8 Suavíter et fortifer,
Suavidad en las formas con la energía en la defensa de los principios
Marco Fabio Quintiliano, fue un retórico y pedagogo hispanorromano vivió de 35 a 95 d.C
Sobre todo, en la adolescencia
David, indignado contra aquel hombre del que Natán le había hablado en su parábola, al reconocer que se dirigía a él, no pudo replicar sino estas palabras: he pecado contra el Señor (2 S 12,13). Y en seguida hizo ruda penitencia. Habiendo muerto el hijo nacido de su adulterio con la mujer de Urías el Hitita, adoró a Dios y le manifestó que se sometía a su santa voluntad.
Así fue como la conducta prudente y moderada del profeta Natán con el rey David pecador ablandó el corazón de este príncipe, que reconoció sus dos pecados (haber enviado a Urías con los Amonitas para que lo matara y haber tomado a su mujer), pidió perdón de ellos a Dios, y se arrepintió eficazmente. MR 204,3,1
Jesucristo, constituido entonces como su juez, de parte de Dios, les dirá lo mismo que aquel señor a su mayordomo: en la parábola: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración. (Lc 16,2). Entonces penetrará lo íntimo de su corazón y examinará si fueron administradores fieles de los bienes que les tenía confiados y de los talentos que les había dado para emplearlos en su servicio.[1] MR 205,1,1
"Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces;
pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos."
Martin Luther King (1929 – asesinado en 1968)
Ya los antiguos romanos resumían en estas palabras “con suavidad y con firmeza” su secreto pedagógico. Tu actuar, maestro, si educas desde el amor, no tiene por qué ser blandengue o falto de energía. Debes escuchar, ser acogedor y sereno a la hora de tomar decisiones, de establecer los compromisos, pero no debes vacilar a la hora de cumplirlos.
Entre los estudios de las bandas juveniles de Chicago, ya Trasher', en su estudio sobre 1313 bandas de Chicago, observaba, en 1927, que cuando los Papás eran super exigentes, o excesivamente tolerantes, hijos tendían a una conducta desviada.
El continuo cambio de opinión, la falta de línea coherente, el decir y no hacer, engendran en el educando inseguridad. Es fundamental tomar las decisiones con serenidad, pero una vez tomadas, ejecutarlas con firmeza.
En todas las etapas de la educación, pero particularmente si eres papá o maestro de adolescentes, requieres paciencia amorosa y firmeza a toda prueba. Tu sabes que la adolescencia es la etapa que mayores dificultades encierra en la evolución de la vida del hombre, porque en ella se producen importantes y profundos cambios biológicos, psicológicos y sociales, que pueden originar continuos conflictos y desajustes en la personalidad del educando y que requieren la mirada atenta, serena y amorosa del educador para comprender la nueva situación.
El adolescente está descubriendo el amor y por ello es muy sensible a toda muestra de afecto, aun cuando aparentemente la rechace en su proceso de conquista de la autonomía. Los conocimientos y la disciplina se logran mejor y son más duraderos si son motivados por el amor.
Como como maestro, eres consciente de que la educación tiene como objetivo fundamental el desarrollo integral de la personalidad del educando y, por ello, no se limita a ser una simple transmisora de conocimientos, sino que, además de esa dimensión informativa e instructiva, procura atender la dimensión formativa, facilitando al educando, la interiorización de los valores necesarios para afrontar la vida conforme a su dignidad de persona.
Manuel García Morente (1886-1942), filósofo y teólogo escribe, en su libro Lecciones preliminares de filosofía (1991) que debemos distinguir entre cultura colectiva y cultura personal. La primera, objetiva, común y en estado bruto, es el conjunto de saberes con que el hombre se encuentra al nacer, unos saberes que están ahí al alcance de todos y que son comunes a los hombres de una misma generación. La segunda, en cambio es singular y original, es la apropiación que cada uno hace de esos saberes comunes. Sin duda, es la cultura personal la auténticamente valiosa, la que determina el desarrollo de cada persona, la que permite que cada uno adquiera, como subraya el filósofo José Luis López Aranguren (1909-1996), en su libro Ética y sociedad, ese carácter moral, ese estilo, esa personalidad que le configura y le define como tal.
Para educar en el amor debemos evitar toda esquizofrenia, exponiendo al alumno a unos valores en la escuela y a otros en la familia. Ambos, maestros y padres, deben establecer mecanismos de colaboración. Actuar cada uno por su lado, produce desconcierto e inseguridad en la ya insegura personalidad de los jóvenes. El objetivo último de educar en el amor es la interiorización de los valores para el crecimiento armónico de la personalidad del educando y su incorporación positiva a la vida social y colectiva.
Es cierto que, en una sociedad plural, como la nuestra, los códigos axiológicos no son siempre coincidentes. Pero es falso afirmar que hay una crisis de valores o que la juventud carece de ellos. En todo caso, la crisis estaría referida a determinados valores que han sido sustituidos por otros, porque, como afirma Max Scheller, (1874-1928 filósofo alemán profundizó los temas de la fenomenología, la ética, la antropología filosófica y la filosofía de la religión) en su libro “El puesto del hombre en el cosmos, 1939, “Cada época histórica estima y prefiere unos valores para los que han sido ciegos los hombres de épocas anteriores”.
Actualmente, en muchos sectores sociales hemos perdido el consenso con relación a los valores, invocando las diferencias. Respetando éstas, debemos construir, en la escuela y en la familia, un consenso mínimo en cuanto a un conjunto básico de valores que emanan directamente de las exigencias de la convivencia y de la seguridad, como pueden ser el respeto, la tolerancia, la cultura de la paz, la justicia, la solidaridad.
Al educar en el amor, como padre o maestro, tienes conciencia de que la efectividad del proceso educativo depende, en gran medida, del grado de confianza y de credibilidad que el hijo o el alumno tienen en el padre o en el maestro.
El adolescente vive una situación ambivalente: por un lado, su inseguridad le induce a confiar en sus padres y educadores, pero, por otro, su fuerte espíritu crítico y su afán de independencia y autonomía para reafirmar su yo, le impulsan a cuestionarlo todo y a rechazar, como obsoleto y desfasado, cualquier principio que provenga de los adultos, refugiándose en su soledad o en sus amigos, donde no experimenta una sensación de subordinación, sino de igualdad.
De ahí que trate de expresar su yo íntimo a través de diarios personales o mediante la apropiación de modelos idealizados (posters, fotografías de artistas, deportistas), o cambiando su aspecto externo y su vestimenta, o adoptando incluso un vocabulario propio de su generación.
Perdona, no sobornes
¿Te acuerdas de la película Durmiendo con el enemigo?
Pues eso pasa cuando tú no perdonas, tu enemigo, te perturbará el sueño.
Educa a tus hijos y a tus alumnos en un escenario de alegría, no de terror.
Perdona y enséñales a perdonar a la gente que los ofende o los desilusiona y, mejor aún, explícales el mecanismo:
• La agresividad genera alto volumen de tensión, sobre todo en niños y adolescentes que les puede dejar cicatriz permanente, una patología en su personalidad.
• Una experiencia dolorosa se registra automáticamente en la memoria. Al leerla continuamente, genera miles de pensamientos que nuevamente se registran en el subconsciente como zonas de conflicto y se genera un círculo vicioso.
• Si cometes un error con tu hijo o con tu alumno, no sólo trates de ser más amable con él. Menos aún trates de sobornarlo con un regalo, pues él te manipulará cuantas veces quiera, pero no te amará.
• Trata de penetrar al interior del corazón del niño, del joven e indaga sus actitudes, acéptalas, cúralas amorosamente. Sólo así repararás el tejido roto.
• Algunos padres extienden el conflicto de pareja sobre los hijos, no sólo física, sino emocionalmente, ya no disfrutan con ellos, ya no sonríen, ya no los felicitan.
• Aquello de perdono, pero no olvido, ni es perdón ni tampoco olvido. Lo maravilloso de educar, no es tanto no cometer errores, sino reparar amorosamente el tejido con el perdón de forma tal que, como leemos en la Biblia: "si tu pecado era rojo como la grana, yo lo volveré blanco como la lana" (Is 1, 18).
Preguntas para reflexionar:
1. ¿Qué idea te llamó especialmente la atención? ¿Por qué?
2. Con respecto al perdón ¿podrías compartir alguna experiencia tuya de perdón recibido o de perdón que tú diste?
3. Si alguien te preguntara ¿Qué significa educar en el amor? O ¿Crees que sea importante que el maestro eduque en el amor?
El Señor envió al profeta Natán a ver a David. Cuando Natán se presentó ante él, le dijo:
—En una ciudad había dos hombres. Uno era rico y el otro pobre. 2 El rico tenía gran cantidad de ovejas y vacas, 3 pero el pobre no tenía más que una ovejita que había comprado. Y él mismo la crió, y la ovejita creció en compañía suya y de sus hijos; comía de su misma comida, bebía en su mismo vaso y dormía en su pecho. ¡Aquel hombre la quería como a una hija! 4 Un día, un viajero llegó a visitar al hombre rico; pero éste no quiso tomar ninguna de sus ovejas o vacas para preparar comida a su visitante, sino que le quitó al hombre pobre su ovejita y la preparó para dársela al que había llegado.
5 David se enfureció mucho contra aquel hombre, y le dijo a Natán:
—¡Te juro por Dios que quien ha hecho tal cosa merece la muerte! 6 ¡Y debe pagar cuatro veces el valor de la ovejita, porque actuó sin mostrar ninguna compasión!
7 Entonces Natán le dijo:
—¡Tú eres ese hombre! Y esto es lo que ha declarado el Señor, el Dios de Israel: “Yo te escogí como rey de Israel, y te libré del poder de Saúl; 8 te di el palacio y las mujeres de tu señor, y aun el reino de Israel y Judá. Por si esto fuera poco, te habría añadido muchas cosas más. 9 ¿Por qué despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Urías el hitita, usando a los amonitas para matarlo, y te has apoderado de su mujer. 10 Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer, jamás se apartará de tu casa la violencia. 11 Yo, el Señor, declaro: Voy a hacer que el mal contra ti surja de tu propia familia, y en tu propia cara tomaré a tus mujeres y se las entregaré a uno de tu familia, el cual se acostará con ellas a plena luz del sol. 12 Si tú has actuado en secreto, yo voy a actuar en presencia de todo Israel y a plena luz del sol.”
13 David admitió ante Natán:
—He pecado contra el Señor.
Y Natán le respondió:
—El Señor no te va a castigar a ti por tu pecado, y no morirás. 14 Pero como has ofendido gravemente al Señor, tu hijo recién nacido tendrá que morir.
15 Y cuando Natán volvió a su casa, el Señor hizo que el niño que David había tenido con la mujer de Urías se enfermara gravemente. 16 Entonces David rogó a Dios por el niño, y ayunó y se pasó las noches acostado en el suelo. 17 Los ancianos que vivían en su palacio iban a rogarle que se levantara del suelo, pero él se negaba a hacerlo, y tampoco comía con ellos.
18 Siete días después murió el niño, y los oficiales de David tenían miedo de decírselo, pues pensaban: «Si cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no nos hacía caso, ¿cómo vamos ahora a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede cometer una barbaridad!»
19 Pero al ver David que sus oficiales hacían comentarios entre sí, comprendió que el niño había muerto; así que les preguntó:
—¿Ha muerto el niño?
—Sí, ya ha muerto —respondieron ellos.
20 Entonces David se levantó del suelo, se bañó, se perfumó y se cambió de ropa, y entró en el templo para adorar al Señor. Después fue a su casa, y pidió de comer y comió. 21 Entonces sus oficiales le preguntaron:
—¿Pero qué está haciendo Su Majestad? Cuando el niño aún vivía, Su Majestad ayunaba y lloraba por él; y ahora que el niño ha muerto, ¡Su Majestad se levanta y se pone a comer!
22 David respondió:
—Cuando el niño vivía, yo ayunaba y lloraba pensando que quizá el Señor tendría compasión de mí y lo dejaría vivir. 23 Pero ahora que ha muerto, ¿qué objeto tiene que yo ayune, si no puedo hacer que vuelva a la vida? ¡Yo iré a reunirme con él, pero él no volverá a reunirse conmigo!
Nacimiento de Salomón
24 Después David consoló a Betsabé, su mujer. Fue a visitarla y se unió a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llamó Salomón. El Señor amó a este niño, 25 y así se lo hizo saber a David por medio del profeta Natán. David entonces, en atención al Señor, llamó al niño Jedidías.
[1] °MD 61,1,1.