El último día del 2020 ha llegado y con él nuestra última edición de este largo trayecto, (con)textos ha abordado a lo largo de este pasado semestre diversos temas que retratan las realidades de nuestra región latina; las diversas problemáticas, violencias y preocupaciones han sido plasmadas en forma de ensayos, artículos de colaboradores, invitados y participantes.
Sin embargo, sabemos que éstas no son las únicas formas en las que el ser como individuo creativo puede plasmar las realidades que se viven en el día a día en nuestras sociedad. Es por ello, que nuestra última edición del 2020, reflejara los lastres y pesares de Latinoamérica a través de cuentos, ensayos, y fotografías. Estos materiales son muestra y evidencia que nuestra región atraviesa por muchos malestares, y que la exposición de los mismos, nos pueden llevar a un mundo en donde la creación de conciencia nos lleve a la construcción de imaginarios utópicos.
Agradecemos a todos los participantes que hicieron posible esta edición, a nuestros lectores, a ustedes quienes nos han impulsado a seguir con este proyecto.
¡Feliz año nuevo desde nuestros (con)textos!
Cifo se compró un coche luego de haber ahorrado por cinco años parte de su salario. Lo quiso desde el momento en que vio a uno de sus amigos hacerse de uno y decir que comprarlo había sido lo mejor que le había pasado en su vida. Cifo solía viajar en la parte trasera del carro y veía a su amigo reírse mientras conducía, con el estéreo a todo volumen y un par de chistes en la boca que soltaba en el momento preciso. Por cinco años ahorró de su sueldo para llegar a disfrutar tanto la vida como la disfrutaba su amigo.
El carro le llegó un domingo en la noche y apenas lo pudo conducir por su barrio. Al otro día lo usó para ir a trabajar y en la noche regresó en él a casa. El viaje en su propio carro fue sin duda más cómodo, pero de ahí en más, no notó gran diferencia en su estado de ánimo.
El miércoles, como siempre, se levantó temprano para arreglarse e ir a trabajar. Era un día frío de enero, de aquellos en los que el sol se esconde temprano, pero también tarda más en alzarse imponente en el cielo. Ese día ni siquiera apareció. El cielo se pintó de un blanco homogéneo y algunas nubes bajaron a pasearse por las calles. Cifo entró a la ducha y se dio un largo baño de agua caliente. No quería salir de allí. Si hubiera podido elegir, tampoco hubiera salido de la cama hasta más tarde, pero, como siempre, en esas situaciones no podía hacer lo que quería, sino lo que debía. Eso lo sabía muy bien; así lo habían educado.
Cuando Cifo salió de la ducha, notó que afuera caía un chubasco. Recordó su carro y agradeció que no tuviera que ir hasta la estación del metro para ir a trabajar. Terminó de vestirse, desayunó un pan con café y fue al portón. La fuerte lluvia le salpicó en los pies y el carro, que estaba estacionado en la calle, se veía rodeado por una espesa capa de agua que caía y rebotaba sin tregua. Tomó impulso y corrió hasta el coche. Estuvo un rato intentando meter la llave para abrir la puerta y, cuando lo logró, se encontró a sí mismo empapado. Maldijo su suerte y regresó resignado a su casa para cambiarse de ropa.
Se desnudó y se cubrió con una gruesa manta que le ayudó a secarse. Fue a la cocina y se sirvió un café con sus manos trémulas, al límite de la hipotermia. Se sentó mientras intentaba calentar sus manos con el vaso del café para desentumirse los dedos. Pensó en su suerte y en lo paradójico que era que se hubiera mojado aún con un carro a su disposición. Quizá era culpa de él por ingenuo. Pensó que, si hubiera llevado un paraguas, las cosas serían muy diferentes. Ahora estaría en el trayecto a la empresa, en medio del tráfico, mientras recorría las calles resbalosas con una visión turbada. Iría rumbo a cumplir una jornada que no quería cumplir, a trabajar en algo que no le gustaba, durante diez horas, para regresar en la noche, cansado, a dormir para levantarse al otro día y repetir su ciclo. Bueno, sí, pero al menos estaría seco.
¿La culpa en realidad era suya por no haber agarrado el paraguas o más bien era culpa de su empresa por obligarlo a ir a trabajar en medio de una tormenta? Los últimos cinco años soportó la rutina porque quería comprarse un carro, pero ahora que lo tenía, no se sentía mejor consigo mismo y no había abandonado la rutina. ¿Para qué un carro si lo único que deseaba en aquel momento era meterse en su cama y dormir arrullado por el choque del agua contra la casa? Lo único que había logrado el carro era que su rutina fuera más cómoda.
Cifo terminó su café, se vistió, agarró el paraguas y fue a su carro. Debía ir a la empresa. El trayecto fue angustioso. La neblina espesa obligaba a los conductores a ir despacio, las calles estaban viscosas y el tráfico era inacabable. Un motociclista resbaló por el asfalto y chocó contra un camión. La lluvia no cesaba y el barullo de decenas de cláxones, mezclado con algunos gritos, ambientó el camino hasta la oficina. Al final llegó cuarenta minutos tarde y encontró un memorándum de su jefe en su escritorio. Tomó la carta, la leyó con una sonrisa en su rostro y la botó en el cesto. Acomodó su chaqueta en la silla y se dirigió a la oficina de recursos humanos.
Una mujer de anteojos lo recibió y le pidió que esperara en la silla. Se le veía concentrada en su trabajo, frente a un computador viejo y gordo, tecleando quién sabe qué. Cifo la conocía de varios eventos de la empresa, pero nunca había hablado directamente con ella. Se habían saludado un par de veces, pero nada más. Sabía que se llamaba Diane y que era la secretaria del director de Recursos Humanos. La mujer cesó de teclear, hizo una llamada corta y le preguntó a Cifo qué era lo que necesitaba.
—Quiero renunciar —respondió él.
Diane lo miró con algo de asombro, pero no hizo ningún comentario al respecto.
—La cuestión no es tan sencilla. Ha sido usted un excelente trabajador. ¿Por qué quiere renunciar?
—Razones personales.
—Lo siento, pero «razones personales» no es una razón válida. Aquí nos tomamos muy en serio el bienestar de los empleados y nos enfocamos en solucionar los problemas, en vez de desecharlos. El Sr. Fonseca no va a aceptar una renuncia si no hay una razón real y, créame, si hay alguna forma de solucionarlo, se hará todo lo posible para que no se vaya.
—Pero mi razón es que me quiero ir. No hay más razones. Ya no quiero seguir trabajando aquí, no quiero malgastar más mi vida haciendo algo que no me gusta.
—Vea, yo no soy a quién debe convencer —Diane se enteró de la molestia con la que Cifo le hablaba e hizo una pausa. Buscó una hoja en su archivo y se la entregó—. Necesito que llene este formato. Debe tener la firma de su jefe directo, de la secretaria de Contabilidad, de la Cooperativa y de Bienestar Laboral. ¿Tiene alguna deuda con nosotros?
—No.
—Entonces no debe ser problema conseguir las firmas. Cuando lo haga, viene y finiquito su contrato.
Cifo se fue de la oficina de Recursos Humanos y se dirigió a Bienestar Laboral, luego a la Cooperativa, a Contabilidad y, por último, donde el Sr. Fonseca. No tuvo mayor problema en conseguir las firmas en las tres oficinas, pero donde su jefe no fue tan sencillo.
—¿Por qué quieres renunciar? —le preguntó el Sr. Fonseca con su voz comprensiva.
—No tengo ninguna razón real, señor. Estoy agotado, no quiero continuar haciendo lo que hago, mi vida se ha vuelto una constante rutina de la que quiero salir.
—¿Qué crees que te hace sentir así?
—No lo sé. Simplemente nunca me ha gustado este trabajo.
—Pero has sido un excelente empleado…
—Eso no significa que me guste lo que hago.
El Sr. Fonseca se levantó y se sirvió un vaso de agua, del que bebió un poco. Regresó a su asiento y miró a Cifo a los ojos.
—A mí me dolería mucho que te vayas de acá. En serio te queremos y nos gusta tu trabajo. También queremos que nos sientas como un refugio estable. Si te vas de aquí, ¿de qué piensas vivir?
—No lo sé. Sólo quiero vivir mi vida. Con lo que me den por el carro puedo vivir un buen tiempo, luego miraré.
—Eres un soñador, Cifo. Pero, ¿te has puesto a pensar qué pasará después? ¿Qué harás entonces sin trabajo y sin una fuente fija de ingresos? —Cifo no dijo nada. Hasta entonces, no había pensado en eso—. Mira, aquí tienes estabilidad. Aquí nunca te faltará la paga, que no es mala ¡mira el carro que te compraste! Aquí puedes ahorrar, pensar en tu futuro, en tu vejez. ¿Acaso no quieres poder disfrutar de la vida cuando estés anciano sin tenerte que preocupar por el dinero? Eso no lo puedes hacer con lo que quieres.
«¿Disfrutar de mi vejez? ¿Y cuándo voy a poder disfrutar de mi juventud?», pensó decir Cifo, pero no se atrevió. La voz amable del Sr. Fonseca le obligó a permanecer en silencio, como si quien hablara fuera una persona a la que había que guardar todo el respeto.
—Recuerda todos los beneficios que les damos a nuestros empleados —continuó el Sr. Fonseca—. Ya casi ajustas los cinco años. En tres meses, cuando los cumplas, te daremos un bono de antigüedad con el que te podrías comprar otro carro. Si te vas ahora, lo pierdes. Si te esperas otros cinco años, cuando cumplas diez, te daremos un bono con el que podrías comprar una pequeña casa. Bueno, son ideas, tú verás qué haces con el dinero.
—Tiene razón —divagó un poco—, pero no me siento capaz de soportar más tiempo acá.
—Ay, Cifo —dijo el Sr. Fonseca un tanto resignado—. Hagamos algo. Tómate esta semana libre. El lunes volvemos a hablar. Descansa, disfruta tus días libres y si el lunes sigues con la idea de renunciar, firmaré el formato por más que no quiera hacerlo.
Cifo lo meditó un poco y aceptó el trato. Al fin y al cabo, nada cambiaría. El lunes regresaría, su jefe firmaría el formato y se iría de allí para siempre. Lo había decidido. Se dirigió a la concesionaria donde había comprado el coche tres días antes y se enteró de que no podía regresar el carro luego de haber sido usado. «Un carro cero kilómetros son, literalmente, cero kilómetros», le dijo el empleado. «Lo que podemos hacer es recibírselo como un carro de segunda, pero sólo podríamos darle el 63% del costo inicial».
Resignado, Cifo regresó a su casa. Regresar el coche significaría haber desperdiciado el 47% del tiempo que trabajó para ahorrar y comprarlo; significaría que dos años y medio de su vida no habrían servido para nada. En retrospectiva, pensó, dos años no es mucho, pero toman peso cuando apenas transcurren. Qué relativo es el tiempo, pero cuán engañador es. Recordaba su primer día de trabajo como si hubiera ocurrido hacía poco, pero veía como un larguísimo tiempo tener que trabajar otros cinco años.
Esa noche, mientras cenaba, las palabras del Sr. Fonseca le llegaron a la cabeza. Él era aún muy joven. Tenía mucha vida por delante y, si tuviera una casa, podría vivir con más tranquilidad. ¡Sólo necesitaba cinco años más! Además, podría ahorrar por su cuenta y tener buen dinero para cuando decidiera retirarse en sus treinta años. Pensó que su actitud temprana fue un impulso irracional y agradeció a su jefe que no lo dejara renunciar sin antes meditarlo bien. En el fondo, tenía razón. El dinero del coche le serviría por unos meses, quizá un par de años, ¿y después? Tendría que volver a trabajar, quizá en una empresa peor, o haciendo algo que de verdad detestaba. ¡Maldita sea! Sólo cinco años… Luego renunciaría, se iría a vivir a su casa, tranquilo, sin gastar mucho y apreciaría la vida sin cargas laborales. ¿Y luego? ¿Qué haría cuando se le acabara el dinero que había ahorrado? Ya vería qué hacer entonces, pero no quería trabajar allí toda su vida. Soportaría sólo otros cinco años y luego viviría sin remordimientos.
Cifo se levantó temprano el lunes siguiente, se vistió y fue a trabajar. En la noche regresó a su casa, durmió hasta el día siguiente que se despertó temprano, se vistió y regresó al trabajo. Se compró una casa y se enteró que a los veinte años se ganaba un viaje de seis meses por el mundo con todos los gastos pagos. Le faltaban diez años. Vio en retrospectiva y le pareció que diez años era muy poco. Regresó al trabajo, pero primero se levantó temprano y se vistió.
Doña Tere se había dado cuenta, hacia un tiempo, que la cigarrería de la 22 con 17, era mejor abrirla en la noches, la zona daba para que le fuera más productivo sus hábitos de sueño a los de su viejo gato Ramón. dormir toda la mañana y parte de la tarde, despertarse a eso de las cinco con el último rayo de sol que le entraba por las cortinas, comer algo, acomodar todo abajo, recogerse el cabello en una coleta bien alta, bien templada, bien organizada. Por ahí había leído que en estas épocas era mejor con los pelos guardados.
Mucha gente en el barrio había muerto ya, Don Alfredo, el de las herramientas había dicho desde el primer día, que en las noticias habían anunciado las medidas de seguridad y que él no creía en esas cosas, y aunque lo hiciera, la situación no estaba como para cerrar el local tanto tiempo. Aquel hombre no duró mucho y los hijos terminaron pelando lo poco que dejó aquél viejo.
Luego estaba Liliana, la de la peluquería, tenía tanto miedo , que algunos aseguran que murió de eso, tal vez, era cierto. Se dice que el miedo es la enfermedad más peligrosa y contagiosa, es posible que éste abrazó sus pulmones hasta hacerlos explotar, tal vez, rezar … no fue suficiente.
Los rumores sobre los decesos seguían creciendo, incluso, hacia unos días nada más, unos paramédicos medio transfóbicos habían dejado morir a una de las peladas. Doña Tere, no entendía bien qué significaba esa palabra, era lo que les echaba murmurar a las muchachas cuando entraban a comerse algo en la noche, a decir verdad, tampoco escucho mucho porqué ellas habían dejado a Aleja ahogarse.
Todavía le resuenan en el oído a las sirenas que levantaron por allá en mayo, hacía un frío terrible y se escuchaba gente llorando. Decían que se sentía mal, que parecía que tenía el bichito ese, que ya habían llamado a varias ambulancias, pero que todas estaban muy demoradas, Que no Tere, que no se puedo hacer nada, que la dejaron morir, que apenas cuando les dijimos que era portadora, ellos se alejaron y nos cambiaron la historia. La tristeza llenó el barrio y la rabia, las movió, las peladas habían hablado en los medios, con las fundaciones, pintaron un mural, le hicieron homenajes, la convirtieron en un icono. Por ahí le habían contado que su rostro lo conocía del país entero ¿pero qué importaba todo esto si Aleja sólo había pasado a ser un punto más en las estadísticas de alguna forma de morir diferente a dormirse tranquilo? ¿De qué servía todo eso, si nadie daba respuestas claras?
En fin, el movimiento del barrio seguía siendo el mismo, las tiendas de repuestos abrían todo el día, los curiosos pasaban rápido y sin mirar a nadie directamente rostro, los tacones de las muchachas repiqueteaban en la noche, haciéndole coros de la misma música que nos daba en las calles de la Zona y los clientes con bailarines de una sorda coreografía la seguían en corrillo; ¿y donde Ramón? Cerrada, como si hubiera desvalijado la tiendita. Al inicio de todo esto, habían convencido doña Tere de tomarse una semana, algunos meses, incluso ya estaba entrada en años, era peligroso que siguieran trabajando como de costumbre, pero de todas formas, atender los negocios nunca había sido tan difícil, puesto que entre la Alcaldía que se la pasaba expidiendo decretos contradictorios y la policía haciendo lo que quería con ellos, era más sencillo cerrar las rejas y rezar para que todo pasara pronto.
Que se había emocionado, cuando salió la señora que administraba en la ciudad en las noticias de las siete, ella dijo que iban a entregar mercados por el barrio, que las muchachas no iban a perecer ni por hambre ni por estigma, que los que estuvieran afiliados a unos subsidios iban a recibir una plata y comida; que todos tranquilos, que de inanición nadie se va morir y que haciendo caso, nada tendría tendría porqué salir mal.
Así que ella esperó, como otros esperaron, como nosotros esperamos, tres meses, dos semanas y un día; hasta que se decidió era posible que todo fuese una vil mentira. Nos equivocamos al confiar y que lo prometido no iba a llegar. Ésa gripe Hita era el menor de sus problemas en ese momento los servicios no sé si van esperar si no trabaja ¿Con que iba a mercar? La situación ha sido difícil, aquel sujeto que manejaba el edificio ya le había advertido que si se atrasaba con un mes más con el arrendamiento, él la iba tener que desalojar, además Ramón ya había bajado de peso y se pasaba el día mirando triste el plato medio vacío. Era evidente, doña Tere tenía miedo, de perderlo todo, determinar como Liliana.
Así que abrió la reja roja y Cosio, hizo tapabocas para todo el mundo en el barrio. Se había podido con ella sola durante 67 años dando tumbos por el país, iba a poder ahora. Para donde Enrique el de la panadería de Viviana arriba para doña Beatriz, sus hijos Y la modista a la que le tenía arrendado 1/4 al fondo de la vieja casona también para las muchachas que iban entrando por las noches destinó la tela de colores, pues ella, no las podía dejar mal combinadas. Doña Tere reunió a la gente, comenzaron a recoger comida y asistir a las reuniones que armaban los pelados de quién sabe qué Universidad, sólo para recibir el refrigerio que les llevaban para el final. Los habían abandonado, el Estado se había reído de sus peticiones y el Distrito pensaba que apunta de sonrisas y comunicados masivos iban a tener con qué vivir. Se habían armado de valor, una vez más, ante el silencio de aquellos que habían prometido cuidarlos.
Doña Tere se había dado cuenta hace un tiempo, que la cigarrería de la 22 con 17, era mejor abrirla en las noches, la zona daba para que le fuera más productivo convertir sus hábitos d e sueño a los de su viejo y amado gato Ramón. Dormir toda la mañana y parte de la tarde, despertarse eso de las cinco con el último rayo del sol que le entraba por las cortinas y comer algo. Doña Tere bajó a abrir la reja, se recogió el cabello en una coleta bien alta bien templada y bien organizada, y prendió la rockola, un día más.
¿Retroceso? ¿involución? ¿Cómo pueden caber estas dos preguntas en la vida presente del ser humano? De acuerdo con diversas teorías y a innumerables científicos que las defienden, el ser humano debe de continuar con su evolución, no obstante, muchos aspectos de la vida humana de nuestros días hacen que entremos en un proceso de involución, violando la continuidad “natural” de la especie, que, desde sus comienzos en este planeta ha interrumpido el ciclo natural.
Este ensayo considera tres puntos de quiebre en los cuales, el ser humano intensificó dicha interrupción natural y a partir de estos la mayoría de la población habitante del planeta se encuentra en “retroceso”. A lo largo de este ensayo, destacare diversos puntos y características del Homo economicus[1] y su presencia devastadora tanto para la naturaleza humana como para la naturaleza del entorno en el que nos desenvolvemos, señalando evidentemente los tres puntos que cambiaron el rumbo del hombre.
Antes del siglo XVIII las economías alrededor del mundo mantenían un determinado proteccionismo hacia sí mismas y hacia sus poblaciones, sin embargo, y dada la característica del ser humano de competir entre sí, diversas naciones comenzaron a expandirse, claro, también acompañado de un incremento de sus poblaciones las cuales demandaban un mayor número de bienes, objetos con los cuales se pudieran desenvolver en su hábito, evidentemente para tener un bienestar individual o colectivo. Más tarde, dentro del contexto histórico se dio inicio el fenómeno de las colonias, fenómeno el cual ha estado desde principios de la humanidad, el invadir un territorio ajeno hurtando sus recursos para beneficiar a una cierta población, saqueando, y, con el riesgo de que todos los habitantes que sufrían de dichas invasiones, murieran, se convirtieran en esclavos o peor aún, fueran adoctrinados por otra cultura, absorbiendo y formando parte de otras ideologías destruyendo las raíces propias.
Pero ¿Qué era lo que le permitía y facilitaba al hombre el expandirse alrededor del mundo? Más allá de satisfacer sus necesidades apropiándose de materias primas o algún otro bien, ha existido un elemento clave que el hombre ha utilizado para establecer su presencia en cualquier sitio y dominar a determinados grupos de gente. En un principio dichos elementos eran solo piedras, palos y lanzas que utilizaban para imponer su dominio, con el tiempo estas herramientas cambiaron e inclusive, en tiempos actuales, ya no son herramientas, son ideologías, pero antes de llegar a describirlas, continuemos con la breve historia económica.
La tecnología ha acompañado al hombre desde sus inicios y gracias a esta (sin culpar de manera general, sin embargo, fue causante) la raza humana ha llegado hasta donde está. Antes del siglo XVIII la tecnología que se conocía era muy diferente a la actual, no era agresiva o dañina para el medio, de manera generalizada antes del siglo ya mencionado, la tecnología que conocía y empleaba el hombre era sencilla y “amigable”, claro, sin mencionar la creada para situaciones bélicas. Pero lo que ocurrió a mediados de ese siglo, marco toda la historia y dio un giro completo al rumbo de la humanidad, es el primer punto de quiebre, la revolución industrial.
A partir de este acontecimiento, los modos de producción cambiaron completamente y no solo eso, la forma social y la forma natural de las mercancías dieron un giro radical. Cuando el humano descubrió lo que podía realizar con el carbón surgió la maquinaria impulsada por el vapor, con esto, se descubrió que los procesos para fabricar cualquier objeto se aceleraban, incrementando su producción y, por lo tanto, la ganancia obtenida.
El primer impacto en este cambio lo recibió el humano mismo, comenzando a crear grandes polarizaciones en todas las sociedades, las migraciones comenzaron a darse del campo a la ciudad, en donde se irguieron las factorías, todos aquellos que no poseían los medios o el suficiente poder monetario tenían por consiguiente la necesidad de trabajar, ¿en dónde? en las factorías creadas por aquellos que eran poseedores de capital.
Considero que el medio natural del todo en el cual se desenvuelve el ser humano es esencial para nuestra existencia pues es el único con el que contamos, el uso y la explotación que le damos es realmente siniestro y lleno de contradicciones.
Para los defensores de la burguesía, esta etapa económica adoptada es normal en proceso e historia y su funcionamiento va de acorde a las necesidades que la población ha tenido a lo largo del tiempo, lo que yo preguntaría a dichos defensores, ¿entonces, si el sistema es normal en proceso y forma, porque ha provocado crisis no solo económicas, sino también sociales?
Con la creación del capitalismo, la tecnología comienza a desviarse a otro rumbo, en lugar de causar beneficio o satisfacción para el entorno comienza a ser nociva devastando al medio. La técnica que el capital desarrolló causó un impacto en todos los hábitos del ser humano, y es aquí, en donde se llega al segundo punto de quiebre, las dos guerras mundiales. Estos acontecimientos volvieron a cambiar el desarrollo del hombre, no solo fue tema de reconfiguraciones geográficas y conflictos políticos, ambas guerras impulsaron el avance del capitalismo en el mundo, ¿cómo? A través de la tecnología, en un primer momento la necesidad del humano a través de alianzas, bloques o países es vencer a su contrincante, no solamente por posiciones estratégicas o número de soldados en el campo de batalla, la tecnología en su forma bélica desempeña un papel fundamental para el desenvolvimiento de cualquier conflicto armado, lamentablemente, cuando surge un conflicto de este tipo, se presiona para crear tecnología destructiva, que después se adapta a un uso social, pero, dado el nacimiento de dicha en un conflicto bélico, aunque sea transformada a uso no militar quedan impregnados rasgos destructivos y dañinos.
En estas dos guerras, y en especial en la Segunda Guerra Mundial, se llegó a un límite con el cual comenzaría el decaimiento de la raza humana, dando una respuesta a la primera pregunta que formulé en las primeras líneas de este ensayo, (¿involución?) la creación y uso de las bombas atómicas expresaron el decaimiento del sistema, fue el principio de una nueva era para la humanidad. A partir de este momento, se adoptó un término el cual ha sido muy discutido en todos los ámbitos sociales, la globalización.
En mi opinión, la globalización como tal comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial. Los sucesos anteriores claro que son importantes y fueron los que moldearon el sistema económico actual. Las dos guerras mundiales produjeron diversos fenómenos los cuales transformaron el sistema internacional, primeramente, se redujo la importancia de todos los acontecimientos europeos, dándole paso al surgimiento de dos grandes superpotencias, la Unión Soviética y los Estados Unidos, los cuales, y bajo el principio de que el ser humano es competitivo, comenzaron ambos a querer dominar estableciendo sus propias ideologías y métodos.
Las tecnologías ayudaron en gran medida a facilitar las comunicaciones y también, beneficiaron a las grandes industrias que ya existían al incorporar nuevas medidas para acelerar o producir bienes, de igual forma se dio paso a que nuevas empresas nacieran compitiendo tecnológicamente tanto en el mismo país como en otros. Este largo proceso de revoluciones tecnológicas logró reducir costos de transporte, e información, al contar con el acceso a ella la mayoría de las cuestiones de negocios se facilitaron. Si, en diversos ámbitos la tecnología se crea a favor de la especie, para ayudar a contrarrestar diversos fenómenos o problemas de la sociedad, sin embargo, son muy pocos en comparación con los que dañan no solo a la población, también, al medio natural.
Al no quedar destruida la nación estadounidense después de las guerras, le dio una oportunidad para poder expandir su industria y por consiguiente su producción. El único país que le hacía competencia en ese momento fue la Unión Soviética, presionando constantemente por establecer la supremacía tecnológica, llegando inclusive a superar a los norteamericanos arribando primero a la superficie lunar, sin embargo poco a poco fue decayendo, mientras que Estados Unidos consolidaba sistemas de producción integrados, los cuales requerían una mayor cantidad de mano de obra, y en su afán de superar a su principal antagónico, sus industrias comenzaron a fortalecerse y a crear excedentes, por lo tanto se dio comienzo a que dichas empresas se convirtieran en entidades transnacionales de origen estadounidense. Con el fin de no quebrar a consecuencia del excedente y de la competencia interna, comenzaron a buscar su expansión principalmente en países en vías de desarrollo.
Un factor determinante ante dicha expansión de transnacionales estadounidenses fue indudablemente la liberalización del comercio, de los flujos financieros y de las inversiones en los países en desarrollo. Recordando un poco, en México, fue durante estas épocas en donde el sistema de sustitución de importaciones estaba en decadencia, y la apertura comercial, así como la entrada de inversiones extranjeras apenas estaban surgiendo. No solo fue en nuestro país en donde la inversión extranjera comenzaba a llegar, la presencia estadounidense en países tanto desarrollados, como en vías de desarrollo se estaba fortaleciendo. Es entonces cuando se comenzó a tener transformaciones en los patrones de comercio internacional los cuales han estado íntimamente ligados a las empresas transnacionales, aquellas que poco a poco consumen y desintegran a las sociedades.
Dicho capital al llegar a otras naciones altera las condiciones de los movimientos internos de la economía y de la sociedad, así como de las formas de reproducción de capital en el ámbito nacional. Tenemos que recordar que la mayoría de las naciones en donde la incursión de la inversión extranjera llegó, las empresas nacionales no eran lo suficientemente grandes o con el suficiente dominio para poder hacer competencia ante ellas, en cambio, las que arribaban al territorio tuvieron su desarrollo industrial durante las épocas de la Guerra Fría bajo el apoyo de las instituciones internacionales creadas por países de primer mundo, como por ejemplo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, por lo tanto, las empresas, corporaciones y conglomerados transnacionales adquieren predominancia sobre la economía nacional del país en donde llegaban trayendo cambios económicos y políticos, buscando la forma de liberarse de imposiciones y limitaciones que cada Estado imponía.
Al encontrarse “respaldadas” por dichas instituciones, alteraban la situación económica, contando con acuerdos bilaterales y regionales los cuales tenían por objetivo asegurar derechos e intereses de los inversionistas internacionales. Eran, y son entes pensantes en querer acaparar cada vez más mercados con su producción, la mayoría de ellas tiene su cede (o su planta madre) en un solo país y se expanden a otros territorios en donde la mano de obra es más barata, se tiene una infraestructura adecuada y en beneficio de la transnacional, en donde existan ventajas fiscales para su desarrollo, el Estado no es un impedimento para su establecimiento en la mayoría de ocasiones, ya que socaban a la autoridad exigiéndole prestaciones y negándose a pagar impuestos, incluyendo naturalmente organizaciones bancarias, movilizando recursos, desarrollando alianzas estratégicas, agilizando sus redes y circuitos informáticos realizando aplicaciones de modo independiente con un total desconocimiento de los gobiernos nacionales.
“La dinámica del capital, en todas sus formas rompe o rebasa las fronteras geográficas, los regímenes políticos, culturales y las civilizaciones” (Ianni Octavio, 2004)
Es por ello que, en la actualidad, los mercados globales provocan la fractura de las sociedades y el debilitamiento de los Estados, este, es el decaimiento de la sociedad más presente y visto a simple vista. Los países cuyos gobiernos son muy competentes o que cuentan con una cultura predominante y resistente cuentan con un margen de libertad dentro de la cual pueden actuar para mantener la cohesión social, es decir, tienen “control” únicamente sobre su economía y con riesgos de que si algún otro país entra en crisis, los mismos mecanismos económicos arrastraran a los abismos a todos los países con el mismo sistema económico, por el otro lado, su sociedad, se encuentra “perdida” ya que no se percatan con pleno uso de razón en el consumismo provocado por el fetichismo de la mercancía[2].
La población deja de utilizar o deja a un lado su cultura originaria para adoptar otras que no son originarias del país, causando daño en la cultura originaria al tener preferencia por objetos o costumbres ajenas. Modos de vida son adoptados al tratar de imitar consumiendo productos extranjeros, es decir, algunas transnacionales no solo ofrecen su mercancía sino también un estilo de vida que la población poco a poco va adoptando, dichas cuestiones forman parte también de la expansión del capital y cómo podemos observar, es una invasión a otro país sin la necesidad de intervenir físicamente o enviando tropas, la imposición de toda una serie de objetos en una población es una invasión disfrazada de la que la sociedad no se percata.
He descrito algunos de los aspectos negativos que ha contraído la expansión del capital, pero también cuenta con algunos puntos los cuales de alguna manera son benéficos, esto ha generado innumerables debates en los cuales algunos apoyan la corriente del neoliberalismo y algunos otros están en contra de, unos observan oportunidades y otros solo ven peligros, peligros los cuales son reales y tangibles.
“Pero se afirma que tiene poco sentido decidirse normativamente en pro o en contra, porque la globalización es, sobre todo, un proceso histórico de transformaciones sociales, políticas y económicas” (Held et al, 1999).
También se afirma que es la expansión mundial de las nuevas tecnologías, no la de libre mercado, es lo que está creando una economía verdaderamente global. Todas las economías están transformándose a medida que las tecnologías se imitan, se absorben y se adaptan; estos son los discursos o la forma en la que los defensores del capital se expresan, no dan cuenta la decadencia que se está viviendo, sin embargo, y como en toda vida del ser humano, habrá quien respalde dichos discursos ignorando la realidad que se vive.
Por lo antes mencionado, el tercer punto de quiebre fue cuando se desintegró la Unión Soviética en 1989, la desagregación del bloque trajo cambios en las políticas económicas de aquellos países ubicados en el régimen socialista, transformándose en fronteras de negocios, inversiones, asociaciones, expansión y transferencia de tecnologías y otras operaciones las cuales facilitaron aún más la expansión del capital. Retornando con el aspecto del humano competitivo, se tenían dos superpotencias, una a otra rivalizaba, pero una fue la ganadora, no hay necesidad de mencionarla pues ya todos conocemos de quien se trata.
Los tres puntos de quiebre trajeron consigo, una determinada serie de procesos que poco a poco se fueron intensificando tanto para la naturaleza humana como para el medio natural en el que existimos. A la fuerza de trabajo, que se encuentra sometida a los medios, es decir que contribuye con el mundo globalizado el cual experimentamos se puede dividir en dos categorías, la que se realiza de manera consiente y la que se realiza de manera inconsciente, (**no es mi intención el ofender o hacer menos a la clase trabajadora pues yo mismo forma parte de ella, lo que mencionaré a continuación solo es contribución propia de para la generación de crítica y debate en este contexto**).
Aquellas que son absorbidas por el capital a través de la enajenación y sometimiento por parte del mismo, se convierten en fuerzas de trabajo inconscientes, aquellas que ya no cuentan con uso de razón propia, aquellas que acuden a trabajar y poco a poco se comienzan a automatizar, caen en rutina y el proceso productivo que realizan, para ellos, ya no requiriere de un pensamiento, su trabajo es para subsistir (el trabajo que todos hacemos es para subsistir, sin embargo existen trabajadores que van más allá del ámbito laboral) la fuerza de trabajo consiente, es aquella que tiene uso de razón, labora, pero no se enajena o en algunos casos, el mismo capital la somete, sin embargo, dicha fuerza de trabajo por sí mismo y aunque el capital la presione, el pensamiento que genera es crítico, se opone y se da cuenta de la decadencia en la que están viviendo.
Este tipo de trabajador consiente es aquel que forma al pensamiento crítico, aquella clase que, aunque es trabajadora, lucha constantemente por que los demás, den cuenta de la imposición que el capital mismo ha puesto en la civilización. Dicha critica se identifica con la filosofía, sociología entre otras corrientes de pensamiento que siguen impulsando a la humanidad.
Por obvias razones, el pensamiento crítico se ha manifestado en contra del capitalismo, a través de manifestaciones o cualquier otro medio con el fin de que la sociedad abra los ojos y se percate de lo que acontece el mundo real, el capitalismo también se ha defendido, y es a través de películas, programas de televisión, libros, etc. propagan el “no pensamiento”, satanizando los movimientos o luchas que surgen. Lamentablemente, la población a la que denomino inconsciente es superior en número a los consientes, se podría hablar de una derrota del pensamiento crítico, pero la crítica permanece, no muere, subsiste en el sistema capitalista superando todos los fetiches creados por el capital.
Por otro lado, los consumidores (no es que los trabajadores no consuman, por supuesto que lo hacen, a pesar de ello, también existen grandes diferencias y contradicciones en ambos conceptos) partiendo de dos ideas fundamentales; la primera, el capital gusta por la sobrepoblación, puesto que hay mayor mano de obra disponible y más oportunidades para vender, y la segunda: dado el grave daño ambiental y la falta de recursos naturales, el capital busca, a través de la ciencia, no romper con su ciclo productivo de mercancías.
La riqueza se va haciendo más grande conforme es más grande la sociedad, no obstante, para que el capital no muera, tiene que sacar a la venta, cada determinado tiempo mercancías “nuevas” mercancías las cuales pretenden y sustituyen a las antiguas, aunque estas tengan el mismo valor de uso. El capitalismo propicia un consumo falso, establece necesidades falsas de consumo para que la sociedad siga adquiriendo productos. Y aunque haya personas consientes de esto, el mismo capitalismo va un paso adelante, sabe de la existencia de estas personas, y por lo tanto crea algo llamado obsolescencia programada[3], esto es, todos los objetos en forma mercancía, tienen un periodo de vida útil, un periodo en el cual su funcionamiento será para satisfacer necesidades, pero llegara un día, en el que por una actualización, o por algún fallo programado de algún componente interno de la mercancía, esta, dejará de funcionar, obligando a comprar uno nuevo, provocando y generando desperdicios innecesarios, basura la cual es altamente contaminante gracias a los compuestos internos de las mercancías (claro, en aparatos eléctricos principalmente).
El capital quiere que los seres humanos solo realicen dos funciones en su existencia: producir y consumir. Aquellos que critican, dudan o generan pensamiento son llamados locos o con otras palabras más ofensivas, esto lo podemos ver claramente cuando alguien decide estudiar filosofía, ejemplificando: aquel estudiante que decide tomar una carrera que analice el pensamiento, que desfigure la actualidad, es objeto de burla, puesto la sociedad le asegura que no encontrara trabajo, esto, es parte del capital, ya que de manera inconsciente a la sociedad se le ha inculcado el que debe de generar algo o trabajar de forma intensiva para poder subsistir, por lo tanto, cuando alguien afirma que quiere estudiar las reflexiones sobre la esencia, causas y propiedades de la naturaleza y su intervención en el hombre, es visto de otra forma por la sociedad, es visto de forma anormal, mas no saben, que su pensamiento va más allá de solo consumir y producir de manera intensiva para continuar con el ciclo.
El capital no quiere seres humanos pensantes, capaces de construir un dialogo crítico de la realidad existente, por eso el ser humano, se encuentra en involución, su ser está retrocediendo gracias a que el capital priva de manera agresiva el pensamiento que alguna vez género, en la antigüedad, los grandes pensadores se dedicaban a discernir y tener en claro el papel que desempeñaba el ser humano en el entorno, ya que la gran diferencia que tenemos con los animales es la capacidad de raciocinio, a través de la duda y la crítica fuimos construyendo nuestro propio camino, eso era evolución.
NOTAS
[1] Mill, John Stuart, 1836 “On the definition of Political Economy, and on the method of Investigation Proper to It”
[2] K. Marx. Das Kapital. L.1, V.1, sección 1. Cap.1
[3] Bernard London. (1932). Ending the depression through planned obsolescence.
Regresen, vuelvan.
Su madre aún les espera.
Regresen, que no los olvidamos.
Como hojas y flores volaron
Sin regresar al árbol,
Muertos algunos
marchitos los otros
por aterrizar en un suelo
mal intencionado.
Regresen, mi vida.
¡No los he olvidado!
Durante el año 2019 caminaba por las calles de Celaya en busca de retratos cuando me encontré junto a las vías del tren a Ever y Obdulia, sentados en la banqueta sobre sus cosas y recargados en uno de los pilares del puente.
Ambos jóvenes menores de 21 años, pareja con un tiempo de casados, habían salido de su casa en uno de los estados al sur en México para ir camino a Estados Unidos en busca del sueño americano, pues en casa no había mucha oportunidad.
Sin embargo las condiciones climáticas, monetarias y de seguridad los orillaron a parar por un momento el trayecto quedando varados en Celaya, sin dinero y en busca de regresar a casa.
Esa tarde aquella joven pareja me regaló un agradable momento y me dejo conocer un poco de su historia, ojala se encuentren bien.
El lugar donde los encontré es un punto en el que continuamente se puede ver gente que viene del sur y va al norte en busca de una mejor oportunidad para vivir, algunos de ellos se quedan un par de semanas y después se mueven nuevamente.
Muchos de ellos son deportados y en su siguiente intento pasan de nuevo por las vías de Celaya, tratando de llegar al norte nuevamente.