Desde tempranas horas de la mañana, se escucha la bocina que, junto al tambor, el redoblante, el bombo y la flauta, componen una gran serenata a uno de los días más importante de los pueblos indígenas como es el Kapak Raymi. Baltazar Masaquiza, morador del sector, junto con sus compañeros, es el responsable de poner a punto la allpa manga, ‘gran olla en la tierra’, para preparar los alimentos.
Se cava un hoyo de aproximadamente dos metros de profundidad y tres metros de diámetro en el que se colocan las rocas volcánicas recolectadas. Se envían avalanchas con la música de los antepasados para persuadir a la comunidad a unirse y ser parte de la celebración. Poco a poco, y con mucha alegría, los salasacas van concentrándose en el punto sagrado denominado Chakanapamba, ‘cruz andina’; cada uno con su respectiva tonga para colaborar con la pamba mesa.