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Efectivamente tenía problemas. 
Problemas a los que no encontraba solución. 
Aquello se transformó en una nube sobre mi cabeza.  ¿malhumor?  ¿tristeza?  
Puede ser que de todo un poco. Aquella preocupación se levantaba conmigo todos los días y conmigo se acostaba.
Un día empecé a rebelarme contra esa "sensación", a través de las preguntas:
¿Terminará por ser una sensación permanente y me volveré un detestable amargado?
 
Esta pregunta es fundamental. Ser feliz es para mi una "obligación", consciente de que es la única forma de ser positivo para los demás.
Otra pregunta: ¿Me sirve para algo esta preocupación o por el contrario me impide buscar soluciones?  

Efectivamente mi sensación era de derrota, de hundimiento y esta actitud termina por crear complacencia y retroalimentarse y se concentra solo en el problema eliminando la búsqueda de soluciones.
 
La última pregunta ¿Qué hacer?

Lo primero que pensé es que no estaba "aceptando" la realidad.  Aceptar la realidad es adecuarse a ella, reconocerla, pero no impide cambiarla.  Por el contrario,lo que impide a veces cambiar la realidad  es no haberla aceptado.
Porque el no aceptar algo supone una actitud subjetiva y nos aleja la posibilidad de entender la situación con objetividad. Esta "aceptación" no es resignación ni rebelión.
 
Primero tendré que forzar mi mente a ver las cosas desde otro ángulo. 
¿Cómo seré feliz dentro de esta situación?