«Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano».
Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida
Estamos llegando al final de este proyecto y parece que empezamos a vislumbrar el fin de las restricciones por la pandemia. Sin embargo, el coronavirus sigue instalado entre nosotros hoy en día y parece que muchas cosas van a cambiar después de esto. Estamos viviendo algo insólito: una amenaza mundial para la salud de los seres humanos ha parado la economía, la sociedad y nuestras vidas.
Este diario de confinamiento ha sido una invitación a que dejéis por escrito vuestras impresiones sobre lo que está pasando. Quizá dentro de un tiempo, podréis leerlo y ver cómo han sido estos meses. Recordaréis lo que habéis vivido, pensado y reflexionado acerca de todo lo que ha sobrevenido con esta pandemia. Durante el proceso os habéis hecho conscientes y os habéis cuestionado muchas cosas. En resumen: habéis aprendido.
La profesora de castellano y el profesor de filosofía creen que el testimonio que habéis recogido de este tiempo es muy valioso porque representa una visión única y auténtica sobre un momento excepcional. Por eso esta semana queremos darle valor a todos esos yos que, en vuestros diarios, nos han mostrado vuestra forma de ver y entender este mundo. Y esto, como siempre, tenía que pasar también por una reflexión sobre el lenguaje.
En el lenguaje se emplea constantemente el pronombre yo. Todo el mundo lo utiliza y es en apariencia una palabra sencilla. A veces ese pronombre está explícito, pero en la mayor parte de los casos se omite (aunque no aparezca, lo podemos interpretar). Pero ¿qué significa yo desde el punto de vista del lenguaje?
Una palabra "comodín"
Uno de los motivos por los cuales usamos el lenguaje es para hablar de cosas del mundo. Es decir, usamos palabras que nos sirven para señalar elementos de la realidad (una taza, un libro), propiedades (azul, grande...), acciones (saltar, estudiar...), etc.
Cuando dos hablantes de una misma lengua conversan sobre el coronavirus, por ejemplo, saben a qué se están refiriendo; es decir, están asociando la palabra coronavirus a una idea que han adquirido de su conocimiento de la realidad: la de un virus que causa la pandemia por la que hemos estado confinados.
Sin embargo, hay palabras que no tienen un significado específico y no podemos asociarlas a un referente concreto. Es el caso del pronombre yo. El yo es una especie de palabra "comodín" que sirve para referirse al emisor de la comunicación, a la persona que está hablando en ese momento.
Todos usamos la misma palabra (yo), aunque todos somos personas distintas (es decir, aunque el referente cambie). De hecho, en una misma conversación, el empleo del yo y del tú se alterna entre los interlocutores sin que haya ningún problema para procesar o interpretar a quién se están refiriendo.
Un concepto universal de la gramática
Todas las lenguas poseen el concepto de la 1a persona (yo) y la 2a (tú), diferenciadas de la 3a persona, que puede referirse a alguien (él o ella) o bien a la cosa o el tema del que se habla (eso). Así, estas palabras "comodín" se asocian a los participantes de una conversación (1a persona= el que habla y 2a= el que escucha) y una 3a persona o elemento externo (al que se refieren).
Un dato curioso es que podemos hacer un uso genérico de la 2a y 3a persona. Por ejemplo, si decimos que Cuando corres te sientes bien entendemos que se habla de cualquier persona que corra. Esta misma idea se puede expresar también con la 3a persona: Un atleta conoce los beneficios del entrenamiento (para referirnos a cualquier atleta). Sin embargo, no es posible hacer una interpretación genérica del yo.
Una palabra de adquisición tardía
Dentro de las etapas del aprendizaje de la lengua materna, el uso correcto de los pronombres (yo, tú...) es relativamente tardío. Los niños que están aprendiendo a hablar y apenas conocen una lista de palabras (1-2 años) no entienden el significado y uso del yo, por eso usan la 3a persona (el nene, la nena o su nombre) para hablar de sí mismos.
Es en un estadio posterior (entre los 2 y 3 años de edad normalmente) cuando el niño o niña aprende que ese yo lo usa todo el mundo para referirse a uno mismo y no para identificar a una persona concreta. Así, se acaba interpretando, por tanto, que el referente de esa palabra varía en función del contexto comunicativo.
Parece paradójico que todos sabemos quiénes somos pero es muy difícil definir el concepto de yo con palabras. Tampoco encontramos una respuesta única y definitiva en distintas ramas del saber (filosofía, psicología, neurología o religión). Podemos comprobar cómo esa definición varía en cada una de ellas y que, incluso dentro de una misma disciplina, encontramos interpretaciones diferentes.
Sea como sea, y como no podemos prescindir del uso de este pronombre maravilloso y misterioso, podemos plantearnos, en la medida de nuestras posibilidades, ¿qué queremos decir cuando hablamos del yo?
Se puede definir el yo desde la perspectiva de la identidad personal; es decir, es esa manera de ser propia que nos individualiza y nos hace únicos. Un individuo es un ser no-dividido, que existe con independencia de lo demás.
Esta concepción destaca en el Renacimiento, un periodo considerado antropocéntrico ('el hombre es el centro'), en el que se valora especialmente la individualidad del ser humano como protagonista de su propia vida. Esta visión sustituye a la antigua concepción medieval, en la que el hombre se concibe y se define como miembro de un grupo social determinado: el gremio, la nobleza, la burguesía, el clero, los campesinos...
Otra visión define al sujeto que somos en oposición a lo que no somos, al mundo exterior. Si el yo es el sujeto que conoce, lo conocido es el objeto. Esta dualidad sujeto-objeto apunta al subjetivismo, una posición filosófica que considera que todo lo que conocemos lo hacemos desde nosotros mismos: no conocemos directamente la realidad, sino la percepción subjetiva que tenemos de ella.
Históricamente, el subjetivismo destaca en la Edad Moderna frente al objetivismo de épocas anteriores, que consideraba que se puede conocer directamente cómo es la realidad.
Otra aproximación a esta cuestión asocia el yo con la conciencia que tenemos de ser, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y nuestro entorno. La conciencia entendida como un estado mental complejo es un misterio que abordan disciplinas como la neurociencia, la psicología y la filosofía.
Este concepto ha adquirido un protagonismo especial en la actualidad con el desarrollo de la inteligencia artificial, que está planteando la posibilidad de crear máquinas conscientes, poseedoras de algo parecido a un yo.
Las diferentes formas de entender el yo plantean cuestiones como:
¿Cómo podemos hablar de individualidad cuando nuestro yo cambia constantemente en función de nuestro estado de ánimo, de con quién nos relacionemos...? ¿Somos un único yo o la suma de un conjunto de yos que configuran nuestra personalidad?
¿Cómo podemos saber que aquello que nosotros conocemos lo perciben de la misma forma los demás? De alguna manera, ¿el subjetivismo no nos encierra en nosotros mismos y plantea el problema de cómo compartir el conocimiento cuando lo conocido depende de cada uno?
¿Puede llegar a tener conciencia una máquina? ¿Puede una máquina adquirir la capacidad de tomar decisiones conscientes? ¿Qué tipo de relación habrá, entonces, entre la conciencia humana y la conciencia artificial?
Todos contamos historias que nos pasan y a todos nos gusta escuchar las de los demás. Cuando se explica una historia personal aceptamos necesariamente un punto de vista particular: el del yo que la cuenta. Conocemos las cosas desde la perspectiva del narrador, desde su forma particular de contarlas.
Seguramente habrás comprobado que un mismo hecho no lo viven ni lo cuentan de la misma manera las personas que participan en él. Lo que explican es diferente porque la percepción de ese hecho es distinta. Entendemos que se trata de una visión parcial (subjetiva) de las cosas y por eso es conveniente contrastar distintas versiones (otros puntos de vista).
Cuando ocurre algo digno de ser contado (una guerra, una catástrofe, un acontecimiento histórico...) nos gusta escuchar o leer las vivencias de aquellos que han sido testigos de ello, tanto o más que acudir a los datos que recogen los libros de historia. Por ejemplo, el Diario de Ana Frank, que ya conocéis, ha sido más leído que cualquier manual de historia, porque puede resultar más atractivo acercarse al relato de una primera persona que nos ofrece "su" verdad que a una versión pretendidamente objetiva y, por ello mismo, falta de emoción y de matices.
A continuación tienes algunos ejemplos inspiradores de otras experiencias en primera persona:
Signal
Foto de John Stanmeyer ganadora World Press Photo 2014
La foto muestra un grupo de inmigrantes en la playa de Djibouti, capital de un pequeño país africano con el mismo nombre. Allí, amparados por la noche, buscan cobertura de Somalia para poder hablar con su familia y explicarles que han sobrevivido a su travesía.
En la oscuridad
En la oscuridad: Diez meses secuestrado por Al Qaeda en Siria es el título de la obra en la que el periodista Antonio Pampliega narra su desgarradora experiencia de cautiverio durante 299 días en Siria.
El periodista, en una entrevista que le hace Carles Francino en Cadena Ser, afirma que "ningún reportaje vale mi vida", aludiendo a los peligros a los que se exponen los corresponsales de guerra. En la imagen tienes un enlace a la entrevista completa.
Si esto es un hombre
La obra Si esto es un hombre del autor italiano Primo Levi, cuenta desde su experiencia cómo sobrevivió en el campo de concentración de Monowitz durante la II Guerra Mundial. Sus obras son conocidas por su testimonio del Holocausto.
En el enlace tienes un documental que muestra algunos de los lugares reales en los que estuvo y recupera algunos pasajes de su obra.
En esta sesión hemos reflexionado sobre el concepto del yo y sobre el valor histórico y literario de dar testimonio. La crisis del coronavirus forma ya parte de la historia, por eso os invitamos ahora a que expliquéis cómo habéis vivido la pandemia y el confinamiento desde vuestra experiencia.
En el día de hoy (18/05/2020) tendrás que hacer dos actividades obligatorias.
Vídeo 1
Vídeo 2
Vídeo 3
2. Escribe la entrada completa de tu diario de la sesión 12 y entrega tu tarea en Google Classroom.