Hno. Gilberto Lozano
Hno. Gilberto Lozano
Introducción:
La presencia del Hno. Gilberto, o más bien, Gilo, como todos le llamábamos familiarmente, fue una gracia del Señor, por haber sido un Hermano que supo transmitir la alegría de la amistad y la fraternidad. Era el Hermano que tendía la mano, que ayudaba a levantarse si se estaba caído, que era aliento y, a la vez reto para hacer crecer y superarse. Era bondad, pero, a la vez, energía, escuchaba e impulsaba con sus órdenes, exigía decisiones y sostenía esfuerzos, fue cercano y, a la vez respetuoso, fiel al llamado del Señor que le fue exigiendo diversas responsabilidades de ser guía y acicate para sus Hermanos. Impulsor de nuevas obras, preocupado por la educación, supo abrir nuevo0sw horizontes e impulsar ideas para su renovación.
Su tierra:
En la bella ciudad de Nuestra Señora de Monterrey, la gran Sultana del Norte y Ciudad de las Montañas, nombre que recibe por las cordilleras hermosas que la rodean, desde el señorial Cerro de La Silla, la Sierra Madre, con Chipinque y las bellas formaciones de las Mitras, hasta el antiguo volcán del Topo Chico y el humilde Cerro del Obispado. Este es el entorno en que vio por primera vez la luz, el tercer descendiente de los señores Gilberto Ignacio Lozano Salazar y la Señora Francisca García, llegando a alegrar el hogar el 29 de diciembre de 1932. Era un hermoso niño que recibió el nombre de su papá: Gilberto Ignacio.
Sus primeros años los pasó en el hogar. En ese entonces, Monterrey, aunque ya industrial, era una ciudad tranquila. Su papá trabajaba en Cervecería Cuauhtémoc y su mamá al cuidado de la casa.
En 1942 regresan a Monterrey los Hermanos, si en 1908 fueron franceses, ahora son norteamericanos, quienes van a fundar el Instituto Regiomontano. Gilo, como se le conoció siempre, no fue uno de los primeros alumnos de este colegio, atendido prácticamente solo por Hermanos, la mayoría americanos, pero que hablaban bastante español. Había realizado su educación primaria en la escuela Simón de la Garza Melo.
Fue hasta el año de 1945 cuando pasó a formar parte del Instituto Regiomontano, siendo de los alumnos que inauguraron el edificio de Chepe Vera. “Durante los tres años que pasó en esta institución, se distinguió por su asiduidad y puntualidad, por su dedicación al estudio, sobre todo a las matemáticas y a la botánica, obteniendo reconocimiento por ello pero, fue en el mes de abril de 1948 cuando el claustro de maestros y la Dirección del Instituto lo declaró como alumno distinguido, por sobresalir en estudio, comportamiento y actividades escolares”[1].
En 1948, al terminar su secundaria, se decidió a seguir los pasos de sus maestros y el 1 de julio de 1948 ingresó al Noviciado Menor de Tlalpan, siendo la primera vocación de la nueva etapa, del renacer de la obra lasallista, en la Sultana del Norte.
El director de esa casa de formación era el Hermano Luis Lozano, Hermano de gran experiencia pedagógica y de buen trato humano, que lo convirtieron en un excelente formador. Poco tiempo estuvo Gilo en el Noviciado Menor, ya que tenía terminada su secundaria y los 5 meses que ahí pasó fueron solo de preparación al Noviciado y de repaso de lo aprendido en la secundaria.
Un camino comienza:
Pasó al Noviciado el 26 de noviembre de 1948, e inició la etapa del Postulantado, un tiempo de preparación para la vida del Noviciado, vivido ya en la casa del Noviciado; dos meses para conocer la dinámica del Noviciado y preparar al joven para ese momento crucial y de gran importancia que es la Toma de Hábito.
25 de enero de 1949. El joven Gilberto Lozano García se convirtió en el Hermano Agustín Gilberto. Junto con su nuevo nombre y el Hábito religioso recibió un Crucifijo y el Nuevo Testamento, que llevaría siempre consigo.
Su Director de Noviciado fue el Hermano Dosas Lucien, hombre recto, firme y congruente, gran formador de mucha experiencia, ya que había sido Visitador de Antillas-México durante diez años y, anteriormente, Director del Escolasticado. De él aprendió la puntualidad, que le caracterizó toda la vida, la necesidad de la previsión y de una buena organización en todo. Sus compañeros de Toma de Hábito fue un buen grupo de gente valiosa y talentosa, pero que, desgraciadamente, solo han perseverado 5 de los 16 que ese día se entregaron al Señor.
Desde el tiempo del Noviciado tuvo una gran amistad con el Hermano Jorge Bonilla, a quien siempre lo llamaba Benito, su nombre de religión, y él mismo lo reconoce cuando le pidieron que agradeciera al Hermano Gilberto al terminar su periodo como Visitador: “¿Por qué debo ser yo quien haga este agradecimiento?” - “Porque tú eres su compañero de Toma de Hábito, le conoces, e hicieron juntos también la Profesión Perpetua-. ¡Es ya larga la amistad con él! y, en cierta manera, es una razón sentimental y de añoranza. Además, me siento a gusto haciéndolo” [2].
El Noviciado termina con el compromiso religioso de la Primera Profesión, mediante la cual realiza una entrega total a Dios para servir a sus hermanos, los niños y jóvenes que le son confiados; se consagra a Dios para una misión y en una comunidad. Ese es el sentido de: “Yo me consagro enteramente a Dios” después de haber puesto la vida en manos de la Santísima Trinidad: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con gran respeto delante de tu Divina Majestad, me consagro… fue el 26 de enero de 1950.
Primeros estudios pedagógicos:
El Escolasticado comenzó al día siguiente de sus Primeros Votos, dejando así el tranquilo ambiente monástico de la señorial región de Tlalpan y se trasladó al también señorial e histórico Coyoacán. La hermosa Quinta de los Olivos lo recibe. En esa propiedad hay dos comunidades: La Casa Central y el Escolasticado, casa que ofrece tranquilidad, aire puro y espacio para la expansión. El centro de estudios será la Normal Cristóbal Colón y el Director de esta casa, el muy querido Hermano Miguel Martínez, quien había sustituido hacía poco al sabio y docto Hermano Fernando Anzorena, nombrado Visitador General para Europa.
Los tres años de estudio pasan rápidamente. Todos los días se trasladan desde Coyoacán a Sadi Carnot, haciendo estudio de catecismo y lectura espiritual en el camino, así como momentos de oración y estudio. Primeras prácticas pedagógicas se suceden a paseos comunitarios y excursiones a las altas montañas: Ajusco, Nevado de Toluca, Popocatépetl, los hermosos campamentos en Valle de Bravo, que eran contacto con la naturaleza y formación al esfuerzo y sacrificio, pues había limitaciones económicas y de comodidades; eran tiempos rudos, pero no por eso menos hermosos.
Su preparación académica no terminó ahí, ya que por más de 15 años se especializará en diferentes áreas del conocimiento, para ser un maestro competente y realizar una enseñanza de calidad. Sus estudios los realizará en la Universidad de Coahuila, cursando las siguientes especialidades: Ciencias Sociales, Física Matemáticas y Pedagogía.
En estudios religiosos obtuvo los Diplomas del Curso fundamental y del Curso medio, además de haber vivido dos Cursos de espiritualidad lasallista, el primero en Roma, de enero a mayo de 1970 y, el segundo en agosto de 1978, en América del Sur, además de ser un gran lector, como parte de su formación permanente.
1953. Provisto ya de su título de Profesor de Educación Primaria llega al Colegio La Salle de León, que estaba en su segundo año de existencia, ya que había sido fundado el 11 de febrero de 1952. Lo reciben como maestro de segundo grado de Primaria.
Serán sólo algunos meses que el Hermano Gilberto va a permanecer en esta hermosa obra que se iniciaba, ya que una terrible meningitis le atacó, con el peligro de llevarlo a la tumba. Regresó a la capital para ser atendido y de ahí fue enviado a Acapulco, donde fue atendido por la familia Bergeret, de origen francés, quien lo recibió como un hijo más y lo cuidó con sumo cuidado hasta que logró recuperar su salud.
Tierras Regiomontanas, Esto Vir:
A fin del año de 1953 es enviado a su ciudad natal, a su Colegio, donde floreció su vocación: el Instituto Regiomontano. Durante algo más de diez años formará parte de esta institución y de una gran comunidad religiosa.
Su estancia en esta obra fue de 11 años, primero como profesor de Primaria, un año y, después de 1º y 2º de Secundaria, además como responsable de deportes y Banda de Guerra. En el curso 1958- 59 es nombrado Director de la Primaria y, un año después, como Director de la Secundaria, volviendo nuevamente a la dirección de la Primaria. Dos veces desempeñó estos mismos puestos, de acuerdo a las necesidades del Instituto Regiomontano.
Joven religioso de apenas 25 años va a asumir la tarea de maestro y, muy pronto la de Inspector de Primaria y después de Secundaria. Hombre de grandes cualidades que supo influir en sus alumnos y ellos lo van a reconocer como un gran formador: “Desconocemos los proyectos de vida que se gestaban en la mente del profesor durante esos años de su carrera, como tampoco recordamos la mayoría de nuestras emociones y preocupaciones de niños. Sin embargo, el mensaje medular de esa época ha quedado grabado y ha dejado huella imborrable en nuestras almas.
La formación de nuestros caracteres de hombre se dio en esa temprana edad, bajo el influjo innegable de su presencia. Él despertó en nosotros los lazos de aprecio y amistad, así como un auténtico afán de vocación al trabajo, presencia de valores y una inclinación al servicio a la comunidad.
Sus exalumnos de los primeros años como profesor y coordinador, recuerdan de él: su claridad intelectual, profunda cultura humanística, una sana y realista visión del universo, que nos abrió una ventana al conocimiento.
Su influencia más trascendente se fincó en su calidad humana, su consistencia entre el pensar y el actuar y su definida honestidad profesional”[3].
[1] Memoria del Instituto Regiomontano de 1947-1948
[2] Jorge Bonilla SS en La Salle en México Norte,
[3] Raúl Cadena “Homenaje al Hermano Gilberto Lozano” en la Salle en México 2002
Antiguos alumnos del Regiomontano con sus maestros Gilberto Lozano, Jorge García, el Dr. José Luis Aguilar y Oscar Madrigal
Primero se desempeñó como profesor de primaria y secundaria; viendo los superiores sus cualidades le nombraron Coordinador de la primaria y después de la secundaria, desempeñando un papel notable como líder y como mediador en situaciones difíciles.
En el curso escolar 1963-64, último año del Hermano Gilberto en Monterrey, la comunidad y, también el colegio, tuvieron la pérdida del Hermano Director Humbertino Magaña, que dejó el Instituto.
De tiempo atrás, el Hermano Gilo y el Hermano José Sánchez se dieron cuenta del problema, lo comentaron con el Hermano, y este lo negó, después se lo advirtieron al Hermano Visitador, Víctor Bertrand, quien le ofreció la posibilidad de que fuera a estudiar a Europa o a los Estados Unidos, como oportunidad a que recapacitara, pero él ya había decidido; fue entonces cuando el Hermano Gilo tomó el liderazgo, apoyando y animando a los Hermanos de la comunidad.
Director fundador de Chihuahua:
“La obra lasallista de Chihuahua fue fruto de una larga espera. Tres sacerdotes le llamaron ‘proyecto generoso’, pero el Hermano Bernardo Grousset le agrega los siguientes calificativos: ambicioso y utópico. El 11 de marzo de 1959, el Sr. Arzobispo, don Antonio Guízar y Valencia, manda la petición de la obra a Roma y en septiembre de ese mismo año se bendice e inaugura el Instituto La Salle de Chihuahua. Desde 1963 los Hermanos Visitadores reciben reiteradas peticiones para abrir la comunidad de Chihuahua. Con el cambio de Hermanos Visitadores, será el Hermano Víctor Bertrand quien va a realizar esta obra. Se escoge como Director fundador al Hermano Gilberto Lozano García, quien tiene una experiencia pedagógica envidiable, que va a poner al servicio de la obra lasallista de Chihuahua” [1].
El mismo Hermano Gilberto escribió en el histórico de la comunidad lo siguiente:
“Fue el 15 de agosto, día de nuestra Madre Santísima, cuando definitivamente llegamos el Hermano Antonio Pulido y un servidor.
Nos fuimos aclimatando… buscamos casa, consiguiendo muebles, sirvienta, agua, luz, gas, matriculando alumnos, pagando deudas…
Después de dedicar todo un sábado y un domingo visitando casas, 13 en total, conseguimos la que ponemos a sus órdenes en Carbonel 2107. Teníamos casa, faltaban los muebles, pero para no seguir gastando en hotel, conseguimos unos colchones y fue lo único que tuvimos, por espacio de varios días… sigue hablando de la situación económica y dice: “nuestra caja estaba vacía”.
El día 31 de agosto llegó el Hermano Antonio Deloya… Inmediatamente sentimos el espíritu de Iglesia con las Damas del Sagrado Corazón, las cuales al visitarlas nos ofrecieron las comidas: desayuno, comida y cena que aceptamos durante quince días”[2].
Durante siete años dirigió el Colegio; él fue quien puso los cimientos verdaderos del Lasallismo en Chihuahua, gracias a su competencia, su don de organizador y sus relaciones humanas, aunadas a sus iniciativas, con lo que logró en poco tiempo dejar el viejo colegio de Nombre de Dios y trasladarlo al lugar actual. El Hermano Gilberto, con sus decisiones claras y precisas, contribuyó en mucho en la resurrección de esta obra que estaba agonizando.
En un artículo de periódico de la época se relata lo siguiente: “El establecimiento del Instituto La Salle, con todo y la ayuda de miembros notables de la sociedad, no fue tarea fácil y presentaba muchos obstáculos a superar para sus fundadores. Uno de los inconvenientes mayores fue el edificio, que mostraba varias deficiencias, ya que estaba cimentado sobre un terreno muy irregular y estaba cercano a las vías del ferrocarril, por lo que los alumnos con facilidad perdían la atención en las clases. La comunidad organizada tuvo que buscar medios para que la idea original no se truncara. De esta manera, en 1964, llegan los Hermanos de la Congregación de La Salle, quienes para beneficio de la comunidad asumieron la responsabilidad del Instituto.
De acuerdo con el Hermano Gilberto Lozano, quien a la edad de 31 años fungió como Director del Instituto, el principal reto a vencer era la desconfianza entre los padres de familia, ya que el colegio no reportaba ganancias económicas y tenía inscritos muy pocos alumnos. Sin embargo, con la esperanza en el mejor aliento, las madres de familia empezaron a trabajar día y noche por el beneficio de la escuela, mencionaba el Hermano Lozano. Se nombró como presidente del patronato a Jesús Mesta y la parte económica empezó a tener otra dimensión, lo que despertó mayor confianza en la comunidad.
El futuro pintaba alentador, por lo que, con una visión integral que involucraba al estudiante, la familia y la comunidad en un nuevo proyecto educativo, se organizó una reunión con aproximadamente 30 empresarios para exponerles el cambio de ubicación del Instituto, quienes apoyaron la obra para que en corto plazo se estrenaran instalaciones. Así, con el apoyo de Don Tomás Valles, quién donó no sólo las dos hectáreas que se requerían, sino diez, en la superficie que actualmente ocupa el colegio, se iniciaron las obras de construcción.
Llegamos sin nada ante la visión negativa por la localización de la escuela y, tenerla que cambiar fue una experiencia que nos enriqueció como seres humanos, ya que hombres y mujeres empezaron a apoyar, poniendo en nuestras manos una confianza ilimitada, mencionaba el Hermano Gilberto Lozano.
El entusiasmo por realizar la obra era tal que se organizaron los miércoles deportivos, bailes y kermesse, entre otras actividades, con la finalidad de reunir fondos para el nuevo colegio.
Con el apoyo de CAPCE, organismo gubernamental, se construyó en 1968 la primera etapa de un proyecto muy amable, luminoso y cómodo, donde se recibió al año siguiente a la comunidad educativa, conformada entonces ya no solo por alumnos de primaria, sino también de secundaria.
[1] Datos obtenidos de la Salle en México III páginas 383 y 384
[2] La Salle en México III, testimonio encontrado en el Histórico de la comunidad..
“El proyecto del nuevo campus, fue basado en la fe y el trabajo de muchos hombres y mujeres que hicieron suya la misión de ofrecer lo mejor para el desarrollo de la educación Lasallista.
Iniciamos la construcción de la primera fase del proyecto uniendo recursos generados por la Institución, aportaciones, donativos y con el apoyo de la comunidad en general”, declaró el Hermano Gilberto Lozano.
trabajaron para el mismo fin, pero autónomos. Entre estos grupos creció una vida social en torno al Instituto La Salle, siendo alma de ella el Hermano Gilo. Pronto nacieron iniciativas como lo fue la Rondalla, que alegraba las fiestas y el coro de padres de familia.
El espíritu cristiano prosperó y, con la canonización del Santo Hermano Benildo, en octubre de 1967 nace, por inspiración del Hermano Gilberto el grupo de oración San Benildo, que pronto se va a extender por las comunidades de Hermanos de México Norte, pasando después de la tercera convención Distrital, a México Sur.
La obra de animación y proyección sigue bajo el liderazgo del Hermano Gilo: construcción de la casa habitación de los Hermanos, construcción de los laboratorios de secundaria, en 1970. Ciertamente, quedaba mucho por hacer, y el liderazgo y la acción del Hermano Gilberto eran aún prioritarias, pero al Hermano Visitador le pareció que la proyección del hermano Gilo sería más amplia y necesaria en otro puesto.
Miembro del Equipo de Animación Distrital:
En agosto de 1971, el Hermano Gilo es llamado a formar parte de la naciente Casa Central, como primer Responsable Distrital de Educación. Se iniciaba una organización diferente y se comenzaban a dar pasos lentos, pero seguros, en la renovación en todos los aspectos del Distrito. Al Hermano Gilberto se le encomendó el área de nuestro apostolado educativo. Pronto inició a hacer transformaciones, primero en el campo de la mentalización de los Hermanos y poco después ya en el campo de la educación en los Colegios.
El Hermano José Cervantes, cuando presenta al Hermano Gilo al Distrito, en cuanto mira a la educación, dice: Me llama la atención la gran tranquilidad y facilidad con las que Gilo se mueve en el terreno de la renovación: tiene ideas claras y precisas, es concreto en la realización. Valora la eficiencia, busca objetivos precisos y, una vez que los descubre, los alcanza con un rigor a toda prueba… No solo está abierto a toda idea positiva y renovadora, sino que la promueve, como ha sido en la Educación Personalizada.[1]
El Hermano José Cervantes que había llamado al Hermano Gilo a ser miembro de la Casa Central, lo pide al Hermano Superior General Charles Henry, como su Visitador Auxiliar y es nombrado en 1972. En su mensaje de diciembre de 1974 dice: “Pretendí un mando colegiado con el Hermano Viceprovincial para asuntos académicos, Gilberto, con el Hermano ecónomo provincial, José Aceves. La comunidad provincial ha resultado muy positiva, ya que permite el encuentro, el sostén y la evaluación.
El Hermano Gilberto pasó cuatro años como Encargado de Educación, de los cuales tres como Viceprovincial, siendo siempre una persona positiva y propositiva, que buscó el cambio y la renovación en todos los aspectos de la educación ofrecida por los Colegios.
[1] José Cervantes “Perfil de nuestro nuevo Hermano Visitador” en la Salle en México Norte.
IV Hermano Visitador de México Norte
En el III Capítulo de Distrito, celebrado en Hermosillo, Sonora, en diciembre de 1974, se hicieron las tres votaciones para elegir a nuestro nuevo Hermano Visitador; en las dos primeras siempre el Hermano Gilberto estuvo a la cabeza de la votación; la tercera votación se cerró ahí mismo, en presencia del Hermano Asistente, Rafael Martínez y se envió a Roma. En unos 20 días llegó la respuesta esperada: El Hermano Visitador será el Hermano Gilberto Lozano García.
El dos de febrero de 1975 es nombrado como cuarto Visitador de México Norte. La bienvenida oficial que se le dio en la revista la Salle, el Hermano José Cervantes presenta magistralmente a su sucesor:
“Durante seis años ocupé la página preferente de la revista donde, bajo el rubro de Editorial, he procurado palpar la vida de los Hermanos del Distrito… estas últimas líneas quieren interpretar el momento que vivimos y que nos concienticemos en el “Acoger” a nuestro nuevo Superior.
Gilo no necesita presentación. Ha coadyuvado en la animación del Distrito desde hace cuatro años. Describirlo sería perder la dimensión más humana en él. Por eso he pensado en un perfil vivo.
Durante cuatro años he tenido el privilegio de conocerlo más de cerca, a través de nuestra estrecha colaboración en la animación del Distrito.
¿El privilegio? Sí, porque he conocido a un Gilo humano… original, activo, brillante en sus intuiciones, tanto en el diario trato como colaborador mío, como animador – asombrosamente incansable- del área educativa, preferentemente.
No solo está abierto a toda idea positiva y renovadora, sino que las promueve, comprendiendo que, para un educador siempre existen muchas más tierras por conocer, que territorio conocido.
Desde un punto de vista práctico, posiblemente, ningún Visitador antes en el Distrito, había sido tan Providencialmente preparado para serlo. Conoce el Distrito desde hace cuatro años. Es estimado y apreciado por los Hermanos, Maestros y Padres de Familia. Al pretender realizar con él un “gobierno colegiado” le pedí que me acompañara a los Retiros de Hermanos Visitadores de la Asistencia y a las reuniones de la CLAP, en Guatemala y Buenos Aires. En ambos organismos es conocido y altamente valorado.
Lo asombroso del camino por el que el Señor ha conducido a Gilo, no es solo el que haya sido capaz –y hasta con cierta facilidad- de promover la no fácil renovación educativa que vivimos en estos momentos, sino que, como un reflujo natural esto ha influido también en su vida personal. Los cambios personalizantes que promovió, creo, que mejoraron su capacidad de relación.
Sabe por propia y, quizá dolorosa experiencia, que la relación interpersonal es difícil y no escapa a la posibilidad del conflicto. Esta conciencia lo hace más realista en su enfoque y toma de decisiones. En medio de este proceso vivido, lo asombroso es que Gilo no solo lo ha experimentado positivamente, sino que ha sabido mantenerse fiel a sí mismo. Esto es una prueba del profundo equilibrio que ha logrado y que caracteriza a su persona. Nunca será débilmente complacido, pero nunca tampoco su exigencia irá tan lejos como para pasar sobre la persona, cuando sea la vida misma que esté en juego.
Si Gilo ha logrado todo esto, ello no se debe, seguramente a conocimientos y técnicas especializadas y, menos aún, por “dejarse llevar por una corriente”.
No es un frío y científico calculador, como tampoco un joven impulsivo que todavía se restriega los ojos para ver el camino. Más bien mezcla equilibradamente la antigua sabiduría de sus formadores con el “savoir faire”, de los primeros Hermanos con los que convivió, como un Lacás, un Bertrand y, todo ello cuajado en experiencias vivas e intensas, como la animación del Regiomontano o la resurrección del Instituto La Salle de Chihuahua.
Gilo nos brinda ahora lo mejor de su persona, lo mejor de su experiencia, en el mejor momento de la vida.
Quizá, muchos Hermanos le conocen solo su dinamismo ejecutivo, su capacidad de dirección, su afán de síntesis. Sin embargo, Gilo es profundamente humano, profundamente sensible a la relación, de gran resonancia emotiva y expresiva calidad y fidelidad en la amistad.
Todas estas cualidades lo harían, ciertamente, más que un digno superior nuestro. Pero no es por todas estas cualidades por las que lo reconocemos ahora como nuestro primer animador y último responsable del Distrito.
Hay una nueva dimensión, solo descifrable “en clave de fe” y, aquí sí, como en la parábola evangélica, “el que tiene oídos para entender, que entienda”, ya que ha sido designado por nuestro Superior General, el mismo depositario del carisma y de nuestra promesa de fidelidad y de obediencia, como nuestro primer intérprete y último autentificador de la VOLUNTAD DE DIOS… y esto, por encima de toda cualidad o limitación personal.
Sabemos que la supervivencia de nuestro Distrito descansa en la fidelidad y que la fidelidad es acción de la FE.
Sabemos también que, la nueva misión de Gilo, como VISITADOR, sus funciones como primer animador y promotor de la vida del Distrito, dependen de la calidad de colaboración que le brindemos. Habiendo conocido a los Hermanos, la calidad de nuestro Novicios y la generosidad de nuestros Aspirantes, puedo asegurar que cuenta con la adhesión en la fe de todos nosotros. Vemos en él una nueva primavera, un impulso joven, un estilo diferente y vivificador.
Le deseamos a él también que sea esta experiencia de su vida una experiencia feliz, una etapa constructiva de su vida y de la vida de todos nosotros.[1]
La toma de posesión como Hermano Visitador del Hermano Gilberto se realizó en el CLES, el día 22 de febrero de 1975. Este acontecimiento reunió a muchos Hermanos, no solo de la región; fue un momento de fiesta de familia en el que se le expresó nuestra obediencia y la alegría de que se encontrara entre nosotros como nuestro guía y superior.
Su primera editorial en la revista fue para invitar a los Hermanos a ser “Testigos de Jesucristo”, sintiendo con Jesús, sintiendo con los apóstoles y, sintiendo con nuestros Hermanos, haciendo el centro de nuestra energía la figura de Cristo.
Su personalidad se vio claramente reflejada en su forma de llevar al Distrito. Su actividad fu notable. Pronto presidió una Toma de Hábito, asistió a la IV Convención del Club San Benildo, en León, Guanajuato, dando un alentador mensaje. Organizó la primera Reunión Interdistrital de Directores de Comunidad y de obra, en Guadalajara, siendo en esto pionero de este medio de formación permanente para los Hermanos Directores.
Una de sus preocupaciones fundamentales, como Hermano Visitador, fue la renovación de la vida comunitaria, como lo muestran sus 16 visitas a las Comunidades en sus seis años, cosa que le facilitó el diálogo y el encuentro con todos los Hermanos. Promovió el Proyecto Comunitario.
En su último informe escribe: “Hay tendencias suficientemente caracterizadas hacia una vida religiosa que busca formas de integrar la contemplación con existencia concreta, hacia una vida comunitaria más fraterna y sencilla”; “Mi juicio sobre nuestra consagración y vida comunitaria es más bien positivo” [2].
Otro campo en el que trabajó arduamente durante su mandato fue la renovación Catequística: se comienzan las reuniones para la renovación de los textos de Catecismo, se integra a las Madres de Familia como catequistas, en un buen número de colegios. Se planifica el trabajo apostólico en cuatro áreas: Catequesis, Justicia, Grupos Apostólicos y Pastoral Vocacional.
Hay dos hechos dolorosos, a causa de las transformaciones que él vio necesario hacer: primero, las Casas de formación sufrieron cambios y vivieron crisis, tanto en el Aspirantado de León como en el Escolasticado.
Se realizó la venta del Aspirantado de León y el traslado de los Aspirantes a Guadalajara. El reclutamiento, en algún año, se dejó a responsabilidad de las Comunidades, sintiéndose los efectos en el número precario de los novicios y de los aspirantes.
1977. El segundo hecho fue el traspaso del Colegio De La Salle de Matamoros. Algunas causas: la situación económica se hizo insostenible por la falta de población escolar, se tenía un adeudo incumplible por pagar, además de la falta de Lasallistas en el personal docente y la necesidad de rehacer el prestigio del colegio y de los maestros. Analizando la situación pastoral, educativa y económica del Colegio De La Salle, el Consejo decidió que, al finalizar el curso 1976-77 se retiran de la obra, proponiendo al Señor Obispo alternativas para la continuidad de la
obra. Fue el Hermano Visitador, Gilberto Lozano, quien hizo toda esta negociación.
La actividad del Hermano Gilberto en las Casas de formación fue mucho de presencia, asistió y presidió las Tomas de Hábito de los Hermanos novicios, convivió con los Hermanos jóvenes del Escolasticado estableciendo lazos de fraternidad y amistad. En cuanto al Aspirantado, procuró su modernización, no siempre con el éxito esperado; quiso borrar de un trazo lo que se había formado por años con el Hermano José Luis Casillas y el resultado no fue bueno; los cambios se hacen lentamente en la vida y en las obras.
[1] Hermano José Cervantes: “Perfil de nuestro nuevo Hermano Visitador” en La Salle en México Norte, marzo 1975
[2] La Salle en México, # 241
Toma de Hábito, en Guadalajara, presidida por el Hermano Superior General, José Pablo
Basterrechea. El Hermano Gilberto Lozano era el Hermano Visitador.
Desde el año de 1977 el Hermano Visitador convocó al IV Capítulo de Distrito. El Hermano Gilberto invitó al Hermano Superior General y al Hermano José Cervantes, Consejero General. Las fechas programadas fueron del 20 al 25 de marzo de 1978. Ellos no pudieron aceptar la invitación.
ENTREGANDO EL SANTO HÁBITO AL FUTURO HERMANO VICARIO GENERAL, JORGE GALLARDO DE ALBA
El Hermano Visitador abrió solemnemente el Capítulo, que se realizó en Monterrey, en el Instituto Regiomontano, el último en que participaron directamente todos los Hermanos. Hubo diálogos y discusiones interesantes ante algunas propuestas. Por lo general el ambiente fue bueno; ahí se realizaron las votaciones para la renovación del mandato del Hermano Visitador, Gilberto.
El 17 de abril de 1978 se recibió la nueva obediencia para el Hermano Visitador, Gilberto Lozano. En septiembre de ese mismo año, el Consejo General felicitó al Distrito por el IV Capítulo Distrital.
Gracias al Hermano Visitador, Gilberto. la economía fue planeada y organizada con precisión; se inició con la formación del Consejo económico, se elaboraron tabuladores de sueldos, se pidieron y se logró que las Comunidades y Colegios realizaran su presupuesto de operación anual y se establecieran políticas distritales y, se llegara así a una economía precaria, pero ya sin deudas.
En el área educativa, el Hermano Visitador impulsó la educación personalizada, se definieron los manuales de puesto: Coordinador, Maestro, la elaboración del Proyecto Educativo de los Colegios, la creación distrital del programa de evaluación académica y un modelo de evaluación de nuestros colegios, registrándose un crecimiento notable de alumnos y, a la vez, el problema de la rotación de maestros.
En 1976 el Hermano Visitador Gilberto fue nombrado delegado por el Distrito al 40º Capítulo General, juntamente con el Hermano José Cervantes, que iba como representante de América Latina norte. Antes de ir al Capítulo, señaló: ”Veo en la convocatoria al Capítulo, veo en mi elección, veo en tu participación a dicha elección y en tu lectura de interiorización de los documentos, veo que es Cristo quien nos convoca a ti y a mí a rencontrarnos con nuestros Hermanos del mundo a través de la amistad, la comunión, el intercambio, la fraternidad y en ese ambiente de dinamizar nuestra Familia Religiosa.
Pienso ser en Roma, ante el Instituto, ante esa Comunidad Internacional, el testimonio del Hermano en esta porción de México Norte. Allí estarás tú presente, tus capacidades, tus valores, tus vivencias y limitaciones”[1].
En el plan de trabajo para su último año marca las prioridades que ocuparán su labor: Relacionarme personalmente con cada Hermano.
Evaluar el Proyecto Comunitario de cada comunidad y dialogar, supervisar el desarrollo de cada Institución.
Sus visitas eran largas, cercanas, convivía con los Hermanos, oía sus preocupaciones y alentaba sus esfuerzos. En la visita a la comunidad de Acapulco, que era la última comunidad en visitar, pasaba unos días, parte de descanso y parte de visita, teníamos el honor y el placer de convivir con Don Gilberto, su papá, incluso algunos días después de que el Hermano Visitador había terminado su visita. Siempre lo sentimos cercano, amigo y fraterno.
Su preocupación por la renovación de la vida comunitaria fue notable, como lo muestran las 16 visitas a las comunidades en sus seis años de gobierno; estas visitas facilitaron el diálogo y el encuentro con los Hermanos. Promovió el “Proyecto Comunitario”. En su último informe resalta: “Hay tendencia suficientemente caracterizada hacia la vida religiosa que busca formas de integrar la contemplación con la vida comunitaria, más fraterna y sencilla, e hizo una declaración muy personal: “Mi juicio sobre nuestra consagración y vida comunitaria es más bien positivo”[2].
Sus colaboradores más próximos fueron los HH.: Manuel Padilla, Ecónomo, Salvador Valle, Educación, Pedro Vela y Enrique Vargas, Pastoral vocacional y Catequesis, respectivamente.
Una actividad en la que participó con acierto fue en el Consejo Directivo de la Universidad de Monterrey; su voz fue escuchada y colaboró activamente en la consolidación de esta casa de estudios[3].
Una nueva obra se empezó a gestar. Desde 1977 los Hermanos norteamericanos, del Distrito de San Francisco, habían trabajado en Tijuana; los dos Hermanos Visitadores inician un diálogo para ponerse de acuerdo con la fundación de la Obra de Tijuana; una reunión se realiza en San Francisco y una segunda en Monterrey. Se ven puntos comunes y se decide que los Hermanos llegarán a Tijuana en agosto de 1981, ya cuando el Hermano Gilberto había terminado su mandato.
Propició el estudio de los Hermanos en el país, acabando así, en cierta forma, el auge de ir a estudiar fuera del país, que venía del tiempo del Hermano Cervantes, ya que él consideraba que dentro de nuestra patria había todas las posibilidades de estudios.
Durante sus seis años como Hermano Visitador, la crisis de perseverancia continúa. En el Distrito había 137 Hermanos, pero las defecciones crecieron en 1.01 % cada año.
La última editorial del Hermano Gilberto, bajo el título: “VIVIMOS”, expresa lo siguiente: “Son muchos los que creen y confían en nosotros. Debemos comprometernos, cada vez más, con las comunidades educativas a través de nuestro ministerio. Nuestras palabras y acciones serán más creíbles y acercarán más personas a Jesús, si hablamos lo que vivimos”[4].
Como Hermano Visitador se manifestó como un hombre fiel, fidelidad basada en su fe, que supo afrontar problemas serios con serenidad y firmeza, exigió y se exigió una vida religiosa auténtica, vivió la austeridad e invitó a todos los Hermanos a vivirla; supo brindar a sus Hermanos lo mejor de su experiencia, la amistad y la cercanía, tanto para con los Hermanos como para con todas las personas que trató en el devenir de su vida.
Una editorial en la revista la Salle que le llenó de alegría es la siguiente: “Acabo de firmar el pago de la última letra con lo que se termina la deuda del Distrito, esto nos invita a que seamos más conscientes de nuestras limitaciones y del buen uso que debemos hacer de nuestros recursos, siempre con sobriedad…” Una preocupación y una ocupación del Hermano Visitador Gilberto fue el buen uso de los bienes y una administración clara, exacta, evitando todo gasto superfluo.
El Hermano Jorge Bonilla, su amigo y compañero desde el Noviciado, fue el encargado de escribir el agradecimiento y, a la vez, despedida al terminar sus años como Hermano Visitador:
Chistosamente se pregunta: ¿No sé si se trata de una despedida, o de un obligado gesto de gracias, o de una síntesis de gestiones de gobierno? Él mismo se contesta: Despedir, que trabajo cuesta, poca cosa sería si solo hago lo segundo: solamente agradecer es no dar realce a una labor que mucho tiene de imponderable. Y si solo por lo tercero, sería algo frío y protocolario. Pero si juntamos los tres posibles motivos: despedida, agradecimiento y análisis, los tres a un tiempo, y que se reflejan en cada uno de nuestros gestos, vivimos junto con Gilo la nostalgia del que se va, con el afecto de los que nos quedamos, y Gilberto nos deja como riqueza los beneficios directos de sus seis años de gobierno. Gracias, pues, Gilo y que te vaya bien, y gracias por lo que hiciste, para que tu gestión fuera positiva.
Cuando un hombre ocupa un puesto de importancia está como en el vértice de una pirámide. Si en la base de cualquier pirámide hay muchas piedras, arriba, en la cúspide, sólo hay una: sola, expuesta a los cuatro vientos, la más rápidamente gastada por la erosión y la que al gastarse hay que reemplazar, para que las de abajo no se desgasten. Si existe la piedra angular, existe también la piedra vértice en la pirámide, que es el punto de convergencia de lo que sube desde abajo: cualquier línea que al desplazarse hacia arriba no pasa por la piedra vértice está fuera de la armonía simétrica de la figura, es más, o la divide o la mutila. Alguien con acierto dijo: “todo lo que sube converge”. La forma piramidal se toma como la estructura geométrica que capta más energía del cosmos, a condición de ciertas proporciones. Así, en estos puestos de responsabilidad, en que el vértice señala altura, límite y convergencia, el vértice capta como una antena, la energía que después distribuye hasta la base.
Ahora podemos entender la analogía: Me refiero solo y por comparación al lugar que inevitablemente ocupa, por designio de Dios, un Hermano Visitador, en nuestro caso Gilberto: por seis años ha sido Gilo, piedra vértice.
Sentiste, Gilo, seguramente, la soledad del jefe, y el clima de desierto que purifica, pero que también gasta; sentiste la altura que convierte la voz en eco que engaña, haciendo del diálogo ilusión. Tiempo de seis años que pintaron las sienes de blanco, cansaron tu cuerpo en el camino, pero llenaron de experiencia tu espíritu. Esto fue, para ti, el puesto. Pero hay más, te acercó al Señor por tus Hermanos, te enseñó que en los Hermanos la juventud, no es solo primavera y esperanza, que la vejez es más experiencia que cansancio y, que gobernar es más servir, que ser hábil. Creo que te enseñó también que el gobierno entre nosotros es rezar antes de decidir; testificar, antes que hablar y escuchar al Espíritu que guía hacia Jesús, antes de empezar a caminar. Experiencias vitales que nunca apreciarás bastante. Sin embargo, tu experiencia fue nuestra riqueza.
Te agradecemos tus diez años en la Coordinación Central. Bien sabe Dios lo que estos puestos aíslan y aniquilan espiritualmente: sin grupo pequeño que alimenta a diario el afecto comunitario, sin el cual no se vive. Diez años, que, aunque uno sea muy entero, no se aprende lo bastante a ser misionero itinerante, con domicilio oficial, que con frecuencia ocupaste por las exigencias del cargo: ¿A quién le gusta ser visita permanente o caminante perpetuo?
El autor del artículo ahora enumera una serie de cualidades del Hermano Visitador Gilberto que, ciertamente, eran de él e hizo gala de ellas en sus relaciones y en su trato con los Hermanos.
Precisión en la organización de cualquier cosa. Puntualidad, un concepto que nunca fue relativo para el Hermano Visitador. Para él la puntualidad significaba respeto a la persona, al grupo y a la institución y deferencia para con Dios, Señor del tiempo.
El pasaje de Isaías: “No romperá la caña desquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea”, se le puede aplicar al Hermano Visitador, Gilberto; muchos Hermanos jóvenes, de ese tiempo, le deben, después de Dios, que hayan permanecido entre nosotros. Con palabra convincente, profunda y comprometedora, que hizo que reflexionaran y enderezaran actitudes incompatibles con lo nuestro. Siempre tuvo una oportuna intervención como Pastor y de su solicitud pastoral, sobre todo con los Hermano jóvenes.
Supo ser amigo de los Hermanos jóvenes, vivió muy de cerca con los Hermanos Escolásticos que, algunas veces lo tacharon de “pasalón” y falto de seriedad, por participar en sus fiestas y compartir el pan y la bebida; ciertamente, algunos jóvenes Hermanos abusaron de la bondad y de la fraternidad del Hermano Visitador, aunque bien sabía él que no todos eran sinceros, pero su afán pastoral era grande.
Otra característica del Hermano Visitador Gilberto es que se supo rodear de gente capaz. La Comunidad de la Casa Central fue un centro de interpretación carismática: la catequesis, la pastoral vocacional, las finanzas, la educación, tienen avanzado un pensamiento básico, con raíces en lo que es serio. No tardan en dar frutos: serán trayectorias que partirán de abajo hacia la cúspide. Para gloria de Dios.
Otra característica distintiva del Hermano Gilberto fue haber aceptado el puesto como el “hombre del momento”. El hombre del momento no desconoce la labor del pasado. Hace síntesis en su persona de la gestión de los anteriores. Tomaste como raíces, los hilos de nexo con el ayer, asumiendo la labor de un Grousset, de un Bertrand, de un Cervantes y, a esta inmensa riqueza nos entregaste seis años de gestión, una pirámide armónica, con posibilidades de captar la fuerza del cosmos, en lo que tiene de evangelizador: fuerza en la comunidad que fabrica su proyecto, fuerza del pobre que aun busca ser evangelizado… Aceptaste, Gilo, un pasado, asumiste un presente y nos entregas, para manejar, un futuro…
Cada uno de nosotros tiene en su corazón un espacio para agradecer a Dios por la persona del Hermano Gilberto… Recuerda nuestros días, como nosotros recordaremos los tuyos. Toma distancia del puesto que dejas y di con nosotros ¡adelante!, sí Dios es servido”[5].
América del Sur… Colombia, su nuevo destino.
1981. El Hermano Gilberto es nombrado Secretario de la RELAL, Organismo de reciente creación, con sede en Bogotá, Colombia. Fue obra de 40º Capítulo General. En el corto tiempo que fue Secretario le va a tocar la organización de dos eventos importantes: El Encuentro Sobre la Misión RELAL, que se realizó en julio de 1981, con la asistencia de cuatro Hermanos por Distrito y, cuya finalidad era: Acercamiento a la realidad Latinoamericana, marco doctrinal: Fundador, educación, catequesis y proposiciones concretas y operativas. Este encuentro duró del 26 de junio al 31 de julio, en Sosaima, Colombia.
Le tocó, ya como despedida, la organización de la “Segunda Reunión de la RELAL”, en la ciudad de México. La pregunta fue ¿Para qué nos reunimos? Y la respuesta fue sencilla: evaluar la reunión de Lima, que dio origen, en 1979 a este Organismo y lanzar nuevos programas, a base de estudio de prioridades, que la CLAP tiene que poner en marcha. Al final de esta reunión, el Hermano Gilberto agradeció y deseó toda clase de parabienes a su sucesor, el Hermano Carlos Alveano Hernández. Su estancia había sido muy corta, apenas el año, ya que en febrero de 1982 es nombrado Hermano Director del Colegio Regis, de Hermosillo.
Una nueva etapa: Director del Colegio Regis
Llega en sustitución del Hermano Director, quien fue enviado al CIL de Roma. Su gobierno se va a caracterizar por la organización de las finanzas de este Centro educativo y por las relaciones cercanas que logra con la Sociedad de padres de familia, maestros y alumnos. Una cosa que se le puede achacar, fue que no renovó y no dio un mantenimiento adecuado al colegio. Este colegio daba la impresión de viejo y descuidado. Cinco años y medio pasaron rápidamente y nuevos horizontes le esperaban al Hermano Gilberto.
Dejó una honda huella su paso por el Colegio Regis, ya que su presencia, su cordialidad y gentileza, así como su modo de ser, le ayudaron a sembrar amistades y a tener relaciones significativas, como lo hizo desde que era Hermano joven. En al año de su muerte, en una ceremonia emotiva se le dedicó el Estadio de Beisbol del Colegio Regis, como “Estadio Gilberto Lozano”, ya que él lo inició y trazó, siendo Director; “así se afirma que los recuerdos que se sostienen solos, ahí van a estar siempre. Honrar a nuevos héroes requiere de consenso y oración. En una ceremonia emotiva de inauguración, que reunió a gran número de exalumnos y amigos el torneo de beisbol de exalumnos “Gilberto Lozano”, ya se echó a andar. Gilo puede estar satisfecho al ver el poder de convocatoria que tiene.”[6]
Ecónomo Distrital
Nuevamente en Casa Central. Es el tercer puesto que va a desempeñar y fue el de Ecónomo distrital. El Hermano Visitador, Everardo Márquez, conociendo perfectamente al Hermano Gilo, a quien sustituyó en Chihuahua y del orden que imprimió a la economía del Distrito, siendo Provincial, lo eligió. Como Ecónomo puso orden en todas las comunidades, checaba el más mínimo detalle, era minucioso en supervisar cualquier nuevo proyecto de construcción o mejoramiento en un colegio, pedía justificaciones y un presupuesto detallado…
Tuvo la oportunidad de participar en el primer Encuentro internacional de Hermanos Ecónomos, celebrado en Roma, del 30 de mayo al 11 de junio de 1989. Él mismo hace la crónica de la reunión, en que destaca: “El Hermano Superior General, en dos ocasiones –apertura y clausura- nos llevó en forma sencilla, pero profunda, a centrarnos en nuestra función, como un servicio llamado por Dios, siendo así una vocación, dentro de la vocación del Hermano. Al mismo tiempo se realiza una verdadera función eclesial... Se puede decir que el encuentro de ecónomos se realizó dentro de un ambiente de gran confianza y fraternidad. Una organización donde hasta los últimos detalles estaban previstos”[7].
Al mismo tiempo que es Hermano Ecónomo, tiene bajo su responsabilidad la asesoría a la Familia Lasallista. Él encabezó la organización del VII Encuentro Nacional, en la ciudad de Chihuahua, los días 17 a 19 de noviembre de 1989, que dio muy buenos frutos, y se evaluó la organización e integración de las Delegaciones de ambos Distritos, para obtener mejores resultados.
Su último programa como Hermano Ecónomo, lo detalla muy bien: visita a las comunidades para conocer en forma directa la situación de las Comunidades y de los Colegios; para ello, visitaría las Comunidades en el primer semestre del curso escolar y solicitará la información legal de nuestras propiedades.
[1] Editorial de la Salle en México Norte, febrero 1975.
[2] La Salle en México Norte No. 241
[3] Universidad de Monterrey Historia y desafíos.
[5] Texto e ideas entresacadas de “Agradecimiento y despedida al Hermano Gilberto Lozano” Jorge Bonilla en la Salle en México Norte 1981.
[6] La Salle en México Norte “Estadio Gilberto Lozano” abril 2003
[7] La Salle en México Norte 1989 Septiembre, Encuentro internacional de Ecónomos Gilberto Lozano
En segundo lugar, un análisis de los presupuestos e informes mensuales de las Comunidades y Colegios.
En seguida traza un programa detallado para la reunión de Hermanos Directores y las obligaciones económicas que tienen que realizarse
Fue Hermano Ecónomo del Hermano Visitador, Everardo Márquez, durante cinco años, ya que en 1991 fue enviado a la Preparatoria del Colegio José de Escandón, en Ciudad Victoria.
Profesor del Colegio José de Escandón:
Pleno de experiencia y con madura sabiduría, llega a Ciudad Victoria a trabajar en la Preparatoria. Su trabajo consistió en algunas clases, pero lo principal fue su presencia en esa sección; su principal labor fue de asesoría a los jóvenes, prestarles atención a sus necesidades y estar siempre dispuesto a escucharlos. El Hermano Gilo sabía ofrecer, junto con sabios consejos, una amistad cercana, fraterna y afectuosa; sabía hacerse querer por los jóvenes.
En la Comunidad fue el Hermano de experiencia, quien marcó muchas veces los puntos sobre las íes… en algunos momentos fue duro, y hasta llegó a negarle los votos a algún Hermano, por su falta de puntualidad o por no estar siempre a tiempo en la mañana en la capilla. Uno de sus Hermanos Directores dice que era difícil en algunos momentos, quizá esto, por la misma experiencia que tenía, se le dificultaba aceptar otras ideas o conductas correctas, pero divergentes a su pensamiento.
En sus relaciones con los Padres de Familia y, sobre todo en el Grupo de Oración San Benildo, tuvo una gran influencia; al morir, una persona escribió sobre nuestro Hermano Gilberto un hermoso paisaje de su vida, en la siguiente forma: “El Señor sembró en tu alma buena simiente, que dio frutos en abundancia, frutos que muestran la gozosa amplitud de tu camino ancho. Hablar del Hermano Gilberto es hablar de espiritualidad; un corazón de apóstol, de humildad Evangélica: fue una continua oración tu misión de hacer amable y fácil el camino de los demás. “Fuiste sembrador de paz y alegría. La alegría de un hombre de Dios, serena, contagiosa y tan natural. Una confianza Lasallista, con una vocación sin reserva, una sabiduría que descubrió el valor de las virtudes humanas y la coherencia en la doctrina, de alma sacerdotal, e instrumento para que los demás descubriéramos la honradez cristiana y la lealtad al deber.
Para ti, trabajar no era cumplir. ¡Era amar! En la sencillez de tu labor ordinaria adquiriste todo el prestigio profesional posible. Le dedicaste a cada cosa la fuerza suficiente para hacer de tu ocupación un diálogo con Dios. Creemos que no tomaste ninguna decisión importante sin estar en presencia de Dios.
Te gastaste sin limitación, con generosidad en tu tiempo, en tus alumnos, que eran tu delicia, tu contento, “su maestro de Dios”; en tu deseo de enseñarles no desaprovechaste la oportunidad de hacer que voluntades pensaran, sintieran y quisieran ser mejores cada día; enseñar desde el corazón formó en ellos un lazo fuerte de amistad y agradecimiento con tus Señoras del San Benildo, tus consejos siempre de sabiduría interior de las cosas de Dios y con acompañamiento y amabilidad en las cosas de la vida… Para los maestros fuiste admiración y respeto ¿Y para tus Hermanos? Gilo, el respeto, el cariño, el ejemplo. Para ti, tu familia Lasallista, siempre el encuentro.
Vimos en Gilberto, cómo en la madurez se robustece una juventud y una alegría indeleble, en la agonía manifestó también alegría en su dolor: aceptación y renuncia frente al sufrimiento. La alegría fue en él una consecuencia de su entrega final. Lo vimos como un soldado cansado por las heridas, pero confiado en que llevaba en su corazón “las luchas seguras de la victoria”. Siempre nos dio la idea de que su dolor estaba lleno de esperanza y, su tristeza de imperturbable paz[1].
Dos hermosos cuadros se han pintado en la biografía del Hermano Gilberto, el primero por el Hermano Jorge Bonilla, su compañero y amigo desde el Noviciado y, el segundo, por la Sra. Wissy, de Ciudad Victoria, el primero con amor fraterno y sensibilidad especial de Hermanos, amigos y compañeros de camino, el segundo con pinceladas de amor por la presencia y el trabajo del Hermano Gilo en esa ciudad.
1997. Se realiza una permuta del Hermano José Aceves, a Cd. Victoria y el Hermano Gilberto a Guadalajara; un Hermano amigo de los dos y, con una chispa especial dijo: “Se ha realizado un cambio homeopático” y, uno de ellos le preguntó el porqué. Contesto: pues “un chocho por otro chocho”[2]. Hay que imaginarse las expresiones fuertes de los dos hacia el autor de la frase, que significa, un viejo por otro viejo.
En Guadalajara, el Hermano Gilberto realizará sus últimas siembras, con entereza y generosidad lanzará al aire nuevamente la semilla, en especial con los alumnos de la Preparatoria y los jóvenes postulantes, con quienes llevó una fuerte amistad y cariño hacia el futuro de nuestro Instituto.
En la Asamblea Mundial de Exalumnos, realizada en Roma, del 20 al 24 de mayo, asistió el Hermano Gilberto; él mismo nos dice: “El Hermano Visitador, Miguel Ángel, me notificó desde el mes de febrero, que el Consejo me había nombrado para representar al Distrito en la Asamblea Mundial de Antiguos Alumnos. Poco después me comunicó que, por parte de los Exalumnos participarían el Lic. José Roble Flores y su esposa Chelo, conocidos por muchos de nosotros”[3].
Con el nuevo siglo, la salud del Hermano Gilberto se deterioró; comenzaron molestias en el aparato digestivo, que vino a terminar en un cáncer esofágico, que lo llevó a la Casa del Padre.
Al salir de un tratamiento y de una operación que se realizó en el Hospital Muguerza y, bajo la supervisión de un Doctor muy querido por el Hermano Gilo, el Dr. Sepúlveda Melec, escribió una carta de agradecimiento.
Estimados Hermanos, Familiares y Amigos:
Ante la imposibilidad de agradecer a cada uno de ustedes personalmente, he pensado enviarles estas palabras. Creo que tengo un compromiso moral y espiritual con ustedes, a propósito de esta experiencia que estoy viviendo.
El miércoles salí del hospital, después de 46 días; tanto la operación como la recuperación han sido extraordinarias.
Quiero aprovechar la ocasión para trasmitirles algunas vivencias.
.- Con frecuencia decimos que el Espíritu de Dios es luz y energía y, de aquí me vino la experiencia del Señor, muy particular. Cada día lo sentía más cerca de mí y no solo eso, sino manifestaciones concretas, momento a momento.
.- Una experiencia muy profunda de relación y amistad. Ustedes se han hecho presentes, momento a momento, por todos los medios: visitas, teléfono, cartas, mensajes, correos electrónicos, firmas en la puerta. Esto me alimentó y animó y me sigue alimentando.
.- Una experiencia de “intercesión” profunda. Una gran red de oración se creó por aquellos lugares en que he vivido: oraciones, sacrificios, misas, comuniones, novenas, triduos, etc. Sabemos que esto es nuestra fuerza, pero a pesar de ello me impresionó en grande.
.- Por todo ello y, valorando en alto grado su presencia, su amistad y su apoyo hacia mi persona.
.- Doy gracias a Dios por su presencia, fortaleza, paciencia y energía continua.
.- Gracias a mis familiares que han estado muy de cerca.
.- Gracias a los Hermanos por su apoyo y oración, sobre todo las cuatro comunidades de Monterrey, que me han brindado tiempo, cuidado y presencia.
.- Gracias a ustedes, amigos todos, por todas esas muestras de aprecio y cariño para conmigo.
Solo Dios puede darles la recompensa y, estoy seguro que lo hará.
Seguiré unas seis semanas aquí, en recuperación y aplicación de otras quimioterapias.
Con cariño y afecto para cada uno de ustedes[4].
HNO. GILBERTO LOZANO.
Es una carta de agradecimiento y, bien se puede decir que, dentro de la esperanza que refleja hay un girón de despedida, un velado “Nunc dimittis servum tuum, Domine”[5]
[1] HERMANO GILBERTO. Comunidad de oración San Benildo escrito por la Sra. Wissy La Salle en México Norte 2002
[2] Se refería el joven Hermano de esa expresión que un Hermano mayor por otro mayor.
[3] UMAEL La Salle en México Norte octubre de 1999
[4] Carta del Hermano Gilberto Lozano publicada en la Salle en México Norte octubre 2001
[5] Ahora Señor puedes dejar a tu sirvo marchar…
La enfermedad y el tiempo van a hacer su acción, su esperanza no va desmayar, pero con su visión clara de la vida y su ser realista, se dio cuenta que pronto el Señor lo llamaría. Volvió varias veces al hospital, hasta que la gravedad fue grande y se anunció su próximo final. “A nuestro Hermano querido le llegó el momento de la prueba, de la vida terrena a la vida eterna… pero ya no hay frontera en la tierra, en los mares, en el cielo,
ni en los corazones, Dios no separa jamás a las almas, ´Indivisa Manent´ Permanezcamos para siempre unidos”. Para ti fue honor y gloria estar al servicio del Señor, su testimonio fue tu vida… Hermano, qué gozo te produce el haberte entregado al Padre y, qué inquietud y qué afanes has de tener, de que todos participemos en tu alegría.[1]
12 de enero de 2002, al amanecer, fue el día en que el Hermano Gilberto oyó la voz de su Señor que le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”.
[1] Hermano Gilberto del grupo de oración San Benildo de Cd. Victoria La Salle en México norte marzo 2002
Su funeral se realizó en la gran sala de Comunidad del Regiomontano, donde tantas veces había preparado sus clases, corregido trabajos y convivido con sus Hermanos; ahora, revestida de sencillez, un catafalco con los restos mortales del Hermano Gilo, varios floreros y decenas de coronas de flores que fueron llegando de parte de la gente que lo quiso. Siempre estuvo acompañado de grupos de exalumnos y de Hermanos, que fueron llegando poco a poco; por la tarde noche se celebró la primera Eucaristía, pidiendo al Señor por nuestro Hermano. Una segunda Eucaristía se celebró al iniciar la mañana y, nuevamente, la misa solemne se celebró de cuerpo presente en la Iglesia de San Juan Bautista de la Salle, en cuya construcción él mismo había contribuido.
La iglesia estaba completamente llena, el dolor se sentía, pero también la esperanza y la fe se hacían presentes en estos momentos de pena y de separación física
Después de la Eucaristía, el cuerpo de nuestro Hermano fue llevado para ser cremado y ahora descansa en la Casa Central de Monterrey, en espera de la resurrección final.
Quizá pueda parecer una forma inusual de sintetizar una biografía, pero en breves, sentidas y poéticas palabras, el Hermano José Cervantes describe al Hermano Gilberto, en su ser y en su actuar, en su capacidad de realizar y en su don de amar
“Cuando naciste lloraste y el mundo rio… has vivido de tal manera que… ahora que has partido el mundo llora.
GILO:
Amaste la vida y, como el cineasta
Pudiste repetir: “La vida es bella”,
Porque tu presencia iluminaba el encuentro,
Hacía mostrar la sonrisa y mostraba la esperanza.
Era el reflejo de lo que tú creías y vivías.
Privilegio fue compartirla contigo,
¿Qué importa el cargo, si era la vida tu ofrenda
y el corazón abierto, tu gesto?
Amaste La Salle desde niño
en aquel Regiomontano
fundado por los Hermanos americanos.
Joven dijiste tu sí a Jesús,
y, sin volver atrás, lo seguiste hasta el Calvario
Derrochaste tu juventud
evangelizando sin descanso.
Maestro, coordinador, Director Fundador de Chihuahua,
Responsable distrital de la Educación,
Visitador, Capitular…
Fuiste educador de por vida
y Dios también te hizo, maestro en el dolor.
Con fe y esperanza preparaste el último examen.
Sólo quien cree y cree a toda prueba,
puede vivir con esperanza
y sin quebranto, lo inevitable.
De carácter recio, amaste tiernamente
a tus alumnos y exalumnos.
Para ti, la amistad fue sacramento cotidiano.
Y te hiciste regalo hasta el último aliento.
Pan de casa, diariamente horneado.
De purificación en purificación
a su pasión, te asoció el Señor.
Ver tan solo tu figura
prédica elocuente era,
tarea para el mañana.
Después del doloroso crisol,
has tornado al seno del Padre de donde saliste,
ayer, 12 de enero, al amanecer,
¡Aurora de nuevo día!
Entre nosotros,
tu espíritu permanece.
No olvidaremos ni tu vida, ni tu última lección,
que la fe y la esperanza
en el Lasallista, nunca muere.
GRACIAS GILO:
Don del Padre,
Don del Hijo,
Don del Espíritu
Don al mundo, ofrecido por tus padres
Horneado por La Salle.
y, en comunión compartido
por quienes en el sendero de la vida te encontramos.
VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES, ¡POR SIEMPRE![1]
H. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Hermano José Cervantes fsc en la Salle en México Norte febrero 2002