Para definir la semiótica y su campo de acción, podríamos revisar diferentes definiciones que apuntan todas a su unidad mínima: el signo.
De acuerdo al Diccionario filofósico, de Mark Rosental y Pavel Iudin, la semiótica es la disciplina que se ocupa del estudio comparativo de los sistemas de signos, desde los sistemas de señalización más sencillos hasta los lenguajes naturales y los lenguajes formalizados de la ciencia.
En sentido estricto, la semiótica es la teoría general de los signos y el análisis de sus sistemas, que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, funcionamiento y de recepción.
Orígenes de la semiótica
Tal como precisa Victorino Zecchetto, autor de La danza de los signos, el estudio de los signos tiene un largo historial, prácticamente desde el origen mismo de la filosofía.
La palabra semiótica proviene de la raíz griega SEME que significa interpretación de los signos y como disciplina que estudia el funcionamiento de los sistemas de signos.
En la cultura griega de la antigüedad, se hablaba de los signos dándoles al término diversos significados. El médico Hipócrates para referirse a los síntomas de una enfermedad usaba la palabra “semeion” (signos); el filósofo Parménides indicaba como signos las pruebas de verificación de algún hecho.
Platón
En la antigua Grecia, Platón fue sin dudas, uno de los primeros precursores de la semiótica. Él hacía referencia a los sistemas de significación, al origen del lenguaje y los nombres.
La teoría de las ideas fue el principal aporte de Platón a la semiótica: consiste en defender la existencia de ideas frente a lo material. Es decir, accedemos a la realidad a través de la razón. Esto representó para muchos el primer esbozo de conceptos como significante y significado.
Aristóteles
La posición del filósofo Aristóteles, contrastaba con la de Platón. Aristóteles afirmaba que es posible conocer la realidad mediante los signos que tenemos de ella.
Aristóteles sostenía que las palabras en sí mismas no son verdaderas ni falsas sólo designan cosas y por eso son símbolos convencionales para nuestra mente. Para Aristóteles, el signo es propiamente la idea que tenemos en la mente y que, por ser universal, compartimos con nuestros semejantes.
Los estoicos
Según precisa Victorino Zecchetto el estudio del lenguaje y de la lógica acaparó grandemente la atención de los filósofos estoicos de los siglos III y II A.C., que arrojaron nueva luz sobre la com- prensión del signo. Su aporte consistió fundamentalmente, en intuir por primera vez la distinción entre signo, significante y significado, casi anticipándose a las modernas doctrinas semióticas.
De acuerdo a Paul Cobley y Litza Jansz, autores de Semiótica para principiantes, para los estoicos el signo por excelencia era lo que conocemos como síntoma médico.