18 de enero. Sábado
DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
I VÍSPERAS
Del 18 al 25 de enero celebramos cada año el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Al pedir a Dios el don de la unidad para la Iglesia, no solo expresamos un deseo nuestro, sino que nos unimos a la oración del mismo Cristo durante la última cena y la hacemos nuestra. El Señor se dirigió al Padre con estas palabras: «que todos sean uno, como tú Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 31).
Quien preside se reviste con traje talar y cota o amito, alba, cíngulo, estola y pluvial. Es conveniente que los diáconos se revistan con la capa pluvial o con la dalmática.
Estando todos preparados, mientras se canta, se hace la entrada a la iglesia en este orden:
— el acólito que lleva la cruz en medio de dos monaguillos que llevan candeleros con cirios encendidos;
— lector y antifonero;
— los diáconos de dos en dos (si los hay);
— quien preside avanza solo.
La cruz se coloca en el presbiterio, como se ha colocado este año y los ciriales en su lugar correspondiente.
El que preside, hace profunda reverencia al altar, con los diáconos y los otros ministros que lo acompañan en la procesión.
Después se llega al altar y lo besa, a una con los diáconos que lo asisten.
Luego va a la sede, donde de pie y signándose con el signo de la cruz, canta.
I VÍSPERAS
INICIO
Sacerdote: Dios mío, ven en mi auxilio
Todos: Señor, date prisa en socorrerme.
Sacerdote: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Se inicia el himno, y lo prosigue el coro y el pueblo, según lo exija la melodía musical del himno.
HIMNO
Todos:
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.
Después del himno, todos se sientan.
El antifonero inicia las antífonas de los salmos. Los salmos se cantan o recitan bien sea en forma seguida, bien sea alternando los versos o estrofas entre dos coros o dos partes de la asamblea, bien sea en forma responsorial, según las diversas modalidades que nos brinda la tradición o la experiencia.
SALMODIA
Ant. 1.
Antifonero: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.*
Salmo 118, 105-112
Coro 1:
* lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Coro 2:
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Coro 1:
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.
Coro 2:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Coro 1:
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant.
Todos: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.
Ant. 2.
Antifonero: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Salmo 15
Coro 1:
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Coro 2:
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
Coro 1:
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Coro 2:
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Coro 1:
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Coro 2:
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Coro 1:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Coro 2:
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant.
Todos: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Ant. 3.
Antifonero: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
Cántico. Flp 2, 6-11
Todos:
Cristo Jesús el cual existía en la forma de Dios,
no exigió tener la gloria debida a su divinidad,
se anonadó tomando la forma del Siervo de Dios
y se asemejó a todos los hombres en su condición.
Haciéndose hombre se humilló,
se hizo obediente, hasta morir en la cruz
hasta morir en la cruz.
Por eso Dios de forma admirable a Cristo exaltó,
y le otorgó un nombre tan alto que a todo excedió,
para que así el cosmos entero se centre en Jesús.
Él es el Señor que todo conduce al Padre, Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant.
Todos: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
Terminada la salmodia, el lector de pie en el ambón, hace la lectura, sea larga o breve, que todos escuchan sentados. Según las circunstancias, si quiere el que preside, puede agregar una breve homilía para explicar la lectura.
LECTURA BREVE Col 1, 3-6a
Lector: Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
Después de la lectura, o de la homilía, se pueden guardar unos minutos de silencio, si se juzga oportuno.
Luego, para responder a la Palabra de Dios, se canta el responsorio breve, o el canto responsorial.
RESPONSORIO BREVE
Lector: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Todos: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Lector: Su gloria se eleva sobre los cielos.
Todos: Alabado sea el nombre del Señor.
Lector: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Para la antífona del cántico evangélico, el que preside coloca incienso en el incensario. Al empezar el coro el cántico -Proclama mi alma la grandeza del Señor- el que preside, se levanta, y todos con él.
Después de trazar sobre sí el signo de la cruz desde la frente hasta el pecho, avanza hacia el altar, y hecha la debida reverencia, junto con los ministros, sube al altar. Mientras se canta el cántico evangélico, se hace como de costumbre la incensación del altar, de la cruz, del que preside y de los demás como en la Misa.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¡Oh boda feliz de Cana de Galilea, en la que estaba invitado Jesús, con María, su madre!
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Todos nos persignamos y decimos:
+ Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant.
Todos: ¡Oh boda feliz de Cana de Galilea, en la que estaba invitado Jesús, con María, su madre!
Terminado el cántico y repetida como de costumbre la antífona, se hacen las preces. El ministro presenta el libro al que preside, quien dice la monición, y después uno de los diáconos, en el ambón o desde otro lugar conveniente, dice las intenciones, a las que el pueblo responde.
PRECES
Sacerdote: Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:
Todos: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Lector: Padre lleno de amor, te pedimos por el Papa N. y por nuestro obispo N.;
Todos: protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.
Lector: Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
Todos: para que así tengan también parte en su consuelo.
Lector: Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse,
Todos: y haz que encuentren pronto el hogar que desean.
Lector: Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
Todos: para que a nadie falte el pan de cada día.
Lector: Señor, ten piedad de los difuntos
Todos: y ábreles la puerta de tu mansión eterna.
PADRE NUESTRO
El Padrenuestro es cantado o rezado por todos. Si pareciere oportuno, el que preside le antepone una monición.
Sacerdote: Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre.
Padre Nuestro
Todos: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
RITO DE LA PAZ
El que dirige la celebración invita al saludo de paz, diciendo:
Dense fraternalmente la paz.
El ministro lleva el Santísimo Sacramento al altar, quien preside la celebración hace genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevado sobre el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
Sacerdote: Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Todos: Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
SAGRADA COMUNIÓN
Después quien preside la celebración comulga y dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Se distribuye la sagrada comunión a la asamblea, diciendo:
El cuerpo de Cristo.
R. Amén.
Mientras se puede entonar un canto. Acabada la distribución de la comunión, el ministro reserva el copón en el sagrario, hace genuflexión y vuelve a su lugar.
Entonces se puede observar un breve tiempo de silencio.
Nos ponemos de pie.
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Plegaria litánica
Sacerdote: A ti, Padre nuestro,
por Jesucristo, tu Hijo,
en la unidad del Espíritu Santo,
te alabamos, te glorificamos, te damos gracias.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Por todas las cosas que nos has dado
y por el espíritu e ingenio que has puesto en el ser humano.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Por el agua y el sol que fecundan estas tierras
y por la tecnología y las herramientas,
que forjan nuestra sociedad.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Por el amor de nuestras familias
y por la amistad y la solidaridad social.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Porque nos quieres semejantes a ti,
santos, perfectos, misericordiosos,
según la imagen de tu Hijo Jesucristo.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Porque en tu Hijo Jesucristo,
Crucificado y Resucitado,
tienen sentido nuestras penas y alegrías,
nuestros fracasos y nuestros éxitos.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sacerdote: Porque la creación entera gime con dolores de parto,
con la esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva,
por la redención de Jesucristo, tu Hijo.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Por último, el que preside, con las manos extendidas, canta o dice la oración conclusiva. Todos responden: Amén.
ORACIÓN
Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
En seguida el que preside saluda al pueblo y dice las invocaciones de la bendición solemne, empleando una fórmula adecuada de las que se encuentran en el Misal Romano.
CONCLUSIÓN
Diácono: Inclinen la cabeza para recibir la bendición.
Sacerdote: Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Todos: Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Todos: Amén.
Finalmente, el que preside se retira de la sede, y según las circunstancias, besa el altar. También quienes están en el presbiterio, saludan el altar.
Todos regresan procesionalmente, en el mismo orden en que vinieron.