Charlas
sobre la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia y de la teología a la pastoral práctica.
Charlas
sobre la celebración de la
SANTA MISA
Mistagogia de la Misa:
de la historia y de la teología a la pastoral práctica.
RITOS INICIALES
«La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía». Esta parte preparatoria se compone de canto de entrada, saludo, acto penitencial, Kyrie eleison, Gloria y Oración Colecta.
RITOS INICIALES
Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.
Saludo
Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
1 La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes.
O bien:
2 La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos ustedes.
O bien:
3 El Señor esté con ustedes.
O bien:
4 El Señor, que dirige nuestros corazones
para que amemos a Dios,
esté con todos ustedes.
O bien:
5 La paz, la caridad y la fe,
de parte de Dios Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos ustedes.
O bien:
6 El Dios de la esperanza,
que por la acción del Espíritu Santo
nos colma con su alegría y con su paz,
permanezca siempre con todos ustedes.
Respuesta
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
OTRAS FÓRMULAS DE SALUDO
PARA LOS DIVERSOS TIEMPOS LITURGICOS
Tiempo de Adviento:
1 El Señor, que viene a salvarnos, esté con ustedes.
O bien:
2 El Señor todopoderoso, el que era, el que es y el que vendrá,
acreciente en nuestros corazones el deseo de su Venida
y esté siempre con ustedes.
Tiempo de Navidad:
1 La paz y el amor de Dios, nuestro Padre,
que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación,
estén con ustedes.
O bien:
2 Que la gracia del Señor Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre,
en el seno virginal de María, esté siempre con ustedes.
O bien (Sagrada Familia):
3 Bendigamos a Dios que nos reúne en la Familia de Jesús,
y que su amor de Padre esté constantemente con ustedes.
O bien (Octava de Navidad):
4 Que la gracia y la paz de Cristo el Señor,
Hijo de Dios e hijo de María, estén con ustedes.
O bien (Epifanía):
5 Que Dios, que en este día dio a conocer a todos los pueblos
el nacimiento de su Hijo por medio de una estrella
y los iluminó con la luz de la fe, esté con ustedes.
Tiempo de Cuaresma:
1 La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión,
estén con todos ustedes.
O bien:
2 Que el Espíritu de Dios nos ayude a responder dócilmente
a su llamado penitencial, y que su gracia salvadora
esté siempre con todos ustedes.
O bien:
3 Que el Señor Jesús los encamine hacia el amor de Dios Padre
y les dé la perseverancia para renovar su compromiso bautismal,
y que su amor misericordioso descienda y esté con todos ustedes.
O bien:
4 Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo,
que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre,
estén con todos ustedes.
O bien (Domingo de Ramos):
5 Que Cristo, muerto y resucitado
por nuestra salvación y la del mundo entero,
esté siempre con ustedes.
Cincuentena Pascual:
1 El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo,
rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.
O bien:
2 Que la gracia salvadora de Dios misericordioso,
que nos hizo renacer por la Resurrección de Jesucristo,
esté con ustedes.
O bien:
3 Que la esperanza de ser glorificados con Cristo resucitado
acreciente nuestra alegría y esté siempre con ustedes.
O bien:
4 Que el gozo y la paz de nuestro Buen Pastor resucitado
estén siempre con todos ustedes.
O bien:
5 Que la presencia salvadora de Jesús resucitado,
que vive entre nosotros, nos anime en este tiempo pascual
y permanezca con ustedes.
O bien (Ascensión el Señor):
6 Que Jesús resucitado y glorificado a la derecha del Padre
interceda por nosotros y permanezca con todos ustedes.
O bien (Domingo de Pentecostés):
7 Que el Espíritu de Jesús resucitado,
que hoy desciende abundantemente sobre la Iglesia,
los renueve con sus dones y esté siempre con ustedes.
El sacerdote, el diácono, u otro ministro, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la Misa del día.
Acto penitencial
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
1 Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
O bien:
2 El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
O bien:
3 Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda
la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación
y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
O bien:
4 Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
ya que también nosotros reconocemos que somos pecadores.
O bien:
5 Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.
O bien:
6 El Señor ha dicho: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.
Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos a Dios,
desde lo más íntimo de nuestro corazón, que nos perdone.
O bien:
7 Reconociendo con humildad que somos pecadores,
pidamos a Dios perdón de todo corazón.
O bien, pero sólo en los Domingos y durante la Octava de Pascua:
8 En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados
de la misericordia del Padre para morir al pecado
y resucitar a la vida nueva.
FÓRMULA I
Se hace una breve pausa en silencio. Después todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
FÓRMULA II
Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote, dice:
Señor, ten misericordia de nosotros.
El pueblo responde:
Porque hemos pecado contra ti.
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
El pueblo responde:
Y danos tu salvación.
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
FÓRMULA III
Se hace una breve pausa en silencio.
Después, el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad (Kýrie, eléison), dice:
Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón:
Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie, eléison).
El pueblo responde:
Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie, eléison).
El sacerdote:
Tú que has venido a llamar a los pecadores:
Cristo ten piedad. (O bien: Christe, eléison).
El pueblo responde:
Cristo, ten piedad. (O bien: Christe, eléison).
El sacerdote:
Tú que estás sentado a la derecha del Padre
para interceder por nosotros:
Señor, ten piedad. (o bien: Kýrie, eléison).
El pueblo responde:
Señor, ten piedad. (o bien: Kýrie, eléison).
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
OTRAS INVOCACIONES PARA LA TERCERA FÓRMULA
DEL ACTO PENITENCIAL
Tiempo Ordinario:
I
Tú que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que eres la verdad que ilumina los pueblos: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
III
Tú que no has venido a condenar sino a perdonar: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
IV
Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V
Tú que ofreciste el perdón a Pedro arrepentido: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que prometiste el paraíso al buen ladrón: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas a todo hombre que confía en tu misericordia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
VI
Defensor de los pobres: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tiempo de Adviento:
I
Tú que viniste al mundo para salvarnos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos visitas continuamente con la gracia de tu Espíritu: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que vendrás un día a juzgar nuestras obras: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Tú que vienes a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que vienes a salvar lo que estaba perdido: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que vienes a crear un mundo nuevo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
III
Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Buen Pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y de la justicia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tiempo de Navidad:
I
Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Palabra eterna del Padre, por la que todo ha venido a la existencia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Luz verdadera, que has venido al mundo y a quien el mundo no recibió: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Hijo de Dios, que, hecho carne, has acampado entre nosotros: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
III
Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Luz que brillas en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
IV
Tú que siendo rico te hiciste pobre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que siendo fuerte te hiciste débil: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que siendo grande te hiciste pequeño: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Epifanía:
Tú que te has manifestado a los pueblos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que te has desposado con tu Iglesia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que en el Jordán fuiste presentado como el Hijo muy amado del Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tiempo de Cuaresma:
I
Tú que fuiste tentado por el espíritu del mal: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que venciste la tentación con la Palabra de Dios: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a compartir tu victoria: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Tú que perdonas nuestros pecados: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a hacer penitencia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
III
Tú que borras nuestras culpas: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que creas en nosotros un corazón puro: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos devuelves la alegría de la salvación: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
IV
Tú que conoces nuestros pensamientos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos exhortas a una sincera conversión: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V
Tú que nos hiciste renacer por el agua y el Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos convertiste en nuevas creaturas: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos invitas a renovar nuestro bautismo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
VI
Tú que llevaste a la cruz nuestros pecados: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que resucitaste para nuestra justificación: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
VII
Tú que nos has hecho renacer por el agua y el Espíritu: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que enviaste al Espíritu Santo para crear en nosotros un corazón nuevo: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que eres el autor de la salvación eterna: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
VIII
Tú que has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que padeciste por nosotros para que sigamos tus huellas: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que, cargado con nuestros pecados, subiste al madero de la cruz para que nosotros, muertos al pecado, vivamos en la justicia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Cincuentena Pascual:
I
Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
III
Tú que resucitaste lleno de gloria: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos haces pasar de la muerte a la Vida: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a vivir como resucitados: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
IV
Tú que eres nuestro Buen Pastor resucitado: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos das la Vida en abundancia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos congregas en un solo rebaño: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V
Tú que al resucitar has renovado todas las cosas: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Ascensión del Señor:
I
Tú que eres el sumo sacerdote de la nueva Alianza: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
II
Tú que volviste junto al Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que fuiste glorificado para siempre: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos haces ascender al cielo contigo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Domingo de Pentecostés:
Tú que resucitaste por obra del Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos enviaste el Espíritu vivificador: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú que nos devolverás la vida gracias al Espíritu: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo;
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Terminado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta.
Al final de la oración el pueblo aclama:
Amén.
Material de
Misal Romano
Conferencia del Episcopado Mexicano
Obra nacional de la Buena Prensa
-Ad usum privatum- sin fines de lucro.
a) El Origen:
1) Del Vocablo:
Los primeros cristianos la llamaron "Fracción del Pan, Eucaristía[1], Oblación". La palabra "MISA" aparece a fines del siglo V y principios del siglo VI, este término designaba: despedida. Con el uso religioso, se designó el término al conjunto de oraciones finales de una celebración, sobre todo entre los monjes, que usaban el término "Missa" al conjunto de oraciones que concluía el oficio divino. Finalmente, ese término es usado para designar a todo el conjunto del Oficio, hasta llegar al siglo VI cuando es usado para designar la liturgia de la Palabra y la Eucarística a ella unida.
Traducir: "Ite Missa est[2]" como "Esta es la misión que ahora deben hacer", es una solución pastoral que no encuentra resonancia en la historia del uso del vocablo. Sin embargo, el uso del vocablo Misa, ya encuentra arraigo entre los santos Padres como san Gregorio Magno[3] (Missarum solemnia).
2) Los Ritos iniciales:
En el siglo V se introducen dos elementos:
· El Introito: canto de entrada que primitivamente se trataba del salmo 150 (Alabad al Señor en sus santos) con una antífona.
· El Gloria (En navidad y solo cuando el Obispo está presente).
Con san León Magno[4] (440-461) se introduce la oración colecta, elemento variable que ofrece una extrema riqueza en la eucología de la Iglesia latina.
Antes de esto, la única oración en la Liturgia de la Palabra era la de la Oración de los fieles (tenía la estructura de la Oración de los fieles del Viernes Santo). El Papa Gelasio[5] (+496) modificó la estructura de la oración de los fieles, por la forma litánica: Kyrie eleisón, Christe eleisón, que fue trasladada antes de las lecturas, inmediatamente después del ingreso.
A partir del siglo X se introducen las apologías (súplicas de perdón), que se irán multiplicando colocándose por los celebrantes al inicio de la celebración durante o después de la entrada.
3) Liturgia de la Palabra:
Para la liturgia de la Palabra san Justino en el 150 ya nos presenta un esquema de esta liturgia:
· Lectura del Profeta.
· Lectura de las memorias de los apóstoles.
· Homilía.
· Oración Universal
· Beso de la paz.
En cuanto al núcleo fundamental de la Liturgia de la Palabra: Las lecturas, estas fueron aumentando o disminuyendo según las épocas y las regiones.
Aunque ya para el siglo VI era una práctica en Oriente debido a la práctica extendida de las herejías especialmente el arrianismo[6]. En Occidente se empezó a imitar la costumbre oriental cuando a finales del siglo VI los visigodos renunciaron al arrianismo, entonces se usaba proclamarlo antes del Padrenuesto.
El símbolo niceno-constantinopolitano fue introducido en la Misa a instancias de Carlomagno en el 794 debido a la ya extendida herejía del adopcionismo. Aquí entró el controversial "Flioque[7]" que no aparece en los textos orientales[8].
Roma siempre se resistió a esta costumbre, puesto que ella jamás había caído en la herejía, pero en el siglo XI no pudo resistir a la presión del emperador Enrique II, aunque no la admitió en todas las Misas. Su lugar lo ocupará después de la homilía, antes de la Oración Eucarística y no después como es el uso oriental.
4) Resonancias del Mundo Judáico en la Liturgia de la Palabra:
La proclamación de la Palabra en la asamblea era un signo de la presencia del Señor y un modo de diálogo entre el Señor y su Pueblo:
· Ex 19,5-6; 24,3.7
· Jos 24,1: El es un instrumento de Dios que convoca al Pueblo.
§ vv. 2-13: Proclama las maravillas que Dios ha hecho con su pueblo.
§ vv. 14-15: No puede dejar indiferentes.
§ vv. 16-24: El Pueblo ratifica la alianza.
§ vv. 25-27: La alianza es definitivamente ratificada y se levanta una estela.
· Esd 8-9.
Por otro lado, el Culto de la Sinagoga[9] es en el AT es incierto, en ella no se celebraban sacrificios, en cambio se escucha la Palabra y se reza. Viene a ser como una sustitución del culto del templo que ha sido derruido. Esto ayudará a los israelitas a espiritualizar su propio culto: "Ofrezcamos a Dios, en lugar de toros, el homenaje de nuestros labios" Os 14,3.
Cuando el Pueblo regresó del exilio, compaginó estos dos cultos, pero mientras que el del templo era cotidiano, el de la sinagoga era solo el sábado, el lunes y el jueves, por la mañana a la hora del sacrificio matutino. Este estaba así estructurado:
· Shemà Israel.
· La lectura de la Torah.
· Midrash: La explicación de lo proclamado con una aplicación espiritual para la asamblea.
· El canto de los salmos 112,113,114,115,116,135, el 'Hallel que se hacían de manera responsorial respondiendo el pueblo: Aleluya.
· Seguía el Shemoneh Esreh: 18 bendiciones dichas a manera de peticiones.
· La bendición de Aarón (Nm 6,24-26) con la mano derecha alzada. Todos respondían: Amén.
· La colecta para los pobres, con la que finalizaba la oración.
Nota.- No es difícil notar el paralelismo con la descripción de san Justino (Apología I, al Emperador Antonino Pío, cap. 67).
5) La Liturgia de la Palabra en el Nuevo Testamento:
Jn 1,3: La Presencia entre nosotros del “Logos” encarnado es el punto culminante de la presencia de Dios en el NT. La humanidad de Jesús es el sacramento de la presencia del Padre. Esta presencia continua aún después de la resurrección, y las apariciones de Jesús representan una catequesis para la Iglesia.
Jn 16,7: La comunidad (asamblea) es el lugar privilegiado de esta presencia. Por tanto, la Palabra de Dios está íntimamente ligada a la convocación de la asamblea.
I Tes 1,8; 2,13: Pablo está consciente que la palabra que el dirige a la asamblea es Palabra de Dios, ya que los apóstoles han sido constituidos ministros de la Palabra.
La Palabra de Dios da vida a quien la escucha: Jn 5, 24. Por tanto, la palabra proclamada es Jesús en medio a nosotros.
Nota.- SC 7 al mencionar las diversas presencias del Señor en la Iglesia menciona la proclamación de la Palabra.
b) LOS RITOS INICIALES:
1) EL CANTO DE ENTRADA:
Es atribuido al Liber Pontificalis del Papa Celestino I (422-431)[10]. Sin embargo, se tiene noticias que san Agustín (De Civitate Dei, 22,8) celebraba el día de Pascua, entrando en la basílica, saludando a los fieles y sentándose para escuchar la Palabra.
El canto de entrada, es sin embargo, fruto de una preocupación pastoral: concentrar a los fieles sobre la celebración que está por desarrollarse y esto mientras el celebrante se dirige al altar.
El Ordus Romanus I (45-50 Ed. de Andrieu vol. 2, 81-83) nos describe una misa papal en la Basílica de santa María La Mayor:
· El Papa llega a la sacristía donde se reviste.
· El presentan los nombres de los que leerán la lectura.
· El coro se encuentra ya adelante del presbiterio.
· Cuando todo está ya listo, el diácono con el manipulo del Papa, indica con una seña desde la puerta de la sacristía que el coro puede empezar el canto de entrada.
· La corte inicia la procesión.
· Durante la misma, le presentan al Papa un cofrecito que contiene los "Sancta", o sea, el Pan consagrado que ha sobrado de la celebración anterior, el Papa los reverencia prosigue el camino (éstos serán mezclados en el cáliz después de la Fracción a fin de poder consumirlos).
Al respecto, cabe notar que la antífona del canto de entrada tiende a sintetizar el misterio a celebrarse.
Con el Vaticano II, el canto de entrada se comporta más bien como canto de apertura, ya que no acompaña a una verdadera procesión. Pero lo cierto es que debe preparar a los fieles a la celebración y más si se cuida su relación con la Liturgia de la Palabra, el Tiempo Litúrgico o la fiesta.
Pero, no debemos olvidar que su uso en la Iglesia se toma del uso imperial que en tales procesiones, el emperador, era acompañado por sus ministros, en medio de la música del órgano, de flabelli (abanicos), de velas y de incienso.
En Oriente se acostumbraba la "Pequeña Entrada" que consistía en una procesión solemne de la Palabra de Dios que ensombrecía la entrada del Ministro. Entre los siglos VII y VIII esto se usaba también en Roma, donde el Papa al llegar al altar saludaba además al Evangeliario que ya estaba allí. Esto pronto va a cambiar y en vez de dos entradas, solo habrá una donde el diácono llevará en la misma procesión del Papa el evangeliario que dejará sobre el altar.
En los ritos actuales, el diácono besa el evangeliario cuando lo deja sobre el altar, no así todos los demás celebrantes.
2) EL BESO AL ALTAR, EL SALUDO A LOS FIELES, Y EL ACTO PENITENCIAL:
· El Beso al altar:
Desde la época de san Ambrosio de Milán (Siglo IV)[11], el altar es considerado como un signo de Cristo, por ello, según lo atestigua el Ordo Romanus I, el Papa al llegar al altar se arrodillaba en un momento de oración y recogimiento, luego besaba el altar, como un saludo a Cristo.
En el anterior del Misal de san Pío V[12], el beso al altar, estaba precedido por una serie de ritos como las oraciones al pie del altar y el acto penitencial, luego le seguían otras oraciones.
· El Saludo:
El Papa saludaba a los fieles con la expresión de origen semítico: El Señor esté con ustedes. Pero en Oriente se usaba la expresión: La paz a vosotros, tomada de la apariciones del Resucitado a los apóstoles, la cual, hoy en día se utiliza solo para la liturgia episcopal.
La respuesta del pueblo era: Y con tu espíritu. Este "espíritu" no se trata, de ninguna manera, del alma de la persona (sacerdote) sino del Espíritu de Cristo que habita en el sacerdote desde el día de la ordenación. Por lo que la traducción inglesa "And also with you" no es correcta desde el punto de vista de los santos Padres (Narsay de Nisibe[13], hom. XVII).
La sugerencia que podríamos hacer para los redactores del Misal Romano es escribir: "Y con tu Espíritu", es decir, Espíritu con mayúsculas para entender que se trata de Cristo, no del presidente.
· El Acto Penitencial:
Antes del saludo a los fieles, el Ordus Romanus I (49), indica que el celebrante al pie del altar incline la cabeza (sin decir nada). Con el tiempo Los Ordos (VI,X) desarrollarán tal rúbrica pasando de un simple gesto a darle un significado penitencial: "Venit ad Tribunal Paenitentiae" para indicar claramente que el celebrante debe orar por sus pecados (Ordo X,12). Más tarde aparecerá una fórmula breve que iniciaba con la palabra "Confiteor[14]" y que se irá desarrollando haciendo uso incluso de la intercesión de lo santos locales.
Esta apología corresponde a una evolución de la disciplina penitencial que tras el siglo X provee la posibilidad de satisfacer la penitencia por medio de la Misa, es por ello, que las apologías entran en la celebración.
En la Misa de la Curia del Siglo XIII ya encontramos varias de estas apologías, pasarán por tanto, al Misal de san Pío V y que algunas de ellas pasaron inclusive al Misal de Paulo VI[15] (Acto penitencial, después del Evangelio, después de la presentación de las ofrendas, el lavatorio, después de la fracción, en la purificación de los vasos sagrados).
Hasta el Vaticano II, el Confiteor era en secreto para el celebrante y después dicho por la asamblea. Con el Vaticano II surge una novedad al respecto, ahora, tanto el celebrante como los laicos la recitan a la vez, o la hacen dialogada (responsorialmente). Es probable que haya permanecido por la conciencia de la presencia del Señor en la Liturgia de la Palabra, y por ello mismo, convenía que la Asamblea estuviese bien preparada.
El acto penitencial de la Misa que ahora es presentado de diferentes maneras:
· Yo Confieso...
· Apiádate Señor ...
· Kyrie con tropos...
Puede también ser sustituido los domingos con la aspersión de agua bendita, lo cual sería muy deseable, o suplirlo después de la precedencia de otro acto litúrgico inmediatamente precedente a la celebración de la Eucaristía como una procesión o la celebración de la Liturgia de las Horas.
Conviene, sin embargo, no hacer del acto penitencial un centro de la celebración otorgándole una desmedida importancia, a fin de evitar la llamada "recaída psicológica" como cuando se trata de celebrar la Pascua, comenzar con el acto penitencial resta alegría a la fiesta, es cuando se debe sustituir con la aspersión. Es también importante señalar que la Iglesia actual no le ha dado a este acto penitencial el valor de absolución sacramental de los pecados mortales o graves.
3) KYRIE ELESION:
Para tratar el Kyrie eleisón tenemos que relacionarlo con la Oración Universal. Esta exclamación era ya usada en el uso pagano como aclamación de honor dirigida al emperador o a un dios, y por sí misma, nada tiene que ver con pedir perdón.
Su uso litúrgico nos lo reportan: La Peregrina Egeria[16] (SC 21): cuando al final de las vísperas el diácono entonaba una súplica mientras los niños le respondían cantando Kyrie eleisón. También las Constituciones Apostólicas, nos dicen que después de la despedida de los catecúmenos y de los penitentes había una intención de los fieles a la cual se respondía: Kyrie eleisón, pero que ésta era sobre todo propia de los niños (VIII,6,9). Esto lo volveremos a tratar cuando lleguemos a la Oración de los Fieles.
4) EL GLORIA:
Es una de las composiciones más antiguas de la Iglesia, llamados Psalmi idiotici, es decir, composiciones personales, mientras que los salmos son inspirados.
Este canto era usado en la liturgia bizantina en el oficio matutino (Orthros), así se usaba incluso en Jerusalén durante el siglo V según lo atestigua el Codex Alexandrinus. La tradición del Liber Pontificalis le atribuye al Papa Telésforo (+154) haber introducido este himno en la Misa de Navidad, pero no tiene fundamento ya que tan solo la fiesta de Navidad fue introducida en Roma hasta el siglo IV. En cambio, en la Liturgia Romana, la única indicación la ofrece el sermón 6to. de san León Magno para Navidad (In Nat. Dom. VI).
El Himno del Gloria ha tenido varias versiones: en algunas de carácter arriano se presenta a Cristo como inferior al Padre (tal es el caso de la versión griega de las Constituciones Apostólicas) ya que intentan dirigir todas las súplicas no por medio de Cristo, sino directamente al Padre. Otro es el del Codex Alexandrinus, es además del más antiguo, aquel que es utilizado por la Iglesia bizantina y católica.
Al principio solo el Obispo entonaba esta himno y solo en la fiesta de navidad, y así fue durante mucho tiempo. El Liber Pontificalis, atribuye al Papa Símaco (498-514) su extensión a los domingos y fiestas de los mártires, pero siempre reservado al Obispo. No es sino hasta el siglo XI cuando se rubrica que el Presbítero lo podrá entonar si lo hace el Obispo. Aunque en el sacramentario Gregoriano existe la rúbrica que menciona que el Presbítero podrá entonar el Gloria si es Pascua (85,2). Y el Pontifical de Guillermo Durand (finales del Siglo XIII) lo limitan y lo prohíben en ciertos tiempos y en alguna celebraciones. Todavía el actual misal, si bien lo ha extendido a todos los presbíteros, por otro lado lo ha suprimido en varias fiestas menores y celebraciones simples.
5) LA ORACIÓN COLECTA:
San Agustín no conocía en su tiempo esta oración. Se piensa por lo general que fue introducida por san León Magno (440-461). Pero es necesario señalar que su inserción en la celebración de la Eucaristía viene a modificar teológicamente un poco el aspecto de la Liturgia de la Palabra: San Justino (Ap. I, 67) nos menciona como primera oración, aquella que después de la Homilía se decía como Oratio Fidelium. Era, por tanto, la proclamación de la Palabra de Dios la que provocaba la oración, y ésta estaba cargada de lo que había oído de Dios. Esta nueva oración viene ahora a señalar que la Asamblea a orado antes de escuchar al Señor.
El nombre de colecta presenta algunos problemas: Los sacramentarios Veronense y Gelasiano no la llaman así, el sacramentario Gregoriano la conoce solo como "Oratio" y que tenga su origen en la liturgia estacional y que esta haya tenido motivo en base a la reunión (colecta) de los fieles en torno a la Iglesia visitada por el Papa. Algunos, por tanto, la consideran como la oración que concluye las largas letanías que se han pronunciado desde el punto de reunión hasta el de llegada donde se celebrará la Misa. Otros, una oración como las acostumbradas durante la Vigilia Pascual después de cada lectura y que encierran el sentido de cada una de ellas. Pero, la más verosímil, es aquella que explica que se trata de una oración personal de los fieles que invitados por la palabra "oremos" se ponen en oración silenciosa y que ésta viene a concluir y a recoger las suplicas de todos. Cassiano la usa en este sentido cuando habla de la Colligere orationem, oración con la cual el Abad terminaba la oración silenciosa de los monjes.
La oración colecta siempre está dirigida al Padre (salvo algunas excepciones como la Misa de Corpus Christi) por medio del Hijo en la actividad del Espíritu Santo como es el uso de la Liturgia romana clásica y que ha sido elegida para la oración oficial de la Iglesia, pero no así para la privada o personal que puede estar dirigida a Cristo o al Espíritu Santo.
Tiene por lo general una estructura bien cuidada:
· Título a Dios Padre (designa una cualidad de Dios a la vez que señala claramente a quien está dirigida la oración).
· Motivo teológico de la oración (puede estar basado en la biblia o en un dogma o en un sentir oficial de la Iglesia ).
· Finalidad de la oración (es el aspecto práctico de la misma, lo que en concreto se pide a Dios).
· La Mediación de Cristo, en la actividad del Espíritu Santo.
· Asentimiento de la Comunidad que la respalda con un amén.
La Liturgia romana es riquísima en composiciones de estas oraciones, pero a la vez, sancionadas por el Concilio de Cartago y de Mielvi, solo podrán ser usadas en la Misa tras la revisión de personas especializadas. La tendencia del Misal Romano de Paulo VI fue relacionarlas en la medida de lo posible con las lecturas de cada misa.
Material de
Liturgia sacramental
Jorge RODRÍGUEZ MOYA
Arquidiócesis de Monterrey
Notas:
[1] Eucaristia (eujaristía) es la palabra griega de la que proviene uno de los dos grandes nombres que dan todas las confesiones cristianas, al sacramento, rito y misterio central de la religión sobre la que está asentada la cultura occidental. Es una palabra preexistente al rito que denomina, y por consiguiente carga con su significado original. Para los griegos eucaristía significaba "reconocimiento", "agradecimiento"; de ahí fraguó Diodoro de Sicilia el significado de "Acción de gracias", que forma parte de la terminología religiosa y se entiende por sí mismo. Son numerosos los derivados griegos de esta palabra, y se reafirman en el mismo significado. Su origen es evidente: está compuesta del prefijo eu (eu), que encontramos en euro, eutanasia, Eugenio, eugenesia... que significa "bien", más la palabra cariV (járis) que significa "brillo", resplandor", "encanto de la belleza", "gracia" y un largo etcétera. Fue personificada en la mitología griega en Las Tres Gracias. La extensión del término es, por tanto, inabarcable: es una especie de compendio de todo lo que de positivo pueda expresar un ser humano a otro, o a la divinidad.
El término Eucaristía, junto con su "traducción oficial" Acción de Gracias fue adoptado por el cristianismo para denominar no tanto el propio rito de la misa, como la actitud de los cristianos ante el mismo. En efecto, tratándose como se trata de un rito en el que se escenifica y se celebra un giro de 180 grados, un cambio radical en las relaciones del hombre con Dios, y por tanto de los hombres entre sí (Dios en su forma humana, como síntesis de toda la humanidad, haciendo de víctima; y en su forma divina aceptándola, y aceptando al mismo tiempo como igualmente valioso el canje de la propia víctima por el pan y el vino, fruto de su trabajo), ante tamaño cambio de la condición humana gracias a la aceptación por Dios de ese sacrificio, la única respuesta posible es la acción de gracias.
Dejando para otro momento el análisis del contenido del paréntesis, paso al factor "agradecimiento": toda civilización (estoy convencido de que la grafía cibilización estaría más acorde con el origen y significado de la palabra) se sostiene sobre unos determinados sistemas de creencias y de valores que dirigen su actividad para obtener lo esencial en la subsistencia, que es la comida. Y todas las civilizaciones, en sus orígenes, han considerado que la divinidad (no olvidemos que el animismo está en el origen de toda religión) tenía muchísimo que ver en el aprovisionamiento de esas subsistencias, por lo que instituyeron los sacrificios que, en última instancia eran los sistemas rigidísimos de administración de los recursos alimentarios de acuerdo con principios prácticos en forma ritualizada. Siendo el sacrificio de la misa una innovación extraordinaria en la que Dios acepta el sacrificio de su propio hijo, como garantía absoluta de que ya ningún sacrificio humano podrá superarlo en calidad, y por tanto será vano; y aceptando Dios el ofrecimiento del trabajo del hombre como redención de su propia vida, sólo cabe el agradecimiento.
Mariano Arnal
[2] The corresponding dismissals in the other Western rites are: at Milan, V. "Procedamus in pace." R. "In nomine Christi"; Mozarabic, "Solemnia completa sunt in nomine D. N. I. C: votum nostrum sit acceptum cum pace." R. "Deo gratias" ("Missale Mixtum", P. L., LXXXV, 120). Of the Eastern rites that of the "Apostolic Constitutions" dismisses the people with the form: "Go in peace" (Brightman, "Eastern Liturgies", p. 27). The Antiochene and Byzantine Liturgies end with the deacon's announcement: "Let us go forth in peace." R. "In the name of the Lord"; and then a short "prayer of dismissal" said by the celebrant (op. cit., 67, 397); so also the Alexandrine Rite (ibid., 142): while the Nestorians have only a prayer and blessing by the celebrant (ibid., 303).
[3] Gregorio significa "el Vigilante", en Griego Nació y murió en Roma en 540 y 604. Estudió Derecho y en 573 fue nombrado Prefecto. Como heredó la fortuna de su padre, construyó varios monasterios en Roma y se retiró al Monte Celio.
Fue ordenado diácono y en 578 el Papa Benedicto I lo ordenó presbítero.
Fungió como Nuncio en Constantinopla entre 579 y 586. Tres años después fue elegido Papa, misión en que se distinguió por su oratoria, política tolerante, administración atinada, interés misionero en nglaterra y España y tacto en la reforma del clero y la liturgia. Su acción pastoral se refleja en varias de sus obras: Regla pastoral, Diálogos, Sacramentario y Antifonario.
Se distinguió, también, por su obra bíblica (varios comentarios), ascética (su Moralina) y epistolar (859 cartas). Apenas muerto, fue venerado como santo y la tradición lo asumió como Patrón de los liturgistas, sabios e investigadores, por su amplia erudición; de los músicos, chantres y cantores, por la escuela de canto que fundó (cantos gregorianos); Defensor contra la enfermedad de la gota y la peste; y Abogado de las almas del purgatorio por las "misas gregorianas" que hasta él se hicieron remontar.
[4] Nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional que era el latín. Llegó a ser Secretario del Papa San Celestino, y de Sixto III, y fue enviado por éste como embajador a Francia a tratar de evitar una guerra civil que iba a estallar por la pelea entre dos generales. Estando por allá le llegó la noticia de que había sido nombrado Sumo Pontífice. Año 440. Desde el principio de su pontificado dio muestra de poseer grandes cualidades para ese oficio. Predicaba al pueblo en todas las fiestas y de él se conservan 96 sermones, que son verdaderas joyas de doctrina. A los que estaban lejos los instruía por medio de cartas. Se conservan 144 cartas escritas por San León Magno. Su fama de sabio era tan grande que cuando en el Concilio de Calcedonia los enviados del Papa leyeron la carta que enviaba San León Magno, los 600 obispos se pusieron de pie y exclamaron: "San Pedro ha hablado por boca de León". En el año 452 llegó el terrorífico guerrero Atila, capitaneando a los feroces Hunos, de los cuales se decía que donde sus caballos pisaban no volvía a nacer la yerba. El Papa San León salió a su encuentro y logró que no entrara en Roma y que volviera a su tierra, de Hungría.
[5] S. GELASIO I (492-496) Nació en África y fue secretario de Félix III. Intentó llegar a una conciliación entre Iglesia de Oriente e Iglesia de Occidente, como hiciera su antecesor. No tuvo éxito en el intento, también por la: oposición y la actitud de escarnio del emperador Anastasio.
Es famosa la epístola que Gelasio envió a este emperador para aclarar los términos de su opinión en relación a los dos poderes, temporal y espiritual. De los dos, el poder espiritual es el más alto y a éste tiene que someterse también el emperador. A éste último le corresponde exclusivamente el ejercicio del poder temporal.
Por otro lado, por lo que concierne las cosas materiales, también los ministros de Dios se someten a las leyes imperiales. Y si es justo que los fieles se sometan a los obispos, es igual de necesario que todos tengan en consideración de supremacía al jefe de la Iglesia, que Dios ha establecido ser la primera sobre todas las demás, es decir la sede de Roma. Nunca hubo discurso más claro. Dio órdenes que se cancelaran los últimos residuos de fiestas y ritos paganos que aún perduraban en las costumbres de los cristianos.
No vaciló cuando tuvo que recurrir a las riquezas de la Iglesia para socorrer al pueblo en tiempos de hambruna, de epidemias de peste o simplemente de pobreza. Le llamaron «Padre de los pobres».
[6] Arrianismo: Arrio, sacerdote de Alejandría, sostuvo, hacia el año 320, que Jesús no era propiamente Dios, sino la primera criatura creada por el Padre, con la misión de colaborar con Él en la obra de la creación y al que, por sus méritos, elevó al rango de Hijo suyo; por lo mismo, si con respecto a nosotros Cristo puede ser considerado como Dios, no sucede lo mismo con respecto al Padre puesto que su naturaleza no es igual ni consustancial con la naturaleza del Padre. Esta herejía se difundió como la pólvora y ganó pronto a un prelado ambicioso de la corte de Constantino, Eusebio de Nicomedia, que llegó a convertirse en el verdadero jefe militante del partido de los arrianos; también simpatizó con Arrio el historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea. Arrio abandonó Alejandría el año 312 y se fue a propagar su herejía al Asia Menor y a Siria. El año 325 Constantino, preocupado por la difusión de la herejía y por las luchas internas que, a causa de ella, dividían a los católicos, convocó en Nicea el I Concilio Ecuménico, el cual condenó a Arrio y a sus secuaces, afirmando en el Símbolo llamado Niceno: "Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas, visibles e invisibles. Creemos en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, engendrado sólo por el Padre, o sea, de la misma sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho en el cielo y en la tierra, que por nuestra salvación bajó del cielo, se encarnó y se hizo hombre". El anatema contra Arrio estaba redactado en los siguientes términos: "En cuanto a aquellos que dicen: hubo un tiempo en que el Hijo no existía, o bien que no existía cuando aún no había sido engendrado, o bien que fue creado de la nada, o aquellos que dicen que el Hijo de Dios es de otra hipóstasis o sustancia, o que es una criatura, o cambiante y mutable, la Iglesia católica lo anatematiza". Tras este anatema lanzado por el Concilio, Constantino añadió la prohibición de que Arrio pudiera volver a Alejandría, algunos meses más tarde envió al exilio, a la Galia, a Eusebio de Nicomedia. Pero Arrio, aun desde lejos, no cedió en sus ataques; pronto se volvió a granjear la gracia del emperador. Campeón de la fe nicena fue Osio, obispo de Córdoba, y Atanasio, obispo de Alejandría, que soportó duras luchas y hasta el destierro intentando la extinción total del arrianismo, que se camufló de diversas maneras y se difundió entre los bárbaros germanos hasta los confines más septentrionales del Imperio: ostrogodos, vándalos y longobardos, entre los que perduró durante muchos años. Los últimos, arrianos longobardos desaparecieron hacia el 670, gracias a la habilidad de san Gregorio Magno
[7] La doctrina según la cual el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo es expresión de la teología trinitaria de san Agustín. Servía bien a los obispos hispanos para explicar la unidad sustancial del Hijo con el Padre contra el arrianismo visigótico. La Iglesia franca adopta el concepto de Filioque a lo largo del siglo VIII, más en concreto en el sínodo de Saint Tigny (767): era una fórmula idónea para explicar la realidad de que es Cristo quien nos ha redimido y enviado el Espíritu Santo; se explicaba la unidad de acción de Cristo y el Espíritu Santo.
Adriano I participaba de esta teología, pero no tenía intención de incluir el término en el Credo. De hecho, el concilio de Éfeso (431) prescribía que no debía variarse el Credo de los Padres. En los Libri Carolini venía la fórmula de manera expresa; pero otra cosa era su introducción en el Credo, lo cual se hace en la Iglesia franca en un sínodo provincial en Friul (796-797), presidido por Paulino de Aquileya[141]. Defendía el añadido diciendo que no era un cambio en el Símbolo de fe, sino una aclaración. En la liturgia franca se recoge poco después.
La cuestión fue nuevamente discutida en el 809, cuando algunos monjes francos en Tierra Santa cantan el credo introduciendo el Filioque. Esto provocó la protesta de los monjes bizantinos ante León III. El papa transmite el contenido de la carta a Carlomagno[142]. Carlos encarga una investigación a sus teólogos, entre ellos Teodulfo de Orleans, que había escrito un tratado sobre el Espíritu Santo. Un sínodo en Aquisgrán (809) decide que es legítima su introducción en el Credo. La decisión es enviada a Roma. León III adopta la misma actitud que su antecesor, Adriano I: siendo como era ortodoxa la doctrina del Filioque, sin embargo decide dejar el credo como estaba.
[8] Cat Ig. Cat. 246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu "procede del Padre y del Hijo (filioque)". El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: "El Espíritu Santo tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración...Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único, al engendrarlo, a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente" (DS 1300-1301).
247 Cat. Ig. Cat. La afirmación del filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa S. León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 (cf. DS 284) antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo de Nicea-Constantinopla por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.
El documento cuya traducción damos a continuación es un extracto de las actas del sinodo de julio del 1054 en el que el patriarca de Constantinopla Miguel el Cerulario procedió a excomulgar a los legados del papa León IX: Humberto de Silva Candida, Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Dicha excomunión era respuesta a la que a su vez habían fulminado dichos legados el 16 de julio anterior.
Ambos hechos son testimonio del estado de mútua incomprensión en que ambas partes de la Iglesia habían caído. Siglos de diferencias culturales, teológicas y disciplinares desembocaron en este hecho doloroso que tiene consecuencias hasta el día de hoy. Como complemento de este documento véase la declaración conjunta realizada por el Papa Pablo VI y el patriarca de Constantinopla Atenágoras I al finalizar el Concilio Vaticano II en 1965
El demonio pérfido e impío, no ha tenido bastante con los males que ha procurado. Por eso, con innumerables fraudes ha engañado al género humano antes de la venida del Señor y también después, continúa enredando a aquellos que le creen... Así pues, en estos días, unos hombres impíos y execrables, hombres venidos de las tinieblas, han llegado a esta ciudad conservada por Dios, desde la cual, como de un manatial, brotan las fuentes de la ortodoxia. Estos hombres, como el rayo, como un vendaval, como granizo han querido pervertir la recta razón con la confusión de los dogmas.
Nos han herido a nosotros, los ortodoxos, acusándonos entre otras cosas de que no nos afeitamos la barba como ellos, que no nos separamos de los presbíteros casados, antes bien recibimos la comunión con ellos. Además nos acusan porque no adulteramos, como ellos, el sacrosanto símbolo [de la fe] y no decimos, como ellos, que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo... De hecho, [ellos] afirman que el Espíritu procede no del Padre solamente, sino también del Hijo [Filioque] sin haber podido sin embargo recabar esta voz de los evangelistas, o derivar este dogma blasfemo de algún sínodo ecuménico...
Actuaron pues desvergonzadamente contra la ortodoxa Iglesia de Dios porque no han venido de la antigua Roma -como decían- sino de otra parte, y de ningún modo habían sido enviados por el papa. Más aún, se ha descubierto que los sellos de las cartas que traían eran falsos...
Nuestra humildad, no pudiendo permitir que tanta audacia y desvergüenza quedase impune, ha hablado de este asunto al fuerte y santo emperador...
El 24 de julio, día en el cual según costumbre debe hacerse una exposición sobre el quinto Concilio(2), este escrito impío fue de nuevo condenado con el anatema, en presencia de la multitud, así como también [fueron condenados] aquellos que lo habían publicado y escrito, o de una manera u otra, le habían dado su consentimiento o su estímulo.
Sin embargo, para perpetuo deshonor y permanente condena de aquellos que habían lanzado tales blasfemias contra nuestro Dios, el texto original de este escrito impío y execrable, redactado por impíos, no fue quemado, sino guardado en los archivos.
Sépase además que el vigésimo día del mismo mes, día en el cual fueron condenados con el anatema todos aquellos que blasfemaban contra la fe ortodoxa, estaban presentes todos los metropolitas y obispos que temporalmente residían en la ciudad, en compañía de aquellos otros dignatarios que se sientan con Nos.
Juan Pablo II “Ut unum sint” 24 y la celebración en la Basílica de san Pedro durante la visita a Roma de mi venerable Hermano, el Patriarca Dimitrios I (6 de diciembre de 1987)? En aquella circunstancia, junto al altar de la Confesión, profesamos juntos el Símbolo niceno-constantinopolitano, según el texto original griego. No se pueden describir con pocas palabras los aspectos concretos que han caracterizado cada uno de estos encuentros de oración.
El 5-VI-81 día de Pentecostés: "La homilía del Papa, en la misa de la mañana, tuvo un marcado carácter ecuménico, al repetir el pontífice, en griego, la definición del Concilio del 381 sobre el Espíritu Santo que procede del Padre, sin añadir las palabras y del Hijo (latín filioque) que tantas polémicas suscitaron entre cristianos de Oriente y Occidente, hasta ser una de las causas del cisma del año 1054.
"Aunque sin proponer la supresión del filioque en el Credo de liturgia romana, Juan Pablo II admitió implícitamente la legitimidad de su ausencia, al afirmar que la fórmula del Concilio del año 381 «a lo largo de muchísimas generaciones, ha mantenido en la unidad (1 la fe, profesada entonces, a la gran familia de los confesores de Cristo»
"Por ello, el Papa expresó su solidaridad con «aquella sede, que tuvo la suerte de hospedar a ese venerable Concilio, el primero constantinopolitano... donde también, en la fiesta de hoy nuestro venerable hermano Demetrio I, patriarca de Constantinopla, da gracias la eterna luz por haber iluminado, hace dieciséis siglos, las mente de nuestros predecesores en el episcopado».
" «Aunque en los diversos tiempos y lugares -añadió el Papa- la misma unidad de la Iglesia haya sufrido escisiones, la fe profesada por nuestros santos predecesores en el credo niceno-constantinopolitano, es testimonio de la unidad original y nos llama de nuevo a la reconstrucción de la plena unidad».
[9] Sinagoga (en griego, 'lugar de asamblea'; en hebreo bet knesset), en el judaísmo, casa o asamblea para la oración comunal, el estudio y el encuentro; institución central comunal. Los judíos de la Europa central y oriental llamaban a sus sinagogas shuls (judeoalemán --yiddish--, 'escuelas'); a veces los judíos reformistas usan la palabra templo.
La arquitectura de la sinagoga nunca ha reflejado un único modelo, pero los siguientes elementos son casi nvariables y poseen gran importancia: el arca que acoge los rollos de escritura de la Torá (Cinco Libros de Moisés escritos enhebreo arcaico y en pergamino), la cual está siempre en la pared orientada hacia Jerusalén; el Ner Tamid ('llama perpetua'), luz siempre encendida ante el arca; la gran mesa en una plataforma elevada (bimah), donde se lee la Torá ante la congregación; un pequeño atril de lectura desde donde se preside y se anima el servicio y desde donde reza el rabino; también se distinguen los asientos para la congregación. Por tradición, los hombres y las mujeres se sientan en secciones separadas, pero las sinagogas conservadoras y las reformadas no observan esta costumbre. Un candelabro de siete brazos (menorah) es un signo habitual en el culto.
[10] Elegido el 10 de septiembre del 422, Celestino, en la línea de Bonifacio, proseguirá el objetivo de reforzar la disciplina. Tal es el contenido de sus primeras cartas a los obispos de Italia y de las Galias. Y, escarmentado por la crisis que se había provocado al principio del pontificado precedente por la elección simultánea de dos obispos, concretó las normas que habían de cumplirse en lo sucesivo al elegir nuevos pastores.
El reforzamiento de la autoridad romana necesariamente tenía que suscitar reacciones. Los obispos de África en particular protestaron con firmeza el derecho de apelación al papa por considerarlo contrario a sus privilegios y por entender que amenazaba el buen funcionamiento de las Iglesias locales al frenar la pronta resolución de los problemas.
Su preocupación por la disciplina no le hizo descuidar, sin embargo, la doctrina. Estuvo presente en todas las grandes polémicas acerca del dogma. Nestorio suponía entonces el peligro más grave; el hereje veía en Jesucristo dos personas distintas: una, el Verbo, qué es Hijo de Dios, y otra, Cristo, hijo de María. Aquellas teorías del arzobispo de Constantinopla alarmaron a Cirilo, el patriarca de Alejandría, quien alertó a Roma. Celestino excomulgó a Nestorio y envió tres legados para que le representaran en el concilio de Éfeso (431, tercero de los ecuménicos) que acababa de convocar el emperador Teodosio II para precisar la doctrina. Dichos legados se aplicarían en Efeso a restablecer la paz entre Alejandría y Constantinopla.
Paralelamente, en África, Celestino apoyó con todas sus fuerzas al obispo de Hipona, san Agustín, siempre en primera línea de combate contra los errores de su tiempo y, en particular, contra los pelagianos.
Inglaterra parecía seducida por esta doctrina originaria de Escocia. Y Celestino envió allí un hombre seguro: Germano, el obispo de Auxerre. También parecía que en las Galias le hacían el juego a una corriente de semi-pelagianismo, y el papa reaccionó de manera fulminante. Pero no se limitó a proteger la fe en una actitud defensiva, antes al contrario favoreció y empujó su expansión y, en concreto, confió a Paladio la conversión de Irlanda.
Su solicitud por todas las Iglesias llenó cumplidamente sus diez años de pontificado. Cuando Celestino murió el 27 de julio del 432 dejó fortalecida la institución del papado. Y su sucesor se encargaría de consolidarla.
[11] Administrador y político de categoría en el año 374, a pesar de que no era más que catecúmeno, fue elevado del gobierno civil de Milán a la sede episcopal. Es un contemplativo, un agudo psicólogo. Este enérgico latino se introdujo en la escuela de los Padres griegos para iniciarse en la doctrina cristiana. Tiene acentos profundos y muy dulces y altas miras místicas, muy originales entre los occidentales de su tiempo
[12] Antonio Ghislieri nace el 17 de enero de 1504 en Alessandría (Italia), Hijo de Pablo Ghislieri y Dominica Augeria. En 1521, a sus diecisiete años, profesa en la Orden de Predicadores, en Vigevano, tomando el nombre de Miguel. Realiza su "currículum" filosófico - teológico en Bolonia. Posteriormente cumple el ministerio de Lector de Filosofía y de Teología en Pavía.
A los cuarenta y siete años, en 1551 es llamado a Romas por Julio III y designado Comisario General del Santo Oficio, donde trabaja por la difusión y la pureza de la fe. Pablo IV le nombra obispo de Sutri y Nepi en 1556, y cardenal en 1557. El mismo Pablo IV, en 1560, le traslada a Mondovi (Piamonte), diócesis que se encuentra en lamentable estado, donde se empeña por acercarla al Evangelio de Jesucristo.
Descubierto por San Carlos Borromeo, el cardenal fray Miguel Ghislieri es elegido Papa en 1566 a los sesenta y dos años de edad. No es un príncipe, sino un asceta el que la Orden de Santo Domingo presta al papado de Roma. Pío V - así se llamará- lleva el estilo de la Orden a la Curia Romana. El nuevo Papa ofrece a la Iglesia el Breviario y Misal Romanos para que alimente su oración: también se esfuerza por confirmar a toda la Iglesia en la misma fe. Así publica el "Catecismo" del Concilio de Trento, llamado "Catecismo Romano"
Su corazón se inquieta frente a las nuevas situaciones pastorales. Por una parte, mundos recientemente descubiertos que es necesario evangelizar; y por otra, países protestantes que comienzan a nacer. A fin de abordar tales problemas crea dos congregaciones cardenalicias que serán base de la posterior Sagrada Congregación "De Propaganda Fide" (creada en 1622). Proclama a Tomás de Aquino "Doctor de la Iglesia" e impulsa la "Opera Omnia" conocida como "Piana".
Se esfuerza por hacer coincidir la sociedad terrena con el Reino de Dios. Ve destrucción y muerte sobre Europa con la inminente invasión de los otomanos. Por eso, propicia entre los príncipes la liga de España y Venecia para detenerlos. Se alcanza la victoria en Lepanto el día 7 de octubre de 1571, mientras el Papa se encuentra en oración a María, la Madre de Dios, en su devoción al rosario; por ello instituye para este día la fiesta con el título de Nuestra Señora de la Victoria que en 1573 se denominará "del Rosario".
Murió santamente en Roma el 1 de mayo de 1572, a sus sesenta y ocho años y siete de papado. Beatificado por Clemente X, fue canonizado por Clemente XI el 22 de mayo de 1721. Su cuerpo se venera en la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica romana de Santa María la Mayor.
[13] Hoy Irak.
[14] El Yo confieso, también conocido por su nombre en latín "Confiteor", es la oración de penitencia más usada por los católicos. Existía ya, al menos parcialmente, en el siglo VIII y fue incorporada a la Misa en el XI.
San Ponciano: Roma; Julio 21, 230 - Septiembre 28, 235).
Nació en Roma. Elegido el 21-VIII-230, murió el 28-IX-235. Ordenó el canto de los Salmos y la recitación del confiteor Deo antes de morir y el uso del saludo Dominus vobiscum. Deportado y condenado a las minas en Serdeña. Murió de sufrimientos en la isla de Tavolara.
[15] Pio VI (Giovanni Angelo Braschi): Cesena; Febrero 15 (22), 1775 - Agosto 29, 1799.
Nació en Cesena. Elegido el 22-II-1775, murió el 29-II-1799. Celebró el 19º Jubileo (1775). Obligado a romper con Francia tuvo que pagar grandes cantidades de dinero y dar varias obras de arte. Napoleón conquistó Roma e hizo detener al Papa. Hizo fundir la campana de S. Pedro de 2 mt. de diámetro
[16] Nació en lo que hoy es Galicia, España, durante la segunda mitad del siglo IV. Se desconocen lugar y circunstancias donde ocurrió su muerte.
Egeria es considerada la primera viajera y escritora de habla hispana. Era una mujer culta y muy rica de la región, que en aquellos días comprendía un territorio mucho más extenso que el que ocupa Galicia en la actualidad. Se le conocía como el extremo más occidental del mundo.
Sus datos personales son todavía cuestionados por los historiadores, pues Egeria habló poco de sí misma en sus escritos. No obstante, por las fechas y lugares que menciona, se infiere que perteneció a la familia del emperador Teodosio I. Se sabe también que fue abadesa de un convento, que tenía conocimientos de griego, literatura y geografía, y que fue querida y respetada por sus contemporáneos.
Su primer viaje fue a Tierra Santa y lo motivó su sed de conocimiento. Quería conocer los llamados lugares santos y comprobar los datos geográficos que se tenían sobre esa parte del mundo.
«La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía»12. Esta parte preparatoria se compone de canto de entrada13, saludo14, acto penitencial15, Kyrie eleison16, Gloria17 y Oración Colecta18. Ahora bien, sin entrar en los detalles, indicaré los elementos que con el tiempo se fueron incluyendo a un esquema muy sencillo19.
Preparación
Por la naturaleza de la Celebración Eucarística, es menester significar de manera simple, digna y solemne que ella resume en sí misma toda la tradición de fe de la Iglesia, por esa razón que los elementos con los que se cuenta para la celebración, deben propiciar dicho encuentro de la siguiente manera20:
117. Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas. Igualmente sobre el altar, o cerca del mismo, debe haber una cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado. Los candeleros y la cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado pueden llevarse en la procesión de entrada. Sobre el mismo altar puede ponerse el Evangeliario, libro diverso al de las otras lecturas, a no ser se lleve en la procesión de entrada.
118. Prepárense también:
a) Junto a la sede del sacerdote: el misal y, según las circunstancias, el folleto de cantos.
b) En el ambón: el leccionario.
c) En la credencia: el cáliz, el corporal, el purificador, y según las circunstancias, la palia; la patena y los copones, si son necesarios; a no ser que sean presentados por los fieles en la procesión del ofertorio: el pan para la Comunión del sacerdote que preside, del diácono, de los ministros y del pueblo y las vinajeras con el vino y el agua; una caldereta con agua para ser bendecida, si se hace aspersión; la patena para la Comunión de los fieles; y todo lo necesario para la ablución de las manos.
Es loable que se cubra el cáliz con un velo, que puede ser del color del día o de color blanco.
119. En la sacristía, para las diversas formas de celebración, prepárense las vestiduras sagradas (cfr. núms. 337 - 341) del sacerdote, del diácono y de los otros ministros:
a) Para el sacerdote: el alba, la estola y la casulla o planeta.
b) Para el diácono: el alba, la estola y la dalmática, la cual, sin embargo, puede omitirse por necesidad o por menor grado de solemnidad.
c) Para los otros ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.[96]
Todos los que se revisten con alba, usarán cíngulo y amito, a no ser que por la forma del alba no se requieran.
Cuando se tiene procesión de entrada prepárese también el Evangeliario; los domingos y festivos, si se emplea incienso, el incensario y la naveta con el incienso; la cruz que se llevará en la procesión y los candeleros con cirios encendidos.
Canto de entrada
Historia
Para entrar en el desarrollo histórico, será menester hablar en un primer momento del introitus en cuanto tal. Para ello veamos la primera referencia que encontramos en los OR sobre el introitus22:
Et mox incipit prior scolae antiphonam ad introitum, subdiaconi de scola levant planetas cum sinu, quorum vocem diaconi dum audierint, continuo intrant ad pontificem in secretarium.
(Y tan pronto como el prior de la escuela comienza la antífona a la entrada, los subdiáconos de la escuela levantan las planetas con sus manos, los cuales, habiendo oído la voz del diácono, inmediatamente ingresan al pontífice en la secretaría.)
Se aprecia en este OR I la clara mención acerca del inicio de una antiphona ad introitum cantada por la schola cantorum, en un ambiente de celebración romana, con la presencia del pontífice y otros “órdenes” jerárquicos y dignatarios, mientras se celebra la misa pontifical23.
Vemos así como en aquella época ya aparecía clara la noción de una antiphona ad introitum. Es en este momento cuando hay que delimitar los términos que nos presentan las fuentes, como por ejemplo ‘antiphona’ e ‘introitus’.
La ‘antiphona’ es, según los libros con notación, una pieza de canto, generalmente breve (uno o dos versos), tomada de la Escritura, preferentemente un salmo24 y que se canta alternantemente25.
Por lo que se refiere al ‘introitus’26, el Liber Pontificalis lo atribuye al Papa Celestino I (422-431)27; en este libro litúrgico se presenta un esquema simplísimo de la celebración. Se observa en la presentación, que el canto de entrada manifiesta la preocupación pastoral de invitar a la asamblea a participar. El uso de incensario en este momento, proviene del mismo Ordo I28 y que fue tomado de la usanza civil de preceder con incienso carburante y cirios a las autoridades.
Sentido
El canto en la Iglesia tiene una dimensión propia de alabanza que pone de manifiesto la alabanza dirigida a Dios, de modo que en cada momento en que la liturgia alaba a su Señor, lo hace en relación con el momento celebrativo mismo. Es por lo tanto «la primera expresión de la fe, la unidad, el sentido de la celebración y la alegría de hermanos que se reencuentran entre ellos y con su Padre Dios»29.
Qui [...] cantat laudem, non solum laudat, sed etiam hilariter; qui cantat laudem, non solum laudat, sed et amat eum quem cantat30.
(Quién [...] canta alabanzas, no solo alaba, sino alaba con alegría; el que canta alabanzas, no solo alaba, sino que ama a quien le canta)
El pueblo que peregrina lo hace en atención a una llamada de Cristo que congrega a su pueblo, por ello que el canto de entrada tiene propiamente el tinte de himno que proclama al Señor victorioso que nos reúne en su nombre.
Modo de celebrar
La rúbrica del MR 200231 nos presenta lo siguiente:
Populo congregato, sacerdos cum ministris ad altare accedit, dum cantus ad introitum peragitur.
(Estando el pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros, se da comienzo al canto de entrada.)
En concreto, se sugiere tomar en cuenta todo lo que los documentos post conciliares han propuesto sobre el canto de entrada. Es decir la Constitución sobre la Sagrada Liturgia define la naturaleza del canto así como las condiciones necesarias para que se hable del canto litúrgico32 como canto de la Iglesia que ha atravesado por diversas etapas de formación y de constitución del repertorio musical, que en la SC 112 leemos así:
Musica traditio Ecclesiae universae thesaurum constituit pretii inaestimabilis, inter ceteras artis expressiones excellentem, eo praesertim quod ut cantus sacer qui verbis inhaeret necessariam vel integralem liturgiae sollemnis partem efficit.
(La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne.)
Por Musica traditio Ecclesiæ universæ se entiende justamente aquella tradición de alabanza, basada en himnos y cánticos espirituales33 que la hacen oración sonora y continua, gesto y glorificación que resuenan en el mismo lugar que le vió nacer: en el culto de la comunidad34. Por lo tanto es una expresión de carácter eclesiológico y soteriológico, pues es la asamblea que canta la obra salvadora del resucitado35.
Procesión
Historia
La procesión de entrada tuvo en la antigüedad una nota característica, es decir, la norma era acceder al presbiterio por el lugar más corto posible, pero conforme se fue desarrollando el rito y en atención a algunas festividades o solemnidades, la procesión se fue haciendo cada vez más larga, hasta que se realizó a través del pasillo central de la iglesia. En los primeros siglos la sacristía y otros cuartos de servicio se localizaron cerca de la entrada del templo, pero en la Edad Media se colocaron cerca del ábside del santuario. Esto fue hecho especialmente en las catedrales e iglesias monásticas donde había obligación de realizar el oficio en el ‘coro’, por lo que se hizo más sencillo acortar distancias entre la sacristía y el coro. Incluso, por esta razón que en muchas iglesias catedrales y monásticas, el santuario cambió su nombre a ‘coro’. A causa de este motivo, la procesión en algunos lugares cayó en desuso, al punto tal que se dio la costumbre de cantar la antífona de ingreso ante los escalones del presbiterio36.
Un testimonio de la celebración del siglo XIV es el Pontifical de Guillermo Durando que nos ofrece con detalle la organización de la procesión de la época que se enlaza con el ‘introito’, a saber37:
Hiis peractis, choro inchoante post introitum Gloria patri, et cet., pontifex processionaliter et sollempniter ad altare cum ministris procedit, in qua processione precedit thuriferarius et post eum duo ceroferarii, deinde subdiaconus cum libro evangeliorum et post eum aliquis ferens crucem, post quos sequitur pontifex, deducentibus eum capellano a dextris et diacono gerente cambucam in sinistra manu a sinistris et toballiam pulcram ante eum tenentibus. Is vero qui mitram servat et alii clerici, superpelliciis induti, susequuntur.
Incipiens autem procedere inchoat et cum ministris prosequitur versum Adiutorium nostrum in nomine domini. Vers. Introibo ad altare Dei. Ps. Iudica me Deus, qui totus dicitur cum Gloria patri. Eis ergo ante altaris gradus pervenientibus, pontifex repetit versum introibo. Et mox dicit versum Confitemini domino quoniam bonus.
(Terminado esto, comienza el coro después de la entrada, Gloria al Padre, etc., el pontífice se dirige en forma procesional y solemne al altar con los ministros, en cuya procesión precede el turiferero y tras él dos ceroferarios, luego el subdiácono con el libro de los evangelios y detrás de él alguien que lleva una cruz, tras quien sigue el pontífice, con el capellán guiándolo a la derecha, y el diácono a la izquierda, sosteniendo una casulla en la mano izquierda, y sosteniendo una tela fina delante de él. Pero el que guarda la mitra, y los demás clérigos, vestidos con pieles, lo siguen.
Y después, comenzó junto con los ministros el verso de: Nuestro Auxilio está en el nombre del Señor, o Subiré al altar de Dios, o Júzgame Dios, todo dicho con el Gloria al Padre. Cuando llegan a los escalones del altar, el pontífice repite el verso del introito. Y luego dice el verso Alaba al Señor porque es bueno.)
Será en el siglo XVI que la procesión, de acuerdo a la Reforma Litúrgica tridentina, recibe algunos retoques que se fueron dando con el tiempo.
Sentido
La procesión de ingreso tiene un significado propio que le viene de la actividad y vida de la Iglesia en cuanto tal, es decir, caminamos hacia el encuentro de Aquel que nos llama y que es Señor de la historia, por lo tanto en la procesión se pone de manifiesto la realidad de la convocación que define a la Iglesia (e)kklesi/a): Comunidad de congregados en torno a Cristo por medio del Espíritu Santo. En otras palabras, la grey se reúne en torno a su Pastor porque oye su voz y responde.
Por otra parte, se resalta la corporeidad mística de la Iglesia que se hace evidente en el pueblo y en los ministros, donde la diversidad de dones brilla dentro de la única dimensión del amor congregante, santificante y edificante.
Modo de celebrar
Quiero ahora presentar el esquema que nos ofrece el CE, a fin de que podamos tener en cuenta algunos signos importantes de este momento celebrativo38:
Mientras se canta el canto de entrada, se hace la procesión desde el “secretarium” hacia el presbiterio. Se ordena de esta manera:
El turiferario con el incienso humeante;
Un acólito que lleva la cruz, con la imagen del crucifijo puesta en la parte anterior; va entre siete39, o por lo menos dos acólitos que llevan candeleros con velas encendidas;
El clero de dos en dos 40;
El diácono que lleva el Evangeliario;
Los otros diáconos, si los hay, de dos en dos;
El Obispo, que va solo, lleva la mitra y el báculo pastoral en la mano izquierda, mientras bendice con la derecha;
Un poco detrás del Obispo, dos diáconos asistentes;
Por último los ministros del libro, de la mitra y del báculo.
Si la procesión pasa delante de la capilla del Santísimo Sacramento, no se detiene ni hace genuflexión 41.
Es recomendable que la cruz llevada procesionalmente se coloque cerca del altar, de tal manera que se constituya en la cruz del mismo altar. De lo contrario se guarda.
Los candeleros se colocan cerca del altar, o sobre la credencia, o cerca del presbiterio. El Evangeliario se coloca sobre el altar.
De acuerdo a esta organización que se detalla para la Misa Estacional del Obispo42, es posible, en ausencia del mismo, ordenar la procesión de manera semejante. Lo más importante, antes que nada, es realizar la procesión de manera digna y en concomitancia con el significado mismo del momento, por lo que no conviene dejar de considerar la importancia de aquellos signos que representan a Cristo y que están presentes en las varias etapas de la procesión: altar, Crucifijo, Evangeliario, presidente de la celebración y la comunidad misma. Si bien no todos los elementos se involoucran de la misma manera, sin embargo, en cada uno de ellos se descubre la presencia de Cristo hacia quien se encamina el pueblo santo de Dios.
Beso al altar e incensación
Historia
Aparece entorno al siglo V. Las noticias que tenemos son un poco insipientes, pero el testimonio del OR I —del siglo VIII— presenta la disposición de que antes del saludo a los fieles se hace una profunda inclinación al altar43, seguida de una signación. Todo ello fruto de una serie de Ritos que se desarrollaron en el siglo VII. Curiosamente, dos son los elementos que en la época recibían especial veneración: Evangeliario y Altar. Sin embargo, sólo el Altar mantuvo este gesto de veneración al inicio de la Celebración. Por otra parte, el signo del beso, en el alto Medioevo se extendió hasta el celebrante que era saludado por algunos de los ministros que le acompañaban, práctica que se extendió en Francia en varias iglesias no catedrales. El gesto se lo realizó después del Confiteor 44.
A partir del s. XII se añadió un nuevo objeto de veneración estando de frente al altar: el crucifijo; pero a lo largo del Alto Medioevo, este gesto fue pasando del crucifijo a la pequeña imagen del Señor crucificado que se encontraba al inicio del Canon Romano en el Misal 45. Dicha imagen se fue desarrollando con esta intención reverencial y pasó a formar toda una página en el Misal del Pio V sufriendo el efecto de una “pregnancia”, es decir, de la “T” de Te igitur, a la cruz reverenciable. Posteriormente se regresó al beso original del altar y se fue revistiendo de una idea de purificación.
Al solemne beso del altar sigue la incensación que, de acuerdo a la IGMR, es opcional y puede ser usada en cualquier tipo de celebración46, cosa que no sucedía en el Misal de Pio V, que restringía su uso a celebraciones solemnes solamente.
Hagamos una breve reseña histórica acerca del incienso en la celebración. Una vez que el paganismo hubo desaparecido, el incienso fue incluido —después del 390— en la celebración dominical en Jerusalén, de modo que en la iglesia de la Resurrección se encuentra ya una abundante presencia del incienso, conforme al testimonio de Egeria47. Por su parte san Ambrosio —en el 397— menciona la incensación del altar48. Otro testimonio es el turíbulo que existe en el bautisterio lateranense de oro puro y que fuera un regalo del Emperador Constantino. Asimismo la celebración papal descrita por el OR I, nos ofrece el testimonio del turiferario que precede al Papa49.
Alrededor del siglo IX, el incienso fue usado definitivamente para el inicio de la Misa, para que después de la confesión del celebrante, ofrece incienso. El Sacramentario de Amiens presenta dos plegarias para la pertinente “benedictio incensi”. Formalmente una incensación del altar se menciona a inicios del siglo XI50. El misal tridentino hace mención de una incensación al altar, la cruz y las reliquias en el mismo Ordo incensandi altare51.
Sentido
Dada la especial vinculación existente entre el ministro ordenado y la Eucaristía que celebra, se puede decir que el altar es el lugar específico de dicha vinculación, ya que es ahí donde el ministro ordenado desarrolla su ministerio, sea de servicio o de conmemoración —con la confección de las especies consagradas, en el caso de los obispos y de los presbíteros—. Por esta razón que el beso al altar expresa la específica unión del ministro con el misterio; manifiesta, entonces, la intimidad propia entre el ministro y el misterio. Es un saludar reverente a quien hemos de celebrar52.
La incensación “expresa reverencia y oración, como se da entender en el salmo 140, 2 y en el Apocalipsis 8, 3”53, por lo que podemos decir que dado que el altar representa a Jesús, el Señor, entonces se venera con el incienso como un signo externo de la naturaleza venerable del altar.
Modo de celebrar
Llegando a este punto la rúbrica del MR 200254 nos dice:
Cum ad altare pervenerit, facta cum ministris profunda inclinatione, osculo altare veneratur et, pro opportunitate, crucem et altare incensat. Postea cum ministris sedem petit.
(Cuando llegan al presbiterio, el sacerdote, el diácono y los ministros saludan al altar con una inclinación profunda. Sin embargo, como signo de veneración, el sacerdote y el diácono besan el altar; y el sacerdote, según las circunstancias, inciensa la cruz y el altar.)
Por su parte el CE 1984 propone algunos detalles que clarifican un poco mejor el procedimiento55 cuando preside un Obispo:
Todos al entrar al presbiterio, de dos en dos, hacen profunda reverencia al altar. Los diáconos y los presbíteros concelebrantes suben al altar [presbiterio], lo besan y luego se dirigen a sus sitios.
Cuando el Obispo llega al altar, entrega al ministro el báculo pastoral, y dejada la mitra, junto con los diáconos y los otros ministros que lo acompañan, hace una profunda reverencia al altar. En seguida sube al altar y, a una con los diáconos, lo besa. Después, si es necesario, el acólito pone de nuevo incienso en el incensario y el Obispo, acompañado por los dos diáconos, inciensa el altar y la cruz56. Una vez incensado el altar, el Obispo acompañado por los ministros se dirige a la cátedra por la vía más corta. Dos diáconos se colocan de pie, uno a cada lado, cerca de la cátedra para estar preparados a servir al Obispo. Si estos faltan, los suplen dos presbíteros concelebrantes.
Saludo a los fieles
Historia
Se demuestra en su forma primitiva por medio de un saludo a los fieles antes de las lecturas, como lo presenta san Agustín57 y que aparece de modo un poco incipiennte en el OR I, 49:
surgens <et orans> et faciens crucem in fronte sua, et dat pacem uni episcopo de ebdomadariis.
(semanalmente un obispo levantándose <y orando> realiza la señal de la cruz en su frente, y da la paz.)
En el antiguo misal, la señal de la cruz se hacía al principio de las oraciones al pie del altar, de modo que el signo actual puede ser considerado como una reliquia de este antiguo rito de las oraciones introductorias. Con todo, el signo de la cruz tiene una larga tradición a las espaldas, así como una serie de significados, concretamente: la frente que representa la sede del entendimiento; el pecho la sede del corazón y de los sentimientos; de hombro a hombro como signo del punto del que surgen los brazos que serán las herramientas con las que el hombre obtendrá el fruto de su trabajo. Se puede hablar de que se trata de un gesto elocuente y expresivo de oración, fe y devoción.
Sentido
Con este saludo de corte bíblico, el presidente toma contacto más personal con el pueblo de Dios y lo introduce en la liturgia del día, mostrando el vínculo entre la celebración que se inicia y la vida58.
Por lo que se refiere a la señal de la cruz se puede decir que se trata de un signo de consagración de las personas y de los objetos. Más aún, en el caso de un bautizado, se establece y representa un vínculo particular entre la signación del bautismo y la de la celebración de un sacramento, donde se actualiza el don de Dios. Por desgracia, no es un punto profundizado suficientemente por muchos cristianos, de modo que resulta una práctica meramente externa y sin un sentido auténtico.
Modo de celebrar
De acuerdo a lo que nos ofrece el MR 200259 leemos:
Cantu ad introitum absoluto, sacerdos et fideles, stantes, signant se signo crucis, dum sacerdos, ad populum conversos, dicit: In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Populus respondet: Amen.
Deinde sacerdos, manus extendens, populum salutat, dicens: Grátia Dómini nostri Iesu Christi, et cáritas Dei, et communicátio Sancti Spíritus sit cum ómnibus vobis.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.
Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
Por su parte el CE 1984 a lo anterior simplemente añade:
Luego el Obispo, extendiendo las manos, saluda a la asamblea, diciendo: La paz sea con vosotros, u otra de las fórmulas que se encuentran en el Misal. Después el mismo Obispo, el diácono o uno de los concelebrantes puede hacer a los fieles una breve introducción sobre la Misa del día60.
Como se puede apreciar no es que añada nada particular a lo anteriormente dicho, conviene empero, no pasar por alto las indicaciones que nos proporciona el texto litúrgico de manera que podamos celebrar en el espíritu propio de la acción litúrgica.
El acto penitencial
Historia
En la liturgia sinagogal se celebraba un momento penitencial antes del servicio normal. A este propósito la Didaché nos habla de confesar los pecados antes de partir el pan61:
Kata\ kuriakh\n de\ kuri/ou sunaxqe/ntej kla/sate a)/rton kai\ eu)xaristh/sate, proecomologhsa/menoi ta\ paraptw/mata u(mw=n, o(/pwj kaqara\ h( qusi/a u(mw=n $)=.
(después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro. Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio.)
En el antiguo misal se encuentra este acto envuelto con los ritos introductorios. Otro tipo de ritos penitenciales se realizaban durante la postración del viernes santo. Aparece en un primer momento en los Ordines VI y X determinando su significado62, hasta llegar a indicar claramente que el celebrante debe orar por sus propios pecados63. Nacerá después una fórmula que al inicio era breve e iniciaba con la palabra Confiteor.
Sentido
Así como cada Rito tiene un “leitmotiv”, el Acto Penitencial tiene una dimensión muy peculiar que se asocia a la acción redentora del Señor Jesús, por lo que es menester entrar en una dinámica de conversión y vida:
La Asamblea inicia la Celebración expresando su conversión a Dios o penitencia. Responde así a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Nueva» (Mt 1,15). También es necesario reconciliarse con los hermanos antes de presentar la ofrenda del altar (Mt 5, 25). El presidente procura despertar el sentido personal y comunitario de la Penitencia, o conversión evangélica, pero evita el examen de conciencia tipo moralista. Se trata de confesar preferentemente la misericordia de Dios, más bien que confesar los pecados. Es toda la Celebración la que nos hace salir del pecado y lleva la comunidad a la vida en el Espíritu64.
Modo de celebrar
El OM nos propone tres formularios, cada una de las cuales acentúa un carácter propio del arrepentimiento65; la rúbrica dice66:
Deinde sequitur actus pænitentialis ad quem sacerdos fideles invitat.
(A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles)
Cada una de las fórmulas de invitación denotan la necesidad de conversión, por lo que conviene aprovechar la riqueza de la Iglesia en el texto del misal romano —las diferentes versiones lingüísticas de los misales, ofrecen tropos muy ricos, concomitantes con los tiempos fuertes y tiempo ordinario para la tercera fórmula—.
El CE 198467 simplemente añade lo siguiente:
Enseguida el Obispo invita al acto penitencial, que concluye diciendo: Dios todopoderoso tenga misericordia. Si es necesario el ministro sostiene el libro. Cuando se emplea la tercera fórmula del acto penitencial, el Obispo, el diácono, u otro ministro idóneo dice las invocaciones.
Bendición y Aspersión del agua
Este Rito para la Bendición y Aspersión de agua68 se puede realizar en lugar del acto penitencial acostumbrado, cosa que es muy recomendable, sobre todo cuando se trata de poner de manifiesto el valor del bautismo en la Asamblea. Quizá convenga incluso explicar el significado del Rito a fin de que las oraciones adquieran una resonancia particular en la comunidad.
El CE 1984 nos ofrece algunos datos particulares en orden a una mejor ejecución del Rito:
Después del saludo, el Obispo, de pie cerca de la cátedra, de cara al pueblo y teniendo delante de sí un recipiente con agua para ser bendecida, que le llevó el ministro, invita al pueblo a orar, y después de un breve tiempo de silencio, dice la oración de bendición. Donde la tradición del pueblo aconseje que se conserve el uso de mezclar sal al agua, el Obispo bendice también la sal, y después la vierte en el agua. El Obispo recibe del diácono el aspersorio, se rocía a sí mismo y a los concelebrantes, a los ministros, al clero y al pueblo y, según las circunstancias, recorre la iglesia acompañado por los diáconos. Entre tanto se canta el canto que acompaña a la aspersión. El Obispo vuelve a la cátedra, y terminado el canto, de pie y con las manos extendidas dice la oración conclusiva.
Kyrie eleison
Historia
Al llegar al Kyrie eleison, nos damos cuenta de que no resulta fácil su estudio histórico, ya que es necesario unirlo en sus comienzos con la oración de los fieles, dado que era la respuesta propia, empero, podemos dar algunas indicaciones sobre su origen e ingreso en esta parte de la celebración. Su uso era pagano ya que era una aclamación de honor dirigida al Emperador o a un dios, por lo que no tiene una connotación penitencial en sí misma69.
De este modo podemos decir que el Ku/rie e)le/hson es una «antigua fórmula en que se proclama que el Hijo (Ku/rie) conoce nuestra condición humana (e)le/ison), pero que venció al pecado del mundo, por lo que recibe el nombre de “Señor”»70. De cualquier modo en sus inicios el Ku/rie e)le/hson era una aclamación bastante conocida para los primeros cristianos. Será en el s. V que un predicador menciona que los cristianos clamaban al sol naciente con la expresión e)le/hson h(ma=j. Propiamente la historia de nuestra plegaria cristiana tiene inicio en torno al siglo IV. Ya Egeria nos da algunos testimonios de su uso en la Jerusalén del año 390, donde el diácono después de las vísperas intercalará el Ku/rie e)le/hson a cada una de las peticiones que se hagan71. En Antioquía al mismo tiempo se dio la modalidad de responder con el Ku/rie e)le/hson después de las peticiones que varían de acuerdo a cada caso72. Hablamos entonces de una oración de tipo litánico que adquirió fuerza en la costumbre de la Iglesia.
Sentido
«La liturgia latina conservó esta fórmula en lengua griega para subrayar el sentido oriental de hexomologuesis, confesión y proclamación del Señorío de Cristo Resucitado sobre la humanidad y su historia, por lo que tiene un sentido laudativo. Por eso esta aclamación no es trinitaria, sino cristológica, dirigida a Cristo, Señor por excelencia»73.
Modo de celebrar
La rúbrica del MR 2002 nos dice74:
Sequuntur invocationes Kýrie, eléison, nisi iam præcesserint in aliqua formula actus pænitentialis.
Gloria
Historia
En el siglo V el primer elemento que entró a formar parte de la celebración fue el himno del Gloria in excelsis Deo75, que se cantaba antes de la celebración de la Navidad, únicamente, y solo cuando el obispo estaba presente. Conviene tener presente que el himno del Gloria se hubo compuesto justamente para la celebración de la Natividad del Señor. Después se difundirá su uso por concesión papal o episcopal.
Sentido
«El Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas»76. Su sentido propio es el de dar Gloria al Señor por su omnipotencia, por su poder y por su misericordia a favor de su pueblo al que ha bendecido con un sinnúmero de dones, sin embargo, este sentido es fruto de un desarrollo ulterior dado su origen y uso, por lo que conviene tener muy en cuenta dichos elementos para no crear falsos sentidos.
Modo de celebrar
En lo tocante a la rúbrica del MR 200277 se lee:
Deinde, quando præscribitur, cantatur vel dicitur hymnus: Gloria in excelsis Deo...
Las precisiones que se hacen a la entonación o recitación, atañen directamente a aquellos puntos que es importante recordar: «Lo canta o la asamblea de los fieles, o el pueblo alternando con los cantores solos. Si no se canta, al menos lo han de recitar todos, o juntos o alternativamente. Se canta o se recita los domingos, fuera del tiempo de Adviento y Cuaresma, las solemnidades y fiestas y en algunas peculiares celebraciones»78.
Oración Colecta
Historia
Tiene un origen un poco difícil de precisar en la celebración litúrgica, ya que se puede constatar que san Agustín no la conocía, ya que en su tiempo se iniciaba directamente con las lecturas. En líneas generales se piensa que haya sido introducida en la época de san León Magno (440-461). Esto cambia un poco la perspectiva teológica de la Liturgia de la Palabra, pues sabemos por san Justino que la primera oración era la Oratio fidelium79, era por lo tanto la escucha de la Palabra de Dios que provocaba la oración. Por su parte el término “Colecta”, crea ciertas dificultades para entender su significado teológico, ya que el término en cuanto tal no indica una «oración» sino una «reunión», y en este sentido conviene observar que los Sacramentarios Veronense y Gelasiano no le dan este nombre. La primera vez que aparece con este nombre es el Sacramentario Gregoriano Adriano en la Oración Colecta propia de san Adrián.
Sentido
Como dije anteriormente, la especificidad de la Oración Colecta tiene su fuerza en la dimensión eclesiológica que representa, es decir, toda vez que la Iglesia ora con esta plegaria reúne, congrega y presenta la única oración de la Iglesia que en Cristo Jesús es y se hace ofrenda agradable al Padre.
Modo de celebrar
La oración Colecta forma parte de los textos de la Eucología Menor, por lo que su esquema hace explícita la petición concreta de la Iglesia universal que presenta al Padre su intención, por esta razón que me parece oportuno ofrecer el texto completo de la rúbrica, con la finalidad de clarificar el modus orandi de la comunidad en este momento particular:
Quo hymno expleto, sacerdos, manibus iunctis, dicit: Orémus. Et omnes una cum sacerdote per aliquod temporis spatium in silentio orant. Tunc sacerdos, manibus extensis, dicit orationem; qua expleta, populus acclamat: Amen80.
Deinde sacerdos populum ad orandum invitat; et omnes una cum sacerdote parumper silent, ut conscii fiant se in conspectu Dei stare, et vota sua in animo possint nuncupare. Tunc sacerdos profert orationem, quae solet «collecta» nominari, et per quam indoles celebrationis exprimitur. Ex antiqua traditione Ecclesiae, oratio de more ad Deum Patrem, per Christum in Spiritu Sancto, dirigitur et conclusione trinitaria, idest longiore concluditur, hoc modo:
si dirigitur ad Patrem: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sáecula saeculórum;
si dirigitur ad Patrem, sed in fine ipsius fit mentio Filii: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sáecula saeculórum;
si dirigitur ad Filium: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sáecula saeculórum81.
En seguida, el sacerdote invita al pueblo a orar, y todos, juntamente con el sacerdote, guardan un momento de silencio para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y puedan formular en su espíritu sus deseos. Entonces el sacerdote dice la oración que suele llamarse “colecta” y por la cual se expresa el carácter de la celebración. Por una antigua tradición de la Iglesia, la oración colecta ordinariamente se dirige a Dios Padre, por Cristo en el Espíritu Santo[57] y termina con la conclusión trinitaria, es decir, con la más larga, de este modo:
Si se dirige al Padre: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Padre, pero al final se menciona al Hijo: Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Hijo: Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
El pueblo uniéndose a la súplica, con la aclamación Amén la hace suya la oración.
En la Misa se siempre se dice una sola colecta.
A) Ritos iniciales
46. Los ritos que preceden a la Liturgia de la Palabra, es decir, la entrada, el saludo, el acto penitencial, el Señor, ten piedad, el Gloria. y la colecta, tienen el carácter de exordio, de introducción y de preparación.
La finalidad de ellos es hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y se dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
En algunas celebraciones, que se unen con la Misa, según la norma de los libros litúrgicos, se omiten los ritos iniciales o se realizan de modo especial.
Entrada
47. Estando el pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros, se da comienzo al canto de entrada. La finalidad de este canto es abrir la celebración, promover la unión de quienes se están congregados e introducir su espíritu en el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, así como acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.
48. Se canta, o alternándolo entre los cantores y el pueblo o, de igual manera, entre un cantor y el pueblo, o todo por el pueblo, o todo por los cantores. Se puede emplear, o bien la antífona con su salmo como se encuentra en el Graduale Romanum o en el Graduale simplex, o bien otro canto que convenga con la índole de la acción sagrada, del día o del tiempo litúrgico,[55] cuyo texto haya sido aprobado por la Conferencia de los Obispos.
Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector, leerán la antífona propuesta en el Misal, o si no el mismo sacerdote, quien también puede adaptarla a manera de monición inicial (cfr. n. 31).
Saludo al altar y al pueblo congregado
49. Cuando llegan al presbiterio, el sacerdote, el diácono y los ministros saludan al altar con una inclinación profunda.
Sin embargo, como signo de veneración, el sacerdote y el diácono besan el altar; y el sacerdote, según las circunstancias, inciensa la cruz y el altar.
50. Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en la sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz; después, por medio del saludo, expresa a la comunidad reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo se manifiesta el misterio de la Iglesia congregada.
Terminado el saludo del pueblo, el sacerdote, o el diácono o un ministro laico, puede introducir a los fieles en la Misa del día con brevísimas palabras.
Acto penitencial
51. Después el sacerdote invita al acto penitencial que, tras una breve pausa de silencio, se lleva a cabo por medio de la fórmula de la confesión general de toda la comunidad, y se concluye con la absolución del sacerdote que, no obstante, carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia.
El domingo, especialmente en el tiempo pascual, a veces puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, en vez del acostumbrado acto penitencial.[56]
Señor, ten piedad
52. Después del acto penitencial, se tiene siempre el Señor, ten piedad, a no ser que quizás haya tenido lugar ya en el mismo acto penitencial. Por ser un canto con el que los fieles aclaman al Señor e imploran su misericordia, deben hacerlo ordinariamente todos, es decir, que tanto el pueblo como el coro o el cantor, toman parte en él.
Cada aclamación de ordinario se repite dos veces, pero no se excluyen más veces, teniendo en cuenta la índole de las diversas lenguas y también el arte musical o las circunstancias. Cuando el Señor, ten piedad se canta como parte del acto penitencial, se le antepone un “tropo” a cada una de las aclamaciones.
Gloria a Dios en el cielo
53. El Gloria es un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero. El texto de este himno no puede cambiarse por otro. Lo inicia el sacerdote o, según las circunstancias, el cantor o el coro, y en cambio, es cantado simultáneamente por todos, o por el pueblo alternando con los cantores, o por los mismos cantores. Si no se canta, lo dirán en voz alta todos simultáneamente, o en dos coros que se responden el uno al otro.
Se canta o se dice en voz alta los domingos fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas celebraciones peculiares más solemnes.
Colecta
54. En seguida, el sacerdote invita al pueblo a orar, y todos, juntamente con el sacerdote, guardan un momento de silencio para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y puedan formular en su espíritu sus deseos. Entonces el sacerdote dice la oración que suele llamarse “colecta” y por la cual se expresa el carácter de la celebración. Por una antigua tradición de la Iglesia, la oración colecta ordinariamente se dirige a Dios Padre, por Cristo en el Espíritu Santo[57] y termina con la conclusión trinitaria, es decir, con la más larga, de este modo:
Si se dirige al Padre: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Padre, pero al final se menciona al Hijo: Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Hijo: Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
El pueblo uniéndose a la súplica, con la aclamación Amén la hace suya la oración.
En la Misa se siempre se dice una sola colecta.
128. Mientras se canta el canto de entrada, se hace la procesión desde el "secretarium" hacia el presbiterio. Se ordena de esta manera:
- el turiferario con el incensario humeante;
- un acólito que lleva la cruz, con la imagen del crucifijo puesta en la parte anterior; va entre siete, o por lo menos dos acólitos que llevan candeleros con velas encendidas;
- el clero de dos en dos;
- el diácono que lleva el Evangeliario;
- los otros diáconos, si los hay, de dos en dos;
los presbíteros concelebrantes, de dos en dos;
- el Obispo, que va solo, lleva la mitra y el báculo pastoral en la mano izquierda, mientras bendice con la derecha:
- un poco detrás del Obispo, dos diáconos asistentes;
- por último los ministros del libro, de la mitra y del báculo.
Si la procesión pasa delante de la capilla del Santísimo Sacramento, no se detiene ni se hace genuflexión.8
129. Es recomendable que la cruz llevada procesionalmente se coloque cerca del altar, de tal manera que se constituya en la cruz del mismo altar. De lo contrario, se guarda.
Los candeleros se colocan cerca del altar, o sobre la credencia, o cerca del presbiterio.
El Evangeliario se coloca sobre el altar.
130. Todos al entrar al presbiterio, de dos en dos, hacen profunda reverencia al altar.
Los diáconos y los presbíteros concelebrantes suben al altar, lo besan y luego se dirigen a sus sitios.
131. Cuando el Obispo llega al altar, entrega al ministro el báculo pastoral, y dejada la mitra, junto con los diáconos y los otros ministros que lo acompañan, hace profunda reverencia al altar. En seguida sube al altar y, a una con los diáconos, lo besa.
Después, si es necesario, el acólito pone de nuevo incienso en el incensario y el Obispo, acompañado por los dos diáconos, inciensa el altar y la cruz.9
Una vez incensado el altar, el Obispo acompañado por los ministros, se dirige a la cátedra por la vía más corta.
Dos diáconos se colocan de pie, uno a cada lado, cerca de la cátedra para estar preparados a servir al Obispo. Si éstos faltan, los suplen dos presbíteros concelebrantes.
132. Después el Obispo, los concelebrantes y los fieles, de pie, se signan con la señal de la cruz, mientras aquél, de cara al pueblo, dice: En el nombre del Padre.
Luego el Obispo, extendiendo las manos, saluda a la asamblea, diciendo: La paz sea con vosotros, u otra de las fórmulas que se encuentran en el Misal. Después el mismo Obispo, el diácono o uno de los concelebrantes puede hacer a los fieles una breve introducción sobre la Misa del día. 10
En seguida el Obispo invita al acto penitencial, que concluye diciendo: Dios Todopoderoso tenga misericordia. Si es necesario el ministro sostiene el libro ante el Obispo.
Cuando se emplea la tercera fórmula del acto penitencial, el Obispo, el diácono, u otro ministro idóneo dice las invocaciones.
133. El domingo, en vez del acto penitencial acostumbrado, se recomienda hacer la bendición y la aspersión del agua. 11
Después del saludo, el Obispo, de pie cerca a la cátedra, de cara al pueblo y teniendo delante de sí un recipiente con agua para ser bendecida, que le llevó el ministro, invita al pueblo a orar, y después de un breve tiempo de silencio, dice la oración de bendición.
Donde la tradición del pueblo aconseje que se conserve el uso de mezclar sal al agua, el Obispo bendice también la sal, y después la vierte en el agua.
El Obispo recibe del diácono el aspersorio, se rocía a sí mismo y a los concelebrantes, a los ministros, al clero y al pueblo y, según las circunstancias, recorre la iglesia acompañado por los diáconos. Entre tanto se canta el canto que acompaña a la aspersión.
El Obispo vuelve a la cátedra, v terminado el canto, de pie y con las manos extendidas dice la oración conclusiva.
Terminado lo anterior, cuando está prescrito, se canta o reza el himno Gloria a Dios en el cielo.
134. Después del acto penitencial se dice el Señor, ten piedad, a no ser que se hubiera hecho la aspersión con agua, o se hubiera empleado la tercera fórmula del acto penitencial, o las rúbricas determinen en otra cosa.
135. El himno Gloria a Dios en el cielo se dice según las rúbricas. Lo puede iniciar o el Obispo, o uno de los concelebrantes, o los cantores. Mientras se dice el himno, todos están de pie.
136. Luego el Obispo, invita al pueblo a orar, y teniendo las manos juntas, canta o dice: Oremos; y luego de unos instantes de silencio, con las manos extendidas, dice la oración colecta. Para ello tiene ante sí el libro que le presenta el ministro. El Obispo junta las manos cuando concluye la oración, y dice Por nuestro Señor Jesucristo..., u otras palabras. Al final el pueblo aclama: Amén.
En seguida el Obispo se sienta y, como de costumbre, de uno de los diáconos recibe la mitra. Y todos se sientan. Los diáconos y los demás ministros se sientan según la disposición del presbiterio, pero de tal manera que se note la diferencia de grado con los presbíteros.