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Si me preguntan si creo en Dios, contesto que si a los que no creen, y que no a los creyentes.  No se trata de incordiar a la gente, al menos no siempre.
 
En las polémicas sobre la existencia de Dios, cuando los creyentes sueltan sentencias como dogmas, cuando no argumentan correctamente sino que se dejan llevar por explicaciones absurdas y pretenden pasarlas por razonamientos, me rebelo.  Si se mantiene una discusión en términos racionales no se puede apelar a explicaciones ilógicas que no son válidas ni para un niño.
 
Cuando los ateos pretenden "demostrar" la inexistencia de Dios a través de la "causalidad" demostrable de todos los fenómenos físicos y terminan finalmente exigiendo a los creyentes que "demuestren" la existencia de Dios, me rebelo.
 
No se puede demostrar la existencia de Dios. Ni su inexistencia. De ahí lo poco fructíferas que resultan estas discusiones.
 
Pero no he aclarado porque mi respuestas diferentes según el interlocutor. Es sencillo. No puedo creer en nada parecido a un Dios como lo concibe normalmente un creyente. Y no puedo hacerlo por los mismos motivos que un ateo se niega a creer en ello. Porque no se puede sostener el absurdo.
 
Pero para el ateo seré un creyente, porque creo que el universo no es exclusivamente material y que su concepto del mundo es limitado. Para él estoy mas cerca de creer en Dios que de ser ateo.
Al final siempre me quedo solo.