Charlas
sobre la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia y de la teología a la pastoral práctica.
Charlas
sobre la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia y de la teología a la pastoral práctica.
RITO DE LA COMUNIÓN
Puesto que la celebración eucarística es el banquete pascual, conviene que, según el mandato del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles debidamente dispuestos. A esto tienden la fracción y los demás ritos preparatorios, con los que los fieles son conducidos inmediatamente a la Comunión.
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
O bien:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Sólo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
“La paz les dejo, mi paz les doy”,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono o el sacerdote, añade:
Dense fraternalmente la paz.
O bien:
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
dense la paz como signo de reconciliación.
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto se dice o se canta:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga: la última vez se dice: danos la paz.
A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.
El Sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado, y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y comulga.
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera.
Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en su lugar (IGMR, nn 281-287)
Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
Finalizada la comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.
Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la Oración después de la Comunión.
El pueblo, al terminar, aclama.
Amén.
Material de
Misal Romano
Conferencia del Episcopado Mexicano
Obra nacional de la Buena Prensa
-Ad usum privatum- sin fines de lucro.
EL RITO DE LA COMUNIÓN
Con el amén de la Doxología final, se cierra la parte central de la celebración Eucarística y se enfoca a su culmine: la participación sacramental en lo que se ha ofrecido, punto único y seguro de verdadera conversión. "El que come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida en mí y yo lo resucitaré en el último día". Con esto, queda patente el motivo de la celebración: La unidad de todos en Cristo y la promesa de la vida futura.
Un gesto importantísimo de esta parte de la celebración es la fracción del pan. No se trata tan solo de un gesto pragmático, en razón de poder comer la hostia. Es más, durante muchos años, a la celebración completa se le llamó: La Fracción del Pan. Muchos han tratado de darle un realismo a las palabras de la Institución, siguiendo con gestos las palabras: Tomó pan, lo partió y lo dio (pero no resulta), jamás ningún ritual ha tratado de seguir el orden y la forma judaica de la celebración. Lo cierto es que de un rito sencillo en la era apostólica se fue pasando a un rito sofisticado que ha ido variando a través del tiempo y de los lugares.
El gesto de la fracción está ligado al de la conmixtión (unir el pan y el vino en el cáliz), recordamos que esto apareció en la liturgia cuando los presbíteros dejaron de asistir a la misa que presidía el obispo, era entonces que uno de los asistentes a aquella misa, llevaba un trozo de pan consagrado a la Misa del Presbítero y éste lo mezclaba en el vino, para significar la plena comunión con el obispo y la Asamblea que con él celebraba.
Conforme fue creciendo las Iglesias locales y ante la imposibilidad de enviar a uno de los miembros de las parroquias a la Misa con el Obispo, el Presbítero celebrante tomaba parte de su Pan consagrado y lo mezclaba en su propio cáliz recordando así a su Obispo. Con el tiempo, y con el alegorismo del segundo milenio, pasó tomando diversos significados, inclusive aquel de la traición de Judas. Hoy la teología lo interpreta como la comunión de toda la Iglesia en la Humanidad y Divinidad de Cristo.
a) El Padre nuestro:
No siempre ha ocupado en la liturgia romana su actual lugar después de la doxología, antes estaba después de la fracción del pan (así sucedía en Roma, Galia, España, Milán y en el Oriente). El motivo era que sólo después de la fracción se entiende que ha concluido la parte sacrificial y entonces sí, se puede iniciar el rito de la comunión.
El cambio se debe al Papa Gregorio que pensaba que cómo era posible que la oración hecha por cualquier ser humano (la Oración Eucarística) fuera puesta al centro de la Celebración y la Oración hecha por Cristo mismo se pusiera al final. Fue él entonces quien la puso inmediatamente después de la Oración Eucarística a fin de situarla en la parte central de la celebración y así destacar su importancia (Ep. ad Ioan. Syriacus, 9,12). Pero, san Gregorio no fue el primero en señalar esto, ya san Agustín veía que el Padre nuestro debería ser la conclusión de la Oración Eucarística (Ep. 149).
Cabe señalar también, que anteriormente el Padre nuestro era solo recitado o cantado por el presidente de la celebración, para resaltar así su importancia como oración sacerdotal, dominical, presidencial (con esto le conferían una importancia similar a la del Canon, casi como concomitante con la consagración).
A todo esto podemos añadir que el monje egipcio Juan Cassiano[1] introdujo en Europa la costumbre de que sólo el superior cantara el Padre nuestro en la recitación del Oficio Monástico (Con lat. Patrorum IX, 22) y fue consagrada la costumbre con san Benito (Regula Monachorum 13[2]). En tal uso, sólo los monjes concluían diciendo: "Y libarnos del mal", por lo que se pudiera decir, que así se acostumbraba también en la Misa.
El Padre nuestro actualmente está enmarcado por un prólogo y un embolismo[3] (que desarrolla la última petición de la Oración: Y libarnos del mal ... Libarnos de todos los males, Señor...) que concluye con una aclamación[4]
En algunos lugares, pero sobre todo en Oriente, existía y existe la costumbre de bendecir a la asamblea después del Padre nuestro y antes de la Comunión. El motivo era preparar a los fieles para la comunión, pero la razón teológica de peso, es que no hay bendición más grande que un bautizado pueda recibir, que no sea aquella que se da en la comunión.
Por tanto, la bendición después de ésta resulta un poco o un mucho incoherente. De esto dan testimonio la Liturgia de Santiago, san Marcos, san Basilio (orientales) y las Constituciones Apostólicas VIII,13,9-12. Pero, también hay que reconocer que en algunas otras partes se ofrecían ambas bendiciones, una después del Padre nuestro y otra antes de la despedida.
Sin embargo, el Papa Zacarías[5], en el siglo VIII, reconoce que el uso de bendecir después del Padre nuestro no es tradicional en Roma, pero advierte a la vez que tal uso no tiene base en la tradición de la Iglesia y teme por el perjuicio que pueda ver en los fieles ( Ep. 13 ad Bonifacium ). Y como se ve, nadie atendió al Papa Zacarías hasta hoy.
b) La Paz y el Beso de la Paz[6]:
Siempre han estado unidos el deseo de la Paz del Señor y el beso de la paz ofrecido en la Asamblea. Este uso es incluso apostólico, pero era practicado antes del ofertorio (Si tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda en el altar, ve reconcíliate con tu hermano y vuelve y presenta tu ofrenda).
La Traditio Apostolica no permite a los catecúmenos intercambiar este beso, porque su beso todavía no es santo (Trad. Ap. , Ed. Botte, pp. 40-41). En cambio en las Constituciones Apostólicas, el obispo ofrece el augurio de paz después de la doxología, pero no se da el beso, sino que éste se ha ofrecido antes del ofertorio. Pero, san Agustín nos ofrece la costumbre nord-africana que une la Pax Domini con el beso de paz antes de la comunión (Serm. 227). Pero no compartida anteriormente a él, ya que Tertuliano testimonia que este beso era ofrecido después de la oración de los fieles y lo llamaba Signaculum orationis (De Oratione, 18).
En fin, para el siglo IV y V en Italia estaban los dos usos. El Papa Inocencio I[7] en su carta al Obispo de Gubbio[8] explica que el beso de la paz está en relación a lo que sucederá en la Oración Eucarística y no como preparación a la Comunión; en cambio el Obispo de Gubbio, le informa al Papa que su costumbre era que no se podía dar antes del Ofertorio. En fin, la historia le dio la razón a san Agustín y su mentalidad y uso fue el que permaneció en la Iglesia: como preparación a la Comunión.
Como se sabe, para evitar los abusos que se cometían al respecto ya desde Hipólito, se vio la conveniencia de separar a los hombres de las mujeres en la celebración. No obstante, siendo la costumbre del lugar el beso en la mejilla como saludo ordinario, en el segundo milenio desaparecerá la costumbre del beso, por un simple saludo de paz.
En el Misal de san Pío V[9], la fracción sucedía inmediatamente después del embolismo, después seguía la Pax Domini y se cantaba el Agnus Dei mientras el clero se intercambiaba el saludo de paz. Esta modificación obligó también a modificar el canto del Agnus Dei agregando a la tercer estrofa: Danos la paz.
c) La Fracción y la Conmixtión:
Debemos recordar lo ya expuesto sobre las celebraciones del Obispo (el Papa) y su clero romano. El Fermentum que era traído de esas Misas Papales para las Misas de los Presbíteros. De esto, la Carta del Papa Inocencio I al Obispo de Gubbio lo explica claramente (Ep. ad Decentium). El Fermentum era depositado en el cáliz en el momento de la Pax Domini (Ordo II, 6).
Este rito subraya la unidad que la Eucaristía misma reclama con el ministerio de los obispos[10], tal como lo dice san Ignacio de Antioquía: "Ninguna Eucaristía sin el Obispo".
Nota.- Este rito para el siglo XIII se da solo en ocasiones muy memorables.
Pero además para comprender este rito debemos recordar lo antes dicho sobre las Misas estacionales, (Ordo Romanus I, 48) como al Papa, durante la procesión de entrada, le era presentado por el archidiácono los Sancta en un cofrecito, como el Papa los reverenciaba y que después estos eran mezclados en el cáliz para que formaran parte de la Comunión de esa Misa. Pero ¿porqué el Papa hacía esto, si el rito tenía significado cuando precisamente era él el que no celebraba la Eucaristía? La razón la podemos encontrar tal vez, en la relación existente entre una y otra celebración, o tal vez, el hecho que era más común ya para la época (siglo VIII) que fueran más las Misas en las que el Papa no era presente, que cuando él las celebraba.
De todos modos el rito del Sancta, era previo al de la fracción del Pan, pues después partía el Pan de la Misa, la parte derecha la mezcla en el cáliz y la parte izquierda sobre la patena, va a su sede, mientras que el diácono reparte a los obispos y presbíteros presentes una parte del pan consagrado mientras se canta el Agnus Dei.
El Papa permaneciendo en su sede, le llevan el pan y el vino consagrado, ahora, de nuevo, toma parte del pan y lo deposita en el cáliz haciendo una segunda conmixtión, el significado de esto sería aquel oriental, de unir el cuerpo y la sangre de Cristo como signo de su resurrección, tal como lo explica Teodoro de Mopsuestia (350-428 DC) (Homélies Catéchétiques, 16, ed. R. Tonneau).
El ritual de san Pío V tenía el siguiente orden:
· Después del embolismo, se fracciona el pan en tres partes.
· Una de ellas es desigual en tamaño.
· Con la más pequeña, el presidente, signa tres veces el cáliz diciendo: Pax Domini sit semper vobiscum.
· Deja caer esa parte en el cáliz diciendo: Haec Commixtio.
· Agnus Dei.
· Oración por la paz.
· Los ministros se intercambian el saludo de la paz.
§ Aquí la conmixtión se da deseando la paz.
El actual ordenamiento ha reprendido la práctica más antigua y lógica:
· Embolismo.
· Oración por la paz.
· Deseo de paz a todos.
· Saludo de paz (todos).
· Fracción del pan.
· Una pequeña parte es mezclada en el cáliz diciendo: Haec Commixtio...
· Agnus Dei.
· Mientras se fraccionan las demás hostias, si hay necesidad de ello.
§ Desafortunadamente la oración del Haec commixtio, que se eligió no corresponde a la actual teología litúrgica del sacramento, puesto que la Misa no es una reproducción de lo sucedido en el calvario, sino una cena, que actualiza el sacrificio de Cristo. No se puede, por tanto, seguir pensando que mientras están separados sacramentalmente el pan y el vino, se hace referencia a Cristo muerto y que en la conmixtión se de la resurrección.
d) La Comunión[11]:
Siguiendo el genio de la cultura romana, la comunión de los ministros siempre ha sido antes que la de los fieles.
En el Ordo Romanus I, indica que después de comulgar la sangre del Señor, que le ha sido llevada por el archidiácono al Papa, el primero, se dirige a un ángulo del altar y teniendo el cáliz entre sus manos anuncia a los fieles la próxima Misa Estacional del Papa, indicando con esto, que los que no iban a comulgar podían abandonar la Asamblea (Or. Rom. I, 108).
Todos los obispos y presbíteros recibían el pan consagrado de las manos mismas del Papa (en la sede), pero lo comulgaban en el altar. Los diáconos mezclaban un poco del vino consagrado[12] en un cáliz (scyphus[13]) lleno de vino sin consagrar para la comunión bajo las dos especies para los fieles.
Durante este tiempo la schola cantaba el salmo 33 con la antífona de la comunión y el Papa la concluía con el Gloria Patri (Cat. Mistagógicas de Jerusalén 5,20; Constituciones Apostólicas 8,13. Más tarde la antífona de la comunión tomará una parte del Evangelio del día, sacramentalizando con esto la proclamación del Evangelio. El actual Misal, con frecuencia ha seguido este último uso).
El uso de las oraciones preparatorias (adicionales) para la comunión tanto de los ministros como de los fieles, fue un añadido posterior. Tales, son de origen no romano, pues están dirigidas a Jesús y no al Padre. De las tres del Misal de Pío V, dos han pasado al actual Misal. Mientras que las oraciones de los laicos han desaparecido - afortunadamente - en el actual Misal, ya que éstas estaban tomadas del ritual de la comunión a los enfermos (hay que considerar que la comunión de los laicos durante los siglos XII-XIX era poco frecuente, mas bien rara).
En cambio, se ha alabado la introducción de una exhortación tanto para los ministros como para los laicos: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la Cena del Señor... Esto es significativo, ya que la comunión es participación al banquete de la Cena del Cordero.
El actual Misal prevé un momento de silencio después de la comunión de todos, éste, sin embargo, puede ser sustituido por otro canto. También se ha conservado una oración que el presidente dice en voz baja a la hora de esta purificado[14], está tomada del sacramentario Vernonense, 531[15].
El rito de la comunión finaliza con la Oración Conclusiva (Post-communion) rica, casi siempre, en su contenido por su teología acerca de la participación a la Eucaristía.
Algo digno de ser tomado en cuenta, es que los avisos parroquiales no pueden, ni deben darse antes de la oración conclusiva, ya que éstos no pertenecen de ninguna manera a la Liturgia de la Eucaristía que todavía no ha finalizado, como tampoco las jaculatorias[16] piadosas o fórmulas litánicas[17] que pueden tener entrada antes de la bendición o después de la despedida, pero siempre será aconsejable que no las dirija el celebrante, sino el monitor.
[1] Juan Cassiano, escritor que vivió entre los siglos IV y V, recuerda que algunos monjes habían descubierto la eficacia extraordinaria del brevísimo incipit del salmo 69: "Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme", que desde entonces se convirtió en el pórtico de ingreso de la Liturgia de las Horas (cf. Conlationes 10, 10: CPL 512, 298 ss).
[2] La Regla de los monjes, escrita por San Benito Abad hacia el fin de su vida (540 dC), ha sido norma y guía espiritual de innumerables comunidades monásticas durante más de 1500 años. La gran vitalidad que encierra la Regla de San Benito proviene de su doble enraizamiento en las Sagradas Escrituras y en la Tradición viva de la Iglesia, especialmente en la gran corriente de sabiduría monástica de la que es heredera y continuadora.
[3] Del griego emboliw significa: intercalar, añadir (Ya que está entre el padre nuestro y la aclamación: “Tuyo es el reino...”). Según informa Juan el Diácono (Vita Gregorii II,17), es San Gregorio el que, expresando este espíritu suplicante de la Iglesia en la aflicción, introduce en el canon de la misa la petición por la paz que todavía rezamos: ...«ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos». Y parece ser que al mismo Papa Gregorio se debe también el embolismo que prolonga en la misa el Pater noster: «Líbranos, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros, y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, y de tus santos apóstoles Pedro, Pablo, Andrés y de todos los santos, danos propicio la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, seamos siempre libres de pecado y libres de toda perturbación».
[4] El pueblo se une al embolismo con esta aclamación de alabanza llena de sentido escatológico en expectación de la Venida del Señor. Es comenzar ya aquí y ahora lo que será nuestra vocación latréutica en la eternidad.
Esta aclamación se encuentra ya en la "Didajé" (8,2) y se ha conservado en toda la liturgia oriental.
Es evocación de las aclamaciones del Apocalipsis (Ap 4,11; 5,12; 7,12).
[5] San Zacarías: Grecia; Diciembre 10, 741-Marzo 22, 752.
Nació en Calabria. Elegido el 10.XII.741, murió el 22.III.752. Se opuso con firmeza a Rachis duque de Friuli que entendía ocupar toda Italia. Después se hizo consagrar monje. Destinó Rey de los Francos a Pipino el Breve. Esta fue la primera investidura de un soberano por parte de un pontífice.
[6] El pueblo hebreo sellaba los reencuentros marcándolos con un abrazo y un beso (Gen. 29:11,13). Jesús conocía este práctica y el mismo la puntualizó, en especial con referencias a la comunidad (Lucas 7:45). Cuando Pablo llegaba al final de sus cartas, estimulaba a la comunidad a saludarse con un "beso santo" (1ª Cor. 16:20). Las primeras iglesias cristianas incorporaron esta práctica en su culto, esto se ve en forma muy especial en la celebración del Culto de Santa Cena, y señalaban la reconciliación comunitaria. Para Santiago, el encuentro de la comunidad implicaba la confesión y el reconocimiento mutuo de pecado, en oración y con el beso de la paz
(Santiago5:16). Hay otros documentos que tienen información valiosa sobre el gesto de la paz. La Didajé (un documento escrito alrededor del año 100) es un catecismo de las primeras comunidades cristianas, y allí dice: "Reúnanse el día del Señor para partir el pan y agradecer, después de haber confesado sus pecados...aquellos que estén mal con sus compañeros, no podrán juntarse antes de la reconciliación" (XVI,1-2). Justino (filósofo convertido al cristianismo en el año 165) se refiere a los cristianos que reunidos en culto compartían el saludo de la paz antes de iniciar la liturgia de la Santa Cena. En tiempo de Hipólito (obispo de la iglesia, año 215) el "beso santo" seguía estando en ese mismo lugar del culto.
[7] San Inocencio I: Roma; Diciembre 22, 401- Marzo 12, 417.
Nació en Albano. Elegido el 22.XII.401, murió el 12.III.417. Durante su pontificado vio el saqueo de Roma por los godos de Alarico. Estableció la observancia de los ritos romanos en Occidente, el catálogo de los libros canónicos y reglas monásticas. Obtiene de Honorio la prohibición de las luchas en el circo entre gladiadores.
[8] Ciudad de la Umbría al centro de Italia.
[9] San Pio V (Antonio-Michele Ghislieri): Bosco (Alexandria); Enero 7 (17), 1566 - Mayo 1, 1572. Dominico, en su reinado ocurrió la batalla de Lepanto.
Nacho en Bosco. Elegido el 17.I.1566, murió el 1. V.1572. Para marginar la herejía, propuso la cultura del pueblo. Excomulgó a Isabel de Inglaterra. Fue el artífice de la victoria cristiana de Lepanto, contra los Sarracenos. dispuso el uso del Misal romano.
[10] Ignacio de Antioquia, 110 AD "Ellos se abstienen de la Eucaristia y de la oracion, porque no confiesan que la Eucaristia es la carne de nuestro salvador Jesucristo, carne que sufrio por nuestros pecados y que el Padre, en su bondad, levanto nuevamente... Consideremos Eucaristia valida a aquella celebrada por el obispo, o por alguien designado por el. Cada vez que el obispo aparezca, que el pueblo este alli; del mismo modo que, donde quiera que Cristo este, alli esta la Iglesia Catolica." (Epistola a los Cristianos de Esmirna)
"Tengan cuidado entonces de que hay solo una Eucaristia. Porque una sola es la carne del Senor; y solo una es la copa para [mostrar] la unidad de Su sangre; un solo altar; asi como hay solo un obispo, junto con los presbiteros y diaconos, mis companeros de servicio: de modo que, cualquier cosa que ustedes hagan, puedan hacerla de acuerdo con [la voluntad de] Dios." (Epistola a los Cristianos de Filadelfia)
[11] Justino Martir, 150 AD
"Llamamos a esta comida Eucaristia; y a nadie le es permitido participar de ella, excepto aquellos que creen que ensenamos la verdad y que han sido lavados con el lavado que sirve para la remision de los pecados y la regeneracion y vive por lo tanto como Cristo lo ha ordenado. Porque no recibimos estos alimentos como pan o bebida comunes; sino que, desde el momento en que Jesucristo nuestro salvador se hizo carne por la Palabra de Dios y dio su carne y su sangre para nuestra salvacion, asimismo, tal como nos ha sido ensenado, la comida transformada en Eucaristia por medio de la oracion Eucaristica que El establecio, y que por su transformacion alimenta a nuestra carne y a nuestra sangre, es la carne y la sangre de Aquel que se hizo carne, Jesus." (Primera Apologia de Justino)
[12] Irineo de Lyons, 190 AD
"Cristo ha declarado que la copa... es verdaderamente su propia Sangre, con la cual hace fluir a nuestra sangre; y al pan, una parte de la creacion, lo ha establecido como su propio Cuerpo, con el que hace crecer a nuestros cuerpos. Si el Senor viniese de otro que no fuese el Padre, con que derecho podria tomar pan, que es algo creado como nosotros, y confesar que es su cuerpo y afirmar que la mezcla en la copa es su sangre ?" (Contra las Herejias Libro V)
[13] del latín scyphus, procedente del griego skyphos). Vaso semicónico de pequeñas dimensiones, usado para lavar los dedos en las comidas, cuando sin usar tenedor se ha tomado algo con ellos. Los romanos usaron esta voz por "copa, tacita para beber". Véase Plauto, Asin. IV, 38: scyphos quos utendos dedi Philodamo retulitne? ("¿Ya devolvió Filodemo las copas que le di para que las usara?")...
[14] Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.
[15] Quod ore sumpsimus, domine, quaesumus, mente capiamus, et de munere temporali fiat nobis remedium sempiternum
[16] De la palabra latina iaculum, es decir, dardo- para indicar expresiones salmódicas brevísimas que podían ser "lanzadas", casi como flechas incendiarias, por ejemplo contra las tentaciones.
[17] Señor, danos sacerdotes...
Rito de Comunión
Padre Nuestro
Historia
Es la primera oración después de la Doxología que prepara a la comunión219. Forma parte de la liturgia en el s. IV y de ello nos dan testimonio san Jerónimo220, san Ambrosio221 y san Agustín222, por lo que se refiere a Occidente; por lo que se refiere al Oriente, nos dan testimonio Cirilo de Jerusalén,223 sin embargo, cambió su lugar en la liturgia romana varias veces, como por ejemplo después de la fracción, es decir cuando había acabado propiamente el momento sacrificial y se entraba al momento de comunión, pero Gregorio Magno no consideró adecuado ese lugar y la incluyó a la conclusión del momento sacrificial, después de la Plegaria Eucarística y ligando con el Pater el final de la celebración. En su momento fue hecho sólo por el sacerdote confiriéndosele un carácter de plegaria sacerdotal. En el Concilio de Toledo (633)224 se insistió que el P. N. se dijera diariamente y no sólo los domingos. Durante mucho tiempo se le llamó Oratio Dominica, por tratarse de la oración que hiciera el Señor Jesús. Algunos santos padres la mencionan en sus escritos; en la Catequesis Mistagógicas de Jerusalén tiene especial énfasis y mención.
Sentido
«El Padrenuestro, con su embolismo sintetiza en cierto modo y expresa sentimientos semejantes a los de la Plegaria Eucarística. La moción mistagógica que introduce el Padrenuestro es otro esquema propuesto que no conviene repetir invariablemente. Es otra oportunidad para el Presidente (no es moción del diácono) para vincular Palabra, Vida y Eucaristía según la celebración del día»225.
Modo de celebrar
La rúbrica del MR226 nos ofrece lo siguiente:
Calice et patena depositis, sacerdos, iunctis manibus, dicit: Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Extendit manus et, una cum populo, pergit...
«No está previsto o señalado ningún gesto que deba realizar la asamblea para acompañar la recitación del Padrenuestro. Si los fieles hacen algún gesto, éste debe ser ocasional. El tomarse de las manos expresa fraternidad y unidad. Este sentimiento tendría lugar más adecuado en el rito de la paz. Levantar las manos extendidas puede ser una buena expresión de filiación y dependencia de Dios»227.
El Embolismo
Historia
El embolismo228 es un suplemento a la oración del Señor que aparece en todas las liturgias excepto en la Bizantina. Se lo menciona ya en el OR V, 66-67 como algo novedoso, es como continuar pidiendo perdón, y al mismo tiempo liberación que desde el interior afectado por el mal en sus varios aspectos.
Sentido
Como se dice en el párrafo anterior, el embolismo es simplemente una ampliación de la última oración del Padrenuestro, que tuvo, en su momento, una significación exorcística, pero que quedó como una inclusión, interpolación o ampliación al texto.
Modo de celebrar
A este propósito el MR 2002229 dice:
Manibus extensis, sacerdos solus prosequitur, dicens: Líbera nos, quæsumus, Dómine, ab ómnibus malis, da propítius pacem in diébus nostris, ut, ope misericórdiæ tuæ adiúti, et a peccáto simus semper líberi et ab omni perturbatióne, secúri: exspectántes beátam spem et advéntum Salvatóris nostri Iesu Christi.
La Pax Domini
Historia
El beso de paz. El deseo de paz está ligado al beso de paz que le sigue. Como ya se ha notado en otro momento, el momento del intercambio de la paz se realizaba al principio antes de comenzar la Liturgia Eucarística, será hasta el siglo V que se coloque después del Pater230. La Traditio Apostolica establece que los catecúmenos no pueden intercambiar el beso de la paz, ni siquiera después de haber hecho la oración, ya que su beso no es santo231. Ya en las Constituciones Apostólicas, inmediatamente después de la doxología que concluye la anáfora, el obispo anuncia el deseo de la paz pero sin beso, pues en ese tiempo el beso de paz continuaba anterior a la Liturgia Eucarística. Hay, sin embargo, noticias de un beso de paz, en África, después del Pater, como lo expresa san Agustín: «dicitur Pax vobiscum et osculantur se Christiani in osculo sancto. Pacis signum est»232. En Roma se tiene noticia, que hacia el siglo V, el beso de la paz se daba post confecta mysteria, como se refiere en la carta del Papa Inocencio I al obispo de Gubbio233. Así se mantuvo este uso hasta nuestros días conforme al esquema que sintetiza su evolución y que presento a continuación:
• El beso de paz después de la plegaria universal;
• Canon, doxología, Pater, fracción, beso de paz y comunión;
• Canon, doxología, Pater, fracción, Agnus Dei, beso y comunión;
• Canon, doxología, Pater, deseo y beso de paz, fracción durante el Agnus Dei y comunión.
Sentido
«La paz que se pide a Cristo, Señor de la Paz, y que se desea entre hermanos, tiene un contenido profundamente humano y evangélico. Este gesto de la paz debe llevar consigo un
compromiso de trabajar por la paz y la unidad, y no sólo en el momento y ámbito de la celebración: dar la paz, no es sólo manifestarla, es compromiso de construirla»234.
Modo de celebrar
El MR 2002235 nos dice:
Deinde sacerdos, manibus extensis, clara voce dicit: Dómine Iesu Christe, qui dixísti Apóstolis tuis: Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: ne respícias peccáta nostra, sed fidem Ecclésiæ tuæ; eámque secúndum voluntátem tuam pacificáre et coadunáre dignéris. Iungit manus. Qui vivis et regnas in sæcula sæculórum. Populus respondet: Amen.
Sacerdos, ad populum conversos, extendens et iungens manus, subdit: Pax Dómini sit semper vobíscum. Populus respondet: Et cum spíritu tuo. Deinde, pro opportunitate, diaconus, vel sacerdos, subiungit: Offérte vobis pacem.
«El sacerdote prepara el gesto con una oración que recuerda la promesa de Cristo en vísperas de su muerte. Es una oración presidencial y no debe recitarla la Asamblea. La invitación para darse la paz la hace el diácono, si lo hay: monición diaconal breve. El gesto es libre: apretón de manos, abrazo, o puede ser también el tomarse todos las mano. No es necesario decir palabras. Este gesto no debe confundirse con otras formas de saludos, como felicitaciones en acontecimientos alegres, o condolencias en las celebraciones de funerales. Fundamentalmente se trata de un signo de comunión y amistad cristiana que hay que compartir con las personas más cercanas. Sería preferible no cantar nada durante el rito de la paz para que el saludo pueda ser más espontáneo. Pero si hay algún canto, éste no debe reemplazar el Cordero de Dios que acompaña el rito de la Fracción del Pan y de la Conmixtión y que tiene un simbolismo muy rico de unidad de toda la Iglesia en un mismo pan compartido y en un mismo Cáliz. Tampoco se debe prolongar el canto de paz y el saludo, con el peligro de romper el equilibrio de los gestos. De hecho, el Cordero de Dios es un canto sacrificial que da sentido al gesto de Jesús, que partió el pan diciendo: Tomad y comed... bebed todos de él. Además, el que preside debe esperar que haya terminado de darse la paz236, para iniciar el rito de la Fracción y Conmixtión: No empalmar los ritos»237.
La Fracción y la Conmixtión
Historia
La historia de un rito que al inicio era muy simple, unía a la utilidad de partir el pan para la distribución una teología significativa del unum corpus multi sumus, y que como tal se llamaba fractio panis. Con el pasar del tiempo se convirtió en algo muy complicado que intentaré resumir, partiendo de su antecedente. Me refiero al rito del frumentum que se relata en su uso y disciplina en la ya famosa carta de Inocencio a Decencio. Los sacerdotes titulares de Roma, al celebrar para sus fieles no pueden tomar parte en la celebración papal, lo que no quiere decir que se sienten separados de la comunión por lo que el papa manda a cada uno de ellos un fragmento del pan eucarístico (fermentum), consagrado por él238. Dicho fragmento era depuesto en el cáliz en el momento del Pax Domini239. Se subraya entonces la unidad que la Eucaristía pide en el ministerio del sumo pontífice o del obispo y del presbiterio. Existe otro rito llamado Sancta, que según lo relata el Ordo I, se trata de la presentación de las oblaciones consagradas en las píxides abiertas por parte de los acólitos. El pontífice o el diácono saludan y verifican la cantidad de las santas especies que sobraron. En el momento del Pax Domini, el Ordo I tiene la siguiente rúbrica: Cum dixerit Pax Domini sit semper vobiscum, mittit in calicem de sancta. Los Sancta fueron presentados al pontífice cuando se dirigía hacia el altar, al inicio de la celebración. Después es posible que introduzca en el cáliz un pedazo, se tratará de una primera conmixtión. Lo cierto es que hasta este momento no se ha hablado de ninguna fracción, es posible que este rito esté en relación con el fermentum. Sin lugar a dudas, cuando celebraba el papa mismo no había motivo alguno para realizar este rito. Luego el papa parte un pan eucaristizado en dos partes. Deja la parte derecha sobre el altar y la izquierda sobre la patena que tiene el diácono y va a sentarse240. Se canta el Agnus Dei. Los panes consagrados se llevan al obispo y a los presbíteros, que lo parten durante el canto. El pedazo de pan dejado por el papa sobre el altar se queda ahí. El papa comulga en la sede; desprende un pedazo de pan consagrado y lo deja caer en el cáliz. Se trata de la segunda conmixtión como lo refiere la rúbrica más adelante241. El significado, es la unión del cuerpo y la sangre de Cristo, y se la veía como la resurrección operada en el momento mismo de la ofrenda del sacrificio. El gesto se siguió reiterando y pasó sin mayor modificación al Misal de Pío V. El actual Ordo, ha restablecido una estructura más antigua y más lógica: después del embolismo del Pater el celebrante dice la plegaria por la paz deseándola a todos y luego se intercambia el beso de paz.
Sentido
El rito reproduce la acción de Cristo en la Ultima Cena, pero con el contenido doctrinal profundo que formula san Pablo: “Cristo es el único Pan Partido; los que comemos de un mismo Pan, formamos un solo cuerpo”242. Este gesto bien de los tiempos apostólicos: incluso le dio el nombre a toda la acción.
El rito de la conmixtión simboliza que la unidad de la Iglesia Universal se realiza y recibe nuevo impulso en la celebración de la única Eucaristía, en la comunión de la fe, en la fraternidad que anima y edifica el Cuerpo del Señor por la fuerza del Espíritu. Todo este gesto es ritual que pasa inadvertido para los fieles, es acompañado por el canto o la recitación del Cordero de Dios por parte de la Asamblea. Su canto o recitación no corresponde al Presidente243.
Modo de celebrar
De acuerdo al Rito el MR 2002244 dice:
Deinde accipit hostiam eamque super patenam frangit, et particulam immittit in calicem, dicens secreto: Hæc commíxtio Córporis et Sánguinis Dómini nostri Iesu Christi fiat accipiéntibus nobis in vitam ætérnam. Interim cantatur vel dicitur:
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
Quod etiam pluries repeti potest, si fractio panis protrahitur. Ultima tamen vice dicitur:
dona nobis pacem.
Sacerdos deinde, manibus iunctis, dicit secreto: Dómine Iesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntáte Patris, cooperante Spíritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificásti: líbera me per hoc sacrosánctum Corpus et Sánguinem tuum ab ómnibus iniquitátibus meis et univérsis malis: et fac me tuis semper inhærére mandátis, et a te numquam separári permíttas.
Sacerdos genuflectit, accipit hostiam, eamque aliquantulum elevatam super patenam vel super calicem tenens, versus ad populum, clara voce dicit: Ecce Agnus Dei, ecce qui tollit peccáta mundi. Beáti qui ad cenam Agni vocáti sunt. Et una cum populo semel subdit: Dómine, non sum dignus ut intres sub téctum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
Este Rito es tan bello e incluye tantos elementos significativos que bastaría ceñirse a la rúbrica para no desvirtuar el momento celebrativo. Por ello que propongo sólo algunos puntos a tener en consideración a fin de que la celebración del Rito sea adecuada.
Como su nombre lo indica el signo de la fracción del pan sirve para designar la participación en un único pan que se comparte. El sentido se hace concreto justamente en el partir el pan en este momento y no en otro. Conviene decir, además que no hay que partir la hostia grande en tan solo dos mitades; está mandado dividirla en más partes y levantar una sola partícula, para que la asamblea vea que se ha partido el Pan consagrado. Después, no se deben acomodar las dos mitades de manera que la hostia aparezca entera. El sacerdote comulgará con una partícula solamente y distribuirá las restantes entre los que comulgan245. «Y para que, incluso por los signos, se manifieste mejor la Comunión, como la participación del Sacrificio que en aquel momento se celebra, hay que procurar que los fieles puedan recibirla con hostias consagradas en la misma Misa»246. Ojalá que se evite, en lo posible, comulgar normalmente del sagrario ya que la reserva eucarística tiene como finalidad contener las formas consagradas que sirvan para llevarlas a los enfermos, para la adoración de los fieles y para los viandantes, por otra parte el signo fuerte del Banquete Eucarístico es la participación plena en él por la comunión, ya que comemos todo de un solo pan.
Después de la fracción del pan tiene lugar la conmixtión. Habrá que cuidar la traducción del texto para no pensar en una separación, o una dicotomía, del cuerpo y la sangre del Señor hasta antes de este momento247.
La Comunión
Historia
Las Constituciones Apostólicas representan un resumen de los diversos aspectos que hallamos, con pequeñas variaciones en todas las tradiciones litúrgicas248, pero que se mantendrán a lo largo de los siglos. Aunque la comunión bajo la única especie del pan se practicó posteriormente en los casos en que se hacía fuera de la misa, en la celebración eucarística siempre se ofrecieron el pan y el vino, pues el simbolismo del alimento para el camino y de compartir una misma mesa, viene completado con el cáliz, que pone de manifiesto la alianza sellada en la sangre y la alegría de la fiesta escatológica. Beber de la copa es ciertamente la forma más expresiva de este rito, pero en ciertos casos por razones de higiene o comodidad se recurrió a la cánula (se sorbe como en la vida corriente con una pajita) o a la intinción. En la economía cristiana la presencia del Señor nunca quedó significada únicamente por medio de cosas, por más sagradas que fuesen,
independientemente de un ministerio confiado a personas, incluso las santas especies en el acto privilegiado en que se reciben, no descartan el servicio de aquellos que las toman del altar para darlas a sus hermanos. También en todas las liturgias el presidente comulga primero, luego el clero y finalmente los demás fieles. Normalmente es el obispo o los presbíteros quienes distribuyen el pan y los diáconos se encargan de presentar el cáliz. Esta misión comporta una responsabilidad en relación con la eucaristía249 por parte de comulgante. El orden jerárquico de comulgar es un signo de la Iglesia, ese cuerpo con los miembros diversos, en que Dios quiere tener necesidad de los hombres para el servicio de la comunidad. No hay que darle otro alcance250. Con todo, la actitud de aquel que recibo el Sacramento de salvación debe presentar el más profundo respeto, actitud que ya desde el siglo IV era exigida251. Estos gestos se hallan en todo el mundo cristiano. Los fieles acercaban a su boca las manos juntas como era la usanza. Las mujeres las recubrían a veces con un velo. A menudo se señalan actos devocionales, como tocar los ojos con el cuerpo de Cristo. Para recibir la comunión, los fieles se adelantaban hasta la puerta del santuario, y quizá incluso en ciertos lugares hasta el altar, por lo menos si debemos tomar al pie de la letra ad altare.
Sentido
La invitación inspirada en el Apocalipsis: Dichosos los invitados a la Cena del Señor252, proclama que la participación en la Cena escatológica, proclama además que la comunión sacramental es participación y que el Reino está presente. Se trata, por otra parte, de una monición mistagógica que indica una pasaje de concreto: Palabra, Vida y Eucaristía.
La comunión nos une a la Iglesia de todos los lugares y de todos los tiempos, realiza en sí misma la comunión de los santos. Se da una compenetración con Cristo. Como signo, la comunión expresa también la Alianza que se ratifica comiendo el Cuerpo de Cristo y bebiendo su sangre. La Alianza es con la Iglesia y con cada uno de los cristianos.
Modo de celebrar
El MR 2002253 nos dice:
Et sacerdos, ad altare versus, secreto dicit: Corpus Christi custódiat me in vitam ætérnam. Et reverenter sumit Corpus Christi. Deinde accipit calicem et secreto dicit: Sanguis Christi custódiat me in vitam ætérnam. Et reverenter sumit Sanguinem Christi.
Postea accipit patenam vel pyxidem, accedit ad communicandos, et hostiam parum elevatam unicuique eorum ostendit, dicens: Corpus Christi. Communicandus respondet: Amen. Et communicatur. Eo modo agit et diaconus, si sacram Communionem distribuit.
Si adsint sub utraque specie communicandi, servetur ritus suo loco descriptus. Dum sacerdos sumit Corpus Christi, inchoatur cantus ad Communionem.
Distributione Communionis expleta, sacerdos vel diaconus vel acolythus purificat patenam super calicem et ipsum calicem. Dum purificationem peragit, sacerdos dicit secreto: Quod ore súmpsimus, Dómine, pura mente capiámus, et de múnere temporali fiat nobis remédium sempitérnum.
Tunc sacerdos ad sedem redire potest. Pro opportunitate sacrum silentium, per aliquod temporis spatium, servari, vel psalmus aut canticum laudis aut hymnus proferri potest.
El sacerdote que preside debe dar la comunión, por lo menos a una parte de los fieles. Siempre ha sido una tradición en la Iglesia que el que reparte el pan de la Palabra reparta también el Cuerpo del Señor. No es normal, entonces, que Presida, Consagre y luego se siente dejando a otros el oficio que es tan propio del padre de familia: partir y compartir el Pan254. En este sentido la comunión es un don que se entrega a los fieles, por medio de un ministro autorizado, por esta razón «no se admite que los fieles tomen por sí mismos el pan consagrado y el cáliz sagrado; y mucho menos que se lo hagan pasar de uno a otro»255. Lo que es preferible, en todo caso, multiplicar el número de ministros para la distribución de la comunión. Conviene entonces recordar que en la Iglesia el ministro ordinario de la Eucaristía es el diácono, el presbítero y el obispo; el ministro extraordinario, en cambio, es un laico que ha recibido una instrucción que lo forma adecuadamente para el desarrollo de dicho ministerio. Sólo en el caso en el que la necesidad lo amerite, se puede designar un ministro extraordinario ad casum sin olvidar el Rito ad actum.
Es recomendable que los fieles se acerquen a comulgar en procesión —que indica el peregrinar hacia el Banquete eterno y la fuerza que se obtiene de él para caminar hacia el encuentro del Señor— avanzando hacia el altar.
En cuanto a la Comunión por intinción resulta más práctico que el que reparte la comunión tenga el Cáliz en su mano y moje en el Cáliz la hostia que un ministro le presenta.
Rito de la comunión
80. Puesto que la celebración eucarística es el banquete pascual, conviene que, según el mandato del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles debidamente dispuestos. A esto tienden la fracción y los demás ritos preparatorios, con los que los fieles son conducidos inmediatamente a la Comunión.
Oración del Señor
81. En la Oración del Señor se pide el pan de cada día, que para los cristianos indica principalmente el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad, las cosas santas se den a los santos. El sacerdote hace la invitación a la oración y todos los fieles, juntamente con el sacerdote, dicen la oración. El sacerdote solo añade el embolismo, que el pueblo concluye con la doxología. El embolismo que desarrolla la última petición de la Oración del Señor pide con ardor, para toda la comunidad de los fieles, la liberación del poder del mal.
La invitación, la oración misma, el embolismo y la doxología con la que el pueblo concluye lo anterior, se cantan o se dicen en voz alta.
Rito de la paz
82. Sigue el rito de la paz, con el que la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y con el que los fieles se expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión sacramental.
En cuanto al signo mismo para dar la paz, establezca la Conferencia de Obispos el modo, según la idiosincrasia y las costumbres de los pueblos. Conviene, sin embargo, que cada uno exprese la paz sobriamente sólo a los más cercanos a él.
Fracción del Pan
83. El sacerdote parte el pan eucarístico, con la ayuda, si es del caso, del diácono o de un concelebrante. El gesto de la fracción del Pan realizado por Cristo en la Última Cena, que en el tiempo apostólico designó a toda la acción eucarística, significa que los fieles siendo muchos, en la Comunión de un solo Pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, forman un solo cuerpo (1Co 10, 17). La fracción comienza después de haberse dado la paz y se lleva a cabo con la debida reverencia, pero no se debe prolongar innecesariamente, ni se le considere de excesiva importancia. Este rito está reservado al sacerdote y al diácono.
El sacerdote parte el pan e introduce una parte de la Hostia en el cáliz para significar la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la obra de la redención, a saber, del Cuerpo de Cristo Jesús viviente y glorioso. La súplica Cordero de Dios se canta según la costumbre, bien sea por los cantores, o por el cantor seguido de la respuesta del pueblo el pueblo, o por lo menos se dice en voz alta. La invocación acompaña la fracción del pan, por lo que puede repetirse cuantas veces sea necesario hasta cuando haya terminado el rito. La última vez se concluye con las palabras danos la paz.
Comunión
84. El sacerdote se prepara para recibir fructuosamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo con una oración en secreto. Los fieles hacen lo mismo orando en silencio.
Después el sacerdote muestra a los fieles el Pan Eucarístico sobre la patena o sobre el cáliz y los invita al banquete de Cristo; además, juntamente con los fieles, pronuncia un acto de humildad, usando las palabras evangélicas prescritas.
85. Es muy de desear que los fieles, como está obligado a hacerlo también el mismo sacerdote, reciban el Cuerpo del Señor de las hostias consagradas en esa misma Misa, y en los casos previstos (cfr. n. 283), participen del cáliz, para que aún por los signos aparezca mejor que la Comunión es una participación en el sacrificio que entonces mismo se está celebrando.[73]
86. Mientras el sacerdote toma el Sacramento, se inicia el canto de Comunión, que debe expresar, por la unión de las voces, la unión espiritual de quienes comulgan, manifestar el gozo del corazón y esclarecer mejor la índole “comunitaria” de la procesión para recibir la Eucaristía. El canto se prolonga mientras se distribuye el Sacramento a los fieles.[74] Pero si se ha de tener un himno después de la Comunión, el canto para la Comunión debe ser terminado oportunamente.
Téngase cuidado de que también los cantores puedan comulgar en el momento más conveniente.
87. Para canto de Comunión puede emplearse la antífona del Gradual Romano, con su salmo o sin él, o la antífona con el salmo del Graduale Simplex, o algún otro canto adecuado aprobado por la Conferencia de los Obispos. Lo canta el coro solo, o el coro con el pueblo, o un cantor con el pueblo.
Por otra parte, cuando no hay canto, se puede decir la antífona propuesta en el Misal. La pueden decir los fieles, o sólo algunos de ellos, o un lector, o en último caso el mismo sacerdote, después de haber comulgado, antes de distribuir la Comunión a los fieles.
88. Terminada la distribución de la Comunión, si resulta oportuno, el sacerdote y los fieles oran en silencio por algún intervalo de tiempo. Si se quiere, la asamblea entera también puede cantar un salmo u otro canto de alabanza o un himno.
89. Para terminar la súplica del pueblo de Dios y también para concluir todo el rito de la Comunión, el sacerdote dice la oración después de la Comunión, en la que se suplican los frutos del misterio celebrado.
En la Misa se dice una sola oración después de la Comunión, que termina con conclusión breve, es decir:
— Si se dirige al Padre: Por Jesucristo, nuestro Señor.
— Si se dirige al Padre, pero al fin se menciona el Hijo: Que vive y reina por siglos de los siglos.
— Si se dirige al Hijo: Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo hace suya la oración con la aclamación: Amén.
159. Terminada la doxología de la Plegaria Eucarística, el Obispo, con las manos juntas, hace la monición previa al Padrenuestro, que todos lo cantan o lo rezan. Tanto el Obispo como los concelebrantes están con las manos extendidas.
160. El Obispo, con las manos extendidas, dice él solo: Líbranos de todos los males. Los presbíteros concelebrantes, juntamente con el pueblo, dicen la aclamación final: Tuyo es el reino.
161. A continuación el Obispo dice la oración: Señor Jesucristo, que diste. Terminada ésta, el Obispo, dirigiéndose a la asamblea, anuncia la paz diciendo: La paz del Señor esté siempre con vosotros. El pueblo responde: Y con tu espíritu. Si se cree oportuno, uno de los diáconos, dirigiéndose a la asamblea, hace la invitación para la paz con estas palabras: Daos fraternalmente la paz.
El Obispo da la paz al menos a los dos concelebrantes más cercanos a él, después al primero de los diáconos. Y todos según la costumbre de cada lugar, se manifiestan mutuamente la paz y la caridad»17
162. El Obispo inicia la fracción del pan y la prosiguen algunos de los presbíteros concelebrantes, y entre tanto se repite Cordero de Dios, cuantas veces sea necesario para acompañar la fracción del pan. El Obispo deja caer una partícula en el cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre.
163. Dicha en secreto la oración antes de la Comunión, el Obispo hace genuflexión y toma la patena. Los concelebrantes uno a uno se acercan al Obispo, hacen genuflexión, y de él reciben reverentemente el Cuerpo de Cristo, y teniéndolo con la mano derecha, y colocando la izquierda debajo, se retiran a sus lugares. Sin embargo, los concelebrantes pueden permanecer en sus lugares y recibir allí mismo el Cuerpo de Cristo.
Luego el Obispo toma la hostia, la sostiene un poco elevada sobre la patena, y, dirigiéndose a la asamblea, dice: Este es el Cordero de Dios, y prosigue con los concelebrantes y el pueblo diciendo: Señor, no soy digno.
Mientras el Obispo comulga el Cuerpo de Cristo, se inicia el canto de Comunión.
164. El Obispo, una vez que bebió la Sangre de Cristo, entrega el cáliz a uno de los diáconos y distribuye la Comunión a los diáconos y también a los fieles.
Los concelebrantes se acercan al altar y beben la Sangre, que los diáconos les presentan. Estos limpian el cáliz con el purificador, después de la Comunión de cada uno de los concelebrantes.18
165. Acabada la Comunión, uno de los diáconos bebe la Sangre que hubiere, lleva el cáliz a la credencia y allí, en seguida, o después de la Misa, lo purifica y arregla. El otro diácono, o uno de los concelebrantes, si hubieren quedado hostias consagradas, las lleva al tabernáculo, y en la credencia purifica la patena o el copón sobre el cáliz, antes de que éste sea purificado.
166. Cuando el Obispo, después de la Comunión regresa a la cátedra, vuelve a tomar el solideo, y, si es necesario, se lava las manos. Todos sentados, pueden guardar unos momentos de sagrado silencio, o cantar un cántico de alabanza o un salmo.
167. Después el Obispo de pie en la cátedra, y sosteniéndole el libro el ministro, o habiendo regresado al altar con los diáconos, canta o dice: Oremos y, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión, a la cual puede preceder un breve tiempo de silencio, a no ser que ya lo haya habido después de la Comunión. Terminada la oración el pueblo aclama: Amen.