Tokuhama Espinosa (2016) menciona que el cerebro humano busca y detecta, la novedad o algo diferente.
Es decir que nuestro cerebro por naturaleza busca lo diferente o algo novedoso, le llama la atención lo que sale de lo común y ordinario, de lo ya visto y de lo ya experimentado, es por eso, que necesitamos despertar esa curiosidad en los estudiantes.
Algunas estrategias para apoyar a la curiosidad, mencionadas por Mora (2013) son las siguientes:
Comenzar la clase con algo provocador: puede ser una frase, un dibujo, un pensamiento, una historia sin completar… algo que a los estudiantes les resulte diferente.
Presentar a la clase con un problema cotidiano que lleve al estudiante a imaginar, a crear diferentes escenarios, a buscar respuestas, a reflexionar y a dar alternativas.
Introducir durante la clase elementos que impliquen incongruencia, contradicción, novedad, sorpresa, desconcierto e incertidumbre. Mientras que Tokuhama Espinosa (2016) citando a Zemelman, Daniels y Hyde (2005) propone ciertas prácticas educativas que ayudan a despertar la curiosidad:
Realizar actividades que favorezcan la creatividad y la imaginación
Enseñar a los estudiantes a generar y probar hipótesis
Cultivar el arte de preguntar
Incorporar el aprendizaje cooperativo
Usar casos de estudio
¡Ser apasionado!
Diseñar aulas participativas (e incluso interactivas)
Usar la tecnología
Diseñar clases desafiantes o que impliquen retos
Clases divertidas
Incorporar enigmas o misterios para ser resueltos por los estudiantes
Salidas de campo