Charlas sobre
la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia
y de la teología
a la pastoral práctica.
Charlas sobre
la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia
y de la teología
a la pastoral práctica.
DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR
«Sine Dominico non possumus»... sin reunirnos en comunidad de creyentes el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades cotidianas y no sucumbir.
Si nos remontamos al año 304, encontramos que el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, con gran severidad, bajo pena de muerte, poseer textos (las Sagradas Escrituras), reunirse para celebrar (la Eucaristía) y construir sitios (para sus asambleas).
Los textos sagrados eran quemados, los recintos de reunión demolidos, se prohibía oficiar la liturgia sagrada.
Sin embargo, valerosos cristianos desafiaban el edicto imperial.
En una pequeña localidad llamada Abitinia, cerca de la actual Túnez, 49 cristianos fueron sorprendidos un Domingo en una celebración eucarística.
Arrestados, fueron llevados a Cartago para ser interrogados.
Significativa fue la respuesta de uno de ellos al procónsul, cuando le preguntaba por qué habían transgredido la orden del emperador: “Sin temor alguno hemos celebrado la Cena del Señor”, “nosotros no podemos vivir sin la Cena del Señor”.
Una de las mártires confesó: “Sí, he celebrado con mis hermanos, porque soy cristiana”. “Sine dominico non possumus” (Sin el Domingo, no podemos vivir), es decir: sin reunirnos el Domingo en comunidad, para celebrar la Eucaristía, no podemos vivir.
Agregando que les faltarían fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir. El Domingo era parte de sus vidas.
Después de atroces torturas fueron asesinados.
Con su propia sangre, confirmaron su fe, murieron, pero no murieron… resucitaron por su manera de vivir la fe. Son recordados en el Martirologio Romano (santoral) como San Saturnino y sus compañeros mártires.
La única verdadera caída del ser humano es su vida noeucarística en un mundo noeucarístico."
Alexander Schmemann
ORDO CHRISTIFIDELES LAICI
"A todos los que han recibido el bautismo y la confirmación
les ha sido encomendada la misión de cooperar,
dentro de la celebración de la eucaristía,
en la divinización del mundo.
Zizioulas dice explícitamente que han sido «ordenados» para ello: el neófito no se convierte simplemente en «cristiano»,
sino que es «ordenado» en la comunidad eucarística.
Tan pronto como se olvida este «carácter de ordenación»
que la iniciación confiere,
queda libre el camino para la identificación del laico
con el «no ordenado»
y, con ella, tanto para los clericalismos como para la negación, como reacción en su contra,
de un ministerio especial conferido por el orden.
Zizioulas une explícitamente el «carácter de ordenación» de los sacramentos de iniciación con la comunión bautismal.
(Cfr. J.D. Zizioulas, Priesteramt und Priesterweihe im Licht der östlich-orthodoxen Theologie, en H. Vorgrimler [Dir.], Der priesterliche Dienst V.• Amt und Ordination in ökumenischer Sicht, Friburgo-Basilea-Viena 1973 [QD 50], 72-113. 80.).
La «ordenación» en el sacerdocio real de todos los cristianos
se completa con la comunión bautismal,
la adscripción «acomodadora»
del sitio que le corresponde a un nuevo cristiano
en la mesa eucarística de la comunidad
como familia de Dios que es.
Capacitada por el bautismo y la confirmación
para recibir la eucaristía,
esa acomodación del sitio en el altar
es la consecuente conclusión que se le da a la iniciación y,
al mismo tiempo,
la misión de cooperar en la divinización del mundo
mediante la celebración de la eucaristía."
MICHAEL KUNZLER
Libro: LA LITURGIA DE LA IGLESIA