Mª Victoria Padrón Martinón.
El retrato ocupó un amplio espacio dentro de la producción artística de Antonio Padrón, ya que abarca desde 1940 – 1941, etapas precedentes a su carrera, hasta, aproximadamente, 1954, fecha de la primera exposición individual. Veinte de ellos, al óleo, presenta fácil identificación, entre los cuales destaca este lienzo de 48 X 51 cm., firmado “A. Padrón R.” en la parte inferior derecha, y que podemos fechar hacia 1954.
No era la primera vez que Candelaria se veía representada. Anteriormente quedó reflejada sobre el papel, con tinta china, bajo un aspecto más joven, si bien con menor expresividad.
El retrato de Candelaria, junto al de su hermana Juana, daba la bienvenida cada día a la tía del pintor, doña Dolores Rodríguez, pues se encontraba inicialmente en la pequeña habitación donde atendía las cuentas de las fincas.
Doña Candelaria Delgado Pérez había sido contratada para encargarse del jardín y era la única persona capaz de vérselas con el temido guacamayo, al que daba de comer.
Iniciaba su jornada a las 8 y finalizaba a las 11 y media, aproximadamente, y tras esa hora su figura, airosa, surcaba la Calle Larga para encaminarse a la calle Calvario, muy ligera, con una botella sobre la cabeza.
Equilibrio y dominio de sí misma debieron ser sus principales cualidades. Porque Candelaria fue madre de dos hijas en difíciles circunstancias y afrontó este hecho con valentía.
Ignoro qué pensaría el artista cuando pintaba a esta empleada de la casa, tan alejada de la juventud, si bien podemos imaginar, ya que no tenemos certeza, la existencia de un mensaje secreto en el cuadro, el secreto de Candelaria, revelado en sus colores cambiantes.
Candelaria se funde en un conjunto de blanco titán, ocre amarillo, verde veronés, carmín de granza, siena tostado, azul cobalto…, cuyo protagonismo va en relevo a lo largo del día sobre un fondo neutro.
Su cara amanece alegre, lozana, con predominio del ocre amarillo y el blanco titán que encierra un gesto de dulzura y esperanza. Sin embargo, cuando se acerca la tarde los sienas tostados se infiltran sobre aquéllos, de forma muy sutil, derrotándolos. En esos momentos parece ser consciente de la futilidad de las cosas al ensombrecerse su expresión y acercarse a la madurez. Más tarde, el verde veronés se hace dueño indiscutible del semblante femenino, ya definitivamente cansado, abatido, iluminado bajo la crueldad de la luz eléctrica.
Tal vez Antonio Padrón viera fundirse en Candelaria las tres edades del hombre aquella o aquellas tardes durante las cuales posó para su pincel, ya que en este óleo el pintor consiguió una de sus mejores introspecciones psicológicas. Porque candelaria parece guardar y escuchar confidencias, siempre sobrante de tiempo, a pesar de carecer del mismo. Su tiempo, escaso para sí misma y generoso para los demás, quedó condensado en el lienzo.
La evolución del rostro a lo largo del día lleva siempre hacia el inicio, hacia la mañana. Nos conduce a la esperanza y parece decir que lo importante no radica en el peso de los obstáculos sino en la entereza para sortearlos.
¿Quería Antonio Padrón establecer un juego entre el nombre de esta mujer y el resultado pictórico?: Candelaria, candela, lumbre, brillo, esplendor, pues ¿no es Candelaria un faro de luz que emerge, triunfante, del fondo neutro que la rodea?
Mª Victoria Padrón Martinón.