2 Tocar los corazones, la única pedagogía
La Salle escribió para nosotros:
No se puede estar instruido en los misterios de nuestra religión si no se ha tenido la suerte de oírlos, y si no se ha podido gozar de este beneficio más que por la predicación de la palabra de Dios (Rm 10,17): Pues ¿cómo creerían los hombres, dice San Pablo, en aquel de quien no han oído hablar?, ¿y cómo oirán hablar, si no tienen a nadie que se lo anuncie?
Por ese motivo, Dios, que difunde a través del ministerio de los hombres el aroma de su doctrina por todo el mundo (2 Co 2,14), y que ordenó que la luz surgiera de las tinieblas, ha iluminado Él mismo los corazones de los que ha llamado a anunciar su Palabra a los niños y a los jóvenes, para que puedan iluminarlos descubriéndoles la gloria de Dios (2 Co 4,6). MR 192, 1.1
Corresponde, a la Providencia de Dios y a su vigilancia sobre la conducta de los hombres, sustituir a los padres con personas que tengan luces suficientes y celo para que los niños y los jóvenes lleguen al conocimiento de Dios y de sus misterios; que se impongan todo el cuidado como buenos arquitectos, según la gracia de Jesucristo, que Dios les ha dado (1 Co 3,10), y que se apliquen lo más posible para afianzar en el corazón de los niños y de los jóvenes, muchos de los cuales quedarían abandonados, la solidez de la religión y de la piedad cristiana. MR 193,2,2
"Hay una sola pedagogía... la pedagogía del amor"
Esta frase no la escribió un predicador, ni un poeta, ni tampoco una persona que haya hecho profesión de fe religiosa. El pensamiento pertenece a Federico Mayor Zaragoza, quien fuera director general de la UNESCO (entre 1987 y 1999).
Siendo él una autoridad en la materia, conviene que analicemos este pensamiento con el fin de iluminar y enriquecer nuestro proceder como padres o como maestros.
Si pedagogía es el acompañamiento amoroso y dedicado de un adulto para con los niños y jóvenes, ¿por qué el amor adquiere tanta relevancia? Viene a mi memoria aquello de que no hay malos alumnos sino malos maestros, no hay hijos malos, sino malos padres.
Para tocar los corazones necesitas reconocer los intereses de tus hijos, de tus alumnos, conocer su afectividad hacerte ayudar por la psicología y por quien sea, para llegar a entender sus sentimientos y sus cambios repentinos, sobre todo en la adolescencia que, curiosamente, hoy se prolonga más que en otras épocas de la historia.
Para tocar los corazones, necesitas ser a sus ojos, imagen de equilibrio emocional, seguridad en sus dudas, valor en su inestabilidad, paciencia en su humor cambiante, tolerancia y firmeza en sus desgarros.
No es fácil tocar los corazones. Requiere vulnerabilidad, sensibilidad, iniciativa, interés limpio, pero qué gratificante es, como dice San Agustín, "Quien salva a otro, ya aseguró su propia salvación". Parafraseando podríamos decir, "Quien toca el corazón de otra persona, ya se dejó tocar por ella". Ambos salen ganando en humanidad.
En sociología, al estudiar la conducta desviada y delictiva se concluye que, más del noventa por ciento de los infractores provienen de hogares disfuncionales. ¿Podría decirse en la educación que la mayoría de los malos alumnos provienen de maestros disfuncionales?
Sueño con una escuela...
Seria y a la vez rebosante de alegría. Una escuela donde la fuerza del amor sobrepasa a la fuerza de la lógica. Sueño con una escuela donde el alumno es lo más importante, donde los maestros crecen juntos y juntos construyen la historia.
Una escuela donde los alumnos, más que saber, son personas en plenitud. Donde viviendo, aprenden a ser felices.
Una escuela donde no hay distinciones de clases sociales ni se clasifica a los alumnos.
Una escuela que es ya proyecto de la nueva sociedad futura.
Podremos contar con los más bellos edificios, con los equipos computacionales más avanzados, con electrónica de punta, con las bibliotecas y laboratorios mejor equipados, pero, como diría San Pablo, si en esa escuela no hay amor, de nada sirven.
Podemos contar con los maestros mejor formados, con títulos de licenciatura y posgrado, con los diplomados más avanzados y con los mejores programas de formación continua, pero, si no educan con amor, de nada sirven.
En la situación concreta del aula, si el alumno no intuye interés, empatía y cariño por parte su maestro, sobran todos los enfoques, modelos pedagógicos y acreditaciones.
Los saberes, los esquemas teóricos, las teorías de aprendizaje, las metodologías y los contenidos son necesarios, pero serán letra muerta si no están animados por el amor.
Sí, hay que saber, pero sobre todo ser personas y la dimensión más profunda, más íntima, la dinámica de la persona es el amor.
Al tomarla en cuenta, el saber y el ser se funden en una sola cosa. Separados, ninguno de los dos es suficiente. ¿Y quién es el mejor maestro?
Una forma de conocerlo es asomarnos al resultado de una encuesta realizada por la UNESCO, que sometió a la Red del Proyecto de Escuelas Asociadas. Se realizó un sondeo entre 500 chicos de entre 8 y 12 años de 50 países diferentes. Sólo tenían que opinar sobre una sola pregunta: ¿Cómo debe ser un buen maestro?
Con los resultados en la mano, Colin N. Power, subdirector general de Educación de la UNESCO, se mostró conmovido por "el profundo respeto y el verdadero cuidado que los niños muestran por sus maestros".
Coincidimos definitivamente con él cuando dijo: "No podemos quedarnos indiferentes ante sus sentimientos, necesidades, deseos, esperanzas y expectativas."
Basta para comprobar esto, asomarnos al azar a las respuestas de los niños:
La primera en invitarnos a meditar fue una niña de 11 años que vive en un pequeño poblado de nombre curioso, Guijarro, en México. Ella respondió: "Un maestro es al estudiante lo que el agua es al campo."
Rose, de 9 años, vive en Nueva Zelanda y expresó: "Necesitas ser bueno, amigable y tener confianza en mí. Debes escuchar y comprendernos a todos nosotros, y nunca perder tu calma o ignorarnos. Me gusta una sonrisa y una palabra amable."
"Un buen maestro debería querer estar con nosotros incluso en el tiempo del recreo". Así piensa Kang Takho, de 7 años, que asiste a una escuela en la República de Corea.
Desde Zimbabwe, Bong Ani Sicelo, de 9 años, resumió un capítulo entero de psicopedagogía: "Me gusta un maestro que me quiera, que me ayuda a pensar y a conseguir respuestas por mí mismo."
Satish, que vive en la isla caribeña de Santa Lucía, nos deja, con sus 10 años, otra clave para responder la gran pregunta: "Ellos deben ser no sólo maestros sino modelos, así nosotros seremos capaces de adquirir conocimientos de una forma mejor"
Al leer estas respuestas, tengo la certeza de que quienes escriben los mejores libros de pedagogía, quienes mejor nos enseñan cómo debe ser un buen maestro, deben de haberse pasado muchos años escuchando a sus alumnos.
Sigo creyendo que la frase de Federico Mayor, "hay una sola pedagogía, la pedagogía del amor" debe ser meditada cada día por padres y educadores. Ahora comprendo mejor por qué De La Salle te dice, maestro: "Estás en una profesión donde tienes la obligación de tocar los corazones para ello necesitas ternura de padre, no basta, debes tener la ternura de una madre."
En una época en que la apariencia vale más que la esencia y la competencia más que la relación, es imprescindible hablar de compañerismo, de amistad y de amor con nuestros alumnos.
En una época en que la esperanza parece nublarse por tantas dificultades, es fundamental reavivar nuestra confianza en días mejores. En un tiempo en que los valores que deberían orientar la vida en sociedad se olvidan y pisotean, es urgente vivir y practicar una pedagogía del amor.
Éste es hoy el gozne del cambio, la capacidad para mover los corazones de las jóvenes generaciones.
La razón de ser tradicional de la escuela y del aprendizaje, no sólo no están reñidos con los sentimientos del amor y la ternura, sino que, como lo han ya demostrado numerosos investigadores, los niños, los adolescentes y los jóvenes aprenden mejor cuando son felices en la escuela, cuando pueden expresar sus emociones, cuando se sienten queridos, amados y educan sus sentimientos.
Ternura
"La ternura es a la vez un impulso, un sentimiento y una actitud... Está en el centro y al comienzo de la constitución del hombre y es un fenómeno complejo, de ahí la gran cantidad de palabras que, desde muy antiguo se relacionan con ella, tales como dulzura, suavidad, apaciguamiento, indulgencia, benignidad."
Diccionario de Ciencias de la Educación, Diagonal-Santillana
Para meditar:
Reflexionado en una canción de Arjona “Jesús es verbo y no sustantivo” me ha llevado a buscar algunos verbos que se repiten en el Evangelio en relación con la persona y la misión le Jesús y he hecho una lista, ciertamente incompleta y subjetiva, pero que nos da una idea de hacia donde debemos orientar nuestra vida de hermanos y nuestra acción evangelizadora:
. llamar, ver, conmoverse, amar, servir, perdonar, enseñar, creer, confiar, orar, cargar, acoger, perder, arriesgar, renunciar, dar, animar, curar, limpiar, tocar, morir, resucitar… Cada uno le estos verbos es un verdadero programa de vida. Creo que conjugarlos vitalmente nos debe llevar a ser memoria viviente del modo de existir y de actuar le Jesús, como Verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos”.
Carta Pastoral, de 2008, pág. 22
H. Álvaro Rodríguez Echeverría Superior de los lasallistas
Reflexión personal.
1. Qué idea, qué frase te llamó la atención. ¿Por qué?
2. “Tocar el corazón”… vivencias personales en las que recientemente alguien “tocó tu corazón”.
3. Quien o quienes te han dicho que “tocaste su corazón”.