Los cereales especialmente trigo y cebada constituían la base de la alimentación en la Antigua Grecia. El trigo, descascarillado por remojo, se reducía a sémola para hervir o se molía y amasaba para transformarlo en pan (ἄρτος). El pan se acompañaba con queso o miel.
La comida típica de los campesinos que no podían permitirse las verduras frescas era la sopa de lentejas. La carne era cara en las ciudades por ello su consumo era bajo y el pescado en un principio no era consumido por las clases altas por ser considerado alimento de pobres pero a partir del periodo clásico se consideró un lujo buscado por los más exquisitos gourmets.
Los griegos criaban patos, gallinas y codornices por sus huevos que eran consumidos duros o pasados por agua como postres o entremeses. También criaban cabras y ovejas, bebían su leche (γάλα) pero no era utilizada en la cocina.
Además de leche la bebida más extendida era el agua, ir a buscar agua era la faena cotidiana de las mujeres. Los griegos descubrieron el vino en el tercer milenio a.C. y lo clasificaban en tinto, rosado y blanco. Se bebía aguado por su alta graduación alcohólica superior a la del vino que se consume en la actualidad.