó ver al Hermano trabajando en el laboratorio de Física y yo observándolo; tenía yo 12 años y cursaba el 6° de primaria... 1971 y me resultaba de mucha curiosidad lo que estaba montando en la mesa del laboratorio, me arrimé y pregunté y escuché esa voz con un claro acento alemán y un tono de español cubano. Esa fue la primera impresión de ese señor que en el futuro influiría en mí.
Ya en Primero de Secundaria recibiría clases de inglés y de electricidad, en el taller. Después ingresaría yo al coro y ahí compartiría más tiempo y, viendo sus grandes habilidades y gusto por la música de Bach, comenzaría apreciar y gustar esa música
En una ocasión, asistiendo a clases de Taller de Electricidad, que eran muchas horas, fui aprendiendo todos los conocimientos posibles sobre la botella de Leiden y el carrete de Ruhmkorff, después la bobina de Tesla y los motores trifásicos.
Poco a poco fui aprendiendo las leyes de Ohm y las de Faraday y conociendo todo desde los generadores de corriente alterna de Tesla y transformadores a alta y baja tensión. Creo que fue un gozo todo el tiempo que nos dedicó
Ya en Segundo de Secundaria aprendimos electrónica básica, válvulas electrónicas, diodos, triodos , pentodos, y sus aplicaciones en amplificación de señales; más tarde, osciladores, circuitos LC: hay una frecuencia para la cual se produce un fenómeno de resonancia eléctrica, la que se denomina ‘frecuencia de resonancia’, filtros, circuitos, tanque y demás. Siempre creando equipos de alumnos.
La vida era para mí muy muy intensa, con tanta sabiduría de este señor Hermano. Me entusiasmé en el aprendizaje de la electrónica, pero un día fue traumático para mí, cuando mi papá que veía cómo me entretenía con mi material para ir armado mis prácticas de taller de electrónica. Mi padre me dijo en voz fuerte: “me vendes o regalas tus alambres y tus triques, el sábado nos vamos a que trabajes en el rancho”. Fue muy duro.
Decidí llevar al Colegio ese material, estando yo en tercero de Secundaria y el Hermano me recibió todas mis cosas y las puso en el Laboratorio de Física.
Fueron incontables las horas que compartí al lado de ese hombre. Sin el cariño y la motivación que él me dio… quién sabe qué sería de mí. Yo supe realmente de qué estaba hecho, era un hombre que irradiaba gratitud y bondad, además de su infinita piedad y humildad.
¡Qué hermoso testimonio fue para nosotros el Hermano Bruno! Siempre fue un hombre con ganas de hacer el bien, sin importa a quien… Algunos lo juzgaron tonto, pero tenía la tontera de servir a Dios en sus hermanos.
Tuve, de su parte, muchísima información de muchísimas cosas interesantes: Astronomía, Física, Química, parte de cultura alemana. Tuve una gran enseñanza de la cultura alemana y, a través de él aprendí de él la manera honesta y leal de trabajar para la comunidad además, fue para mí, en muchísimas cosas, mi tutor, mi amigo, mi maestro, mi padre.
Por él probé el primer Liebfraumilch y mi primer Chartreuse; nunca se me va a olvidar el sabor amargo del licor cartujo.
Te recuerdo, te quiero, te admiro, te respeto, estimado Hermano Bruno.[1]
Anécdotas en San Juan de los Lagos:
Después de la muerte del Hermano Bruno, varias personas en San Juan, que lo consideran como una persona especial y santo, le han pedido varios favores: “El señor José de Jesús Correa Gallardo, se encontraba invadido de un cáncer en la próstata; su esposa, la Señora Martha lo encomendó a la intercesión del Hermano Bruno, rezando a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen para que, por su intercesión, recuperara la salud su esposo. Rezaron con fe y, el resultado fue que el tumor maligno había desaparecido.
Relato del hecho: La familia Correa siempre ha estado muy cercana al Colegio Bolonia y conoció al Hermano Bruno desde que llegó a San Juan. Conversando con la señora de la casa contó: “Diagnosticaron a mi esposo un cáncer agresivo y, ya avanzado, le hicieron diez biopsias y en todas salió el cáncer agresivo y se encontró un tumor bastante grande. Estos estudios fueron realizados en el IMSS y, ahí le indicaron que la operación era urgente y que implicaría muchas dificultades posteriores, entre ellas la incontinencia etc. Se encontró con un compañero de escuela en el Bolonia, el Sr. Juan José Romo y le preguntó sobre su enfermedad; el Sr. Romo lo llevó a Aguascalientes, con el Dr. Alemán, y el doctor lo envió a un Urólogo, el cual le dijo que le sacaría el tumor y le darían radiaciones y quimioterapia, él decidió hacerlo. Su Señora ya antes lo había encomendado a la intercesión del Hermano Bruno, para que le pidiera a la Santísima Virgen y a toda la Corte Celestial. Ella le dijo: Hermano Bruno, ya estás tú en el cielo y estás junto a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen, pídele a Dios por mi marido, te prometo un retablo… La operación se realizó, el tumor era inquietante y, al preguntarle al Doctor sobre el tumor, él contesto: es horrible. Fueron dos días en el hospital y regresaron a San Juan. Al llegar a la casa, como a las 7 de la tarde recibió una llamada: habla el Doctor ¿está Pepe?, no lo encontraron, entonces el Doctor dijo que llamaría más tarde, así lo hizo y, con gran alegría le dijo al Sr. Pepe Correa: a pesar de todos los estudios anteriores que daban certeza del cáncer, sepa que no encontraron cáncer… y, el cáncer desapareció.
Varias personas, en San Juan de los Lagos, que trataron al Hermano Bruno, lo han considerado un santo, por su devoción a la Santísima Virgen, por su sencillez de vida y su trasparencia, como ser humano, además de ser un gran sabio. Las leyendas son múltiples sobre favores obtenidos por la intercesión del Hermano. He aquí dos que me contaron: Una señora relató: “Mi papá estaba postrado en cama, enfermo y le pedí al Hermano Bruno que lo tuviera en sus oraciones y lo encomendara a la Santísima Virgen; el Hermano así lo hizo y, un día llegó y me dijo: su papá “Kaput”[1] quería decir que no tenía remedio, pero no va a morir pronto. Y así fue. Once meses después falleció, el Hermano Bruno lo visitó muchas veces, lo acompañaba, incluso le consiguió una silla cómoda para que estuviera mejor.
[1] Acabado, en proceso de muerte…
[1] Testimonio del Sr. Guillermo de Alba (Memo de Alba)
Uno otro hecho es el siguiente: un padre de familia del Colegio tenía un serio problema en los pulmones y estaba ya desahuciado; gentes allegadas a él y que conocían bien al Hermano Bruno, le pidieron el favor de que lo encomendará a la Santísima Virgen de San Juan
A los dos días el Hermano va y les dice: su encargo esta realizado ya y, efectivamente, ese día desapareció el mal, y aún vive en San Juan de los Lagos.[1]
Dios actúa por diferentes medios y, según estas personas, el Señor y María Santísima escucharon las súplicas del Hermano…
El perro Max:
Cuenta la leyenda que un día, por la calle Benigno Romo, el Hermano Bruno se encontró a un perro. El animal había sido atropellado y se encontraba herido, entonces el buen Hermano comenzó a sobar la herida con un llavero que tenía la imagen de Nuestra Señora de San Juan. Al poco tiempo el perro se levantó y siguió al Hermano Bruno. Este perro fue fiel compañero del Hermano e iba con él a las clases, a los laboratorios y talleres y, cuando algo estaba mal, ladraba. El buen Hermano lo llevó a la casa y el perro se alojó bajo la escalera; los Hermanos de la comunidad no estaban de acuerdo con la presencia del perro y, por Navidad, quitaron cuetes a los niños y se les ocurrió amarrarlos a la cola del perro y encenderlos. Para esto, abrieron la puerta de la calle para que el animal se fuera despavorido. Prendieron los cuetes y estos no estallaron. Al ver esto los quitaron de la cola del animal y los tiraron al pasillo que está entre la casa y el Colegio y, cuál no sería la sorpresa, que esos cuetes sí explotaron…[2]
Otra leyenda sobre el Hermano Bruno fue la siguiente: se hizo una encuesta para conocer cuáles eran las personas más populares en la población. Preguntas van y preguntas vienen, y los encuestadores las van anotando. Cuál sería la sorpresa al darse cuenta que el segundo lugar de popularidad era, ni más ni menos, el Hermano Bruno, solamente superado por un viejo cargador de la plaza principal.
Fresnillo, Zacatecas.
En 1967 los Superiores lo envían al Colegio lasallista que entonces existía en Fresnillo, Zac. donde estuvo hasta 1971. Esos cinco años bastaron para que fuera muy admirado y querido también por los fresnillenses, siendo invitado como padrino de generación de sus alumnos de la preparatoria oficial Benito Juárez, de dicha ciudad.
En Fresnillo Zacatecas, se supo ganar el cariño de los alumnos del Colegio Fresnillo y de los de la Preparatoria oficial Benito Juárez, a donde fue invitado a dar clases.
Se cuentan sobre él algunas anécdotas y, estas es una de ellas: Recién llegado al Colegio, al rezar antes de cada clase, siempre invocaba a la Virgencita de San Juan, los alumnos le dijeron: Hermano, aquí hay una devoción muy fuerte al Santo Niño de Atocha, también invóquelo… al día siguiente lo invoca diciendo: “Santo Niño de Apache”, no había escuchado bien
Su pasión por la música y buena aceptación con las personas le facilita conseguir ir a tocar el órgano y cantar en las dos parroquias existentes en esos años: la Purificación y el Sagrado Corazón.
Fresnillo no contaba con un transporte público, así el Hermano Bruno se desplaza por la ciudad en su bicicleta y, cuando sale de sus clases vespertinas, en la Preparatoria Benito Juárez, en época de invierno, que oscurece temprano, lo identifican fácilmente por la luz fluorescente que instaló en su bicicleta y que es única en la ciudad.
En comunidad siempre trata de colaborar y, una acción comunitaria que le gusta es salir de paseo al campo y nadar en las piletas para riego en los ranchos de algunas familias del colegio Fresnillo[3].
De Fresnillo regresa nuevamente a San Juan de los Lagos en 1972 para permanecer aquí hasta 1999. año en que los Superiores juzgan conveniente enviarlo a Saltillo para cuidados de su salud.
[1] Sra Martha de Correa quien facilitó los contactos para estos hechos.
[2] Según cuenta la leyenda los autores fueron los HH Luis Arturo Dávila, Jesús Rubio y Torcuato.
[3] Colaboración del Hermano Enrique González Pérez compañero de comunidad.
Saltillo, el principio del ocaso
Sin duda, el ocaso de la vida del Hermano Bruno fueron los años de Saltillo.
Fue un ocaso que llegó como el sol que desaparece por las noches.
Su ocaso llenó el cielo de bellas tonalidades de colores: el rojo de su sacrificio y de su entrega al servicio de los demás… los celestes, de los ideales que vivió y sembró y los amarillos, de la luz que con su vida iluminó otras vidas…
Bello fue su atardecer, un ocaso luminoso que le permitió llegar a admirar la inmensidad de la gracia de Dios en su vida.
Saltillo le permitió al Hermano vivir bien cuidado, con su alimentación, medicamentos y horas de descanso a tiempo, no lo alejó totalmente del ruido de la escuela, ya que siempre eran un invitado especial en cualquier acontecimiento del Colegio Ignacio Zaragoza, y él iba con gusto, y quizá con cierta nostalgia de ya no estar en la vida escolar.
“El 17 de agosto de 2003 fue para el Hermano Bruno un día muy especial que se prolongó por 12 días, ya que regresó a su San Juan querido. El motivo, la “Primera piedra de la nueva sección de Secundaria y Preparatoria del Colegio Fray Miguel de Bolonia”. Desde su llegada se hizo notar el cariño con que se le recibió, las muestras de aprecio y simpatía hacia su persona, pues fueron 32 largos años que pasó al lado de la niñez y juventud sanjuanense.
Después de la bendición de la primera piedra, por el Señor Obispo Don Javier Navarro, invitó al Hermano Bruno a develar la placa conmemorativa que se hizo con su nombre, acto muy emotivo que arrancó muchos aplausos y muestras de cariño para con el Hermano.
Por la noche en una cena baile ofrecida por la ocasión, siendo muy notoria la asistencia del Hermano Bruno, quien robó cámara, pues un buen número de exalumnos se fotografiaron con él[1]”
2004. En un artículo del Hermano Pedro Vela Rodríguez, leemos: “!Y claro que los 83 años del Hermano Bruno fue un motivo de alegría y de celebración! En la Eucaristía dimos gracias al Señor por conservarlo con salud entre nosotros y por el regalo que significa para la comunidad su presencia y compañía… El Hermano Bruno se veía feliz.
Es notable su capacidad para sentir el afecto y el cariño de las personas, con frecuencia hasta las lágrimas, ya sea de los alumnos cuando lo llevan al Colegio a la hora del recreo o, como en este caso la visita de los Maestros. Me llama la atención la manera de cómo intuye cuánto se le quiere y se le estima, sin necesidad de muchas palabras, ya que tiene dificultad de escucharlas, pero se da bien cuenta, a través de la actitud y los gestos de atención, respeto y, muchas veces de ternura de los niños y adultos. Yo creo que estas sinceras manifestaciones nadie la resistimos, pues bien sabemos percibir el lenguaje del amor.”[2]
[1] Hermano Antonio Pulido “Esos altos de Jalisco” en La Salle México Norte noviembre 2003
[2] Hermano Pedro Vela: “El Hermano Bruno cumple 83 años” La Salle en México Norte septiembre 2004
Publicación por la que se dio a conocer su fallecimiento:
“Los 28 años de esta segunda etapa, sumados a los 5 de la primera, representan una porción muy significativa de su vida de entrega generosa a la educación cristiana de la juventud sanjuanense, que por muchas generaciones se viera favorecida con sus enseñanzas y, sobre todo, con su ejemplo de trabajo, sencillez, amabilidad, y constancia, entre otras cualidades.
También es digno de mencionar que, durante varios años, en los veranos, fue catedrático en la Escuela Normal Superior Nueva Galicia, en la ciudad de Guadalajara, Jal, a donde acudía un numeroso grupo de maestros de diferentes ciudades del centro y norte de México; también entre ellos se ganó el aprecio y admiración como físico-matemático y por sus cualidades personales.
Siempre muy querido y admirado entre los Hermanos del Distrito, quienes fuimos testigos del desgaste gradual y constante de su persona, en la entrega generosa de este valioso hombre, religioso íntegro, gran devoto de la Santísima Virgen, en su advocación de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, de quien fue entusiasta propagador de su devoción y, a quien atribuía haberle conservado la vida en el terrible accidente automovilístico que sufrió el 31 de diciembre de 1963.
La mañana del 25 de enero 2010, después de poco más de un mes de sufrimientos, a causa de su enfermedad, el Señor le llamó para llevarlo al Reino celestial, dejándonos un muy valioso legado.
Seguramente que María Santísima le habrá venido a recoger para presentarlo a su Divino Hijo e introducirlo en el Reino celestial y celebrar allá la ya próxima festividad patronal de Ntra. Señora de San Juan de los Lagos, ya que el Señor le recogió el primer día de la novena preparatoria a su fiesta.
Debemos sentirnos agradecidos con Dios, quienes tuvimos la suerte de encontrarnos en algún momento de nuestra vida o compartir unos años con el Hermano Bruno, pues ello fue una bendición de Dios.
Que el Señor le tenga en su Reino, ya que es fiel a su palabra y nos dijo: "Dichosos ustedes cuando los hombres los odien, los expulsen y los insulten o los difamen por Mi causa; alégrense porque tendrán una recompensa grande en el Reino de los Cielos". (Lc. 6, 22-23).[1]
[1] Redactó el Hermano Enrique González
Hombres ilustres de San Juan de los Lagos.
Entre los Hombres ilustres de San Juan de los Lagos el Hermano Bruno es considerado uno de ellos. En el libro: “San Juan de los Lagos frente a su historia”, hacen la siguiente presentación del Hermano, como uno de los hombres ilustres que vivieron en esa ciudad: Franz Joseph Gellrich Fishbach, “Hermano Bruno”.
Llegó en 1961 al “Colegio Bolonia”, como Hermano de las Escuelas Cristianas. Por su sencillez y humildad, así como por su preparación, se ganó el respeto y la admiración de todos. Por ello le pusieron su nombre a una pequeña calle de dos cuadras, en la privada de la calle “La Salle”, a unos cuantos pasos de la entrada del Colegio Fray Miguel de Bolonia, plantel donde impartía clases.[1]
[1] San Juan de los Lagos frente a sus historias.. cap. VII
Oración fúnebre por el Hermano Bruno
“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo… también es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas y que, al encontrar una perla de gran valor, va y vende todo lo que tiene y la compra”.
Esta es la historia del mercader de perlas del que nos habla Jesús en el Evangelio.
Esta es la historia de un hombre: Bruno, cuya vida sirvió a Jesús para hablar del Reino de los Cielos.
Esta es la historia de un ser humano que soñaba día y noche con el hallazgo de la hermosísima perla de incalculable valor, una perla que cambiaría por completo su vida.
Esta es la historia de una persona, de un Hermano que se pasó toda la vida rastreando por cientos de lugares: que dejó su tierra, Alemania, y pasó por Cuba, Fresnillo, San Juan, Saltillo... entre otros, buscando una gran perla, no encontró más que pequeñas perlas.
Por eso, aquí continúa la historia, tan breve como la parábola del Evangelio; cuando Bruno llegó hoy al Reino de los cielos se presentó avergonzado ante Jesús, portando sobre sus hombros un enorme saco de, estaba convencido, escasísimo valor. Jesús, entonces le pidió que mostrara lo que llevaba en su interior… Al principio, la vergüenza dejó a nuestro buen Hermano en un mutismo absoluto, pero cuando Jesús se lo pidió otra vez, no tuvo más remedio que vaciar el contenido y… entonces del interior del saco empezaron a salir cientos de nombres, de nombres con apellidos, de nombres, alguno de ellos con apodo incluido, de nombres con diminutivos, en fin, de toda clase y condición. Personas con las que se había encontrado por los caminos de la vida. Como decíamos en San Juan, andaba “Bruneando” casa por casa, negocio por negocio, en los Colegios donde trabajó, en las comunidades en que sirvió y que Bruno había metido en la única visera que no envejece con los años: el corazón.
Por eso cuando ya no quedaba ningún nombre en su interior, Jesús le sonrió y le hizo ver que su búsqueda había sido fructífera, que su vida no había sido baldía.
Y, es que solo la persona que es capaz de caminar por la vida, buscando pequeñas perlas, puede un día, encontrar la perla definitiva, al Nombre entre los nombres, al más grande de los mercaderes, al “Creador de las perlas”. Y, entonces sí, entonces…!Amigo, ya no es necesario buscar más!
Gracias, Hermano Bruno por tu testimonio, por los maravillosos nueve años que vivimos juntos en San Juan, por la devoción fuera de serie a Nuestra Señora de San Juan, tu entrega por llevar mi nombre, nuestros nombres en tu corazón y en tu vida. Por llevar ante Nuestra Señora de San Juan los nombres de tus Hermanos; de tus doctores y tus ángeles de la guarda: el personal que con gran caridad te cuidaron y aceptaron con cariño tus reacciones difíciles….
Hoy repetimos contigo: Por tu limpia Concepción y belleza sin igual… cúbrenos con tu manto Virgen Santísima de San Juan.”[1]
Después del funeral en Saltillo, sus cenizas fueron llevadas a San Juan de los Lagos y hubo una hermosa Eucaristía en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan; mucha gente asistió a esta celebración.
Muy notable fue la recepción de sus cenizas en San Juan de los Lagos y la celebración Eucarística, con la Basílica repleta de personas, que acudieron y besaron piadosamente su urna al término de la Misa. Muy impactante fue el grupo de, alrededor de una veintena de exalumnos de Fresnillo, que hicieron de madrugada el viaje de dicha ciudad, expresamente para participar en la Eucaristía y, despedir así, con cariño y respeto, los restos mortales de su antiguo maestro.
Sus cenizas están repartidas entre el columbario de Casa Central, en Monterrey y la capilla de la casa de los Hermanos, en San Juan de los Lagos, Jal.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Hermano Visitador, Luis Arturo Dávila, en la oración fúnebre