Estamos ante una oportunidad única que permita mejorar las fallas del sistema, o lleve a empeorarlas con progresiva socialización y limitación de la libre empresa.
No pasa un día en Colombia, sin que haya alguna preocupante noticia relativa a la Salud. Hospitales que cierran, aseguradoras quebradas, jueces ordenando tratamientos. La letanía es interminable y la siente toda la población: sufrimiento constante y repetitivo de miles de enfermos que no encuentran solución a sus problemas.
Cómo ha llegado a esto el país de latinoamérica con el sistema más socializado de salud, después de Cuba? ¿Dónde quedó la euforia de todos los actores que celebraron la Ley 100 y han continuado celebrando su implementación y reformas hasta llegar a la angelical Ley Estatutaria?
Una de las características más reveladoras del periodismo Colombiano, es la superficialidad y banalidad con la que se tratan los temas médicos. Desde el simple reportero, hasta el más conocido patriarca del periodismo, exhiben una ignorancia tan crasa que incluso la exhiben con orgullo. Es difícil por tanto encontrar respuestas en los medios, o la "sabiduría popular". La academia, referida al sistema de salud ha sido más bien parca y limitada y el campo se ha dejado más a políticos y abogados. Los principales actores del sistema, están demasiado ocupados y no pueden atender los problemas fundamentales.
En medio del caos informativo, surge una gran variedad de análisis, explicaciones y correctivos, que, para desconcierto de todos, siguen empeorando la situación.
Pocos han tenido el valor de repensar el sistema y no partir de paradigmas, que bien pueden ser la causa de la debacle. Estos supuestos se dan como la verdad revelada e indiscutible, y son principios sobre los que se construye el sistema. Los repiten con el pecho henchido de orgullo patrio, ministros, senadores, magistrados y líderes médicos:
LA SALUD ES UN DERECHO.
Esta es tal vez la falacia más repetida y que genera por la misma implicación de cómo se construye la frase, un sistema imposible de manejar.
Si la Salud fuera un derecho, tendríamos que acusar, juzgar y condenar a las bacterias que nos infectan, porque son ellas quienes nos violan el derecho. Son las enfermedades, con sus múltiples y complejos mecanismos, las que nos atropellan nuestro sagrado derecho a ser saludables.
Repetir esta frase, lleva a la concepción muy diseminada, de que si yo me enfermo, alguien tiene la culpa y por tanto me tiene que resarcir.
Se podrá argumentar que lo que se quiere decir con derecho a la salud, es derecho a la atención médica, que es como está planteado en la declaración de los derechos humanos.
Pero la diferencia es fundamental. El ser humano tiene derecho a moverse libremente pero eso no quiere decir que tenga derecho a montar en avión o a tener carro y mucho menos que se le den gratis.
El derecho a ser considerados iguales y no discriminados no le da el derecho a un desempleado a ser nombrado director de una empresa.
Si el derecho de igualdad se frase "todos tienen derecho a ser iguales" se podría reclamar el primer puesto en una competencia que se perdió, invocando la igualdad.
El derecho a la propiedad privada no establece que alguien pueda hacerse de una propiedad simplemente porque no ha tenido ese derecho.
Un derecho es una condición que le permite a la persona su realización. Y podrá argüirse que la salud es esencial a la existencia de la persona. Pero también es el agua, la alimentación, el techo, la ropa, la movilidad, y sinembargo nadie sostiene que no tengamos que pagar por el agua, que podamos entrar a un mercado y salir con lo que queramos, que la vivienda sea gratuita, que podamos pedir en un cen la ropa que queramos, invocando el derecho a protegernos del ambiente o la dignidad que da el vértice bien, o exijamos que se nos entregue un carro por ser esencial para la subsistencia.
Quien analiza desapasionadamente lo qué ha ocurrido con el Sistema de Salud en Colombia, no puede dejar de notar una profunda crisis.
Es cierto qué en los últimos 30 años muchos de los indicadores del país han mejorado incluyendo muchos en Salud. La pregunta qué hay qué hacerse es si las mejoras ocurrieron por el sistema o a pesar del sistema.
Para comenzar a analizar el problema, vale la pena iniciar con tres consideraciones o creencias establecidas en el país:
1- La salud es un derecho. Por más qué es algo qué nadie discute y todo planteamiento relacionado con la salud, comienza por allí, es necesario hacer una pequeña disquisición de derechos. Miremos el artículo 25 de la declaración de los derechos humanos:
“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”
Sin duda es una frase qué sumariza lo qué todos quisiéramos para la humanidad. Pero la dificultad está en la calificación de cada uno de esos “derechos”. ¿Cómo debe ser el vestido? ¿Qué alimentación? ¿Qué es una alimentación adecuada?, qué es una vivienda digna. ¿Y qué calidad de servicios médicos o servicios sociales se considera apropiado?
E independiente de esto, si no ocurre, quién es el responsable? ¿El estado? La ONU? El mundo? Los productores o los comercializadores de alimentos en el caso de la comida? Los médicos en el caso de la atención adecuada?
Tiene sentido declarar derechos qué no pueden ser reforzados? ¿A qué autoridad se acude cuando los colombianos no reciben SALUD? Así, en general.
Es importante notar la diferencia, cuando se enuncia un derecho: es distinto decir qué una persona tiene derecho a nos ser discriminado “ sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
Porqué si lo es, puede hacer un reclamo específico: me negaron un trabajo por mi raza. Me pagan menos por mi sexo. Es claro qué ese si es un derecho reconocible y posible de defender.
Pero decir: tengo derecho a la Salud? Y si me da cáncer, o una infección qué no tiene tratamiento, quien está violando mi derecho? quien debe responder o a quien reclamo?
Establezcamos entonces, qué para definir un sistema de Salud, no podemos comenzar definiendo qué la “SALUD” es un derecho. Podemos, cómo se verá más adelante, definir una serie de garantías específicas en salud, para una comunidad
2- Se debe dar Salud a la comunidad independiente de las consideraciones financieras. Este es de hecho un planteamiento de las cortes en Colombia. Otra versión más popular es “la salud no es un negocio”, implicando qué no puede estar sujeta a números. El simplismo de estas afirmaciones es tan desconcertante cómo la frecuencia con qué se repiten. La Salud no viene del cielo o nos es impuesta por la mágica y protectora mano del estado o de los médicos. Dar Salud implica una gran cantidad de personas, insumos, instrumentos, recursos físicos. Todo eso cuesta. Decretar con sabiduría olímpica qué la Salud debe ser gratuita y de calidad para todos y qué eso no se debe mezclar con el “sucio dinero” solo representa una ignorancia irresponsable y dañina. Qué haya grupos económicos qué se puedan lucrar excesivamente abusando del sistema, con prácticas fraudulentas, es otra cosa. Con frecuencia se implica que si algo es negocio, es necesariamente delito e implica abuso. La libertad económica consiste en que todos, según su capacidad puedan participar en cualquier actividad, siempre y cuando se respeten unas normas que tengan igual validez para todos. Quien violan o abusan de la libertad económica, estableciendo monopolios, carteles de tarifas o restricciones, está atentando contra la libertad Esa no es una expresión del mal llamado neoliberalismo. Es una deformación o degeneración del sistema de libre intercambio y se debe denunciar y combatir.
Es fundamental para que el sistema funcione, establecer unos principios que se reflejan en el articulado del desarrollo de la ley. Principios que no se queden con frases bonitas, que luego el mismo documento contradice.