1.4 EL MUNDILLO DE PADRÓN

 

Dedicatoria de Agustín Millares Sall 


 

Dedicatoria de Pedro Perdomo Acedo
 

 

Dedicatoria de Luis Feria
 

 

Ilustración de Antonio Padrón en una publicación de Lázaro Santana
 
 
 

Dedicatoria de Fernando Ramírez
 
 

Dedicatoria de Maud y Eduardo Westerdahl
 
 
 
 

Dedicatoria de Eduardo Westerdahl
 

Dedicatoria de Agustín Millares Sall
 
 
 

 
 
 
 
 
 
La carta de Lázaro Santana incluye tres poemas:
  • Identidad (ante una momia de guerrero guanche en el museo Canario) A Néstor.
  • A un jarrón guanche. A Antonio Padrón.
  • Regreso de Guanarteme ( El limosnero mayor del Rey de Castilla da al rey de los guanches cien maravedises para costear su viaje de regreso a la isla) A Manuel González Sosa.
 
 
 
 
 
Publicación Mujeres en la Isla, septiembre 1960.
 
 
 
 
 

Canción del centro
Campo: tu amor el viento, 
la aulaga, el matorral
de zarzas, aposento
de ruina y soledad.
Nunca te nació un río
por donde ir a la mar,
ni árbol que de la nube
retuviera el pasr.
Quiebra tu piel el fuego 
y eres horno sin pan.

Lázaro Santana
 
Ventura Doreste

ELEGÍA

Estabas siempre allá.
   Y amarillos y blancos.
azules misteriosos,
ocres de pasión súbita,
negros de apaciguada pesadumbre,
leves grises reptantes,
colores de alegría sorda y honda
levantaban, creaban nuevamente
el mundo de la isla.
   Y tú apenas hablabas,
demiurgo cotidiano
de las tierras ,arados y camellos,
de las costumbres lentas y los hombres;
demiurgo cotidiano
condueño de la luz, la sombra
y el silencio propicios.
Y estabas siempre allá;
y algunas veces, pocas, conversabas
sobre flores del trópico,
sobre gacelas y aves, sobre peces y acuarios,
sobre cultivos,
 sobre campesinos,
sobre el barro y sus formas,
sobre el blanco asombroso,
tierno de Zurbarán.


   O cantabas, ya casi para ti,
en la tarde del pueblo,
pulsando la guitarra luminosa
y la oscura nostalgia,
luz sombría del ser.

   Estabas siempre allá
bebiendo lo telúrico y celeste,
el volcán y la paz,
el dolor y la nada,
los signos más palpables
y los más invisibles.

   Estabas siempre allá,
solitario, obstinado,
enclavado en la tierra
múltiple de la isla:
en este tiempo nuestro
y detrás y delante
del tiempo y sobre el tiempo.
Estabas siempre allá,
demiurgo cotidiano.

   Pero de pronto, sin aviso previo,
en un suave poniente
de primavera lenta,
ya no estabas allá.

   Y todos lo supimos
-hielo y llanto, mañana detenida
ya no estabas allá.
Amarillos y blancos,
azules, ocres, negros,
grises de sueño y vida,
colores de alegría sorda y honda
levantaron, crearon nuevamente
el mundo de la isla.

   Pero, Antonio Padrón,
amigo de gacelas y de peces,
amigo fraternal de tus amigos,
amigo de la luz y de los vientos,
de la soledad fértil,
del color y los campos;
pero, Antonio Padrón,
pintor, soñador, músico,
no estás ya aquí, 
      en la isla. 

Ventura Doreste


 

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