En estos tiempos se afirma que la educación modifica al ser humano. Pero para lograr esta modificación primero se debe entender de dónde debe partir este cambio, comúnmente se sabe, que el ser humano es un ser integral dotado de habilidades emocionales, cognitivas, sociales físicas,, y espirituales y, todas ellas provienen de uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo: EL CEREBRO.
Por lo tanto, los esfuerzos deben ir enfocados al estudio de la neuroeducación, para realizarlo, se debe conocer el funcionamiento del cerebro; como esta compuesto, áreas y funciones principales, para después, entender cómo se aprende, cómo se procesa la información, cómo se registra y se evoca, facilitando las experiencias de aprendizaje que se dan en el aula.
Cuando los docentes obtengan el conocimiento priorizarán los aportes de la neuroeducación en sus prácticas promoviendo mejoras en los aprendizajes.
La educación superior tiene desafíos muy frecuentemente en su intento por adaptarse a las necesidades de la sociedad y la economía. En este contexto, la neuroeducación surge como una opción que ofrece nuevas herramientas para modificar la forma en que aprendemos y enseñamos. Este enfoque interdisciplinario, que une los descubrimientos de la neurociencia con las prácticas educativas, tiene el potencial de mejorar significativamente la enseñanza y el aprendizaje en las universidades y más allá.