Hoy en día se escuchan voces con cierto nivel de angustia y miedo, dicen que ahora más que nunca necesitamos acciones concretas y no perder el tiempo en reflexiones filosóficas. Que necesitamos soluciones, no reflexiones. Que el mundo no está para reflexionar ni para pensar en filosofía.
Estas voces no solo son genuinas, sino también legítimas. Necesitamos acciones concretas, pero estas deben ser cuidadosamente pensadas y planeadas. La crisis del COVID-19 nos ha obligado a ver en nuestra sociedad varias cosas que no venían funcionando desde hace mucho tiempo. Claro que no únicamente en lo referente a nuestro sistema de salud o económico. De manera que demandan ser mínimamente repensadas y replanteadas. Si alguien necesita razones para validar los ejercicios de reflexión filosófica en estos momentos, podemos recordar que tanto la ciencia como la economía y la política sin reflexiones éticas, pueden llegar a ser (por decir lo menos) muy problemáticas. Y no es necesario hacer notar que estas disciplinas jugarán un gran papel en lo que sea que nos espere como sociedad cuando la contingencia termine.
Si existe alguna normalidad a la que regresemos después de esto, podríamos (y deberíamos), a manera de inventario, preguntarnos ¿qué nos ha servido y que nos ha estorbado? ¿Qué queremos conservar y qué queremos cambiar?
Estas mismas voces a las que me refiero se enlazan hablando de lo importante que son en estos momentos la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la empatía y la aceptación de un estado de excepción temporal que confina las libertades al espacio del propio hogar. Y esto parece lo más sensato del mundo, ¿quién en su sano juicio no podría estar de acuerdo? Pero ¿está nuestra sociedad de acuerdo con el significado de estas palabras ¿Compartimos las mismas concepciones de estos términos en distintos sectores de nuestra sociedad? ¿existe una única interpretación correcta de estos términos, que justifique objetivamente una postura y que al mismo tiempo sirva para descalificar otras? Es decir, ¿existen hechos morales en el mundo que nos sirvan como criterio para aceptar una concepción y descalificar otra? Me limito en este momento no a la sociedad mexicana en general, sino a la sociedad de la Ciudad de México. El lector podrá intuir fácilmente el tamaño del problema cuando queramos ampliar estas preguntas a la sociedad mexicana en general, y por la misma razón, es más conveniente, por el momento, no hablar de la sociedad global.
Ahora bien, creo que es evidente que las concepciones de respeto, tolerancia, solidaridad y libertad varían en buena medida de colonia a colonia, de alcaldía a alcaldía. Seguramente no serán las mismas concepciones las de Iztapalapa que las de Coyoacán. Es más, dentro de las mismas alcaldías habrá muchas variaciones. Pero esta no es una razón para ser escéptico, relativista o cínico.
No es el objetivo de este escrito ofrecer definiciones universales. La arrogancia y la autoproclamada superioridad moral (vicios severamente dañinos resultado de un exacerbado individualismo) pueden (y deben) mitigarse con el bálsamo de las reflexiones filosóficas, y debemos ser cuidadosos y vigilantes de que durante este tipo de ejercicios no caigamos en estos vicios. Las reflexiones que aquí se ofrecen, no pretenden ser exhaustivas, lo que pretenden ofrecer es una oportunidad y una apertura para preguntarnos a manera personal ¿cómo entiendo estas palabras? ¿creo que mi concepción y la de mi círculo familiar y de amigos son las únicas correctas? ¿descalifico las concepciones que no se apegan a mis criterios? ¿estoy dispuesto a escuchar y hacer un esfuerzo por comprender concepciones diferentes a la mía? ¿estoy dispuesto a discutir mis propias concepciones sin enojo o afán de dominar la discusión? Difícilmente se puede ser relevantemente empático con otros sin estas reflexiones. Y es sensato pensar que una sociedad más empática representa un paso que nos aleja de la injusticia. No cabe duda de que esta crisis nos ha obligado a ver con una claridad desagradable e incómoda, entre otras cosas, la insensible injusticia en la que hemos estado viviendo unos con otros. Pues crudamente no todos tendremos las mismas probabilidades de mantenernos y mantener a nuestras familias sanas y salvas.
¿Pero qué podemos hacer al respecto? Mínimamente podemos comenzar por hacernos estas preguntas de manera seria con la esperanza de que después de hacerlo, sentemos las bases para poder abrir diálogos verdaderos, que no buscan ganar la razón, sino comprender (aunque no necesariamente compartir) los puntos de vista de otros que piensan diferente a mí. Creo que, en alguna medida, estas ideas son las que están detrás del lema Unidad en la diversidad, que de ninguna manera pretende prescribirnos un modelo europeo de sociedad, simplemente creo que resume una serie de reflexiones que como sociedad nos sirven para hacer un inventario colectivo de lo que nos une y también de lo que nos separa. A través de un inventario social de estas características, podríamos tener la claridad suficiente para unirnos en la diversidad y avanzar con firmeza hacia acuerdos de los que genuinamente estemos convencidos; con la fortaleza necesaria para exigir a los gobiernos que estos acuerdos se desarrollen y se les dé seguimiento.
Pero esto solo puede ser posible si tenemos una sociedad unida, y una manera de unificar a la sociedad es mediante el desarrollo y fortalecimiento de emociones morales en los ciudadanos, específicamente e insisto: la empatía. Una sociedad empática no solo tiene la capacidad de ponerse emocionalmente en el lugar de otro, sino también tiene acceso a las diversas visiones y formas de pensamiento que son distintas a las propias.
Personal y profesionalmente no creo que haya una única manera de entender el significado de los términos morales señalados. Pero sí estoy persuadido de que mientras más concepciones de estos términos conozcamos y mientras más esfuerzos genuinos y sinceros hagamos por comprenderlos, estaremos en mejores condiciones de convivir de una manera más justa entre nosotros. O al menos, siendo caritativo, alejándonos un paso o dos de nuestra habitual, cruda e insensible injusticia en la que venimos viviendo. Sacando de contexto las siguientes palabras, es (al menos en parte) Lo que nos debemos los unos a los otros.
Para hablar de fake news, desinformación y la digitalización global es preciso hacer una breve recapitulación del nacimiento de las nuevas tecnologías de la información. Ya que el cambio social es multidimensional, desde el surgimiento de la imprenta hasta el internet. Las nuevas tecnologías dan pie a que el mundo se mueva de una manera más rápida cada vez. De la imprenta al teléfono, la distancia dejó de ser un problema para los seres humanos. Posteriormente, del teléfono al ordenador el tiempo dejó de ser un obstáculo. Con la llegada del internet y los nuevos espacios públicos cambió desde cómo nos relacionamos hasta cómo nos manifestamos.
Las redes sociales como Facebook y Twitter, principalmente, además de fungir como medios de comunicación están abiertos a ser los principales canales para difundir información falsa y como consecuencia sus usuarios crean cascadas de rumores. Desde que se comenzó a catalogar con el nombre de fake news a la información falsa, errónea y engañosa, se comenzó a dudar de lo que se consume y difunde en redes sociales.
¿Por qué es importante hablar de fake news? En México, al inicio de la pandemia, se ha visto en redes sociales publicaciones donde se afirma que el coronavirus no sobrevive al calor, se puede prevenir con remedios caseros como el uso de ajo en los alimentos, y haciendo limpiadores caseros a base cloro. Esta información carece de conocimiento científico, y desafortunadamente tenemos una pandemia en la era digital.
Tanto lo económico, lo político y lo social pueden ser afectados en cuanto se lance una noticia falsa sobre un comunicado oficial, pero este último sector en estos momentos es quien más se podría ver afectado. El tema sobre el cuál se filtra información falsa es de salud pública, por lo cuál puede perjudicar a la población entera. A pesar de tener diferentes medios de comunicación tradicionales, algunos gratuitos, se opta por las redes sociales.
Es de conocimiento público que más de la mitad de la población mexicana vive bajo condiciones de pobreza y que no tuvieron acceso a educación. Pero ¿por qué exponer estos temas o qué tiene que ver con las fake news? En cierta parte la desinformación radica en el rezago educativo y en no tener conocimiento sobre el uso de las tecnologías, y como consecuencia tenemos una fuerte desigualdad en el acceso a información que condena al individuo a tomar como verdadero eso que tiene a la mano.
El tema de la desinformación debe tomarse con seriedad, pero hasta hoy no existe una solución para frenar las falsedades que navega en las redes. No quiere decir que no podamos hacer nada al respecto, instituciones como la UNAM han publicado videos donde explican cómo detectar noticias erróneas y, quienes tengan acceso a esta herramienta, pueden utilizarla como un arma para tratar de frenar su distribución masiva.
Se encuentra una salida más no una solución al tema de las fake news, el problema no es sacar de la web toda la falsedad que navega en ella porque es algo casi imposible, la razón es que nos involucraríamos en un ciberespacio que está más allá de las simples plataformas que conocemos. Lo que nos queda es generar información con fuentes confiables, artículos sin sensacionalismo, noticias importantes y no cosas de farándula. No estoy diciendo que en uno mismo está el cambio, el cambio tal vez no sea para nosotros los que tenemos el privilegio de tener acceso a estas herramientas, pero puede tener un impacto colateral si somos usuarios más responsables.
Si se tuviera que definir con una palabra el gobierno del presidente Jair Messias Bolsonaro en Brasil, esta seria: caótico; y esto no podría ser diferente en medio de la crisis global causada por COVID-19. El primer caso de la enfermedad se diagnosticó a finales de febrero, justo después del carnaval —una fiesta nacional de días de fiesta en las calles y aglomeraciones— Pero solo a principios de marzo se consideró peligroso para la población el incremento de personas infectadas. Ante la situacióny conociendo los problemas que puede generar la transmisión del virus, el gobierno se abstuvo de dar indicaciones.
El Ministerio de Salud prestó atención a la pandemia y comenzó a difundir a través de sus redes sociales a los cuidados que medidas deberían tomar para evitar el contagio. A pesar de las recomendaciones de Luiz Henrique Mandetta, Ministro de Salud, Bolsonaro afirmó en sus redes sociales que el coronavirus es una pequeña gripe. Además de esta declaración, mencionó que las fronteras de Brasil permanecerían abiertas hasta abril, mientras tanto los estados del país debían tomar sus propias medidas preventivas de formas independiente y sin ayuda alguna del gobierno federal.
Es difícil identificar lo que amenaza a la población brasileña, ya sea el coronavirus o el presidente con su oportunismo por las próximas elecciones que se deberían ocurrir en octubre.
Con las fronteras aún abiertas a otros países y con la precariedad del Sistema Único de Salud (SUS) el número de personas infectadas en Brasil continúa creciendo. El 26 de febrero de identificó el primer caso en Sao Paulo, un hombre de 59 años que viajó a Italia. Días después, se confirmó un nuevo registro de infectados con antecedentes de haber viajado recientemente a Italia.
A pesar de conocer sobre el coronavirus desde diciembre del año pasado, el Ministerio de Salud lanzó una campaña publicitaria hasta el 28 de febrero para alertar a la población. Esto sucedió después del carnaval, donde asistieron miles de personas de diferentes países para celebrar esos días de fiestas; este evento genera una buena ganancia para la economía brasileña.
Pese a llegar tarde, el Ministerio de Salud implementó medidas para alentar y ayudar a la población. A principios de febrero, después de los llamamientos de los brasileños residentes, Brasil repatrió a 34 personas que se encontraban en la ciudad de Wuhan. Debido a que venían de la ciudad donde fue el epicentro de la pandemia, fue necesario que después de llegar al país se cumpliera con el aislamiento de 14 días en una base militar. Además, el Ministerio de Salud se ha vuelto más accesible para la población: ha actualizado constantemente todas sus redes sociales para alertar a la población, lanzó vídeos del correcto lavado de manos, creó una aplicación para difundir información oficial y dio recomendaciones sobre cómo buscar un hospital si se sospecha de estar infectado, y recomienda el aislamiento.
Mientras que el Ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, regula los criterios de aislamiento que la sociedad debe seguir en caso de sospecha de contaminación, Bolsonaro alienta las manifestaciones callejeras a su favor. El 15 de marzo comenzó una crisis en su gobierno cuando salió del Palacio de Planalto para abrazarse y tomar selfies con gente popular; 13 de las 22 personas que lo acompañaban, se contaminaron con el virus. Esta actitud provocó que algunos de los aliados de su gobierno, como los diputados Janaína Paschoal y Alexandre Frota, se opusieran a sus medidas e incluso solicitaran su renuncia apelando que no podría liderar la nación frente a la pandemia.
Los gobernadores Wilson Witzel (Río de Janeiro) y João Dória (São Paulo) también se quejaron de las actitudes de Bolsonaro y de la dificultad para obtener ayuda federal para combatir la pandemia. Witzel reveló algunas medidas preventivas, como el cierre de las fronteras del estado de Rio de Janeiro, los aeropuertos y el puente Río-São Paulo, pero dependía de la acreditación federal. La implementación de estas medidas no ha sido validada por el Ministro de Infraestructura, Tarcísio Gomes de Freitas. Bolsonaro criticó diciendo que el gobernador pensó que Río de Janeiro era otro País y que estas medidas no dependían de Witzel.
Desde el comienzo de las acciones contra el coronavirus, Mandetta alineó su discurso con el de Bolsonaro en declaraciones públicas y trató de minimizar el error del presidente al salir de casa. Sin embargo, cuando el número de muertos para el 29 de marzo sumaron más de 130, el presidente continuó minimizando las medidas del Ministerio de Salud, de esta forma Mandetta comenzó a expresar su opinión. Después de la entrevista que tuvo la radio Jovem Pan con el presidente quedaba claro que existía un desacuerdo con el ministro de la Salud, pero no era razón para despedirlo.
A pesar de ser visto como un provocador de histeria en la sociedad, el ministro continuó siguiendo el protocolo de recomendaciones internacionales de la salud pública. Mientras tanto, el presidente brasileño continuó con sus pronunciamientos minimizando el problema, defendiendo el uso de cloroquina, ( cual dicho medicamento no cuenta con apoyo de la comunidad científica ni tiene eficacia comprobada); a su vez, creó una campaña llamada #BrasilNoPodeParar pero fue bloqueada por la Corte Suprema Federal y apenas tuvo impacto en la prensa internacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a corregir a Bolsonaro por decir que es una pequeña gripe, cuando en realidad es una enfermedad grave; incluso Twitter eliminó las publicaciones del presidente porqué se consideran como un riesgo para la salud pública.
Hasta el 1 de abril, Brasil había registrado 241 muertes y 6 mil 386 casos confirmados, más de 1 mil 100 nuevos casos en 24 horas. El Ministerio de Salud comenzó a distribuir 500 mil pruebas rápidas para el diagnóstico del nuevo coronavirus con el objetivo de ayudar a profesionales de la salud y agentes de seguridad con síntomas similares a los de la gripe. Además, anunció el monitoreo remoto de casos sospechosos de COVID-19 a través de llamadas automáticas al número 136 y un programa llamado Brasil cuenta conmigo para que los estudiantes en el campo de la salud actúen en la lucha contra el nuevo coronavirus. Este programa establece una carga de trabajo de 20 a 40 horas, cuenta con remuneraciones de R$522.50 y R$1.045 respectivamente.
Según datos oficiales, para el 21 de junio del presente año, el número de contagios confirmados asciende a 1, 090,349, de los cuales se han recuperado 543,186 de los diagnosticados; mientras que, el número de defunciones es de 50,737 personas.
Hasta el día de hoy, Bolsonaro ha amenazado con salir de la OMS; se ocultó por un periodo las cifras de contagios y defunciones; y el país ha pasado por el despido o renuncia de tres funcionarios al cargo del sector salud. La pandemia en dicha nación no asegura un panorama claro, a excepción de la priorización de la economía nacional, ya que ésta parece ser lo único primordial para Jair Messias Bolsonaro.
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Los perros y gatos en el S. XXI ya no son considerados como simple animales que protegen la casa o que asustan a algún ratón curioso de nuestras cocinas, sino que hemos formado lazos tan estrechos con ellos que inclusive los hemos considerado como miembros de la familia. Nos preocupamos por ellos, así como nos preocupamos por nuestros hijos, hermanos, padres y abuelo. Claro que esta pandemia no es la excepción. Posiblemente muchos tengan la inquietud de que los perros o gatos puedan contraer o ser portadores del SARS-Cov-2; y otros inclusive ya hayan leído sobre este tema, encontrando probablemente algunos datos alarmantes, como la existencia del virus en estos animales, y como resultado, pensar en tomar medidas sanitarias extremas. Pero lo cierto es que, si bien existen datos de infecciones por coronavirus en el perro y el gato, estos virus tienen un parentesco lejano al hoy famoso, SARS Cov-2.
Los coronavirus pertenecen a la familia de los Coronaviridae, en esta familia se encuentran los coronavirus alfa y beta que generalmente infectan mamíferos. El brote del virus actual es una beta coronavirus, mientas que el que afecta a nuestros animales de compañía son de clase alfa, por lo que no están asociados con el SARS-Cov-2. Según Dacaro et al (2015), el coronavirus canino (CCoV), afecta solamente a caninos y ocasiona cuadros de gastroenteritis, provocado generalmente diarreas leves. En cachorros el virus puede llegar a ser mortal, principalmente por que facilita la entrada de otros patógenos. Por otra parte, el coronavirus felino (FCoV), es primeramente un virus gastroenterico que ocasiona de igual manera diarreas leves, sin embargo, puede modificar su arreglo estructural en un 5 a 15 por ciento de los gatos enfermos y causar una Peritonitis Infecciosa Felina (PIF). La PIF es una enfermedad letal en gatos, y que para ésta no existe tratamiento curativo. Existen dos presentaciones de esta enfermedad: la llamada PIF seca, que ocasiona piogranulomas en diferentes órganos; y la PIF húmeda, que genera una redistribución de líquidos, provocando acumulación de estos en cavidades corporales (Rubio y Chavera, 2018). Tanto el Coronavirus canino como el felino son altamente contagiosos y se transmiten por la vía fecal y oral. A pesar de ello, no es una enfermedad zoológica, por lo que el humano no se puede contagiar de estos virus.
Aunque los estudios científicos como el de Zhout et al (2020), muestran que el virus mutó a partir de un murciélago, no existen evidencias de que afectan a otros animales. Si bien no sabemos que el virus puede volver a mutar; tanto profesionales sanitarios oficiales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han indicado que por el momento, no existen evidencias científicas de que perros o gatos puedan padecer o transmitir este virus. Lo sugerido es que únicamente las personas positivos al virus de la pandemia, mantengan un contacto menos estrecho con sus perros y gatos.
Dado lo anterior, es importante no tomar las mismas medidas que tomarían con los otros miembros de su familia. Aunque podría parecer adecuado, no hay que hacerse las pruebas de laboratorio para ver si dan positivo al patógeno. Las pruebas que están hoy en día en el mercado, aunque son confiables para el humano, pueden detectar falsos positivos en perros y gatos. Por otra parte no hay que colocarles cubre bocas, que en vez de ser benéfico, perjudica su bienestar, estresando al animal y pudiendo ser incluso mortal principalmente para los gatos. Finalmente, no utilizar gel antibacterial para desinfectar las patas de tus perros o gatos, el gel, al ser a base de alcohol reseca los cojinetes de los animales, pudiendo ocasionar heridas y que se vuelvan susceptibles a infecciones cutáneas, como la pododermatitis; si se requiere limpiar las patas, lo mejor es utilizar toallitas húmedas o bien papel higiénico, servilletas o afines con un poco de agua. Todo esto no quiere que no existan medidas higiénicas con nuestros animales compañeros, sino que se conserven las medidas cotidianas. Estas serían: lavarse las manos después de sacar a pasear al perro o recoger el arenero de los gatos así como después y antes de darles de comer; tener un cepillado regular según el tipo de pelaje del individuo y baños, si así lo requieren; evitar besos y lengüeteos; la limpieza del hogar es de igual modo indispensable. Aunado a estos básicos, si se observan comportamientos extraños o cualquier signo sugerente a una enfermedad, es esencial contactar con su médico veterinario, quien sabrá cómo atender la situación.
A manera de conclusión, al entender que estos animales no representan un posible foco de infección, evitamos así que en esta época de lucha epidemiología, los perros y gatos sean abandonados, maltratados, o bien que aquellos que se encuentren en situación de calle sean maltratados. Dejemos de responsabilizar a los animales, si bien el COVID no es transmitida por perros y gatos, inicio por un mal manejo y poco respeto hacia especies silvestres. Al informarse y al compartir la información con nuestro prójimo, los cuidamos a ellos, y por ende, nos cuidamos a nosotros.
Bibliografía.
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