RETIROS ESPIRITUALES
26-31 DE DICIEMBRE 2024
Los retiros son un tiempo privilegiado para vivir la misma experiencia de los
Discípulos de Emaús: Escuchar al Señor que nos explica las Escrituras, y que nos hace “arder” el corazón”. Y todo esto para prepararnos a VOLVER.
Volver al centro y al sentido de nuestra existencia, al amor que nos configura e integra, a la comunidad y la pasión apostólica. Volver, como la condición para la felicidad, la paz y la fecundidad.
Ayuda comenzar el retiro, reconociendo la propia realidad, leyendo la vida desde la óptica de Dios, dejándose mirar por Él.
La invitación es a escuchar la melodía del presente, convencidos de que LA CALIDAD DE LA ESCUCHA DETERMINA LA CALIDAD DE LA RESPUESTA:
Vengo, como los discípulos de Emaús, de caminar:
- ¿Qué historia cuentan mis zapatos?
- ¿De dónde vengo?
- ¿Qué sentimientos me acompañan en esta etapa de mi vida?
- ¿Qué pensamientos son los que más me dan vueltas en la cabeza en este
último tiempo?
- ¿Qué me quita la tranquilidad por estos días?
- ¿Qué espero encontrar en esta travesía que inicio?
- ¿A quién espero encontrar?
Elijo alguno de estos textos bíblicos que pueden ayudarme a acrecentar el deseo del encuentro con Dios, desde la conciencia de la propia verdad:
El Señor llama a mi puerta... Apocalipsis 3,20
Pedir el Espíritu Santo... Lucas 11, 9-13
Sabe de dónde vengo... Salmo 138
INICIAR EL CAMINO... EL PEREGRINAR HACIA ADENTRO Mc 6, 30-34
Nuestra imagen al iniciar esta aventura de adentrarnos en nuestro interior será EL
CAMINO.
¿Qué significa CAMINO? En el Antiguo Testamento, se refiere a la vida humana
como un camino en el que el hombre es guiado por Dios y que cada uno puede andar o rechazar. Los profetas exhortan a alejarse de los falsos caminos y a dirigirse por los caminos verdaderos. El piadoso pide a Dios que le muestre el camino. En el Nuevo Testamento, el tiempo de la nueva alianza es iniciado con la llamada del Bautista a preparar un camino para el Señor. (Jesús es la coronación del camino
que Dios ha planeado para la salvación (Rm. 11,33 ss); se denomina a sí mismo camino (Jn, 14-6). Cristo, con su encarnación, ha abierto un nuevo camino por el que el hombre puede llegar hasta Dios.
CAMINO, es uno, único,
Son muchos y tan diversos.
Yo prefiero los rurales, los de tierra,
Los que parecen sangrar,
Al ritmo de las pisadas.
Me gustan los estrechos,
esos que aparentan ser trochas,
los que están cubiertos,
por árboles frondosos,
los que conducen a casa de los amigos;
los caminos trillados y los inéditos.
Me aburren los caminos de concreto,
prefiero los que cuesta arriba,
y cuesta abajo,
sorprenden, desafían, interpelan.
Me impactan,
los que no están en los mapas,
los que desbordan toda brújula,
y solo es posible recorrer,
en buena compañía.
Sueño con caminos de misión,
con parcelas,
que nunca serán conquistadas,
con la tierra de todos.
En Ti, Jesús,
se cruzan mis caminos,
y se transforman en uno, único, vital.
Por Ti camino
y en tu compañía,
me resisto a las parálisis
que aprisionan, encierran, acomodan.
Tú te presentas siempre
como camino posible,
como sendero deseable,
como horizonte digno de transitar.
Eres el Camino,
y si por alguna razón me pierdo,
Tú sales a mi encuentro,
reorientas mis pisadas,
y haces que todo,
se reconstruya en el amor
y tienda a Ti.
Tú eres El Camino...
ESCUCHA QUE CONDUCE A LA CONVERSIÓN
Hoy estamos invitados a la escucha para recrearnos en la esperanza. Escuchar supone silencio.
“Creo que es absolutamente urgente revisitar con otro aprecio los territorios de nuestros silencios y hacer de ellos lugares de intercambio, de diálogos, de encuentros. El silencio es un instrumento de construcción, una lente, una palanca... Somos analfabetos del silencio y ese es uno de los motivos que nos impiden encontrar la paz. El silencio es un vínculo de unión más frecuente de lo que imaginamos, y más fecundo de lo que creemos. El silencio lo tiene todo para convertirse en el saber compartido sobre lo esencial. Para eso es necesaria una iniciación al silencio, que equivale a una iniciación al arte de escuchar.
En una cultura de aluvión como la nuestra, la escucha verdadera sólo puede configurarse como una resignificación del silencio, un retroceso crítico ante el frenesí de palabras y mensajes que a cada minuto pretenden aprisionarnos.
El arte de escuchar es, por eso, un ejercicio necesario de resistencia”
Acoge la posibilidad de adentrarte sin trabas en un SILENCIO ORANTE Y FECUNDO.
Puedes hacer un alto en el camino y preguntarte:
- ¿Cómo renacer siendo ya viejo?
- ¿Cómo después de tantos ires y venires en dispersión y superficialidad?
- ¿Cómo en medio del trajín diario?
- ¿Cómo después de lo vivido, de eso que sólo Tú conoces?
- ¿Cómo, respóndeme, Señor?
Para RENACER, será necesario ESCUCHAR... Sí, escuchar eso concreto, que dada tu realidad y el
contexto en el que has sembrado tu SI, Dios espera de ti.
Para eso será necesario disponerte, abrirte a las nuevas llamadas del Señor en la vida, a la luz de la proximidad de Dios, en Jesús de Nazaret.
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos» ... Mc 12, 28b-34
Sabernos amados, llamados y enviados, nos dispone a contemplar. Y contemplar es un itinerario de salida, que nos dispone a peregrinar al interior sin tregua y al exterior sin excusa y que implica reconocer la novedad del Evangelio, el cual, siempre nos resuena de manera nueva, aunque nos hayamos acercado a él muchas veces. En toda aproximación al Evangelio, el desafío es dejarnos configurar por Jesús, aprender de Él su modo, dejarnos seducir por su persona, hacer nuestros sus sentimientos, formas y modos de proceder.
La llamada es a que en el encuentro se produzca la transformación. Hoy, la propuesta es, estar con Jesús, así como la Mujer del Perfume, dispuestos a ofrecerlo todo o como el Buen Samaritano, atentos al lugar de la herida, para bajar del lugar de nuestro confort y disponernos a la ofrenda que cura y levanta.
Hoy, pregúntale al Señor:
- ¿Cómo quieres que viva mi vida?
Tal vez esta propuesta pueda ayudarte a dar una mirada a tu vida en distintas dimensiones, pídele al Señor: “Dame tu mirada”
Tu Vida Espiritual:
- Tu relación con Dios.
- Tu oración.
- Tu Eucaristía.
- Tu Examen de Conciencia.
- La dimensión mariana
- Tu vida como testigo de la acción de Dios.
Tu mundo relacional:
- Tu relación con tus hermanos de comunidad
- Tu relación con las personas con las que trabajas.
- Las personas que ocupan espacio en tu corazón.
Mi Vida Apostólica o de Misión:
- Tu entrega en la misión.
- Tu vinculación al Proyecto Misionero del Distrito México Norte
- Tu relación con las personas en tu servicio apostólico.
- Tu testimonio de vida.
- Tu sensibilidad ante el dolor del sufrimiento de la gente y tu Solidaridad con los más necesitados.
Él ha venido, se ha insertado en la historia, para:
Para que todos tengan Vida (Jn, 10,10)
Para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc, 19,10)
Para servir y dar la vida en redención de muchos (Mc, 10,45)
Para anunciar la buena-nueva a los pobres (Lc, 4,18)
Para llamar los pecadores (Mc, 2,17)
No para condenar el mundo, sino para salvarlo (Jn, 12,47)
Elige uno de estos textos y quédate ahí... saboreando la Palabra, escuchando a tu Dios.
RECUERDA:
“La tentación no consiste tanto en querer ser, titánicamente, como Dios, sino en ladebilidad, en el desaliento, en el cansancio de no querer ser aquello que Dios nos propone.
Dios ha elevado al hombre y le ha otorgado un horizonte despejado hacia lo libre, hacia lo abierto, pero el hombre queda rezagado, el hombre falla. Dios promete una nueva creación de todas las cosas en justicia y en paz, pero el hombre actúa como si todo permaneciese en lo antiguo. Dios juzga al hombre digno de sus promesas, pero éste no se atreve a aquello que se le propone. Este es el pecado que más hondamente amenaza al creyente. No es el mal que hace, sino el bien que deja de hacer; no sus delitos, sino sus omisiones son las que le acusan. Le acusan de falta de esperanza. Pues los pecados de omisión se fundan siempre en la falta de esperanza y en la pusilanimidad. 'No es tanto el pecado, cuanto la desesperanza la que nos arroja a la condenación', dijo San Juan Crisóstomo. Por ello la Edad Media consideraba la acedía o tristeza como uno de los pecados contra el Espíritu Santo, que llevan a la muerte”
Pide confiadamente la gracia de ser renovado en el arte de la escucha. Recuerda que la ESCUCHA CONDUCE A LA CONVERSIÓN.
Que al eco de la voz de Jesús se renueve tu existencia. Intenta concretizar el camino de conversión al que Dios te conduce. Y deja que en su abrazo de Padre se renueve tu existencia. Lc. 15, 1-32
Termina contándole a María, lo que escuchaste en tu oración,
CONVERSIÓN/MISTICA DEL ENCUENTRO
Inicia este rato de oración recitando despacio el Salmo 50:
Yo reconozco mi pecado... Devuélveme lo que perdí: el gozo y la alegría... Crea en mí un corazón puro... Dame vida... y la gracia de salir de la autosuficiencia...
Experiméntate sediento:
- ¿Cuál es la sed que te habita en el hoy de tu vida?
Seres sedientos... eso somos. Por eso, desde nuestro deseo de buscar y encontrar la fuente en la que se sacien nuestros anhelos, desde nuestra voluntad de vivir más afectiva y efectivamente la adhesión a Jesús y a su proyecto, nos encontramos con:
- la distancia a la que tantas veces mantenemos a Dios,
- las resistencias y los muros que le ponemos,
- las excusas y justificaciones con las que lo dejamos plantado,
- las traiciones y engaños con que lo manipulamos, etc.
Tal vez hoy, conscientes de nuestra sed, nos haga bien, recordar:
“¿Qué es pecar? Tendría que decirte primero quién es Dios y quién es el hombre y cómo se instaura una relación personal entre ambos; relación personal que puede ser plenamente explícita y consciente, o sólo, implícita en el deseo, en la añoranza, en el recuerdo, en la percepción incluso de ser llamado y tener responsabilidad.
Cuando tal relación ha sido silenciada, quebrada o rota entre ese Dios que ha dado la mano en amor y ese hombre que en amor se la ha cogido...
Cuando, entre esos dos, media el olvido, el silencio, la distancia, el insulto o el desamor...:
Entonces, existe pecado. Llámalo descuido, llámalo desvío, llámalo ofensa.
En todo caso es la ruptura de la amistad, del amor entre dos seres que saben que, en el fondo, se necesitan, se deben y se quieren. Es la ruptura sobre todo de quien se sabe amado antes como hijo, de quien se sabe puesto en el ser como criatura, de quien se sabe enviado por Dios, Señor de la vida y de los caminos.
Por ello se le podrá describir al pecado como: orgullo, reto a Dios, desobediencia, desamor... Por ello, si no hay experiencia de Dios, no hay experiencia de pecado”(Olegario G. De Cardedal)
Sólo asomándonos a nuestra fragilidad, a nuestro pecado desde la fe y la certeza
del amor de Dios, podremos ir reconociéndolos sin hundirnos. El pecado sólo se conoce en diálogo con el Señor. Por eso esta es una tarde para el ENCUENTRO.
Para la mística del encuentro.
Que resuene la Palabra:
Todos encontramos en nosotros expresiones de pecado, (violencia, ambición, envidia, desprecio al débil, egoísmos, manipulaciones y mentiras, indiferencia ante el dolor...). Con frecuencia rompemos con el proyecto de Dios para nosotros.
Detengámonos en alguno de estos textos bíblicos y permitamos que, a través de él,
Dios nos conduzca por senderos de conversión.
• 2 Sam 12,1-7: El pecado de David. "Ese hombre, ¡eres tú!
• Jn 8,1-11: La adúltera. "El que éste libre de pecado, que tire la primera piedra"
• Mt 7,1-5: "Quítate antes la viga de tu ojo".
• Rm 7,14-25: "No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero"
Dios nos llama a la mística del encuentro. Quiere despertar en nosotros, una fuente de gracia y amor misericordioso.
Escúchalo decir:
“Ven a Mí, tú que estás cansado y agobiado que yo te aliviaré”. Mt. 11, 25-30
Quédate con Él, junto al Pozo:
- ...y serena y gozosamente, deja que su amor te restaure.
- En Él... ahí, junto a su corazón de Padre Misericordioso, puedes hacer tu morada.
Que resuene este poema de Benjamín González Buelta
Hoy no tengo nada que pedirte, ni te traigo ninguna queja.
Yo sólo busco un encuentro desde lo infinito que late en mí.
¡Pobre de mí si atase tu respuesta a mi pregunta tan medida, o a mi lamento tan herido!
¡Pobre de mí si ya supiese la respuesta!
Tal vez, sólo encontraría para mi sed, mi propia agua reciclada, el eco de mi monótono decirme, mi pasado humedecido por el sudor o por el llanto.
Te necesito más allá de lo que sé o de lo que digo de mí mismo.
¡Hoy descubro ya presente, en el amor con que me atraes, la pasión con que me buscas!
Guía 4: NOS LLAMÓ PARA ESTAR CON ÉL
Como Marta y María estamos llamados a “estar con Él”. Él nos ha llamado y el eco de su voz nos confiere identidad y misión.
Tal vez, esta mañana podríamos sencillamente hacer memoria de nuestra vocación, de nuestra llamada a estar con Él: personas, lugares, palabras... que fueron anclando en nosotros la certeza de sentirnos llamados. Como Marta y María, estar con Él y para eso nos ayudan unas disposiciones esenciales:
- Disponerme a SER... en lugar de HACER COSAS.
- Disponerme a ESTAR... en lugar de CORRER.
- Disponerme a RECIBIR... en lugar de PRODUCIR/RESOLVER.
- Disponerme a OFRECER... en lugar de CONSUMIR/EXIGIR.
Me ubico serenamente en la presencia de Dios y dejo que me resuene este cuento:
EL ANCIANO LLEGA AL HIMALAYA
Un anciano peregrino recorría su camino hacia las montañas del Himalaya en lo más crudo del invierno. De pronto, se puso a llover. Un posadero le preguntó:
“¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí con este tiempo de perros, buen Hombre?” Y el anciano respondió alegremente: “Mi corazón llegó primero, y al resto de mí le ha sido fácil seguirle”.
El camino del seguimiento a Jesús es cuestión de amor. El corazón debe llegar primero.
Retoma la experiencia de saberte amado por Dios:
Eres Creado permanentemente por Dios. Entonces trae a la Memoria el acontecer creador de Dios en tu vida, gustando y sintiendo todo lo que Él ha venido haciendo contigo hasta hoy. Elige un período de tiempo, tal vez, desde el último cambio de misión que tuviste, desde algún momento de enfermedad, desde el principio de tu vida, etc. y vas a ver la “acción creadora de Dios” en tu existencia, la forma concreta como Dios te hace su creatura.
En ese período de tiempo descubre:
- Caricias evidentes de Dios en tu vida.
- Luces especiales que hayas tenido.
- Impulsos para cambiar.
- Movimientos que te han llevado a hacer algo (o por lo menos a desearlo).
- Deseos persistentes.
- Incomodidades interiores a raíz de alguna situación.
- Personas que han sido claves para tu vida.
Recuerda en detalle todo lo que ocurrió y lo que viviste o sentiste en ese momento.
Conversa con Dios, pregúntale y trata de entender lo que te ha querido decir con eso que ocurrió y con lo que experimentaste.
Gusta y siente profundamente todo eso que es la manifestación concreta del inmenso Amor de Dios: Él te Ama tanto que no deja de producir vida en ti, ni se cansa de trabajar en ti y por ti, ni nunca te deja tirado. Goza interiormente con esta certeza. Agradece inmensamente a Dios por todos estos dones y gracias.
Después de reconocer lo que está haciendo Dios en tu vida, es importante que te preguntes:
- ¿Para qué me tiene Dios en este mundo?
- ¿A qué me llama?
Dios te ama y te llama. Él conoce la diversidad que te habita y quiere contar contigo.
Contempla, ora y deja que la Palabra te renueve. Elige alguno de estos textos bíblicos y permite que hoy te resuene de manera nueva y en él, Dios te vaya mostrando su querer:
“Venir conmigo”: Mt 4, 18-22; 9, 9-13
- Es una llamada a ponerse en camino.
“Ven, Señor, conmigo” ... ¿Lo acepto como compañero de camino? ¿Le dejo que venga conmigo? A veces acelero y le dejo atrás, otras no le hago caso...
“Trabajar conmigo”: Lc 7, 18-22; Jn 5, 16-17
- Jesús nos llama a dar vida.
Esa es la pregunta definitiva a nuestra misión: ¿doy vida?
“Trabaja, Señor, conmigo”. Jesús quiere trabajar conmigo, trabajar en mí, ¿le dejo hacer?
Vivir como yo: Mt 16, 20-28; Jn 14, 20-22.
- Jesús nos llama a asumir en libertad las ofrendas del seguimiento.
Nos propone: “Siguiéndome en la pena... también en la gloria”.