Presentación
por Misael Soto
por Misael Soto
Damos apertura a esta primera edición del 2021 para hablar de un tema que es característico de la región de América Latina, el extractivismo.
La problemática que suscita en la región es la causante de diversas violencias que se visualizan como desigualdades, privaciones y (des)posesiones de los corpos naturales y sociales. Sin embargo, los orígenes de éste se pueden rastrear desde las relaciones sociales de producción coloniales, y su acentuación proveniente de la implementación de las políticas de corte Neoliberal y el auge de la famosa Globalización. Lo cierto, es que el principal de los males es el capitalismo, quién ha aprovechado de la dinámicas de los mercados internacionales y de esta forma ha extraído de los recursos naturales ganancias y bases materiales para la reproducción del mismo sistema económico.
Esperamos que esta compilación de textos, visualicen los diversos casos que vive la región, y que, al mismo tiempo, sirva como una manera de realizar la resistencia misma, al fenómeno, que si se ha de definir por una palabra es, cruel.
Breve contexto de extractivismo en América Latina.
La presencia de proyectos extractivistas en América Latina ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Tan sólo en la región se registran por lo menos 582 conflictos socioecológicos, de los cuales el 70% se registró después de la década de 2000, y con el paso del tiempo se ha recrudecido principalmente en países como Honduras, Guatemala, Chile, Venezuela, Bolivia, México, Colombia y Costa rica (FES, 2019). Las olas de violencias azotadas por el narcotráfico, la monopolización sobre bienes naturales comunes liderada por las trasnacionales, el acceso desigual al control, tenencia y trabajo sobre la tierra, así como la imprescindible complicidad de políticas neoliberales, no sólo potencializan la conflictividad de la región, sino que permiten la vigencia y adaptación de las formas coloniales de despojo que profundizan las relaciones desiguales de dominación sobre la naturaleza y el cuerpo de las mujeres por ser considerados históricamente como territorios de conquista a controlar y despojar para asegurar la reproducción del capital.
Actualmente conocemos al extractivismo como un modelo de desarrollo que ha formado parte de las economías latinoamericanas desde sus orígenes coloniales, sin embargo, éste último no ha sido el único poder que opera en torno al enraizamiento de un tipo de extracción de bienes comunes que además de despojar a la naturaleza per se de comunidades -sean urbanas o rurales-, también genera cambios en el metabolismo socioecológico alrededor de las mismas. Dentro de un análisis más amplio, la triada de los sistemas de dominación patriarcado, colonialismo y capitalismo, cobra sentido al generar herramientas de análisis que permiten entender cómo el extractivismo se ha ponderado como una actividad precursora en favor de los grandes capitales que recrudecen una guerra en detrimento de todo ser -humano y no humano- que integra la red interdependiente de la vida.
¿Qué es el extractivismo?
Para empezar, es necesario aclarar que por extractivismo se entienden proyectos que operan bajo una modalidad de acumulación basada en la explotación a gran escala de recursos naturales con fines de exportación sin preocuparse respecto a la sostenibilidad o a los impactos de sus prácticas (Morales, 2020). Estos deben cumplir por lo menos con dos requisitos; el primero es que se lleven a cabo en grandes volúmenes o con alta intensidad, y el segundo que sean orientados a la exportación de materias primas sin procesar o con un procesamiento mínimo que agregue valor al producto (Gudynas, 2015). Sin embargo, profundizando en el fenómeno, otras de las características que se le atribuyen, además de la desposesión del territorio, es la alteración a los ciclos de la vida y el control sobre el derecho a la tierra y autonomía de los cuerpos-territorios que habitan las comunidades donde se imponen siendo las mujeres las más violentadas.
El extractivismo es uno de los mecanismos más poderosos que el capitalismo neoliberal ha adaptado para dar respuesta a las crisis de la acumulación originaria. Por un lado da continuidad a la ruptura histórica en la relación de reciprocidad entre lo humano y no humano respecto a la reproducción de los ciclos de la vida, y por otro, es utilizado por gobiernos conservadores y las grandes corporaciones económicas, que con la imposición de proyectos de extracción minera, petrolera, agroindustrial, y ganadera -por mencionar algunos-, protagonizan la contradicción entre la defensa de lo común y la lógica capital-Estado. Es decir, el Estado protege a la propiedad privada antes que el derecho a la vida comunal, por lo que no es casualidad que la privatización y destrucción de la tierra, así como el sometimiento de los cuerpos que en ella habitan, conlleve una cultura de la guerra motivada por violencias diferenciadas entre género, etnia y clase social que desarticulan y eliminan las formas locales de producción y de consumo, así como de apropiación y gestión de la riqueza social (Navarro, 2019).
Frente al escenario de control y violencia sobre los territorios, cuerpos y tierras que trae consigo el despojo por proyectos extractivistas, los planteamientos teóricos y prácticos desde la visión feminista, permiten reafirmar que estos se piensan y materializan a través de la cultura de la violencia enraizada en el sistema patriarcal, capitalista y colonial para subordinar no sólo bienes naturales, sino también relaciones comunales, formas de vida y sometimiento hacia las mujeres. Lo anterior pone énfasis en las diferencias de género con respecto al cómo se vive la experiencia de la naturaleza, los intereses y responsabilidades sobre ella, así como las formas de habitar el ambiente, sumada a la necesidad de comprender e interpretar las experiencias locales, colocando así, al género como una variable crítica que impacta en el acceso a los recursos y su control, así como el despojo de los mismos (Cabrapan, M., Hofmann,S., 2019).
Resistencias en contra el extractivismo.
Experiencias como la de Berta Cáceres en Honduras frente a la construcción de represas impulsadas por grupos empresariales, las mujeres zapatistas en defensa de la tierra en México y comunidades de la Amazonía ecuatoriana son casos que evidencian las articulaciones colectivas contra-hegemónicas en respuesta a la defensa de los bienes naturales comunes y de los cuerpos-territorios que habitan en las comunidades donde el extractivismo busca imponerse.
Es gracias a las resistencias frente a la subordinación que se ha construido y normalizado como inferior, que el desmantelamiento del llamado capitalismo patriarcal permite mapear los estragos diferenciados entre hombres y mujeres a través de pensar cómo se gestionan los recursos, la carga del trabajo de cuidados ante enfermedades detonadas por contextos extractivos, o bien, las constantes violaciones y asesinatos que traen consigo la militarización de las regiones. Estas son sólo algunas de las rupturas generadas a partir de la patriarcalización de los territorios que detonan procesos de insurgencia colectiva en contra los proyectos extractivistas de las comunidades -rurales o urbanas- cultivando un escenario, fenómeno y problemática fértil hacia el entendimiento de otras formas de construir una política de lo común.
Tejiendo puentes entre el feminismo y ecologismo en defensa de lo común.
Como se observa, las respuestas colectivas no sólo son en contra de los megaproyectos, sino también formas de encarar el rol de género que socialmente se espera de las mujeres en los movimientos socioecológicos en defensa de las tierras y territorios. Es decir, el extractivismo, más allá de ser un modelo de crecimiento económico que necesariamente debe generar desigualdades, discriminación y violencia para obtener más el fin más allá del primario -o no-, busca demostrar fuerza y ejercer una forma de control sobre el territorio a partir del dominio sobre el cuerpo de las mujeres pues es una condición que el patriarcado, en el capitalismo, toma como base de un proyecto civilizatorio imponiendo nuevas formas de explotación y opresión, entre ellas, la separación de la racionalidad-mente, afectividad-cuerpo, y la apropiación de la producción y reproducción del trabajo de las mujeres en el tejido de la vida, que es un común colectivo (Navarro, 2013).
Han sido varias las activistas y académicas que asumen la categoría política de lo común como un horizonte emancipatorio para reinterpretar y generar nuevas formas de relacionarnos con la vida a través de la construcción y colectivización de puentes entre el feminismo, ecologismo, la naturaleza y los territorios. Es mediante estas redes, que la defensa de los espacios -corporales, físicos, naturales y políticos empiezan a buscar alternativas que ya no dependan de la valorización del capital, sino que encuentren estrategias de resistencia en las asambleas comunitarias, en el acceso y reparto ejidatario justo, en la agroecología, en la escucha, la ternura, y cuidado mutuo que es donde se gesta, reproduce y mantiene la raíz de la vida, de la tierra y los territorios. Visibilizar a las mujeres como agentes de denuncia respecto a la crisis sistémica donde los proyectos extractivistas cobran gran protagonismo, es rechazar la práctica política capitalista de apropiación y despojo; es hacer política de lo común.
Referencias
Cabrapan, M., Hofmann,S. (2019). Géneros, sexualidades y mercados sexuales en sitios extractivos de América Latina, México, UNAM, Centro de Investigaciones y Estudios de Género.
Federici, S. (2013) La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y luchas por lo común. Escuela Calpulli.
Gudynas, E. (2015) Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la naturaleza. Bolivia: Centro de documentación e información Bolivia (CEDIB)
Navarro, M. (2015) Luchas por lo común. Antagonismo social contra el despojo capitalista de los bienes naturales en México. Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Bajo Tierra, A.C. ediciones.
Navarro, M. (2019) Mujeres en defensa de la vida contra la violencia extractivista en México. Política y Cultura, Núm. 51. Universidad Autónoma Metropolitana. Recuperado de: https://www.redalyc.org/jatsRepo/267/26760772002/html/index.html
Morales, A., Labastida, L. (16 de mayo del 2020) Extractivismo y género. La Jornada, Núm. 152. Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2020/05/16/delcampo/articulos/extractivismo-y-genero.html
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Latinoamérica es muy rica, pero con muchos “peros”. Con una amplia variedad de recursos naturales, cuenta con abundancia de recursos energéticos, como petróleo, gas natural, ríos que pueden ser aprovechados para el aprovechamiento de energía hidroeléctrica, alto potencial para la producción de biocombustibles, y además condiciones climáticas favorables para el aprovechamiento de las energías solar y eólica.
En este artículo analizaremos el extractivismo en su forma de energía a través del petróleo y el gas desde la década del 2000. Además, sobre cómo se desarrolló la economía política en América Latina, y sus efectos por la fluctuación del valor del petróleo antes, durante y después de la crisis económica mundial de 2008.
Sin embargo, los recursos energéticos ni siempre se consideraron abundante. Durante gran parte de la historia, la energía se ha considerado escasa, ya que las fuentes de energía fósil no son infinitas. Por esta razón, durante un largo período, esta escasez fue motivo de competencia y conflictos, principalmente en los Estados Unidos, que gestionó intervenciones militares y otras injerencias políticas en los países productores de petróleo, principalmente en Oriente Medio, principales productores.
Según un artículo publicado por la Empresa de Pesquisa Energética (2008) - vinculada al Ministerio de Minas y Energía de Brasil - el valor internacional del petróleo de 2002 a 2008 muestra un incremento creciente debido a un conjunto de factores, tales como: I) Hubo un fuerte crecimiento en el consumo mundial de petróleo; II) Sin embargo, la falta de expansión de la producción mundial de petróleo; III) El mercado fue más sensible a las tensiones geopolíticas y los eventos climáticos negativos, o resultó en una reducción de la capacidad ociosa; IV) Fuerte aumento de las posiciones petroleras distintas de las carteras de inversión financiera.
Explicando en números, el valor promedio en enero de 2002 por cada barril fue de US $19,42, mientras que en julio de 2008 el valor alcanzó un promedio de US $132,72 (siendo el valor más alto de US $143,95 el día 07/11/2008) . Este aumento fue consecuencia del conocido dilema oferta-demanda, y esta vez provocado por la demanda de India y China. Además, durante este período, hubo problemas en algunos países exportadores, como Nigeria e Irak, que tenían sus industrias petroleras como blanco de ataque y no podían satisfacer la demanda. Sin embargo, debido a la crisis económica mundial que se produjo en 2008, el valor volvió a caer por la falta de demanda - ya que empresas y personas evitaron invertir en lo que no consideran imprescindible, como el uso de gasolina por ejemplo.
A partir de 2009 el valor cayó, fue hasta 2014 que tuvo una caída significativa que oscilaba entre US $50 y US $65 por barril por segundo (artículo de la USP). Según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), este suceso se debe al aumento de la producción, principalmente de las áreas de esquisto de Estados Unidos y la baja demanda en Europa y Asia.
Con el reciente avance de nuevas tecnologías más económicas, fue posible lograr la explotación de petróleo y gas natural en formaciones geológicas que no eran accesibles. Esto dio lugar a un aumento de la producción en varios países, como Estados Unidos y Brasil, que desde entonces han ganado protagonismo en el escenario energético geopolítico global. Hemos pasado de una perspectiva de escasez, a una perspectiva de abundancia, provocando la caída de los valores internacionales.
A pesar del historial de valores, el petróleo seguirá siendo la mayor fuente de energía del mundo, pero existe la expectativa de que su participación en la matriz primaria global se reduzca hasta el 2040, debido a la expansión de las fuentes de energía renovables. Por otro lado, el volumen de producción seguirá expandiéndose y, por supuesto, esta cuenta no se cerrará y el equilibrio entre oferta y demanda puede volver a verse afectado según la futura geopolítica.
El punto aquí es: la energía es un commodity estratégico, y América Latina, por su riqueza de recursos, se inserta en un contexto de varias incertidumbres sobre el futuro económico. Pero claro, como una región dividida políticamente y sin el desarrollo tecnológico necesario, aún es ajena a situaciones de inestabilidad.
Latinoamérica tiene algunos países con reservas de petróleo, estos son: Venezuela, Brasil, Ecuador, México, Argentina, Colombia, Bolivia, Chile, Surinam, Guatemala, Belice y Guyana. Cada país tiene sus particularidades en relación al desarrollo de energías, principalmente en relación al petróleo y gas. No todos los países son exportadores, ya que algunos solo tienen lo suficiente para su consumo interno.
Durante la década de los noventa, tuvimos una expansión de las inversiones de empresas transnacionales a través de políticas neoliberales, lo que resultó en el fin del monopolio estatal en varios países. En Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, la inversión privada o la combinación de ésta y la inversión estatal, fueron importantes para el desarrollo.
En 2000, algunos gobiernos progresistas actualizaron sus políticas para adoptar una posición más nacionalista y de desarrollo, lo que fortaleció a las empresas estatales. Sin embargo, Brasil y Bolivia regresaron a las políticas neoliberales por medio de golpes de Estado maquillados, favoreciendo al capital extranjero. Venezuela, continuó con su poder estatal, y Argentina, luego de un intento de implementar políticas neoliberales defectuosas, volvió al desarrollismo.
Venezuela es el país con la reserva petrolera probada más grande del mundo, por eso es tan importante como actor de la geopolítica energética. A pesar de esto, como país productor, la caída de los valores tiene un gran efecto en su economía, debido a su actual inestabilidad política. Anteriormente, durante el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013), cuando el valor del petróleo estaba en alza, el país era una promesa de desarrollo: llevó a cabo varios programas sociales y sacó de la pobreza a millones de personas, todo a base de préstamos; eso se pagaría con la rentabilidad del petróleo.
Con la caída del valor en 2008, el país aún no se ha recuperado de su crisis económica, y desde 2013, el actual presidente Nicolás Maduro ha enfrentado protestas de la oposición, intentos de golpe de Estado, alta inflación y sanciones de Estados Unidos. El actual gobierno estuvo marcado por un declive con el aumento de la pobreza, la delincuencia, el hambre y considerado dictatorial.
Detrás de Venezuela están los dos países latinos más grandes: Brasil y México. Ambos han pasado recientemente por procesos electorales que han cambiado los perfiles de los países. Mientras Brasil eligió al presidente Jair Bolsonaro, por ser de extrema derecha, México eligió a Andrés Manuel López Obrador, quien defiende el fortalecimiento de la empresa estatal Petróleos Mexicanos S.A. (Pemex) y la adopción de políticas públicas.
Brasil es el segundo productor mundial de biodiesel y posee importantes reservas de gas natural, solo detrás de Venezuela y Perú en América del Sur. Por eso, hoy, con el descubrimiento de petróleo y gas en la costa (el “pré-sal”) , ha ganado un papel destacado en la geopolítica energética global. Durante el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, se estableció que la empresa nacional Petrobras sería el único operador en el territorio y empresas extranjeras operarían a través del consorcio. Esta política no agradó a muchas empresas interesadas en el recurso brasileño, lo que desencadenó el llamado “espionaje industrial” y luego la investigación de corrupción denominada “Operación Lava Jato”.
En 2014, Brasil sufrió la caída de los precios internacionales, la devaluación de la moneda nacional, las deudas externas y la cancelación de proyectos de inversión en la actividad. Con el impeachment de Dilma Rousseff y la llegada del gobierno Michel Temer y Jair Bolsonaro, se produjo un desmantelamiento de la empresa nacional como centro de la política de desarrollo industrial y tecnológico bajo la justificación de que sería necesario vender activos, despedir empleados y recortar inversiones para solucionar la crisis fiscal del país. Actualmente, más de la mitad de las reservas de hidrocarburos son propiedad de empresas extranjeras, Brasil ha aumentado su exportación de materia prima pero aún no tiene planes de aumentar su capacidad de refinación.
México tiene una economía diversificada y un gran potencial energético. Durante los años setenta y ochenta estuvo entre los mayores productores de petróleo, pero hoy vive un escenario complejo. Después de las fluctuaciones en la caída de las reservas y la frecuencia de producción, en 2005 se produjo una caída de la producción y los ingresos. En 2013, el país experimentó algunas reformas a su constitución, permitiendo concesiones y participación en las ganancias, con el fin de terminar con el monopolio de Pemex y abrir los sectores de suministro de gas, electricidad y petróleo para atraer empresas extranjeras - ya que el petróleo era responsable de un tercio de sus ingresos. Sin embargo, el plan no tuvo éxito debido a la caída de precios durante 2014.
En la actualidad, México es un importador neto de productos petrolíferos, pues tiene una capacidad de refino limitada y una baja demanda interna, ya que utiliza gas natural importado como fuente de energía debido a su bajo costo hasta el momento. Con el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, el país ha recuperado un mayor control sobre la energía nacional para evitar el ingreso de empresas extranjeras y, así, solucionar el problema de la deuda de Pemex; la petrolera más endeudada del mundo en la actualidad. El actual gobierno necesita invertir urgentemente en la modernización y revertir la caída en su producción.
En el caso de Argentina, durante la década de 2000 el país todavía era considerado un importador neto de gas natural y petróleo, sin embargo, en 2012, el gobierno retomó su condición de accionista mayoritario de la empresa nacional Yacimientos Petrolíferas Fiscales, que anteriormente estaba dividida. Actualmente, la región de Vaca Muerta, en la Patagonia, representa la segunda región más grande con gas de esquisto y la cuarta más grande con petróleo no convencional. Pero el país aún necesita inversiones para explorar y enfrenta un dilema con los problemas ambientales debido a la tecnología del fracking. Debido a sus deudas externas, el actual presidente Alberto Fernández, trabaja en un plan para incentivar la inversión privada y un nuevo modelo de concesión y promoción de la industria nacional.
Ecuador, a diferencia de los países mencionados anteriormente, actualmente planea un cambio energético y pretende diversificar su matriz energética de manera renovable, sustentable y soberana. Caracterizado por su gran nacionalismo, Ecuador tiene la tercera reserva petrolera probada más grande de América del Sur, con sus inversiones extranjeras bien controladas y limitadas a la prestación de servicios. Las empresas estatales Petroecuador y Petroamazonas, producen el 80% del petróleo, del cual más de la mitad se exporta. En enero de 2020, el país anunció su salida de la OPEP, con el objetivo de reducir el gasto público y aumentar su producción de petróleo, en línea con los planes del actual presidente Lenín Moreno.
Antes del campo geopolítico estratégico de la energía, los principales actores eran solo Europa Occidental, Estados Unidos, China y Rusia, pero América Latina tiene un gran potencial para crecer a través de esta industria. Muchas empresas ya están planificando el futuro con energías renovables, mientras que todavía tenemos regiones como Colombia - que tiene un gran potencial geológico porque está ligada a la misma zona petrolera que Venezuela - que ni siquiera han sido exploradas adecuadamente para su confirmación.
A pesar de tener una distribución desigual, América Latina es una región con un potencial energético innegable, y las empresas extranjeras lo saben. Existe un gran conflicto entre Estados y empresas internacionales, como Qatar Petroleum, Exxon Mobil, Shell, Equinor, que ya están presentes en la región y buscan cada vez más intensificar sus ganancias en áreas que apoyan las privatizaciones y las políticas neoliberales. Esta inversión tiene sus lados positivos, genera ingresos, empleos, pero perpetúa la condición de exportador de materia prima porque no hay inversión en tecnología necesaria para apalancar las industrias nacionales.
Tras la inestabilidad económica provocada por la pandemia, todavía es difícil predecir lo que ocurrirá en los próximos años. Sin embargo, es posible observar cambios en el perfil del mercado energético y cómo influye la geopolítica. Con el regreso de los EE. UU. y la adhesión de los países europeos a nuevas regulaciones a favor del medio ambiente refuerzan la preocupación medioambiental. Además, algunas empresas apuestan por una transición energética para utilizar energías renovables. Shell, por ejemplo, ya no quiere que se le llame empresa petrolera, sino "empresa energética". En otras palabras, América Latina, como región tan rica en tantos recursos, necesitará desarrollarse en muchas áreas para mantener su política exterior. Esperamos que este desarrollo sea estructurado y también enfocado en políticas ambientales.
Bibliografía
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El extractivismo es un proceso mediante el cual, quienes ostentan el poder (sea político o económico) se apropian de determinados territorios y de recursos naturales para explotarlos y, con ello, generar cuantiosas ganancias. Usualmente se habla de que son agentes internacionales los que incurren en este fenómeno en espacios locales, sobre los que dominan. Sin embargo, en el presente trabajo proponemos un tipo de extractivismo interno o local establecido por propios actores nacionales. Aventuramos esta categoría debido a que encontramos tres condiciones que propician el extractivismo: el poder, la explotación de los recursos y su venta en el mercado (ya sea nacional o mundial).
Ejemplificamos este fenómeno (o proceso) con lo que ocurre con el agua, elemento vital para el desarrollo humano y describimos dos sucesos: uno en Chihuahua para demostrar el extractivismo externo y uno en un pueblo del Estado de México donde es posible vislumbrar el extractivismo interno. Concluimos con una reflexión en la que señalamos la importancia de hacer visibles los problemas del agua desde una óptica que integre al extractivismo como una causa importante.
Extractivismo y agua
La crisis mundial por el agotamiento de los recursos naturales existe por diversos factores como la sobreexplotación, contaminación, especies invasoras y el cambio climático. Todos estos existen a causa de la industrialización y uno de sus acompañantes: el extractivismo.
El extractivismo es un proceso de extracción de recursos naturales y materias primas de la tierra para ponerlos en venta al mercado mundial, este proceso lo llevan a cabo externos a la región donde extraen los bienes naturales. Los protagonistas de esta actividad son, principalmente, corporaciones transnacionales y el gobierno. Pero también pueden existir actores locales que llevan a cabo este proceso con su mismo entorno. Parecen pocos los partícipes de la historia, pero las consecuencias son aún mayores como: el cambio climático (de esta no es el único antagonista), el agotamiento del suelo, la deforestación, pérdida de la soberanía alimentaria, disminución de la biodiversidad y contaminación del agua.
La pérdida del agua es uno de los mayores problemas que ha traído la expansión del industrialismo capitalista y es un problema histórico. El agua es un elemento vital para la existencia de vida en el planeta, no sólo la vida de los seres humanos, también para preservar la flora y la fauna. En cambio, para las industrias el agua es sinónimo de mercancía y propiedad que se puede comprar, vender y comercializar en el mercado nacional e internacional. Todo esto “para poder mantener un desarrollo económico insostenible, que contamina las aguas de ríos y mares y que provoca grandes cambios climáticos” (Peña, 2005:219).
El agotamiento de los recursos hidráulicos deja un hilo de consecuencias: I) agudiza la desertificación; II) la presencia de la industria petrolera que contamina aguas de ríos y acuíferos; III) la inundación de pueblos y áreas agrícolas a causa de las presas construidas, que provoca pérdidas de flora y fauna. Frente a estas catástrofes quedan desprotegidas los pueblos indígenas y comunidades de las periferias.
El territorio y el agua son un lazo indisoluble. Los dueños de la tierra, se saben también propietarios de los recursos que en ella hay, así sean naturales o humanos, porque, usualmente, fenómenos como el extractivismo conllevan también una explotación de la fuerza de trabajo que habita dentro del territorio y en sus alrededores.
Ejemplos de cómo opera el extractivismo, específicamente con relación al recurso, tan indispensable que es el agua hay muchos. Mencionaremos sólo dos para poner en relieve las condiciones sobre las que se genera. Durante septiembre del 2020, surgió un enfrentamiento entre campesinos y autoridades federales en Chihuahua por el recurso hídrico. El problema radicó en que esta entidad federativa enfrenta grandes sequías (como no se habían visto en años); sin embargo, México firmó un “acuerdo” con Estados Unidos en el que se comprometía a ceder 1,850 millones de metros cúbicos de agua del Río Bravo (una tercera parte), lo cual debe ser cubierto en un ciclo de cinco años. A México, por su parte, le corresponden 432 millones (Cano, 2020). En ese sentido y frente a la intermitente sequía, los campesinos de Chihuahua se vieron en la necesidad de exigir agua para no perder sus cosechas (o incluso comenzarlas).
Defensores del territorio y el recurso natural tan vital, tomaron las armas para exigir que se les dote lo que corresponde para poder continuar con sus actividades. Pero México tiene una deuda con Estados Unidos y debe saldarla, ceder la tercera parte del agua a dicho país. Esto representa una desventaja clara para México, al mismo tiempo que muestra la capacidad de poder y dominación del país vecino, pues no existen mecanismos legales que permitan asegurar el abastecimiento hídrico a los campesinos chihuahuenses y, en cambio, el gobierno mexicano prefiere hacer uso de la fuerza para preservar los intereses estadounidenses, ya que fue enviada la Guardia Nacional a mitigar las protestas. En realidad, parece que Estados Unidos estableció un mecanismo de coerción hacia el gobierno de México (que usualmente son orquestados bajo una demagogia “diplomática”) para que éste reaccionara en pro de un “acuerdo” que parece por demás impuesto e injusto (el recurso, en todo caso, debió haberse repartido de manera equitativa).
Es clara la posición de Estados Unidos: es un país que tiene un poder económico y político mundial sin parangón, ante el que puede ser difícil negar lo que desea, porque puede haber prejuicios mayores. Esto es, si uno piensa desde una “elección racional”, lo más racional sería no enemistarse con quien ostenta una dominación y que tiene las capacidades de generar consecuencias fatídicas (más de lo que ya son) a la población en general y, en particular al gobierno mexicano frente al mundo.
De manera local, también podemos encontrar situaciones en donde se incurre en extractivismo hídrico. Lo que ocurre en el pueblo de Belém en el Estado de México es un buen ejemplo de ello. Es un pueblo que ha crecido en los últimos años gracias a que se han instalado ganaderos. Una de las más grandes obradoras de ganado compró un terreno que tenía un pozo que alimentaba al pueblo de agua. Por testimonios se sabe que el mismo pueblo debe pagar ciertas cuotas para que les provean de dicho recurso. Aquí queda mejor evidenciado que el territorio y el agua (y en general los recursos naturales) guardan un lazo indisoluble.
En ese sentido, podríamos identificar que existe un extractivismo externo ejercido por actores internacionales o dominantes en la escala mundial sobre ciertos territorios locales, mientras que también hay un extractivismo interno en donde los mismos locales, que ostentan el poder (sea político o económico) se apropien y extraigan cierto beneficio de los recursos que, ilícitamente, se apropian.
En ambos tipos, es posible identificar que el poder es una condición indispensable para que el extractivismo opere sin oposiciones aparentes. Los actores que lo ejercen suelen tener la capacidad de influenciar la voluntad de los otros, sea de forma legítima o no y esto provoca que los recursos, en el caso aquí tratado, el agua, sean extraídos para beneficio de “los poderosos”. Esto además viene acompañado de la explotación, sin límites, de los recursos y de su venta irrestricta en el mercado, sea nacional o mundial.
Esto genera que, como se señaló líneas arriba, se presenten problemas como la sobreexplotación de los recursos naturales, el cambio climático, inundaciones o la contaminación a gran escala. Pero también existen consecuencias sociales, como el desplazamiento de comunidades enteras, la pobreza y la desigualdad. Parece ser que el extractivismo crea un ciclo vicioso del que es imposible salir: inicia con la ambición de quienes ostentan el poder para explotar los recursos naturales e incrementar sus ganancias, recursos que son fundamentales para la supervivencia humana, por lo que aquellos se apropian de ciertos territorios. Luego su explotación dirige a una escasez de los recursos, porque no se diseñaron esquemas de sostenibilidad o sustentabilidad que permitan su reproducción, ya que el único incentivo era el incremento de la riqueza. Por tanto, cuando se disminuye su presencia se intenta buscar en nuevos territorios que explotar, para iniciar el ciclo de nuevo. Sólo que, en este ciclo, ya se han presentado consecuencias y problemáticas que parecen irreversibles.
Conclusión
Resulta de vital importancia que se reivindique el fenómeno la escasez de agua desde un enfoque que retome al extractivismo como una de sus principales causas. Ante la problemática que representa para la sociedad en general, y para ciertas comunidades locales, en particular, es indispensable repensar la forma en la que se ha definido la, cada vez más inminente, crisis del agua. No son las comunidades o la sociedad las causantes directas de este problema. Es el sistema de producción y consumo que tienen herramientas, como la que se aborda en este trabajo, que tienen como incentivo la ganancia monetaria, en perjuicio de la humanidad entera. El extractivismo externo e interno son el resultado de la ambición y dominación de unos cuantos, quienes deben ser considerados como los actores principales, sobre quienes recae la responsabilidad de muchas de las consecuencias ambientales.
Tampoco pecamos de ingenuas al pensar que nosotros como sociedad, estamos libres de toda culpabilidad, por cuanto incurrimos en prácticas de consumo desmedido. Por ello es necesario hacer conciencia de todas aquellas prácticas que, incluso, legitiman este tipo de procesos, como el extractivismo, así como la reproducción del sistema de producción actual.
Es desesperanzador pensar que solo las personas habitantes de la región (aquella que es explotada como en Chihuahua y en el Estado de México) se manifiestan en contra del sistema, cuando el resultado de estas acciones es la privación de la libertad o la muerte. Es decir, no es una situación ajena a nuestra cotidianidad solo porque la forma en que nos afecta es indirecta y poco visible.
La respuesta, creemos, está en acciones que provengan de la conciencia colectiva y que evalúen las formas fatídicas de comportamiento mercantil y de interacción con la naturaleza.
Referencias
Cano, N. (20 de septiembre de 2020) ¿Cuál es el conflicto por el agua en Chihuahua? Aquí algunos puntos clave, Sin embargo, recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/09/conflicto-agua-chihuahua-puntos-clave/
Peña, F. (2005). La lucha por el agua. Reflexiones para México y América Latina. P. Dávalos (Comp.), Pueblos indígenas, estado y democracia, 217-238.