Charles Perrault (1628-1703
Enseñanza:La historia de Caperucita Roja nos enseña algo muy importante: ¡no debemos hablar con extraños! El lobo se hizo pasar por un amigo, pero solo quería engañar a Caperucita. También nos muestra que es importante obedecer a nuestros padres y no desviarnos del camino seguro que nos indican. Si hubiéramos seguido las reglas, Caperucita no se habría encontrado en problemas. Al final, la historia nos recuerda que hay que tener cuidado con las apariencias, porque algo que parece bueno (como un lobo que habla amablemente) puede ser peligroso.
Érase una vez, en un pequeño pueblo, una niña llamada Caperucita Roja. Siempre llevaba puesta una capa roja que le había hecho su abuela, y por eso todos la conocían así. Un día, su madre le dijo:
—Caperucita, tu abuela está enferma. ¿Puedes llevarle esta cesta con comida?
Caperucita Roja sonrió y respondió:
—¡Claro que sí, mamá!
Su madre le dio un consejo importante:
—Recuerda, no te salgas del camino y no hables con extraños.
Caperucita Roja se despidió y se adentró en el bosque. Mientras caminaba, disfrutaba del canto de los pájaros y de las flores que crecían a su alrededor. De repente, se encontró con un lobo astuto.
—Hola, pequeña —dijo el Lobo con una voz suave—. ¿A dónde vas?
Caperucita Roja, olvidando el consejo de su madre, respondió:
—Voy a casa de mi abuela, que está enferma. Llevo una cesta con comida.
El Lobo sonrió, pensando en un plan. Dijo:
—¿Por qué no tomas el camino más largo? Hay muchas flores hermosas que podrías recoger.
Caperucita Roja pensó que era una buena idea y se desvió del camino. Mientras ella recogía flores, el Lobo corrió rápidamente a la casa de la abuela. Al llegar, tocó la puerta.
—¿Quién es? —preguntó la abuela.
—Soy yo, Caperucita Roja —respondió el Lobo, imitando la voz de la niña.
La abuela, sin sospechar nada, abrió la puerta. El Lobo se la comió de un solo bocado y se disfrazó de ella, metiéndose en la cama.
Más tarde, Caperucita Roja llegó a la casa de su abuela. Al entrar, notó que la puerta estaba abierta. Se acercó a la cama y vio a la figura que parecía su abuela.
—¡Abuela! —exclamó—. ¡Qué ojos tan grandes tienes!
—Son para verte mejor, querida —respondió el Lobo, tratando de sonar amable.
—¡Y qué orejas tan grandes tienes! —continuó Caperucita.
—Son para oírte mejor —dijo el Lobo, acercándose más.
—¡Y qué dientes tan grandes tienes! —gritó Caperucita, sintiéndose asustada.
—¡Son para comerte mejor! —rugió el Lobo, saltando de la cama.
Caperucita Roja gritó y salió corriendo de la casa. Justo en ese momento, un valiente cazador que pasaba por allí escuchó el grito y corrió hacia la casa.
Al entrar, vio al Lobo persiguiendo a Caperucita. Sin pensarlo dos veces, el cazador atrapó al Lobo y lo llevó lejos del pueblo.
Caperucita Roja y su abuela se abrazaron, felices de estar a salvo.
—Prometo nunca más hablar con extraños ni salirme del camino —dijo Caperucita, aprendiendo una valiosa lección.
Y así, Caperucita Roja y su abuela vivieron felices y seguras, siempre recordando la importancia de seguir los consejos de los mayores.
Fin.