Joseph Jacobs(1854-1916)
Enseñanza: La historia de Los Tres Cerditos nos enseña algo muy valioso: la importancia del esfuerzo y el trabajo bien hecho. Los dos primeros cerditos hicieron sus casas rápido, con paja y madera, pero no eran fuertes. El tercer cerdito se tomó su tiempo y construyó una casa sólida de ladrillos. Así, cuando llegó el lobo feroz, solo la casa de ladrillos resistió. Esto nos muestra que es mejor hacer las cosas con dedicación y paciencia, porque así durarán más y estaremos más seguros. También nos enseña a ser precavidos y a pensar en los peligros antes de que ocurran.
Érase una vez, tres cerditos que vivían con su mamá en un pequeño bosque. Un día, su madre les dijo:
—Ya son lo suficientemente grandes. Es hora de que cada uno construya su propia casa.
Los cerditos estaban emocionados y se despidieron de su madre. Cada uno decidió construir su casa de diferente material.
El primer cerdito, llamado Porcino, era muy perezoso. Decidió construir su casa de paja porque era más fácil y rápido. En poco tiempo, su casa estaba lista.
El segundo cerdito, llamado Rosado, era un poco más trabajador, pero también quería terminar rápido. Decidió construir su casa de madera. A pesar de que le llevó un poco más de tiempo, su casa estuvo lista en un día.
El tercer cerdito, llamado Fortachón, era el más trabajador de los tres. Decidió construir su casa de ladrillos, un material fuerte y duradero. Le tomó varios días, pero al final, su casa estaba firme y segura.
Un día, un lobo hambriento llegó al bosque. Al ver la casa de paja del primer cerdito, decidió que era una buena idea. Se acercó y tocó la puerta.
—¡Cerdito, cerdito! ¡Déjame entrar! —gritó el Lobo.
—¡No, no, no! ¡No te dejaré entrar! —respondió Porcino, asustado.
El Lobo, muy enojado, sopló con todas sus fuerzas y derribó la casa de paja. Porcino corrió rápidamente a la casa de su hermano Rosado.
Cuando el Lobo llegó a la casa de madera, llamó de nuevo:
—¡Cerdito, cerdito! ¡Déjame entrar!
—¡No, no, no! ¡No te dejaremos entrar! —gritaron los dos cerditos.
El Lobo sopló y sopló, y también derribó la casa de madera. Los dos cerditos corrieron a la casa de ladrillos de Fortachón.
Cuando llegaron, Fortachón los dejó entrar rápidamente. El Lobo llegó a la casa de ladrillos y tocó la puerta.
—¡Cerditos, cerditos! ¡Déjame entrar!
—¡No, no, no! ¡No te dejaremos entrar! —gritaron los tres cerditos juntos.
El Lobo, furioso, sopló con todas sus fuerzas, pero la casa de ladrillos no se movió. Sopló una y otra vez, pero no pudo derribarla.
Cansado y frustrado, el Lobo decidió intentar otra cosa. Pensó en entrar por la chimenea. Pero los cerditos eran muy astutos. Encendieron un fuego en la chimenea y pusieron una olla de agua a calentar.
Cuando el Lobo bajó por la chimenea, ¡splash! Cayó directamente en la olla de agua caliente. Saltó hacia atrás, asustado y gritando.
El Lobo salió corriendo y nunca volvió a molestar a los tres cerditos. Desde ese día, los cerditos vivieron felices y seguros en su casa de ladrillos.
Moraleja:
La historia de los tres cerditos nos enseña la importancia del trabajo duro y la planificación.
Fin.